miércoles, 9 de septiembre de 2009

Por qué surero


Muchos se han de preguntar
Porqué es que canto surero
Y pa explicárselo quiero
En este verso volcar,
Mi sentimiento a la par
De recuerdos tan queridos
Porque aun guardo en mis oídos
Esas milongas sureras
Que en casa escuché cuando era
Tan solo un recién nacido.

Tal vez será que al crecer
Lo hice entre gente campera
Y fue mi ilusión primera
Una milonga aprender.
Soñaba, soñaba con conocer
A ese famoso cantor
Del que me hice admirador
Y su recuerdo me aferro
El tordillo Oscar del Cerro
Que a mi gusto fue el mejor.

Pero mis versos primeros
Los aprendí en los fogones
De escuchar por los galpones
Al Vasco de mataderos.
Fue ese estilo tan campero
El que me llevó a cantar,
Y hoy se me ocurre pensar
Que aunque no alcanzó la fama,
El Vasquito fue la rama
Que hizo este gajo brotar.

Después la vida en su andar
Me dio tantas alegrías,
Que hasta con los dos un día
Tuve el gusto de cantar,
Cómo poderme olvidar
La emoción que yo sentía
Cada vez que me veía
Con Del Cerro en un afiche,
Pegao en algún boliche
¡cuántas veces lo leía!

Yo no se si fue el destino
O pura casualidad
Pero nació una amistad
De cruzarnos los caminos
Y fue compartir el vino,
Un mate o unos asaos,
Motivos justificaos
Pa podernos encontrar,
Cada tanto a conversar
De los tiempos del pasao.

Pero el tiempo al dir pasando
Sin querer nos apartó,
A Oscar, Dios lo contrató
Y allá lo tiene cantando,
El Vasco andará alegrando
Vaya a saber qué fogón,
Y por ser el más pichón
Yo sigo firme en la huella
Intentando siempre en ella
Defender la tradición.

Por ellos, por ellos estoy cantando
Por eso tanto lo siento,
Y perdónenme este acento,
Medio me ando emocionando,
Los seguiré recordando
Hasta el día de mi entierro
Al Vasco y a Oscar del Cerro
Porque tanto me marcaron,
De cachorros me enseñaron
Y hoy por ellos me hice perro.

Atando recuerdos



Recién despuntaba el día
Cuando el hijo de un puestero,
Montando un pasuco overo
Rumbo a la estancia salía.
Un tero en sus griterías
Lo saluda a la pasada
Y entre los cueros doblada,
Pa entregarla ni bien cuadre:
Lleva una carta del padre
Con letras despatarradas.

Es el muchacho mayor,
Hijo del pampa Machao,
Un criollo muy estimao
Por serio y por cumplidor,
Como hombre trabajador,
Le traza al hijo una senda
Y pa que el patrón lo atienda
Sin buscar mucho acomodo,
Escribiéndole a su modo
Al hijo le recomienda.

Y ansí le escribe al patrón
A lo criollo y sin empacho,
“Ahí va Lauro, mi muchacho,
Por si le falta algún peón.
De entrada andará cortón
Al verse rodeao de extraños,
Pues la verdad y sin engaño
Es todo un hombre a mi ver,
Y ayer, justamente ayer,
Me cumplió los quince años.

A leer poco ha aprendido,
Embarulla las vocales
Pero en trabajos rurales
Puedo darlo garantido,
Es callao, muy retraído
Y enemigo de las charlas
Costumbre que al valorarla,
No son elogio de abuela
Y si usted lo ve de espuela
Seguro que sabe usarla.

Le he enseñao sin fantasía
Cómo se enrienda un bagual
Y en la puerta de un corral
Vuelca un lazo a la par mía.
Le guste y tiene baquía,
Le aficiona ser soguero
Cura sarna con esmero
Y es prático pa esquilar
Y si le toca esquilar
No le va a rayar ni un cuero.

Saturno, el finao mi hermano,
Hombre campero y capaz
Fue su mentao capataz
De confianza y muy baqueano
Recuerda, Juan, qué paisano
Tan parejo y servicial
Que cuando fue su mensual
Tanto carneaba un novillo
Como entregaba un potrillo
Hecho un pingo esepcional.

Yo también desde muchacho
Recordarlo es mucho honor
Fui en su estancia un domador
Jinetón y vivaracho
Ahora ya me deshilacho
Como poncho ya gastao
Mi agilidá se ha mermao
Por los años que amontono
Pero ni así lo abandono
Y estoy siempre a su mandao.

Luzca m’hijo este apellido
Que nunca llegó a mancharse
Y ha de saber comportarse
Pa llevarlo merecido.
Le enseñé que sea cumplido
Decente, bueno y constante
Y aunque sea tolerante
Debe tener bien grabao
Que jamás a los Machao
Los han echao por delante.


Autor: aun no lo se.

Estancias Argentinas


Qué lindo de mañanita
Divisar en una estancia,
La honradez y la constancia
Que allí tiene la peonada.
Levantarse entusiasmada
Pa tomarse un cimarrón,
Y allá en un criollo fogón
Se va dorando un asao
Almuerzan unos bocaos
Y a cumplir su obligación.

Y cuando el día clarea
Abandonan el fogón,
Uno ensilla un redomón
Y otro pa’l campo rumbea,
Otro tiene la tarea,
La del establecimiento
Y todos se hallan contentos
Para trabajar con ganas
Lindo es ver por la mañana
Una estancia en movimiento.

Hay un zaino gargantilla
Que es escarceador y brioso
Va relinchando orgulloso
Por amor a la tropilla
Un gaucho va por la orilla
Del alambrado de afuera,
Recorre en horas primeras
Por si en la noche pasada
Ha habido alambre o cortada,
Un novillo salió ajuera.

Y por el otro costao
Se divisa un mensualito
Lleva de alambre un rollito
En los tientos del recao
Y allá por el descampao
Se va en dirección al cerro,
Entre ruidos de cencerros
Señuelos de la manada,
Para ver si hubo carneada
O mordida de los perros.

Lindo es sentir el temblor
De la pampa en las orillas,
Ver arrear a la tropilla
Del gaucho que es domador.
Eso sí que es un primor
Ver puntear a la madrina,
Que el silbido la domina
De un gaucho con arrogancia.
Eso se ve en las estancias
De nuestra tierra Argentina.

Autor: por ahora desconocido

Pialando miserias


Temprano ensillé el rosillo
Y acomodé en la encimera,
La llave torniquetera ,
un lazo corto y sencillo.
El ovejero amarillo,
Oservando mi quehacer,
Como sabiendo el deber
Que por gusto le proboca
Con el cabresto en la boca
Me invitaba a recorrer.

Volví a buscar la cuchilla,
Los cigarros y el sombrero,
De paso solté el nochero
Que relinchó la tropilla.
Una neblina tordilla
Entró a mojarme el recao,
Y en el vapor levantao
Tata Dios, lucía sus mañas,
Bordando de telarañas
Los hilos del alambrao.

Abrí la primer tranquera
Sin bajarme del rosillo,
Y entré a contar los novillos
Con conocencia campera.
Ya noté que en la primera
Uno me andaba faltando,
Los volví a contar mirando
Con duda en el entrecejo,
Cuando algo extraño a lo lejos
Me hizo salir galopeando.

De un tironsito exigido
Llegué rodeao de chimangos
Taba el poncho de un Polanco
En el alambre tendido.
Desmonté medio aflijido,
Oservando los detalles,
Rogando que no me falle
La sospecha que tenía;
Por unas marcas que había
Con dirección a la calle.

Hallé al final de mi empeño
A unos cien metros el rodao,
De un carro desvencijao
Que bien conozco a su dueño.
Cuando el hambre mata el sueño
La razón de a poco merma,
Y no hay honradez que duerma
Si allá en la tapera están
Diez bocas pidiendo pan
Y una mujer muy enferma.

Cabrestiando a la razón
Y echando en el anca el cuero
Dejé al tranquito el potrero
Pa cumplir con la misión,
De anoticiarle al patrón:
“Que al negro en una pialada,
Por curarle la abichada
Sin querer lo desnuqué,
Sobre el pucho lo cuerié
Y se lo dí a la perrada”.

Autor: por ahora lo desconozco.

domingo, 6 de septiembre de 2009

Tierra arada



Despacito amanecía
ya estaba casi clareando.
Una mañana argentina
con olor a siembra y pasto.

Yo ya estaba sobre el surco
cara al sol, la frente nalto,
cuando alguien dende las casas
me gritó medio asustao:

-" Dicen que hay guerra en la Uropa;
dicen que se están peleando".-
-Guerra..? Levanté la reja,
la tumbé sobre un costao,
y me detuve a escuchar
lo que me estaban contando.

Me tentó aquella palabra,
- Suena juerte pa un paisano...
-Parece que está hecha 'e sangre,
de tambor y poncho nalto,
que tiene el grito 'e los niños
y de las mardes el llanto.
Ya iba a ponerme a pensar
en guerra... y que se yo cuanto,
pero vide el surco fresco,
miré la yunta 'e los mansos,
vide la tierra fresquita
y a la semilla esperando,
y pensé para mis adentros
con sana concencia 'e gaucho:
TIERRA ARADA GUELE A PATRIA
y es mejor que siga arando

Y seguí abriendo el camino,
despacito, palmo a palmo,
camino hecho e’tierra fresca
Y hecho a sudor de cristiano.

Y nese terrón moreno
que la reja iba volcando,
yo endiviné una esperanza
que jué pa mi como un canto.

Que cada surco se abría
como con ansias de grano,
eran sueños de una novia
y de una madre el regazo.

Y ya me sentí más hombre,
más argentino, más guapo,
porque neste suelo grande,
suelo e’la paz y el trabajo,
no hay tiempo e’pensar en guerra
con la canción del arao.
Argentina... tierra santa,
gloriosa madre del gaucho
que ya dejó las espuelas
y la mancera ha empuñao;
que ya levantó ciudades
abriendo el surco en los campos.
Por eso es tu hijo, el criollo,
tiene rugosa la mano,
que si pulsa una guitarra,
también empuña el arao.

“Dicen que hay guerra en la Uropa;
dice que se estan peleando”.
Yo pienso para mis adentros
con sana concencia e’gaucho:
TIERRA ARADA GUELE A PATRIA
y es mejor que siga arando.

Este poema de Porfirio Zappa (periodista y poeta correntino, esquinense) era recitado por Fernando Ochoa como apertura en su local "El rancho de Fernando Ochoa".

El redomón pateador


Después de una fría helada
que el sol comienza a entibiar,
dispuesto a desensillar
un potro que yo amanzaba;
y aunque bien lo trabajaba
tratándolo con rigor,
era loco escarceador
por más que lo acariciaba;
las cosquillas le sacaba
pero salió pateador.

En el cerco de la casa
lo dejé atao ese día,
ya la patrona tenía
la pava puesta en las brasas.
Una lechuza que pasa
pega un chistido bolando
y mientras se va alejando
lanza otro quejido fuerte,
como un presagio de muerte
una desgracia anunciando.

Taba sacando unos tientos,
pa arreglar una encimera,
una tarea campera
para dir matando el tiempo.
Llegué del campo contento
después de redomonear,
y ya dispuesto a matear
noté que algo me faltaba;
era mi hijo que no estaba
no lo había visto al llegar.

Le pregunté a la patrona
"¿qué andaba haciendo el gurí?",
porque dentro mío sentí
una duda que me encona.
Me contestó la Ramona
que "afuera estaba jugando,
que había pasao galopeando
de a caballo en un palito;
salió a vos nuestro chiquito
dos años y ya anda domando".

Y parada en el umbral
la cara pálida helada,
para afuera su mirada
supe que algo andaba mal.
Spreté fuerte el puñal,
me calcé las alpargatas
y así lo pude ver a gatas
que la cola había agarrao
del redomón y sentao
estaba atrás de las patas.

Sentí un nudo en la garganta
que me paraba el respiro,
calculándole que al tiro
en el aire lo levanta.
Con el codo hice palanca,
pa sujetar mi mujer,
desesperada a mi ver
por la angustia del momento;
ni el más leve movimiento
los dos podíamos hacer.

Tenía un dolor en el pecho
más conociendo al sotreta,
que con las patas y la jeta
estaba como al acecho,
-"No me castigués deshecho
que los chirlos que te dí,
fue porque loco te vi
y pa que en cualquier terreno,
fueses un pingazo bueno
y hoy me estás doliendo a mí"...

Mira el chico a su mamá
que está en la puerta llorando,
y el potro lo está observando
de orejas gachas pa'trás.
Se para y monta ahí nomás
en el palo que tenía,
qué inocente picardía
se aleja en su pingo al paso;
Ramona lo alza en sus brasos
con un llanto de alegría.

Con la mano en la testera
le dije: "Gracias hermano!,
sos un flete soberano
que no va a montar cualquiera;
no conocerás sotera
y si te ato en el palenque;
será porque estoy enclenque
y si de arriba te enfilo
bien podés estar tranquilo
que pa vos no habrá rebenque.

viernes, 4 de septiembre de 2009

Si una guitarra tuviera


Tuve guitarra una vez,
y andando de peregrino
se me estropió en el camino
cerquita de Guatraché.
¡Sólo una astilla guardé!
Y de sus cuerdas ya rotas,
nunca más se oirán las notas
que desgranaban rosarios;
y fue la pampa el sudario
de sus vibrancias remotas.

Si una guitarra tuviera
para pulsar este día,
un canto me nacería
pero no como cualquiera.
Hablo de un canto que fuera
como una noche estrellada,
como una mano estrechada,
como un "amén" de rodillas,
como un olor a gramillas
sobre la tierra mojada.

Una guitarra quisiera
con seis colores sonoros,
y cien calandrias a coro
anidando en su madera,
con una canción sincera
que a ningún hombre lo ofenda
y que en las almas encienda
una llamarada noble,
pa que la canten los pobres
y que los ricos aprendan.