miércoles, 12 de enero de 2011

Rumbeando



Pialao por el sobeo de mi desgracia
y sobre el duro'e boca'e la tristeza
hecho tiras el poncho'e mi esperanza
me voy solo no más, rumbo a la ausencia...

El cristal del amor ya no retrata
los dos ojos tristones de mi dueña...
En corazón desierto nadie acampa
por no ser güen lugar pa hacer querencia!...

Del montoncito'e ranchos de mis pagos
en aquel más tumbao, casi tapera,
me puso Dios en una noche triste
entre todas sus noches, la más negra...

Y en el rancho aplastao por pampereadas,
- por pamperos de angustias y de penas -
brillaron los dos ojos de una gaucha
como dos soles de una vida nueva!

Pero dos soles que pa mi desgracia,
nubes de duda, soledad y miseria,
ahogaron el fulgor que ellos prestaban
en el rancho tumbao de mi nasencia!...

Y dende entonces la cachimba'e mi alma
mas que vacida, se ha quedao reseca...
Por eso sigo taloniando a gatas
el arizco matungo'e la existencia...

El fierro'e la traición que me desangra
que se hunde en mi dolor y me envenena
me cincha por el rumbo'e la desgracia,
que es pal que sufre, única querencia!

Mientras deshacen locas pampereadas
el rinconcito gaucho'e mi vivienda,
me voy charqueando el bruto del olvido,
y de un galope ya estaré en la ausencia!

Para una madre

(Pintura: Arancio)
A Doña Lorenza B. de Arellano
-------------------------------
Cuatreriando en el potrero donde invernaba sus sueños
a media rienda en el brioso potro de los desengaños,
pasó a ponchazos el tiempo con sus últimos anhelos,
y estaquió sus esperanzas en el cepo de los años.

Lleva un medio siglo largo de cansancio en sus espaldas
pesado rebozo negro tejido por el dolor,
y es un milagro de trigo pan de la mesa y el alma
Hostia mil veces bendita en el Altar del amor.

Porque por amor fue mártir ya que por amor fue madre,
y cayó crucificada en su misma abnegación,
sobre su frente agrietada quemó el sudor los laureles
y una hoguera de amargura le achicharró el corazón.

Sintió cuando fatigosa repechaba una lomada
silbarles las ñanduceras invisibles del dolor,
el carguero e' su esperanza se despeñó por los cerros
salvó en la caída sus penas, y algo perdió de su amor.

Y siguió su camino largo de escabrosa encrucijada,
un camino anochecido de olvido, de piedra y muerte
siempre en las ancas lunadas de un blanco potro de ensueño
que jué maniando el cansancio lejos del pago'e sus suerte.

Jué pa la sombra 'e sus hijos bichito'e luz siempre en el fuego
un candilcito con alas que por ellos parpadeó
se les clavó sobre el trillo como diciendo: "Este rumbo"
y jué lluvia de luceros que en sus almas madrugó.

Ya el esteral de su vida va doblando los Juncales
poco a poco sus mañanas irán mermando el calor
y en la noche de su pelo una garúa cenicienta
le va agrisando los flecos como a un poncho de dolor.

En sus noches renegridas no cuajaron las auroras
jué quemando sueño a sueño como grasa de candil
y se le ha "cribao" el alma con tanta y tantas heridas
que como flores de ceibo le están sangrando de a mil.

Aún se arrodilla en la tina comulga con el trabajo
y con el añil destiñe su ilusión crepuscular
cruzan el campo'e su mente la tropilla'e los recuerdos
y aunque el tropero es baquiano no terminan de llegar.

Sus manos, tibios aleros en el invierno del pobre
viejo y santo crucifijo, diez renglones de perdón
como dos panes muy blancos en el mantel de las almas
desmigajando ternuras si hay hambre en un corazón.

Pa' que no vuelvas


Viste mi pobre rancho, que triste, que encorvado?
se me ha quedao ansina, desde que vos no estás
mas juerte que el pampero jué el viento de tu olvido
por eso mesmo andate, no vuelvas nunca más!

Tu canto de calandria, emborrachó este alero,
quebrando los puntales que mantenían la paz
hoy están sus rincones mas tistes que mis penas
por eso mesmo andate, no vuelvas nunca más!

Andate! y si te dicen que ha surcado una lágrima
como daga filosa mi demacrada faz,
si merecen respeto las lágrimas del hombre
por ellas te lo pido, no vuelvas nunca más!

Si cruzas una noche, que el rancho ya sea tumba,
ande solo la muerte pudo imponer la paz;
te dirán los escombros que cubran mis despojos
el gaucho ya se ha muerto ¿pa qué? no vuelvas más.

Y seguirás entonces emborrachando aleros
turbando en cada rancho la dicha de la paz
pero sintiendo en tu alma hundirse como un fierro
mis últimas palabras, no vuelvas nunca más!

Si como yo, y el rancho cayeras algún día
y se trunca tu vuelo, ya por siempre jamás
al latir tus dos alas, Dios ha de darte aliento
pa que oigas que te dicen, no vuelvas nunca más!...

Desde mi rancho

(Pintura: Tito Saubidet)
Al gran escritor amigo Don Evaristo Barrios
Afectuosamente
-----------------------------------------
Sobre los charcos resecos
con "angurria" e'gurí chico
el sol va hundiendo el hocico
igual que "matungo" enteco
del pajonal en los flecos
"chaira" su acero el "mormazo"
la hacienda se mueve al paso
y el camino en su sosiego
de haberlo "untao" tanto el fuego
se ha "ramaliao" como un lazo.

Cruza en su "bichoco" el hijo
de la vecina puestera
a vender en las carreras
el fruto del amasijo
bien gauchito, bien prolijo
limpia pobreza de adorno
lo va pasmando el "bochorno"
pero se dice con calma
mama se quema hasta el alma
por nosotros en el "horno".

Más allá en la carretera
- como una visión de asombro -
su trágica bolsa al hombro
lleva el doliente linyera
va a hundir su vieja "cansera"
el vagabundo mendigo
en las "raices" de un amigo
el ombú guarecedor
que es el único señor
que a nadie niega su abrigo.

Por la giba de una sierra
muy lentamente repecha
"buchona" con la cosecha
de productos de la tierra,
una carreta que encierra
en su historial de fatigas
el oro de las espigas,
poema que sudó la frente,
y el legendario y doliente
Éxodo del viejo Artigas.

La tarde junta sus "garras"
recoje el sol su "sobeo"
han "raliao" los bordoneos
agudos de las chicharras.
Un cielo color pizarra
roza las sierras puntudas
que adustas y siempre mudas
con esbeltez majestuosa
son como hembras orgullosas
de sus turgencias desnudas.

El puñal del horizonte
degüella unas nubes "zainas"
que mal heridas se envainan
en la espesura del monte
todo el "cuicaje" en apronte
se agazapa en la maraña
pero la "cuadrilla" huraña
"tumba" el alambre de acero
y salva con los "cargueros"
hasta el olor de la "caña".

Del campo arisco en el lomo
silba su "ronda" un tropero
y el clarín de un teru-tero
parte el silencio de plomo
la noche trae el "aromo"
de la flor del "espinillo"
serrucha sombras un grillo
y el aire da la impresión
que hay cerca la quemazón
de un gran "horno" de ladrillo.

Silencio. La soledad
abre sus alas inmensas
la noche estira su trenza
en toda la inmensidad,
duerme el viento en la heredad
apenas leve rumor
que parece el estertor
de algún ave agonizante,
cruza en la trova distante
del nativo payador.

martes, 11 de enero de 2011

Resignación


La adoré y era mujer
Que, en sus viarazas de amor,
Hizo a los celos arder
Sobre mis sueños en flor.

Quise odiarla, y jué pa pior,
Porque me costó aprender
Que no hay dolor más dolor
Que el dolor de no querer...

Si ya no la he de olvidar
Y no me arroyo al sufrir,
¡Qué otra cosa vi'anhelar
Que una achura pa vivir,
Su recuerdo pa soñar,
Y un ranchito ande morir!

1918

¡Adiosito!

(Foto: Pedro Luis Raota)
¡Qué la lambió a la creciente!
¡De ande yesca ni tabaco!
Tuito se jué con el saco
Que me yevó la corriente.
Me dormí, y un redepente
Cuasi me tapó la olada;
Enderecé a la ramada,
Y cuando alcancé a montarlo,
Ya a mi overito po'el marlo
Le daba la marejada.

Al perder pie perdió el tino,
Pero lo tantié en el freno,
Y áhi, no más, nadó sereno
Como tordiyo sabino,
Yo no sé si po'ande vino;
Pero le juro, aparcero,
Que no le falta a mi overo
Más que hablar como la gente,
Pa ser tan inteligente
Como cualisquier pueblero.

¡Viera qué noche! Yovía
Como no he visto yover,
Y, pa mejor, sin saber
Ni pa qué láo rumbiaría,
Tuita agua lo que ve vía
Cuando el rayo vivoreaba...
Pero, amigo, cuando acaba
Del cristiano la alvertencia,
Al pingo áun le sobra cencia
Pa no echar... lo que la taba.

Naides por eso se ofenda,
Porque yo les asiguro
Que me áhugo en aquel apuro
Si no le largo la rienda;
Pa mi en el agua no hay senda,
Pero la hubo pa mi overo,
Que aquí quiero, aquí no quiero,
Po'el color de la gramiya
Coligió ande era la oriya
Y me puso a salvo el cuero.

Y, ¿pa qué? -digo yo ahora-
¿Pa vivir siempre penando?
Fijesé ande anda boyando
De mi rancho la totora;
La correntada traidora
Le yevó sin compasión
Las paredes de terrón
Que eran pa mi como un nido
Por la esperanza tejido
Con pulmones de ilusión.

¡Ojalá que mi tapera,
Solitaria en la yanura,
Hubiera hayáo sepoltura
Antes que en ruinas la viera.
Ayí moriría siquiera
A mi guitarra abrazáo.
Y sobre el duro recáo
Descansando la cabeza
Por fin mi eterna tristeza
Conmigo se hubiera ahugáo!

Pero no, que mi dolor,
Amigo que no me olvida,
Es como herencia querida
De mi infortunáo amor.
Aura viviré mejor:
Porque ¿pa qué quiere nido
El pájaro que ya vido
Que cuando se anda en la mala,
Al ñudo es tender el ala
Y asujetar el volido?

A la miér...coles, me voy
Y que me ayude mandinga
A ladiarle a la jeringa
Lo que le he mezquináo hoy...
Dende áhura a mis pagos doy
Dolorosa despedida,
Y pa sacarle a mi vida
Una nadita e su peso,
Le dejo el alma y un beso
A mi guitarra querida.

lunes, 10 de enero de 2011

El lobuno de Cedrez

(Foto: Eduardo Amorim)
Hablando de apadrinar,
si del caballo se trata,
yo voy a poner mi plata
a un pingo que es ejemplar;
de esos "capaz" de pechar,
si se cuadra, a un batallón;
lobuno medio charcón,
parece que desmintiera,
como si su estampa fuera
el alma de su patrón.

Cuando mismo un ruedo pisa
como a un campo de entrevero,
parece decir: "yo quiero
una lanza, una divisa".
Cabeza arriba analiza
el campo de jineteada;
y, cuando ve terminada
la faena del bellaco,
no precisa ni los tacos
pa entrar en la atropellada.

De volcarse donde sea,
una muralla pechando,
se para y queda picando,
con las dos manos tantea.
Cuando, en pelo, una pelea
lleva un jinete apurao,
cuando el tiempo ha terminao
en el momento oportuno,
llega con todo el lobuno
y es limpiamente sacao.

La imponencia de su alzada
esconde su mansedumbre,
porque agarró por costumbre
jugarse en la apadrinada.
Si un bagual en disparada
sale del palo juyendo,
tal vez como comprendiendo
la suerte del montador,
ahí demuestra su valor,
siempre llegando y cumpliendo.

Demuestra en su recia estampa
al caballo de trabajo
hecho a rigor desde abajo
igual que flete de pampa.
Altivo, leal y sin trampa.
Mas, quien lo quiera montar
debe saberlo llevar
con mano firme y certera,
como si tan sólo fuera
nacido pa apadrinar.

Ni López con la tostada
ni Santos con la tordilla,
hicieron las maravillas
que él se tiene reservadas.
Llegando a una jineteada
se transforma en el momento.
Pal bronce de un monumento
parece quedar pintao
porque el dueño le ha enseñao
del ruedo el conocimiento.

Por eso, el gaucho Cedrez
siempre engalponado lo tiene,
él sabe que le conviene
guardarlo, que en su vejez
no ha de perder su altivez
sobre el lobuno sentao.
Como nació pal recao,
si su taba no echa suerte,
habrá de esperar la muerte
con el lobuno ensillao.

(Foto: Tomás Fernández Lorente)