lunes, 2 de marzo de 2009

Poncho Negro.


Cuando me fui de mi rancho
se puso a llorar el viento.
Estribé, monté a caballo
y lo acuñé en el invierno.

A gatas iba clareando
por una grieta del tiempo
y me fui como la noche
trote corto y poncho negro.

Mire que triste ocasión
andar de riñón cubierto
sintiendo que algo en el alma
nos viene sonando a hueco.

Y mire que cuesta dirse
cuando se ve dende lejos
que la tapera se agacha
como llamando a su dueño.

Quien fuera brujo pa dirse
llevándose como el viento,
lejos de pasos queridos:
risas suspiros y besos

Alcé esa vuelta del rancho
las pocas pilchas que tengo;
lo que no va en las maletas
cabe bien en el pañuelo.

Aquellas cuatro paredes
que cobijaron mi sueño
quedaron desamparadas
cuando me fui en el overo.

Al coronar la cuchilla
miré pa'trás un momento
y me fui como la noche
trote corto y poncho negro.

El viento y el roble.


Aquel roble que asoma por tan alto,
el más viejo quizá de todo el monte,
al viento que pasaba le decía,
que por viejo el era el padre de ese bosque,
que de toda la distancia que miraba,
fue sin duda el primero de los robles.

Y le hablaba con orgullo de sus siglos,
de otras formas que hace mucho tuvo el lago,
de sentir temblar la tierra tantas veces,
allá cuando los ríos se formaron,
que ese cerro en otro tiempo conversaba,
un lenguaje de fuego hoy apagado.

En mi sombra se durmieron tantos años,
vi llegar y vi partir mas de una raza,
yo di lumbre a la noche de los hombres,
que pasaban por esas rastrilladas,
quien me puede hablar a mi de otras edades,
si hasta creo que nací con la montaña.

Entonces, dijo el viento en ese idioma,
sintiéndose tan joven todavía,
si es verdad que conociste todo aquello,
como puedes hablarme de la vida,
pues serás el mas antiguo de los robles,
pero olvidas que yo traje tu semilla…

El despido



Secundino Barbosa era mi amigo.
Cuando nací, ya estaba de pión en casa;
y dejé de gatiar pa dir prendido
de su modesto chiripá de apala.

Supe ser, de gurí, flor de cargoso.
No tenía prienda que me conformara,
y ái andaba Quindín, qu´era su apodo,
pescándome la luna en las cañadas.

Lo tengo bien patente en el ricuerdo
de la noche´el asalto de la estancia;
fortín de piedras que melló en sus tiempos
mucho malón filoso de l´indiada.

Tata´bía acantonao, pa´defenderse,
su personal de crédito en las casas;
y mama, como encinta de la muerte,
pasiaba un delantal preñao de balas.

Yo dentré a tener miedo, pero en esas,
al rejucilo anaranjao di un arma,
lo ví´ a Quindín Barbosa hecho una fiera,
meta trabuco al lao de mi ventana.

Y el miedo se me jué; m´entró sueñera,
y al bárbaro arrorró de las descargas,
clavé el pico y soñé la noche entera,
que aquel gaucho era´l Angel de la Guarda.

Pasó lerdiando el tiempo, que´s el modo
que tiene de pasar por la campaña,
y en mi amigo hallé un máistro que gustoso
me diba rasquetiando l´inorancia.

M´enseñó a hacer trencitas y retobos,
y enriedao en los tientos y las pláticas,
me dio el secreto ´e la virtud del criollo,
que es ser juerte y sobao, como las guascas.

Y era de comedido y bondadoso...
De recorrer el campo siempre tráiba
p´al "patroncito", un aperiá o un zorro,
o algún pichón de tero o de calandria.

Nunca más viá olvidar la tarde aquella
cuando él jué a racionar la caballada,
y yo, atado al tilín de sus espuelas,
me arrimé a pirichar cómo lidiaba.

Rellenó un imbornal pal doradiyo,
que´ra un diablo importao, orgullo e´tata,
idioso el condenao y decidido
pa´distribuir los dientes y las patas!

Ni me le había arrimao, cuando ví el brillo
de sus ojos salvajes, odio en llamas,
me abrasó la clinera; los colmillos
rajaron como un trapo la distancia.

Sentí un derrumbe y me asombró el padrillo
pataliando en el suelo entre boquiadas,
mientras el puño alzao de Secundino
era un ñudo en la lonja de la guacha.

Y ái tiene, ¿ve?, por eso jué el despido.
El puro había costao su güena plata,
y el hombre no explicó lo sucedido,
porque quedaba mal que lo explicara.

Salió del escritorio como ido...
Ya estaba en el palenque´l malacara
y se puso a ensillarlo dispacito,
como quien gusta revisar las garras...

Dispués armó un cigarro; en rudo mimo
me palmió la cabeza; la mirada
se l´enllenó de estrellas... Dio un suspiro,
y se secó la frente con la manga.

Ganao por un apuro repentino,
hizo caracoliar al malacara,
y agarró por la güeya al trotecito...
Yo, recién compriendí lo que pasaba,
y no sabía qué hacer ¡era tan chico!

La pena m´hizo un ñudo en la garganta
que redepente desaté en un grito;
el sol voltió a mi lao la sombra e´tata:
¡Se va, tatita, se me va´l amigo!
¿Quién va´pescar mi luna en las cañadas,
cuando el viento cerrero traiga arisco
sus tropillas de miedo hasta mi almohada?

Y desfleque el chilcal los alaridos
del lobizón, y tiemble la perrada.
No va´star el trabuco´e Secundino
como un sol de coraje en mi ventana.

Jué pa´salvarme que mató al padrillo!
me jué a morder y el l´abajó la guacha!
Como él dijo dispués: "estaba escrito..."
¿Me lo va´echar? ¿Al Angel de la Guardia?

Tata era un hombre güeno, compriensivo,
le dolió aquello, ¿sabe? Sin palabras
salió hasta la tranquera; dio un chillido,
y sofrenó el bagual el Secundino
con un tirón que lo sentó en las patas!

Corrió pa´regresar, eco ´e cariño
recogiendo el largor de la llamada...
"Mande, patrón...

--Quedate, Secundino,
el gurí no quiere que te vayas.

Décimas de Jacinto Luna



No pregunten de'onde soy,
vengo del tiempo aparcero,
y ni los mismos senderos
Comprenden pa’ donde voy;
voy tiempo arriba y estoy
resignado a mi destino,
de andar siempre peregrino,
durmiendo sobre mis garras,
y despertando guitarras
a la orilla del camino.

Sin fajón en la carona
ni lazo atado a los tientos,
traigo un temblor que los vientos
dejaron en mis bordonas,
y una pena en las lloronas
que no quieren alzar vuelo,
porque el rigor del pihuelo
la lleva atada a mi huella,
pa' que no se hagan estrellas
alumbrando desde el cielo.

Ni me espera una querencia
ni los caminos me espantan
porque no hay pa’ los que cantan
más pago que el de la ausencia;
nada me ata a la existencia,
voy muriendo al tranco lerdo
cada atardecer me pierdo
tras los horizontes rojos,
con un niebla en los ojos
y acosa’o por los recuerdos.

Me han echa’o en el fogón
ramitas de mataojo,
espinas en el rastrojo,
un dolor en el corazón;
y voy con esta canción
en los labios de una herida,
pa’ que al final de mi vida
quede mi canto despierto,
pues todo cocuyo muerto
deja una luz encendida.

viernes, 27 de febrero de 2009

Como esta lluvia mansa.


No sé si el agua es cosa de la tierra que se hace nube,
o cosa del cielo que se hace río,
pero intuyo de pronto que hombre y agua
tenemos destino de tierra y vocación de cielo,
y me descubro un alma limpia y recién nacida,
como esta lluvia mansa...
...........................
Como esta lluvia mansa
que cae al campo
Cuando me vuelvo nube
no llevo barro.

Suelo hacerme rocío
sobre los pastos
Ni el perfume me llevo
cuando levanto.

Suelo cambiar de nombre
según los años
Arroyo que la seca
transforma en charcos.

A veces ando mucho
y otras me estanco
Mirada azul que el cielo
pierde en el llano.

Soy a veces silencio
y a veces canto
Modos de ser el agua
y este paisano.

Pero eso si sufrido
de andar penando
Cuando me vuelvo nube
no llevo barro.

miércoles, 11 de febrero de 2009

"Silencio..."


El viento, medio frescón,
que todo el día ha soplao
aura parece cansao,
tropezón tras tropezón,
el monte serio y tristón
al manso compás se agita,
y ayá a lo lejos, solita,
se vá perdiendo una nube
como el humo cuando sube
del cigarro que se pita.

La luna blanca y briyante
parada sola en el cielo
vá alumbrando todo el suelo
como un ojo vigilante,
y en la rama lagrimiante
de un viejo sauce yorón
silba el chingolo gauchón
un silencio en su clarín
pa' que descanse, por fin,
mi angustiao corazón.

domingo, 28 de diciembre de 2008

El trance fiero.



Yo andaba en un redomón
bastante bruto y macaco
cuando lo escuche al "mataco"
que toriaba en un zanjón.
Sali medio al galopón
pa ver lo q habia encontrao
pero me quedé pasmao
cuando distinguí de paso
q era un jabalí machazo
y de cormillo cruzao.

Como nunca fui chambón,
pa voltiar cualquier padrillo
pensé que sería sencillo
partirle en dos el melon
pero me tembló el garrón
cuando se me vino airoso
quise pelar el bufoso
pero el matungo macaco..
se enredó en un alpataco
y al suelo fui tembloroso.

En tremenda mezcolansa
cuando medio me paraba
vi que el caballo sangraba
desde el encuentro y la panza
y al perder las esperanzas
de voltiarlo de un balazo
disparé unos cuantos pasos
pero al mirarme de a pie
volvió a encararme otra vez
como pa hacerme pedazos.

El perro tuito sangrao
desde el ocico al cogote
no le aflojaba al grandote
y parecia duplicao
y si no he sido achurao
por aquel chancho fierazo
fue por el perro amigazo
porque cuando se venía
al cruce se le prendia
sin miedo a los cormillazos..

...

Entre tantas reculadas
y apurones sin ventaja
me había hecho perder la faja
y una alpargata gastada
y fue en una corajiada
mezcla de miedo y cosquilla
que al saltar una jarilla
alcance a pelar el fierro..
y haciéndole honor al perro
se lo prendí en las costillas.

Como quien siente el amargo
dolor en cuerpo desnudo,
pegó un bufido el cerdudo
y se alejó al trote largo,
pero el perro sin embargo
lo siguio firme y parejo
y cuando lo hallé allá lejos
en una playa estirao
se había muerto desangrao
por defenderme el pellejo.

Allí quedó pobrecito
entre tomillos y sampa
por serle fiel y sin trampas
a quien lo crio de chiquito
en cambio el chancho maldito
herido pero se fue
y tristemente pensé
que julepe compañero..
donde casi dejo el cuero
de puro tonto esa vez!