En un pingo pangaré, flete guapo coscojero, buen herraje, lindo apero, en dirección a Pigüe, va el paisano Cruz Montiel, orillando una cañada, con camisa bien planchada, un clavel rojo retinto, puñal de plata en el cinto y bota fuerte lustrada.
Voy en busca de un lucero a quien le ha tendido el ala y llevo el clavel por gala en la cinta del sombrero... Yo soy un criollo altanero cuando de mi honor se trata el valor se desbarata ante el mas mínimo antojo y el puñal de aquellos ojos con que mi prenda me mata.
La prenda se sonrió y luego dijo en tono campechano: -"pa' vos... un mate en la mano... ya tengo el agua en el fuego", -"a esto vengo y no lo niego porque nunca se mentir", -"lo que ahura se va a sentir que la yerba no sea buena"... -"eso no me causa pena la pena es tenerme que ir".
Y sin hacer mas descargo Juan Cruz Montiel con su china se fueron a la cocina a tomar un mate amargo, un mate como de encargo porque a solas lo tomaron... lo que después se juraron, lo que allí se prometieron, y lo que después dijeron, eso... a nadie le contaron.
Lo cierto es que Cruz Montiel como era un criollo jinete, monto de un salto en su flete y despacito se fue... y cuando ya el pangaré al galope se tendía, de cuando en cuando volvía la cara para mirar si llegaba a contemplar a su amada todavía. (Pintura: Salinas)
(Dibujo: Rodolfo Ramos) De un viejo ceibo colgaba y escondida entre sus flores trágica virgen de amores con corona ensangrentada, como náufraga olvidada al desierto y al dolor, que el pampero bramador al pasar besa y desgarra; está la vieja guitarra que fuera del payador.
Y su dueño, aquél trovero, viejo de frente cobriza, de a poco se hace ceniza lo mismo que un trasfoguero. Tendido sobre el apero y con el poncho tapao, junto al fogón apagao dejó el mate y la caldera, y anda el pingo en la pradera con el maneador cortao.
Fue una tarde de verano, cuando el sol ya se ponía que se vio en la lejanía la figura del anciano. Atravesando los llanos desensilló en un ceibal; y aquel viejo sin igual, de barba blanca y melena, traía en el pecho la pena del payador oriental.
Venía enfermo de tristeza atravesando caminos, y era un manantial de trinos aquella blanca cabeza. De su pecho la grandeza vibró en su voz con afán, rugiendo sus versos cantaba, porque en décimas lloraba por las cosas que se van.
Y esa tarde, al acampar, después que el sol se ocultó, el viejo cantor sintió su corazón palpitar. Quiso ponerse a cantar, pero quedó enmudecido mirando el campo carpido por la reja del arao; y dijo, "me han derrotao; ya pa siempre me han vencido".
Y dijo, "patria: me muero; me va matando el progreso; te dejo, tierra, mis huesos entre el poncho y el apero. Guitarra: cuánto te quiero", dijo, y besó la encordada. "Y hoy te dejo abandonada porque la muerte me amarra. Te voy a dejar, guitarra, entre los ceibos colgada".
Al fin colgó de una rama la guitarra en mudecida; al pingo ató de la brida; con el recao hizo cama; de guayabo y de retama encendió la última hoguera; se puso una cabecera de flores blancas y rojas, y sepultó entre sus hojas su plateada cabellera.
Cuando abandoné el recao lo hice con tanta tristeza que derrumbé mi cabeza sobre los cueros doblaos. Allí quedó mi pasao entre sus garras prendido, y yo triste y abatido solo, a pie, como un andante, emprendí desde ese instante el camino del olvido.
Al mirarlo abandonao, en silenciosa quietud, recordé mi juventud dejada sobre el recao. Como si estuviera atao a mi sangre o a mi piel. Pero hoy, insensible y cruel, lo tengo que abandonar, que por temor a charquear no quiero morir sobre él.
En mi vida de mensual, de domador o tropero, si habré ensillao caborteros pa poder ganarme un real! Con él y con un bagaual yo era de la tierra el dueño, y hoy, que no tengo el empeño que el espíritu reclama, no me sirve ni pa cama porque ya me quita el sueño.
Y lo entregué con mis manos con la pena y la amargura de quien da a la sepultura el cuerpo de un pobre hermano. He llegado a ser anciano, ya la osamenta me pesa y no quiero la tristeza de que un día, sin batalla, cualquier manso se me vaya con mi orgullosa pobreza.
Cuando pal último vuelo ate una noche al palenque, sin espuelas ni rebenque, la voy a saltar "de en pelo". Será mi único consuelo; y por eso es el motivo que él no se quede cautivo de mi derrota en la prueba, hoy que la vida me lleva como colgao del estribo.
(Fotos: Eduardo Amorim) La espuela, un bagual azusa cuando se las calza un hombre, y tiene distintos nombres que comúnmente se usan... Hay quienes la llaman "chuzas" a lo largo y a lo ancho, y desde la estancia al rancho se le da un nombre que encaja, unos le llaman "rodajas", y otros le dicen los "ganchos".
Yo ablo de la sencilla espuela de los que montan... siempre lista, siempre pronta pa'"rayar" pecho o costilla, a la que se nombra "horquilla" y todo se relaciona, el lenguaje de la zona te da nombres paralelos... "los fierros" o "los pihulos", "las picudas" o "lloronas".
Quería nombrarte espuela porque prendida a un garrón... vos sos de la tradición, la hija, la madre y la abuela, con vos el valor nivela la del "basto" y "la clinera", te dicen "las chimangueras", "los criques" como "las púas", y allá en la tierra "charrúa" te llaman "las carancheras"...
Al herir una "paleta" con el dolor que amalgama... comúnmente se te llama, "los grillos" o "las rosetas", frente a vos, cualquier "sotreta" se "agranda" ante tus rigores... y muchos "animadores", para darle más valor... le dicen al montador - alzalo en "los tenedores"-.
Con qué valor te calzaron, jinetes con mucho oficio, y en el "garrón" de un novicio, vi que tus púas temblaron, los poetas que te cantaron te dieron su admiración, porque amarrada a un talón vas a seguir siendo espuela... la hija, la madre y la abuela, de la gaucho tradición...
Noble caballo argentino símbolo fiel del gauchaje q'en honor a tu pelaje cruzaste cualquier camino, con justeza de designo el puntal de nuestra historia por portar tanta victoria, por tu estampa, por tu aliento, se te debe un monumento en los campos de la gloria.
Yo te quiero tanto pingo, que hago más de una protesta cuando en un día de fiesta se te sienta al lomo un gringo, desde lejos lo distingo que cualquier "chuzo" lo apura y te hace tal basteadura al andar de cincha floja que te deja la cruz roja por la bestial "matadura".
Hay que ser gringo caracho compredor o vendedores... que olvidau de tus favores te "negocean" para el "tacho", ahí te achatan el penacho de la forma más ingrata que tu carne venga en la lata eso sí que no lo acepto, porq'es faltarle el respeto a un soldau de cuatro patas.
Me parece que aun escucho q'el Martín Fierro me grita.. "siempre un gaucho necesita un pingo pa'fiarle un pucho". A vos se te debe mucho, y la gloria te amadrina yo v'ia colgar de la clina esta frase como aureola... "a potro, a lanza y a bola se hizo la Patria Argentina".
"Para los viejos criollos de los brazos caídos como en gesto de inercia, ñandubaires mordidos por el hacha del tiempo". ...........................................................
Sobre mis tristes rastrojos ardió en gavillas la creencia y el humo de la experiencia ha sangrao mis pobres ojos. Espinas, cardos y abrojos me hicieron repecho el llano y aura ¡que diantre! es en vano soñar con el tiempo mozo. Si me he güelto fastidioso de tanto emparvar desgano.
Hoy taloneo el "lunanco" de una ilusión ya cansina que es como espueliar mi ruina pa hacerla cambiar de tranco. "Silleta", "espiao", medio manco mi malacara "orejano" va a morir en un pantano como su dueño "achacoso" y como yo, fastidioso de tanto emparvar desgano.
En aura cualquier "sancocho" me "tumba" como a indefenso y pa pior si un lazo trienzo lo revienta cualquier mocho, di ante lo trenzaba de ocho desviando con mi mano el tiento suave y liviano igual que un beso amoroso pero hoy vivo fastidioso de tanto emparvar desgano.
Yo juí pa versiar sin fin que me le empaqué al mejor y baquiano pal amor como ciego pal violín. Enamorao del confín de los trillos como hermano dicen que mas que baquiano en el basto pegajoso pero hoy vivo fastidioso de tanto emparvar desgano.
La guitarra en el horcón como candil sin pabilo sin que le preñe un estilo el vientre del diapasón; caído terrón a terrón aquél rancho campechano que alcé más allá del llano soñando vivir dichoso donde hoy muero fastidioso de tanto emparvar desgano.
Soñando glorias mi lanza dormita sobre el "lomillo" mellada como el cuchillo donde chairé mi confianza. Se me juyó la esperanza como un sobeo de la mano, pronto seré polvo vano de un largo trillo escabroso donde caiga fastidioso de tanto emparvar desgano.