jueves, 16 de junio de 2011

Pájaros de piedra


Ensillé cuando clariaba
y ahura...ni se ven mis huellas.
Pero, nacido en el basto,
me entretengo haciendo leguas
y saco de las que faltan
goluntá pa las que quedan.
Si dejo por a'i un rastro
se ha de ver cuando amanezca;
piedra soy, y ando rodando
pa'encontrarme con las piedras..

Hay que entregarse al camino
y amoldarse a la pobreza
y encender una esperanza
que alumbre...y que no se vea.
La noche del que camina
tiene más perros qu'estrellas
y bastó que le vislumbren
una pitada'e luciérnaga
pa que se astiyen ladrando
que l´escuridá es ajena.

Pero rodar no es tan duro
si uno alvierte que la piedra
se deja dir suelta'e cuerpo
y el tiempo s´encarga d´ella.
Usté alza una, y lo asombra
la redondez con que amuestra
como un ovillo de tiempo
la forma de la pacencia;
y ande la busque en el aire
levanta el vuelo y... rumbea.

Claro; pa'todo hay principio
y hasta lo barato cuesta;
dir de remanso en remanso,
desguamparse piedra a piedra,
juntar mujo en los breñales,
salir de raíces y arenas,
y desatarle al camino
los ñudos de las esperas...
pa sacarle rinde al viaje,
tiene que dar mucha vuelta...

Se notan las cosas que andan
porque hay otras que se quedan;
y habrán de andar o quedarse
según su naturaleza.
Lo malo es querer usarlas,
pa'que se amuelen entr'ellas,
atando las que se mueven
a la goluntá e´las quietas.
Será negocio´e mandinga
no dejar rodar las piedras...

Pa' pior las quietas entienden
que son "demasiado modernas",
piedras que vienen rodando
dende que Dios crió la tierra...
Pa' mi que salen con eso
porque les tienen idea;
verán que de hallar la mano
que las tire y no se escuenda,
garantido que hasta cantan
como pájaros de piedra.

En lo escuro uno no sabe
si va pensando, o si sueña...

Las corujas aliñadas
en los postes, redondean
dos asombros parecidos
a las llamas de las velas...

Derrepente, con zumbidos
de perdices que despiertan,
al pasar por los chilcales
se alborotan mis espuelas,
y rechinan las rodajas
alarmadas, y remedan
el cantar esperanzado
de unos pájaros de piedra...

La venganza de Tolosa


El sol ya se iba perdiendo
en un cielo color rosa
cuando el paisano Tolosa
cayó al "boliche" sonriendo.
-"Güenas tardes", dijo haciendo
con la mano una señal
de un salto dejó el bagual
como quien anda apurado
y después disimulado
acaricióse el puñal.

Avanzó muy cauteloso
como con cierto temor
y ya junto al mostrador
le pidió una caña al mozo
luego en tono amistoso
dijo,-"el que quiera tomar
no tiene más que avanzar
que mujeres y botellas
son las dos cosas más bellas
que Dios ha podido crear.

"No acepto su invitación",
dijo uno con mala fé,
"sin que antes retire usted
su mala comparación...
¡Si fué por vos compadrón
mal cristiano y peor amigo
hace un tiempo que te sigo
como si tu sombra fuera,
si sos macho, salí ajuera
pa comprobar lo que digo".

El sol ya se había perdido
cuando el paisano Tolosa
le puso fin a la cosa
dejando a Simón tendido
fue aquello como un soplido
que no se pudo evitar
los que quisieron mediar
no les respondió el coraje
y así se lavó el ultraje
de un asunto familiar.

Cuenta en el pago la gente
que el amigo Juan Tolosa,
tenía una hermana preciosa
de una belleza imponente.
Tan linda, tan inocente,
casi un ángel parecía;
mas, quiso el destino un día
que conociera a Simón,
pronto le dió el corazón
y... lo mejor que tenía.

Él le habló de casamiento
y la incauta paisanita
creyó en todo pobrecita
sin ver que todo era cuento,
su hermano hizo un juramento
y lanzó una maldición:
dijo: "En alguna ocasión
que pueda, en cualquier cancha,
¡yo sabré lavar la mancha
con la sangre de Simón!"

Así fue que aquella tarde
cuando el sol ya se perdía,
en la vieja pulpería
logró encontrar al cobarde.
Ahí nomás sin mucho alarde
cumplió su venganza humana,
-"Tomá", le dijo, -" mañana
no has de proceder así...
unas te las doy por mí
y las demás por mi hermana".

Peleó "el mozo" como un león
con terrible valentía
pero venció el que tenía
más honrado el corazón.
Esta tremenda lección,
esta venganza grandiosa
lsería más provechosa
si en cada hogar deshonrao,
cayera sobre el malvado
un hombre como Tolosa.

Para quererte nací (Estilo)


Sos la tibia resolana
que calienta mi existir
la que no me hace sentir
el frío de la mañana.
Sos grueso poncho de lana
que cobija mi osamenta
contra la ruda tormenta
de la vida borrascosa,
la que en noche tenebrosa
la paz de mi alma sustenta.

Quisiera desparramar
florcitas por tu camino,
para que tu pie divino
no se fuera a lastimar.
Yo te quisiera explicar,
pero explicarme no acierto,
porque sos el cielo abierto
donde quisiera subir
pa’ allí quedarme a vivir
como paria en el desierto.

Yo pa’ quererte he nacido
paloma del alma mía.
Soy matrero y quién diría
que vos sola me has vencido.
Un amor desconocido
siento que mi amor provoca
y con una juerza loca
siento que me rompe el alma
y sólo encuentro la calma
cuando te beso en la boca.

El pago


Eres de mi rancho alero
y del recado la cincha,
de mi frente eres la vincha
que llevo bajo el sombrero;
eres el nido de hornero
donde anida mi canción
y freno de mancarrón
que cruza el desierto al paso,
en fin,pago, eres el lazo
que pialó mi corazón.

Eres el gaucho tropero
el alma pura y sencilla,
eres la verde gramilla
donde retoza mi overo;
eres el viento pampero
en el triste atardecer,
mas eres amanecer
en la cuchilla ondulada,
eres la flor colorada
en el ceibo , al florecer.

Eres llama del fogón
donde se dora el asado
y cimarrón ensillado
que da jugo al corazón;
eres tierna vibración
de la guitarra querida
la única que en la vida
nos va endulzando el dolor,
eres, en fin, esa flor
de espinillo desprendida.
..............................
Autor: disculpe, lo estamos averiguando.

(Foto de el Espinillo en flor tomada de "Los Aliados del Paraná")

Flor del campo

(Foto: Laura Beccar Varela)
Meció su cuna el pampero
sobre silenciosa loma
zahumada por el aroma
del torongil y el romero.
Brotó robando al lucero
sus más relucientes rayos,
tejió la flora los sayos
que orlaron su galanura
y creció con la frescura
de los campos uruguayos.

Allí, en el pobre desierto
corrió su vida sencilla
enredada en la gramilla
del terreno descubierto.
Rozó su pecho inexperto
la sombra de un rumor vago
y contestando a su halago
viose pronto convertida
en violeta preferida
por los donceles del pago.

No se bosqueja en su frente
la causa de su martirio,
no comprende aquel delirio
engendrado de repente.
Pero poderosa siente
una lozana impresión,
la guarda envuelta en pasión
y con acento que quema
se la cuenta a la alucema,
y a la salvia y al cedrón.

En el silvestre pensil
la flor luce su hermosura
y es reina de la llanura
por fragante y por gentil.
Su perfume juvenil
con deleite se respira
porque con alma suspira
porque con fe siente pena,
porque quiere como buena
porque no tiene mentira.

Enlazando

(Pintura: Carlos Montefusco)
¡Abran cancha! que es la apuesta
por un porrón de ginebra,
y pueden sacarles la hebra,
por el negro y lo que resta;
ninguno duerme la siesta
en el manejo del lazo;
lo largan como balazo
en derechura a la res...
Y en seguida de un traspiés
le hacen pegar el porrazo.

A veces por un descuido
o un bote del animal,
suelen dejar, y es casual,
el lazo al cuello ceñido;
chambonada que con ruido
critican los compañeros,
salvo que siendo terneros
sin cuernos, no haya por qué,
y los enlacen de a pié
por no longiarles los cueros.

¡Jué pucha! para enlazar
son como mandados hacer
y muy raras han de ser
las en que vayan a errar;
en tratando de ensillar
cualquier redomón es bueno,
a cualquiera meten freno
y en él trabajan con arte,
pero ¡ah crudo! por mi parte
me quedo con el moreno.

Amor criollo

En un pingo pangaré
con un freno coscojero,
buen herraje y buen apero
en dirección a Cufré
va el paisano Juan José
orillando una cañada,
con camisa bien planchada
un clavel rojo retinto,
puñal de plata en el cinto
y bota fuerte lustrada.

Va en procura del lucero
a quien le ha tendido el ala,
y lleva clavel por gala
en la cinta del sombrero,
que si el gaucho es altanero
cuando del honor se trata,
su valor se desbarata
ante los mismos antojos
del puñal de aquellos ojos
con que la china lo mata.

Ella es linda y querendona,
él es buen mozo, y por eso
estendieron sin tropiezo
de su dicha la carona
donde cada cual entona
la canción de sus anhelos,
ella mirando a los cielos
y esperando su llegada;
y él buscando la picada
para calmar sus desvelos.

Va tarareando un estilo
en que el nombre de su amada
se entrevera en la entonada
como luz de refucilo,
vaga rodando el acento
que con hondo sentimiento
como quien cantando sueña,
hasta el rancho de su dueña
le manda en alas del viento.

Juan José por fin divisa
sobre el verde de una loma,
el nido de la paloma
donde sus penas suaviza;
y como quien muy a prisa
llegar al nido desea,
al pangaré lo espolea
como diciéndole: ¡vuela!,
que esatará de centinela
y es hora de que la vea.

Después de un largo tirón
al final de la carrera
se apeó el gaucho en la tranquera
donde estaba su ilusión.
"¡Dios te guarde, corazón!"
-dijo maneando el corcel,
y con palabras de miel
al apretarle la mano-:
"para vos este hortelano
ha cuidado este clavel".

"Lo guardaré, si tan bueno,
-le dijo ella al jardinero-,
entre mis trenzas primero
y después entre mi seno", -
y el gaucho de gozo lleno
le arrancó al punto: "mi encanto,
¡si eso no merece tanto!
basta con que alguna vez,
con cariño me mirés
y nunca te cause llanto".

Se sonrió la china, y luego
dijo con tono campechano:
-"Para un mate de mi mano
ya tengo el agua en el fuego".
-"¡Si a eso vengo! Y no lo niego
porque nunca sé mentir".
-"¿Entonces se va a servir?
aunque la yerba no es buena..."
-"Eso no me causa pena,
¡la pena es tenerme que ir!"

Y sin hacer más descargo
fue Juan José con su china
a tomar en la cocina
el sabroso mate amargo;
y lo que allí se juraron
mientras que lo saborearon,
lo que a solas se dijeron,
lo que allí se prometieron,
eso a naides lo contaron.

Lo cierto es que Juan José
que era paisano jinete,
montó de un salto en su flete
y muy risueño se fue,
y cuando ya el pangaré
al galope se tendía,
de cuando en cuando volvía
el rostro para mirar,
si alcanzaba a divisar
a su prenda todavía.