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jueves, 21 de julio de 2011

Desde adentro


Para vivir el amor
quiero volverme semilla,
mesmo que el cardo Castilla
cuando le soplan la flor.
Porque en la Cruz el Señor
me da su sabiduría,
yo creo que la agonía
del lucero matutino
le va dejando camino
a la luz del nuevo día.

No ha de ser por el sufrir
que deje yo de cantar:
los que no saben llorar
tampoco saben reír.
Tengo por meta, vivir
tal como Dios me pensó.
El mesmo que me creó
me hace esperar lo que espero,
y si el lucero es lucero
también yo quiero ser yo.

No me acobarda la suerte
de vivir para el dolor;
voy a campearlo al amor
en los pagos de la muerte.
Y no es que me sienta fuerte,
me dobla el pecado en dos,
pero se ensancha mi voz
cuando proclamo creer
que en las venas de mi ser
corre la sangre de Dios.

miércoles, 20 de julio de 2011

Mi tropilla



Sobre las lomas floridas
que el sol de enero engalana,
se ve pasar, soberana,
una tropilla elegida.
Y es todo un canto a la vida
ver correr esos potrillos,
contra el viento los flequillos,
sudorosos los pescuezos;
y en cada potro hay un beso
que le da el sol, con su brillo.

Yo los miraba de a pie,
con el alma acobardada,
por la bruta bellaqueada
de un bagual que no domé.
¡Quién me volviera la fe
que ya en mi pecho no brilla!
¡Quién le diera a mis rodillas
toda su fuerza y valor!
¡Quién fuera ese domador
que amansara mi tropilla!

Algo adentro me decía
mientras los potros miraba,
que si no los ensillaba
naides los amansaría.
Y mi corazón sufría
sin coraje y derrotado,
al ver mi gaucho recado
con amargo desconcierto,
lo mesmo que un niño muerto,
sobre el piso, abandonado.

Entonces fue, que Él llegó,
puso un bozal en mis manos
-"Muente -me dijo- paisano,
que he de apadrinarlo yo. "
A los ojos me miró,
y yo a sus ojos miré;
y volví a tenerme fe
porque con Fe le creí.
Entonces le dije: "sí"
y las espuelas calcé.

¡Bendito apadrinador,
conocedor del oficio!
Decir que "no", fuera vicio,
decir que "sí", fue mejor.
¡Toda la pampa está en flor.
Todo el campo está de fiesta!
Tengo las espuelas puestas,
y mi potro en el palenque,
ya levanto mi rebenque:
... todo lo que vale... cuesta.

Ese oscurito tapao
será el último bagual.
Cuando muente ese animal
todo se habrá consumao.
Pondré en su lomo el recao
de más linda platería
y al morir la luz del día,
la tropilla por delante
-con mis dos manos sangrantes-
partiré en su compañía.

Cuando divise el galpón
-capaz de ser un domingo-
voy a hacer rayar el pingo
pa'saludar al Patrón.
Desmontaré el redomón
y le diré de rodillas.
-Aquí tiene la tropilla
que Usted me había encomendao.
Estando su Hijo a mi lao,
la doma se hizo sencilla.
(Pintura: Castells Capurro)

miércoles, 21 de octubre de 2009

Guitarra de Dios


Yo soy guitarra de Dios;
guitarra de carne viva,
para que el hombre reciba
la música de su Amor.
Aprieta mi diapasón
su mano que duele a veces,
y mi sangre se estremece
cuando El me pulsa las venas;
por eso mi canto suena
más alto que los cipreses.

No soy de madera fina
ni de cuerdas delicadas,
igual que esas encordadas
que lucen en la vitrina.
Si mi canto desafina
por Él me dejo templar,
y así, viviendo al compás
del divino Guitarrero,
hago bajar los luceros
hasta mi pecho bagual.

Ni envidia tengo al zorzal
por su música sonora,
o a la calandria cantora
que se posa en el sauzal.
Y el más fuerte temporal
no me hace envidiar su voz,
que estando juntos los dos
mi canto nunca se calla
y adonde quiera que vaya
yo soy guitarra de Dios.

Habrá de llegar el día
- cuando se rompan mis cuerdas-
en que mi nombre se pierda
como botella vacía.
Y el Señor que es mi alegría,
lleno de inmensa pasión,
me traerá a su corazón
-eterna LLama de Vida-
¡y seré brasa encendida
para siempre en su Fogón!

viernes, 4 de septiembre de 2009

Si una guitarra tuviera


Tuve guitarra una vez,
y andando de peregrino
se me estropió en el camino
cerquita de Guatraché.
¡Sólo una astilla guardé!
Y de sus cuerdas ya rotas,
nunca más se oirán las notas
que desgranaban rosarios;
y fue la pampa el sudario
de sus vibrancias remotas.

Si una guitarra tuviera
para pulsar este día,
un canto me nacería
pero no como cualquiera.
Hablo de un canto que fuera
como una noche estrellada,
como una mano estrechada,
como un "amén" de rodillas,
como un olor a gramillas
sobre la tierra mojada.

Una guitarra quisiera
con seis colores sonoros,
y cien calandrias a coro
anidando en su madera,
con una canción sincera
que a ningún hombre lo ofenda
y que en las almas encienda
una llamarada noble,
pa que la canten los pobres
y que los ricos aprendan.

La doma



Sobre las lomas floridas
que un sol de enero engalana
se ve pasar soberana
una potrada elegida.
Y es todo un canto de vida
ver correr esos potrillos,
contra el viento los flequillos,
sudorosos los pescuezos;
y en cada potro hay un beso
que le da el sol con su brillo.

Yo los miraba de a pie,
con el alma acobardada
por la bruta bellaquiada
de un bagual que no domé.
¡Quién me volviera la fe
que ya en mi pecho no brilla;
quién le diera a mis rodillas
toda su fuerza y valor!
¡Quién fuera ese domador
que amansará esa tropilla!

Algo dentro me decía,
mientras los potros miraba,
que si no los agarraba
naide los ensillaría.
Y mi corazón sufría,
sin coraje y redotao,
al ver mi gaucho recao
con amargo desconcierto,
lo mismo que un niño muerto
sobre el pasto abandonado.

Entonces fue Él que llegó;
puso un bozal en mis manos:
"Muente, -me dijo- paisano,
que he de apadrinarlo yo".
A los ojos me miró
y yo sus ojos miré,
y volví a tenerme fe
porque con fe le creí;
entonces le dije "Sí"
y las espuelas alcé.

¡Bendito apadrinador
conocedor de su oficio!
Decir que no era de vicio,
decir que sí era mejor.
Toda la pampa está en flor,
todo el campo está de fiesta:
tengo las espuelas puestas,
ya el pingo está en el palenque
y ya levanto el rebenque:
todo lo que vale... cuesta.
....................................

Ese oscurito tapao
será el último bagual,
cuando muente ese animal
todo se habrá consumao:
Pondré en su lomo el recao
de más linda platería
y, al morir la luz del día,
la tropilla por delante,
-ya con las manos sangrantes-
partiré en su compañía.

Cuando divise el galpón
-capaz de ser un domingo-
voy a hacer rayar el pingo
pa saludar al Patrón.
Desmontaré el redomón
y le diré de rodillas:
- Aquí tiene la tropilla
que Usté me había encomendao,
estando su Hijo a mi lao
la doma se hizo sencilla.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Milonga del estrellero


(foto: Eduardo Amorim)

Me gusta estrechar la mano
sin preguntar apellido,
me gusta ser recibido
de traje o a lo paisano;
y que me llamen hermano
aunque no tenga ni un galgo,
porque, señores, si hay algo
que me alegra, les prevengo,
no es valer por lo que tengo
sino tener porque valgo.

Cuando acabe de existir,
que se recuerden mis obras,
porque lo demás son sobras
que conmigo han de morir.
Y aunque quiero corregir
este mundo en que me encuentro,
mi esperanza yo la centro
en que no todos son males,
y es bueno arar los maizales
dejando la caña adentro.

Si yo fuera mancarrón,
tendría un defecto muy fiero,
puesto que siempre estrellero
he tenido el corazón.
Pero como es mi pasión
pingo de largas distancias,
mientras con sus perras ansias
la existencia no me tuerza,
yo seguiré haciendo fuerza,
aunque presente arrogancia.

No olvides mi amor


Adiós luz de mi mañana;
¡cuántas veces soñaré
con poder volverte a ver
reclinada en la ventana!
El cencerro de mi ruana
ya marca la dirección,
sólo nos queda este adiós
que sellaré con un beso;
no pienses en mi regreso
pero no olvides mi amor.

Cuando no sientas mis pasos
que a vos buscándote van,
ni tu cuerpo sienta más
la pasión de mis abrazos,
y al calor de los chispazos
de las brasas del fogón
no acaricien con fervor
mis pobres dedos tu pelo,
tan sólo tengo el anhelo
de que no olvides mi amor.

Cuando recuerdes el canto
que en aquella noche azul
de mi viril juventud
brotó como por encanto,
si te hiciera echar el llanto
y te causara dolor,
esa noche de ilusión
de tu memoria borrala;
toda mi vida olvidala,
pero no olvides mi amor.

Cuando tus ojos hermosos
que me hicieron tan feliz
no me miren más a mí
ni en el recuerdo amoroso,
si buscás en otro pozo
lo que antes te diera yo,
tal vez en otro varón
reclinarás tu cabeza;
no recordés tu promesa,
pero no olvides mi amor.

Cinco son los cuatro rumbos...


Cinco son los cuatro rumbos,
cuatro, las tres Marías,
cinco, los cuatro elementos,
y ocho, los siete días.

Para su andar peregrino,
pueden saber los mortales
con los puntos cardinales
pa'dónde va su camino...
Busca el hombre su destino
para no ser errabundo...
marcha firme por el mundo
tras la huella de Jesús,
y con el rumbo'e la Cruz,
cinco son los cuatro rumbos.

Tiene la Pampa Argentina
una lindísima estrella
Santa María, que en ella
derrama gracia divina...
Es la Virgen peregrina
que quedarse allí quería,
pues así nos cuidaría
con su maternal afán
y con la virgen de Luján
cuatro son las Tres Marías.

Dios hizo el mundo criado
sin depender de nadie:
agua, tierra, fuego y aire
llevan todo lo formado...
Por salvarnos del pecado
padeció mortal tormento
y con sangre de un momento
agua de su ser destila
y con el agua de Pila
cinco son los cuatro elementos.

La Magdalena lloraba,
de Jesús la triste suerte,
pero venciendo a la muerte
ya Cristo la consolaba...
un nuevo día asomaba
en el que Jesús lucía
como sol de la alegría,
cuyo ocaso nadie ha visto
y con la Pascua de Cristo
ocho son los siete días.

Mi canto


Que canten esos puebleros
sus cantos puro barullo,
y cada cual con lo suyo
nos sentimos más enteros.
Yo quiero cantos camperos
que tengan gusto a gramilla,
luz de mañanas rosillas,
tristezas de aullar de perros
y alegrías de cencerros
y galopar de tropillas.

Yo quiero cantos de estancia
y en el palenque un nochero,
donde haya asado con cuero
y buen vino en abundancia,
donde hombres con arrogancia
usen pañuelo y facón
y viva la tradición
en fogones y materas
y esas milongas camperas
que tiemplan el corazón.

El canto que en mí se encierra
es un fogón de paisanos,
y es el mate entre las manos
de los criollos de mi tierra.
Es el asado y la yerra,
es el poncho de merino,
es el hornero y su trino,
es el cardal y la loma,
y el salto de la maroma
de un tiempo más argentino.

Mi canto tiene el rocío
de las mañanas de invierno
y el verdor del pasto tierno
que sabe aguantar el frío;
yo canto a aquello que es mío:
las claras noches de luna,
el viento que al pasto puna
hace vibrar de contento
y la voz de este instrumento
que abrazo desde la cuna.