miércoles, 22 de diciembre de 2010

La vidalita

(Dibujo: Eleodoro Marenco)
evocación

Un gran patio: sobre él tiende sus raíces y abre su copa un ombú. A su sombra un rancho se ampara del sol, del tiempo y del olvido. En el rancho uno ventana; por ella se trepa a oir canciones una madreselva. Desde ella, una criolla se asoma a su soledad.
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Yo soy una sombra que alumbra un ricuerdo!
Mi novio era un gaucho que se jué a la guerra.
Salió una mañana cuando el sol despunta
por entre los montes sus primeras hebras.
Pa su despedida cantaron los pájaros,
gotas de rocío lloraron su ausencia
y jueron las nubes pañuelos al viento
adioses azules colgaos de las sierras.
Golilla en la espalda, sombrero en la nuca
la frente muy ancha, la cara morena,
los ojos escuros como un desafío,
y los brazos caídos de miedo'hacer juerza;
montao en su zaino, tubiano de plata
afirmó su lanza delante e mi puerta
y jué su palabra, llovizna del cielo,
mieles que garúan dende qu'él se juera.

Yo no sé qué cosas me dijo mi gaucho,
eran tan projundas, tan lindas, tan güenas
que al pasar los años, pienso entristecida
que ya no hay palabras d'esas en la tierra.
Era la esperanza que se hace murmullo
voz de la alegría que tiembla de pena,
música del campo cuando a media noche
le empriestan sus luces rebaños de estrellas.

Hace mucho tiempo que se jué mi gaucho
se ñubló en el mundo como una tormenta.
Pero mi memoria busca en la distancia
las voces perdidas que escuchó mi puerta.

(Y vuelven del tiempo, visión y palabras
los ecos, sin ecos de un canto de ausencia).

¡La música mesma que trujo en sus labios!
¡La canción más criolla, más triste y más nuestra!
Temblores del alma, lamentos del pago
suspiros que pasan cuartiando una queja!
Canción de mi gaucho que se jué pa siempre!
por tu mesma boca va'cantar tu prienda!

Peno con tu ausencia
vidalitá
y ojalá concluya
odiando la vida
vidalitá
pa ser tuita tuya.

Dos palabras se oyen
vidalitá
y un suspiro juerte.
Él, hasta la güelta
vidalitá
y Ella, hasta la muerte!

martes, 21 de diciembre de 2010

Sin mirar el pelo

(Fotos: Eduardo Amorim)
Buscándole el lao al viento
y cuerpiando el cimbronazo
de a poquito le doy lazo
a mi criollo sentimiento.
Y así como pienso y siento
con tanto amor a mi suelo,
marchando atrás del siñuelo
por las güeyas nacionales
les cantaré a los baguales
de cualquier estampa y pelo.

Al que llevó colegiales
-hijos de padres modestos-
de estancias, chacras y puestos,
a las escuelas rurales.
Los que llegaban puntuales
desde un lugar apartao,
y más de un chico, apurao,
solía llegar en un manso
de un galope y sin descanso
con otro hermano enancao.

Yo le canto al "reservao"
héroe de tantas hazañas
pa quien no valen las mañas
del jinete más mentao.
Al que salta un alambrao
llevándose a un desertor,
y al flete galopiador
más aguerrido y seguro
que se ensilla en un apuro
pa dir a tráir un dotor.

También le canto al nochero
envejecido en la estancia,
y a la imponente arrogancia
del renombrao parejero.
Al bichoco jagüelero
de medias clinas volcadas,
y en mis décimas rimadas
ya de por sí, muy sencillas,
agiganto a las tropillas
camperamente entabladas.

Canto al flete de valía
que en un aparte se luce
agarrando un toro al cruce
acomodao con maestría.
Y dende la lejanía
traigo un recuerdo prendido
pa el chapinudo y vencido
que aunque suelto y olvidao
en otro tiempo pasao
¡sabrá Dios que pingo ha sido!

Canto a esos pingos de acción
que montó el indio temido
y que de a poco, el olvido,
los tapa en su cerrazón.
Porque caiban en malón
cada uno en su pingo fiel,
y del bravo tiempo aquel
les dejo aquí acollarao
al pangaré de Calfiao
con el gatiao de Catriel.

Canto al flete no igualao
que fue, en tremendos trajines,
compañero de fortines
de nuestro gaucho soldao.
Pa que no quede ignorao
quien de glorias se ha cubierto
rastreo en el campo abierto
y allí, mil razones hallo,
de que a pata de caballo
se fué ganando el desierto.

Para ellos el sol naciente,
la cruz del sur, el lucero,
y el estilo más campero
que mejor cantao se siente.
Para ellos únicamente
las flores de todo el llano,
la bendición del anciano,
el ombú, el tala, el camino,
y el sentimiento argentino
con que estos versos hilvano.

Contra el viento

(Dibujo: Eleodoro Marenco)
Haciendo pié en la subida
y soliviao cuesta abajo
sin mesquinarle al trabajo
le he dao el frente a la vida.
Y desde mi edad florida
hasta la que áhura me apreta
aunque no he sido un maleta
de pobre nunca he salido,
porque el cardo no ha nacido
pa dar flores en maceta.

Y en medio de mi pobreza
aunque nada me ha sobrado
teniendo un pingo ensillado
nadie me gana en riqueza.
Es que al rumbiar con fijeza
busqué cuerpiarle a la espina
pero el tiempo que camina
si me aventó un desconsuelo
me fué enredando en el pelo
los rastros de una neblina.

A veces, la inspiración,
me invita a soltar los rollos,
y estando rodeao de criollos
canto en cualquier ocasión.
Mi aspecto tan cimarrón
suele achivar mi valía,
mas digo, sin fantasía,
pa que recuerde el gauchaje
¡que hay aves de feo plumaje
que cantan con melodía!

Escondiendo una sonrisa
entre el humo de un cigarro
igual tranqueo entre el barro
como en la senda más lisa.
Y como el diablo no avisa
cuando le firma un decreto,
pa que no me agarre quieto
y me obligue a cabrestiar
yo sigo sin aflojar...
¡castigando mi esqueleto!

lunes, 20 de diciembre de 2010

Esperando

(Dibujo: Eledoro Marenco)

Haciéndose con cuidao
algo alejao de la llama
cuchillo y dientes reclama
un costillar ensartao.
Varios criollos se han rodeao
en grata conversación,
y en la agradable reunión
pa hacer más corta la espera
pegando la vuelta entera
anda al tranco el cimarrón.

Suave la grasa gotea
yendo en el suelo a posarse,
y el costillar, sin quejarse,
parece que llorisquea.
Mientras un perro olfatea
desde lejos, receloso,
de la boca de un gracioso
cabrestea un "sucedido",
que la risa ha sacudido
festejando al mentiroso.

Después, cuando el hambre apreta,
como una seña, a lo mudo,
un cuchillo puntiagudo
parte en dos una galleta.
Entonces la gente inquieta
se endereza de ande estaba,
y el mate que "rezongaba"
cuando anduvo circulando
está como descansando
recostao contra la pava.

Para no hacerse rogar
dejando risas y cuentos
en ágiles movimientos
cada uno dentra a cortar.
Algún trago pa entonar
al más comilón encanta,
y cada criollo levanta
la "bota" con pulso y tino,
pa que el chorrito de vino
le refresque la garganta.

El poncho lobuno


Entre las prendas que quiero
tengo este poncho lobuno,
modesto como ninguno
pero cuidao con esmero.
Como es un buen compañero
contra el frío endemoniao
va en mis espaldas doblao,
y en días templados y secos
haciendo flamear los flecos
va acariciando al recao.

Hoy les quisiera decir
que allá, por mis buenos años,
viviendo sin desengaños
lo tuve pa presumir.
Con él me sabía lucir
en fiestas de lo mejor,
y hasta con agua de olor
lo he perfumao con respeto
porque me guarda un secreto
de aventuras de un amor.

Lo anduve conmigo en viaje
infinidá de ocasiones,
y él, de los teros gritones
recibió un cordial mensaje.
Me ha visto cambiar pelaje
cuando tordillo quedé,
y vió achicada mi fe
pues sin poderlo impedir
la juventú, sin sentir,
ganó el campo y se me fue.

Yo había ganao con mi ruano...
y justamente ese día
en la cancha los vendía
un morocho provinciano.
Un poncho a listas, liviano,
tenía entre algunos más gruesos,
pero de entre todos esos
en cuanto el ojo le eché
con el lobuno me alcé
por ciento catorce pesos.

Cuando recuerdo y lo miro
-cual si estuviera en acecho-
desde el fondo de mi pecho
siento brotar un suspiro.
Y si en un rimao me inspiro
con un bordoniar ligero,
le imito un trino al jilguero
porque me alcanza con uno
pa que mi poncho lobuno
sepa cuánto yo lo quiero.

Pa quedar bien

(Foto: Eduardo Amorim)
Dende el boliche de Arana
me le vine de un tirón,
porque sé que usté, Ramón,
cumple los años mañana.
Ya hace casi una semana
que andaba por visitarlo,
pa verlo, pa saludarlo,
y ansí, como cosa mía,
me le adelanté en un día
pa cáir a felicitarlo.

Y ya que el tiempo le ha atao
un año más contra el palo
yo para usté, de regalo,
traje ese oscuro tapao.
Muchos me lo han codiciao
por pingo bien aguerrido,
y si halla algún presumido
que por bien montao resalta
echelés nomás la "falta"
cuanto le amaguen "envido".

Con cuidao y con paciencia
cuando ya aflojaba el frío,
lo domó un amigo mío
puestero en "La Providencia".
Le va a extrañar la querencia
si la inquietú lo acodilla,
y a la madrina tordilla
habrá de buscarla a veces,
porque lo tuve tres meses
de agregao en la tropilla.

Yo sé que usté es ponderao
y nombrao entre la gente,
porque fué sobresaliente
cada pingo que ha montao.
Pero ese oscuro tapao
trabajando con haciendas
se va sobrando en las riendas
pa ande lo quieran mover,
y es como mandao hacer
pa que le luzca las prendas.

El domador

(Dibujo: Tito Saubidet)
Su trabajo es de paciencia
y de mil conocimientos,
que sin apuros violentos
le fue dando la experiencia.
No hace alardes de su ciencia
ni una alabanza lo enreda,
porque es condición que hereda
y que lleva como escudo
de agarrar un potro crudo
y entregarlo hecho una seda.

Doma tropillas enteras,
tal vez de pelos iguales,
pero lidea los baguales
de muy distintas maneras.
Si en las faenas camperas
el hombre criollo es baluarte,
la habilidad en el descarte
va pintando al jugador,
y el lujo de un domador
más que el oficio es el arte.

No tiene predilección
en el pelo ni en la estampa;
para él un bayo o un "pampa"
merece igual atención.
Pa un mensual o pa el patrón
nada le quita ni agrega,
y tan "corriente" lo entrega
que el animal ya enseñao
con un novillo enlazao
no anda asustao ni reniega.

Lleva el prestigio jugado
de un modo muy especial
si entregara un animal
en algo mal enseñado.
En su trabajo aplicado
ni un solo descuido asoma,
y en el arte de la doma
aquí, en el ambiente nuestro,
será el único maestro
que no se le dá diploma.