Mostrando entradas con la etiqueta Yamandú Rodriguez. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Yamandú Rodriguez. Mostrar todas las entradas

jueves, 10 de marzo de 2011

Los payadores


Cardenales de la umbría
que en romántica visión
con fibras del corazón
tejieron su fantasía;
a través de su poesía
dulcemente soñadora
va la estirpe vencedora
constelada de videncias
alumbrando las conciencias
con resplandores de aurora.

Por ellos jamás expira
el sol de las guachas glorias,
que aferrada en las memorias
cruza los tiempos su mira;
podrá enmudecer la lira
ahogada por los quebrantos,
podrán sombríferos mantos
amortajar el alcor,
podrá morir el cantor
pero no mueren sus cantos.

Con la idealidad intensa
que encarnó su concepción
llevaron a la legión
el prestigio del que piensa;
y al penetrar en la inmensa
muchedumbre que se va,
cantando lo que vendrá,
fueron sus liras rurales
otros tantos ventanales
abiertos al más allá.

Como marcharon ungidos
de proféticas canciones,
plasmaron las rebeliones
al formar los convencidos;
para que adversos latidos
la montonera avasalle
ellos abieron el valle...
Cuando el ciclón se avecina
el relámpago ilumina
antes de que el rayo estalle.

En ellos los espejismos
de las pampeanas llanuras
engarzaron las más puras
flores de sus idealismos;
y al colmar con sus lirismos
ambiciones vesperales,
fueron tirteos rurales
aquellos rapsodas nuestros:
en una nébula de estros
Güemes templó sus ideales.

Dieron a las muchedumbres
en sus potentes escalas
la majestad de sus alas
para llegar a las cumbres.
El alborear de sus lumbres
toda la recua agiganta;
porque el trovador levanta
lo que el ignorado siente:
de las almas del torrente
una lucha y la otra canta.

Ellos son una faceta
del diamante campesion,
pulida en el torbellino
de la aspiración secreta.
El azul de esa paleta
que dejó el alba en la altura
y la sutil vestidura
que en romántico derroche
tejió con sueños la noche
para arropar la llanura.

En el albo centelleo
que pusieron en sus frentes
las estrofas elocuentes
del romancesco torneo;
y en el cumplido trofeo
de los labios de la amada
se encuentra sintetizada
la luz de sus pensamientos:
ceibos, labios y talentos
cuajan la vieja payada.

Pero fue al cantar amores
donde el poeta nativo,
todo su ser sensitivo
vió cristalizarse en flores.
Cuando amantes sinsabores
marcaron en su alma rastros,
con líricos alabastros
le puso a su pena broche:
hay que atravesar la noche
para llegar a los astros.

Sus guitarras son reflejo
del espíritu campero
que cantó bajo el alero
el laurel del tiempo viejo;
y porque fueron espejo
de tanto anhelar extraño,
ellas serán el peldaño
por donde tendrá que ir
todo el que quiera subir
hasta las almas de antaño.

Santos Vega

(Video provisto por Carloquilmeslopez)Santos Vega es la tristeza
del crepúsculo campero,
es el nido del boyero
sobre el arroyo que reza,
es el rocío que besa
a las corolas sedientas,
y las nubes cenicientas
donde en flamígeras trazas
escribe sus amenazas
la mano de las tormentas.

Es esa parte de sueño
que en nuestra esencia paisana
canta al sol con la mañana
de un bien inspirado empeño.
Es el tumulto sedeño
de las negras cabelleras,
el dolor de las ojeras
que en el otoño declinan
y la esmeralda en que inclinan
sus frentes las primaveras.

Él marcó su trayectoria
entre dos trágicas flores:
el lirio de los amores
y la rosa de la gloria.
Su historia es la triste historia
de tanto ignorado ser
que elevó su padecer
para que lauros ardientes
ciñeran sobre su frente
las manos de una mujer.

Cantor soñador y errante
adonde quiera que fue
tuvo un sahumerio de fe
en su guitarra gigante.
Por ceñir su pecho amante
en nostálgica fortuna
tuvo espumas la laguna,
gallardos cimbros los lirios
y para orlar sus delirios
melancolías la luna.

Heredó de las llamadas
la triste meditación;
su alma vivió en comunión
con las cosas olvidadas.
Así por las alboradas
al cruzar con rumbo incierto
llevaba en el desconcierto
de sus miradas profundas
dos águilas moribundas
perdidas en el desierto.

Así cruza el trovador
de los alcores andinos
constelando con sus trinos
los tedios del labrador.
El alma de ese cantor
es el alma de la umbría,
al poner en la poesía
que el crepúsculo despliega
frente a las sombras de Vega
la palidez de María.
sus fre

Martín Fierro

(Video provisto por Carlosquilmeslopez)Brumas en la pampa inquieta
y en el ambiente rigores,
por eso con los colores
más fuertes de su paleta,
el psciólogo poeta
al pintar este paisano,
pinta con soberbia mano
el bramido del torrente,
el plañir de la corriente,
y la tristeza del llano.

Fierro encarna la legión
de los paisanos de ayer
que en el rudo padecer
templaron su corazón.
Su serena floración
mató el cacique y el grillo,
y al ir perdiendo su brillo
quedó en erial transformado;
que eternamente pisado
suele hacer barros el trillo.

Ya lejos del torbellino
que envolvió su mocedad
prestándole autoridad
para afrontar al destino,
sus penas de campesino
y sus tristezas de paria,
una legión visionaria
de aspiraciones y duelos
hizo cruzar por los suelos
de la pampa solitaria.

Y pasa el "Viejo Viscacha"
lleno de filosofía
que aprendió en la serranía,
y en el turbón y en la racha.
Su saber es como un hacha
esgrimida en el consejo,
es de la vida el reflejo,
pues como dijo su labio:
el diablo por diablo es sabio
pero más sabio por viejo.

Y porque son los paisanos
que constelan el poema
el más acabado emblema
del hombre de nuestros llanos;
en esos versos galanos
nosotros debemos ver,
junto al sincero placer
de un bien inspirado estro,
el cuadro de un gran maestro
inspirado en el ayer.

miércoles, 9 de marzo de 2011

El Negrito

(Leyenda Uruguaya)Se lo llevaba en una bolsa,
el caminante Don Tiempo;
y según dicen las viejas,
por uno de los aujeros
iba asomando la cabeza
y con los ojos como tejos,
igual que un pájaro chúcaro,
el negrito del pastoreo.

Dicen que en aquella estancia
se lo cambiaron por un perro;
que era un grano de pimienta
la cabecita del negro.
Tenía los dientes muy blancos;
pero como andaba siempre serio,
de noche no se veía
el negrito del pastoreo.

Cuidaba miles de ovejas,
que abrillantaron los cerros...
y siempre a boca de noche
las traía pa los chiqueros,
antes que soltase las suyas
el dulce pastor San Pedro.

Como es fácil confundir
para un niño gaucho y negro,
una majada de estrellitas
y una majada de corderos,
las encerraba temprano
el negrito del pastoreo.

Y en mitad de una gran tormenta
donde con tanto centelleo,
se le destrozó el chicote
de los rayos del infierno;
por más cuidadoque puso;
por más que se hincó en el suelo
y hasta le pidió prestada
una estrellita a San Pedro,
perdió una oveja el humilde
negrito del pastoreo.

Lo mandaron a pie a buscarla
por las seis leguas del potrero.
Jesús le encendió la luna,
con pena del niño negro...
Empezó a comerlo el hambre...
cayó rendido de sueño...
y las hormigas terminaron
con el negrito del pastoreo.

Las hormigas lo han creído
algún cascarudo muerto...

Lo enterraron sin velorio
y no pudo alzar el vuelo;
porque no son cuatro luces
las velas: son cuatro dedos...
Y como no le señalaron
el camino de los cielos
anda perdido por los campos
el negrito del pastoreo.

Tal vez se mezcló su oveja
con la majada de San Pedro.
Estriba en cualquier cabito
y sube a pedir rodeo...
Pero la luz se le acaba
en el camino del cielo
y cae chisporroteando
como los otros instectos.

Por eso cuando se pierde
de un alfiler hasta un beso
se le promete una luz
y él lo encuentra en un momento...
Tiene que ser un cabito
y tiene que arder en el suelo;
porque es muy humilde el ánima
del negrito del pastoreo.

Romance de Pumas


Hacen ricién unas horas
que terminó el entrevero.
Entuavía sale el humo
de sangre, hocicos y fierros.
Los redotaos buscan madre
sierra arriva o monte adentro
y sus galopes encienden
un chisporrotear de teros.
Allá se paran diez gauchos
pa morir pisando el freno.
Sacan coraje de un pozo
que tiene brocal de cuervos.
Sobre el albardón heroico,
se echa un arroyo regüelto
de redomones clinudos,
divisas, chuzas y viento...
y los clarines mellaos
dentran a tocar degüello!
El regatón de las lanzas
va dando güeltas a los muertos;
buscan el viejo caudillo
pa que sirva de escarmiento.
Cuando redame la sangre
de ese General Lucero,
las yegüas no dan más potros,
las chinas no dan más güenos.
Salió en un moro aplastao
y no puede dir muy lejos...
Pa que no se les escape,
boliadoras como perros
se prenden a los garrones
de los últimos dispersos.
Al calor de su tapera
está sentao un agüelo.
Lo hacen temblar los cimbrones
de cuasi setenta inviernos.
Parece tres veces manso:
de güey, de surco y de tiempo...
y lleva un tigre tapao
con un vellón de borrego;
porque a caballo de lanza
es el general Lucero.
Los contrarios van y vienen
sin ver a ese pobre agüelo,
que encontró un poncho de sol
y duerme entre el avispero.

Allí cerquita, en el patio,
pisa la sombra del viejo
uno de sus ayudantes
que acaba'e cáir prisionero.
Es un lindo mozo'e campo.
Lo esperan allá a lo lejos,
la madre con un bendito
y la novia con un beso.
Está vivo de milagro;
porque el caudillo reseco,
golpea a sus ayudantes
en los yunques del infierno.-
Él se los quita a las madres,
pa darlos a los troveros
que van a sembrar semillas
de tacauaras y guapeos,
cuando le borren su rastro
las heladas del silencio.

Un capitán enemigo
le pregunta al prisionero:
-"¿Dónde anda su general?"
-´"¡Sabe Dios...!- responde el preso,
y se sonríe pensando
que está a media vara de ellos.
Entonces salen al frente
cuatro milicos con réminton.
-"Se le perdona la vida
si nos entrega a Lucero.
Tiene un minuto, ayudante".
Y el caudillo sigue quieto...
recuerda que en "El Talar",
le baliaron el overo...
y que este mismo muchacho
enderezó a lo más feo
y a remesones de espuela
jué gastando el entrevero,
pa dar vida, estribo y anca
a su General Lucero...
Por premiar esa gauchada,
él, delante del ejército
mandó tocar los clarines,
hizo parar ese lancero
la cruz de una bendición
y se la prendió en el pecho...
Hoy dejan que lo jusilen;
él ya no es hombre: es cencerro,
lo necesita su causa
pa entropillar los dispersos;
es la bandera de carne,
la única fe del ejército...
no puede morir por gusto,
como cualquier mozo d'estos;
tiene que cáir de un caballo
al frente de sus lanceros!
-"¡Hable!"-grita el capitán-,
nos va a entregar a Lucero".
El mozo no le contesta,
se jué a cobrar aquel beso...
le está mostrando a la novia
la cruz que ganó supecho...
-"¡Preparen!"
Cumplen la orden.
Y el caudillo sigue quieto:
pero que no se demoren,
porque él lleva un gaucho adentro
capaz de dar más valor
a un muchacho que a un ejército...
-"¡Apunten...!"
Los tiradores
esperan la voz del fuego.
Y los sacude un bramido.
Y se transforma aquel viejo,
y cimbra como una lanza
cuando se clava en el suelo,
pa gritarle al enemigo:
-"¡Soy el General Lucero...!"

miércoles, 21 de octubre de 2009

El tostao


Hay sol, lo juega un domingo,
sacó su moneda rubia,
copando a un resto de lluvia,
que tallaba un viernes grino.
Corre un pingo y otro pingo.
Un venao contra un venao.
Dicen los del otro lao,
que es más caballo el overo.
Pero pa serle sincero
a mí me gusta el tostao.

Él tiene una mano blanca.
Por algo se la pintó.
La luna que lo lamió,
en Dios sabe cual barranca.
Aura claro, si se manca,
si se siente del candao,
si le pisa el del costao,
un vaso a mi parejero,
manco y todo soy sincero,
a mí me gusta el tostao.

Largaron. Son como luces.
Chifla el viento en los copetes.
Al ver correr a esos fletes,
se avergüenzan los ñanduces.
Dos tigres van en las cruces,
con el rebenquito alsao,
y en menos de un santiguao
ande la sotera talla;
sobre el filo de la raya,
se estira y gana el tostao.

jueves, 23 de abril de 2009

La senda



Mírela... se arrastra siempre
del alero a la puerta,
Dios sabe cuando uno pasa
que es lo que le pasa a ella.
Denguno la oyó quejarse
ni supo si sale o dentra,
si cose o corta lo yuyos.
Si se arrima hasta mi puerta
o es que ha salido del rancho
a recibir la tranquera.
Cuando yo llegué, no estaba;
me pasé la vida abriéndola!
Mientras yo di veinte años
dió veinte pasos la senda!
Llega al patio y se está horas
echada junto a la puerta;
ni bien se distrae el rancho,
la pobre se arrastra y entra.
Parece que ella juese distinta
y el diferente juí yo sobre ella.
A ucasiones, me llevó con tranco'e perro;
u otras, con ondulao de cruceras.
Tan pesao de corazón, a veces;
que al pisarla, se abolló mi senda...
Y esos pozos se le abren en charcos
siempre que hay tormenta...
Una vez la pasé a tranco'e pollo:
cuando vine con Pancha'e la iglesia!
Otra cuando ella se me puso grave,
la crucé a toda carrera...
Y otra vez, al paso... al paso
y esa vez, qué larga era!
Y cuando golví del camposanto
yo era una cruz
y se la echó al lomo mi senda,
Cuánto te ha pisao, amiga!
Pero pa quedar a mano, cuando muera,
te viá pasar por encima, sin pisarte
pa que no te duela.
Ese día vamos a dir acostaos juntos,
del alero a la tranquera...
y dispués nos borraremos a un tiempo
el caminante y la senda!

lunes, 20 de abril de 2009

El linyera.


Hoy Julián se jué temprano
a galopiar un arisco.
El nunca güelve a su rancho
más allá de oscurecido;
porque a su mujer, de puro
muchacha se le ha "ocurrido",
que estando sola, una noche,
le van a robar al hijo.
Tiene seis años. Es rubio
y parece de oro el niño.
Nació con ojos azules
como el charabón de lindos!
Se cré muy hombre. A menudo
anda fumando un palito,
con las manos a la espalda
y el paso medio aburrido;
porque cosa que haga el padre,
la sale copiando el hijo;
vive asomao a ese espejo
como una estrella a un charquito.
La noche agarró a la madre
a solas con ese niño.
Mientras cenaron, pitaba
bichos de luz el camino.
La sombra empezó a tirarle
cascarudos al pabilo...
temblaban algunos truenos
y siempre en el mesmo sitio...
caía una gota de agua
siempre con el mesmo ruido...
Pa más, el viento se puso
a despertar al molino,
y la rueda se movía
y siempre en el mesmo sitio...
Eso que agrandó sus ojos
entornaba los del niño.
-No te duermas - le pedía-
Tengo mucho miedo, hijo!
Como Julián se demora
le deja un plato servido,
se corre hasta la cocina,
allí, pegada a los vidrios
siguen corriendo sus manos
con platos apenas limpios;
quieren trancarse en el rancho
con la Virgen y Pablito.
Pero el gurí, que es muy hombre
se fué solo hasta el portillo.
Para que divise al padre
a lo lejos del camino,
la noche le enciende el fósforo
verde luz del rejucilo.
Y no ve que allí, a dos pasos
cuasi tocándolo mesmo,
hay un linyera grandote
que lo está mirando fijo...
Siente en eso que le dicen:
-Gurí - cuasi en el oído.
Se güelve, y ya ve una mano
peluda como de bicho,
que se le arrima a la cara
despacito... despacito...
La madre, allá en la cocina
se yela al oir el aullido.
Le repican en las sienes
los talones de Pablito,
que se esconde en sus polleras
igual a un pollo con frío.
-¿Qué viste? - le grita.
- Un hombre!.
- ¿Ande? y lo ve en el camino.
Corren pa'l rancho. Al cerrar
siente un galope tendido.
Resuellan. Ya no se trancan,
Julián güelve en el arisco!
Oyen chirriar el portillo
y justo cuando en la puerta
se para tremendo indio,
el jinete cruza y sigue
de largo por el camino.

No era Julián! y áura es tarde
pa cerrar el rancho amigo,
no hay más tranca que su cuerpo
entre el linyera y el niño.
- ¿Qué quiere aquí!
- Llueve mucho;
no va'a negarme un abrigo.-
responde, pero sus ojos
andan buscando a Pablito.
- Coma! - dice pa amansarlo
es la cena 'e mi marido...
- Gracias, no traigo d'esa hambre-
y sigue bucando al niño...
- ¿Porqué me lo mira ansí?
- P'agarrarlo - exclama el indio.
Entonces la madre salta
sobre aquel hombre; sus gritos
salen pa ajuera del rancho,
se corren por el camino,
van agudos como espuelas
pa clavarse en el arisco:
Julián! Julián!
El linyera
ya tiene en brazos al chico;
aquellas manos peludas
se le arriman despacito,
y aquella boca con hambre
de ternura, dice al niño:

- Dejame que te acaricie...
Yo en mi rancho tengo un hijo.
Hace dos años, lo menos
que ya no acaricio al mío...
Vos te parecés tanto...!
Dormite... mi niño...
Dormite mi sol...
Dormite en la cuna
de mi corazón...

Amaneciendo

Yo andaba levantao. De madrugada,
salgo a prender mi pucho en el Lucero,
mientras termina de encerrar la noche
una ronda de gallos ferrugientos...

Tapao por la ceniza del rocío,
arde en el horizonte el trasfoguero...
Hay un pirincho que madruga mucho
pa hacer buches de luz en ese alero
y cuando lo salpica a mi espinillo,
tiene que ver lo que se ríe el ceibo!

Allá sale al galope a'quella sierra:
va remontando el sol... cimbra el sobeo
en un temblar de pajaritos gauchos,
con los picos recién pintaos de nuevo...
y en los juncales del arroyo de oro,
pone a secar sus medias el boyero...

Yo era mozo y con novia,
me faltaría un mes pa'l casamiento...
Sobre el amanecer de mi relato,
ha pasao poco olvido y mucho tiempo.
Cebé un amargo y ya sentí en la puerta,
como el balar de un corderito enfermo..
Abro y me topo con un niño e meses
arrepollao en un reboso viejo.
Y el inocente, pa que yo le abriera,
usaba sus sollozos de cencerro.

Dios sabe que miseria me tendía,
como una mano, a ese mamón ajeno...
Lo alcé como quien alza un crucifijo:
temblando por dentro.
Lo besé en la mollera, que tenía
una pelusa de patito negro,
y él dejó de llorar; se jué secando
con el calor emplumao de mi pecho.

El sol se le arrimó como a olfatiarlo...
El horno abrió tamaña boca al verlo.
Pa que el niño riyera, mi lobuno
hizo de la coscoja un sonajero...

Entonces yo, tocao, les dije a todos:
-"Aquí se los presento,
va'a ser un hijo mío, un hijo gaucho,
una semilla que llegó en el viento.
Bendita sea la noche que lo puso,
desnudito de amor, bajo mi alero!...

Y ya le dejé el nene a una vecina.
Le cerré pinchos al lobuno viejo,
hice sonar la lonja de la senda,
estaquiada con cardos en el suelo,
y lo rayé en el patio de mi novia...

Y ella, la moza que entuavía quiero,
la que siempre me puso unto de luna
sobre las quemaduras del cabresto,
la que se hacía cruz en la tranquera
y pájaro de adios en el pañuelo...
no tuvo corazón pa un niño gaucho,
le negó l'agua del socorro y techo;
porque iban a decir cuatro vecinas
que ese gurí era nuestro,
que ella lo tuvo sin permiso'el pago,
antes del casamiento...

Me pidió que lo diese!
No era un cuzco;
era un botón con una rosa adentro!
Dios no lo puso a ese pichón de tordo
en el nido de un cuervo;
sino en el rancho querendón de un criollo,
que se santigua con los cuatro vientos...
Y yo no estoy pa que me tiemble el pucho
cuando lo viá encender en el Lucero!

Me dió a elegir: "o el inocente o ella".
Me apuntó los ojazos contra el pecho.
Yo estaba enamorao hasta las ráices;
ya agarrando e la oreja el casamiento!
Ella me pudo dar un hijo propio...
y el otro era un pedazo e carne ajeno!
Y no aflojé: - Con el gurí - le dije -
desnudito de amor, con él me quedo!

miércoles, 18 de marzo de 2009

Leyenda

(Foto: Eduardo Amorim)

Dicen que siempre cruzaban
por esos campos del mundo,
Juan en un flete tordillo
con Ramón en un oscuro.

Pero que no eran hermanos!
La vida los hizo, justo,
pa que uno talle en el naipe
y otro talle en el trabuco.

Como un día y una noche
encontraos en un crepúsculo,
Juan siempre andaba de blanco
y Ramón siempre de luto.

Jugando pa divertirse
los dos que eran medio brujos,
sacaban "flores" del mazo
desorejao por el uso.

Era como una payada
verles guitarrear un truco:
brindan con el as de copas,
gastan los oros por lujo,
montan el caballo 'e bastos
pa atropellar un retruco
y ganan el "vale cuatro"
con "cruz", con carta y con rumbo.

Y en la calle del boliche,
matando el sueño con yuyos,
noche a noche se amadrinan
el tordillo y el oscuro.

Pero en el "monte con puerta",
ande no se hace barullo,
cuando el candil lagrimea
en la cerrazón del humo
y la muerte pide carta
para jugarse hasta el pucho;
ande le miran las manos
al que baraja en lo oscuro:
-blancas, mientras talle limpio;
rojas, cuando talle sucio-
allí Juan no conocía
más amigo que el trabuco.

Y en una jugada e "monte",
ande se enriedaron mucho,
la talla, una sota, un copo
y el gatillo del orgullo;
Juan asesinó a Ramón
que era su hermano de truco.

Salta en el flete tordillo
y naide le sigue el rumbo.
La luna borra con plata
las huellas de su matungo.

Es libre! Se va del pago!
Son d'él la vida y el mundo...!

De pronto, escucha un galope:
se güelve pa detrás suyo
y entonces ve que lo sigue
el caballo del dijunto.

Un rejucilar de luna
le amandinga el pelo oscuro,
en la cabeza e'los bastos
trai dos ojos de corujo;
es un caballo de naipes
que juegan del otro mundo...!

En cuanto Juan se santigua,
ya lo atropellan los buhos.
Juye. Siempre su tordillo
fue más guapo que ese oscuro...

Y Juan mocha las espuelas,
pisa alambres, muda rumbos,
lo deja cansao al viento,
enhebra los montes crudos,
y siempre, siempre, lo sigue
el caballo del dijunto!

Entonces se suelta a reir
por tanto asustarse al ñudo:
"si aquél mancarrón lo sigue
de amadrinao con el suyo...!"
En cuanto largue el tordillo
lo deja en paz ese oscuro...

Desprende las "tres marías",
boléa al primer matungo,
monta y ni mira pa atrás!
Aura Juan está seguro
de no ver más en la vida
al caballo del dijunto.

Güelve a escuchar el silencio;
es tan grande, tan projundo
de paz, de sueño y de luna,
que se oyen crecer los yuyos.
Si áura un mancarrón se mueve,
Juan sentiría el retumbo...

Sofrena pa convencerse;
no se le arrima el murmullo;
mira despacio p'al anca
y Juan se yela hasta el pulso;
porque trai como de tiro
el caballo del dijunto!

Al trasluz del costillar
se ven estrellas y trucos.

Y compriende que ese pingo
es carne del otro mundo,
carta que juega Ramón,
copo que gana el dijunto.

Dicen que dende ese entonces
los dos ya siguieron juntos,
pues, ande vaya el tordillo,
en su sombra va el oscuro.

Y si Juan baraja un mazo,
talla al monte o juega al truco,
siempre los cuarenta naipes
están pegajosos y húmedos;
porque pa Juan sigue fresca
la sangre de aquél dijunto.

jueves, 12 de marzo de 2009

Hasta el domingo Mama


Hoy hace un mes que Luisa encerró el cusco,
y con su Ramoncito en alpargatas,
fue a entregar el lavao a la patrona
y el hijo a la escuelita de la estancia.
Dejó su corazón a cuatro leguas
y viene a verlo un día por semana.
Se quema pa que el niño en esas luces,
aprienda los deberes de la máitra.
Es domingo. El silencio lo aprovecha
pa ceitar los ferrumbres de la pásulas,
la sombra de un petiso e lavandera
se hechó sobre los yuyos y descansa;
porque con los bolsones de la ropa
lleva horquetao un bombachudo en ancas.
Y en la cicina gris, el nene gaucho,
perdido en el colegio de la estancia,
le pregunta a la madre: y mi cachorro,
no llora nunca pa este rumbo, mama...?
Luisa no lo oye, está mirando el cielo
por el ventanillo azul de la pizarra
donde el niño ha soltao una palomas
que pa los leidos deben ser palabras...
¿Ya escribiste todo eso...? no señora...
dice el gauchito con la voz mojada.
Él no ha domao el lápiz entuavía...
Lo que escribió es el sueño de una carta:
Ramoncito nomás puede leerla,
le faltan haches y le sobran lágrimas...
Yo...sabe...?era un bichito cariñoso
emplumao en el pecho de mi mama
y ella me dió, como si juera un cusco
por un puñao de letras a la máitra...
Cuasi no llega a verme...y cierro tanto
balido en el chiquero e la semana
que dos o tres horas, no me dan tiempo
a mamar en lo tibio de mirarla...
Yo nunca viá prender; sabe? su amor enllena
el gueco de mi alma,
pa que dentre un puntito en mi cabeza
tengo que echar un beso suyo, mama...
Acaricieme un poco...Ella no lo oye,
ya le duelen las manos...si lo agarra
esconde en un bolsón ese tesoro
y juye pa que el niño crie alas,
como juyó sobre un burrito blanco
con el niño Jesus, la Virgen santa...
y no lo besa. Ramoncito ahora
no es suyo; es de los libros y la máitra.
Ya montó. Yá su pena está a caballo
en la carne sufrida de una gaucha.
A ver, no llores más....?
Y diga en hombre: -Hasta el domingo mama.
El gurí con los puños en los ojos.
Trata de hablar, pero no puede, se auga.
Ya luisa en su petiso e lavandera
ha repechao unas cuarenta varas,
y siente que el niño llora entuavía
porque no dice hasta el domingo mama...
Como lo deja ansí...tiene ocho años...
Y si el precisa luz como la apaga...!
y en la portera gris, el nene gaucho,
se sube a los alambres de la jaula
y pa serle creer que ya no llora,
le grita un largo, hasta el domingo ma..ma...!

lunes, 2 de marzo de 2009

La Nazarena


Lauro era rubio y ágil como el puma.
Se lo dieron a mama. Lo crió ella.
Los dos usamos una sola cuna.
Los dos juimos en ancas a la escuela,
nos arrastró a los dos una divisa,
nos balaba a los dos una querencia...
y el día que el amor nos puso alas,
nos chamuscamos en la misma estrella!

Éramos carne y carne, Cruz y Fierro:
un poncho, un mate amargo, una estribera...
Amigos! esas dos manos que junta
pa rezar un bendito, la cumbrera;
el ñudo potriador de dos varones
que cuanto más lo estiran, más se aprieta!

Pero el diablo no quiere cosas puras
y nos enamoramos de una prienda
que tenía los ojos pestañudos
y dentradores como dos espuelas.
Lauro la llamó Rosa,
y yo, la Nazarena.

Me la quiso dejar, salió una noche...
Se la quise dejar, gané la ausencia...
Y no se pudo; peludió la yunta
en el tembladeral de su tranquera!
Nacidos pa querer a dos orgullos,
dentramos a sufrir con dos bicheras
y ansí se nos enanca un odio viejo,
un odio de venao y de crucera.

No lo pude peliar: mama vivía.
Y éramos uno pa esa criolla vieja...
Sonréibamos los dos, mascando fuego,
ataos, codo con codo, a la prudencia.
Por el "puma" y por mí, gruñe el amargo...

Un día se nos arde la pacencia:
hay un "venite"! un revoliar de ponchos,
un rechinar de filos, una trenza...!
Se nos cruza mi madre y con su llanto,
nos apagó la brase de las crestas.

Dispués salimos con divisa y lanza;
porque pa suerte, reventó la guerra.
Vamo a jugar a cara o cruz la vida,
en la primer pelea:
uno se ha de quedar con los caranchos
y otro con Nazarena.

En las noches azules de sereno,
Lauro no duerme poro pensar en ella
y yo, sobre el recao lleno de abrojos,
voy pitando hasta el pucho, la pacencia...
Un: Carguen! nos sacó del purgatorio
a púa y a clarín, lanza y sotera.
Yo deseo su muerte y él mi muerte.
Y zambullimos en la polvareda...
Volvimos unos pocos esa noche;
pero el "puma" está allí, no duerme; piensa,
mientras yo en el recao no enriedo el sueño
por más que sigo dando güelta y güelta.

Y una tarde, nos sacan en redota,
con los pingos charquiaos por las paletas.
Vienen cerquita, errándonos trabuco.
Apura, nos alcanzan, revolean...
y los tres puños de las boleadoras
zumban en el carpido de las güeyas.

En eso, rueda un flete: es el del "puma".
Cae parao. Pa morir. Ni me doy güelta!
Por fin, se va a quedar con los caranchos,
y yo, con Nazarena...!

No se pudo! Algo toro, algo que sale
del pecho de mi madre o de mi tierra,
me hace sentar el flete en los garrones;
y hundirlo en la tormenta!
Golví pa cáir con él, en Cruz y Fierro,
pa salir enancaos en una décima,
pa mirar en los ojos a la guacha
que rezó por los dos en mi tapera!
Y lo saqué nomás!

Callaos y tristes
nos vamos acercando a la tranquera
de la mujer que Lauro llamó Rosa
y yo, la Nazarena.
Allí el "puma" me dijo de a caballo,
cuasi al cerrar el alma y las espuelas:
-Yo sigo con la vida que me diste,
vos casate con ella.

martes, 22 de julio de 2008

Querencia


Ese alazán nunca sirvió pa nada.
Tiene el pelo nomás: un baño de oro
que ande lo friegue contra un pingo guapo,
se descascara y le aparece el plomo...

No le gusta el camino. Agatas muento,
ya sale medio loro.
mostrándole los dientes a la cincha;
y ande le cierre espuelas, flaco y todo
se arrastra a bellaquiar; por que conserva
su dinidá de potro…

A mi me sufre; pero hasta ai cerquita…
No vaya a creer! Si me le arrimo é pronto
ya le dentran calambres en las patas.
Tengo que hablarle sabe? Y con güen modo;
-Soy yo Don Alazán, vengo é visita…
Si no me atraca diente, igual que a todos...

Y hay mucho maturrango con espuelas…
Me lo piden..se ráin…no cren en potros.
En una, por probarse que son gauchos,
le apretan el boton de los corcobos;
pierdo el recao y, a lo mejor Dios sabe
si no paso esa noche en un velorio…

Por eso, más que nada, hace dos años,
se lo vendí a un tropero, hombre criollo…
Cuando se jue, ya me borró el olvido
a ese mestizo de tortuga y potro…
No había pasao una semana de eso
cuando un día me asomo,
y encuentro a mi alazán en la portera,
chupao de sé; pero soplao de abrojos.

-Golviste! – y me pasaba por la mano
el hocico sedoso
-No sos tan desmadrao, matungo viejo,
tenés el pelo y la memoria de oro…
Se me caso la hija y nunca ha güelto...
Crié un muchachon, que no golvió tampoco;
Y este pobre animal, galopio leguas,
sin tomar ni agua pa volver más pronto.
Me dentró una vergüenza! Era un amigo,
y lo vendí por un puñado de oro!

Montao en él juí a devolver los pesos
el otro dueño comprendió; es un criollo...
Y lo truje, pa siempre a su querencia.
Vino bufando: pero alegre y todo,
si lo pincho, ahí rompemos amistades;
porque él conserva su altivez de potro.