(Dibujo: Carlos Alonso)Acuñada en verdor, pampa infinita
donde el ayer llanece entre la sombra,
donde el aire doliente que la nombra
lleva un rocío austral de vidalita.
Una morada flor en ella habita
a semejanza de tenaz alfombra
que cada día al despertar asombra
cuando de viejas muertes resucita.
A veces un galope en lo lejano
traza el clamor del último paisano
en los ecos preñados de tristura.
Malhaya fuese el mismo Martín Fierro
que vuelve del larguísimo destierro
para ganar de nuevo la llanura.
martes, 9 de agosto de 2011
sábado, 6 de agosto de 2011
Este pago de Dorrego

Es el llano redondo y siempre verde,
lujoso tirador que se engalana
con arroyos de inquieta platería
y con lagunas de monedas mansas.
Predio rural techado de gaviotas,
dos horcones fluviales lo apuntalan:
el Sauce Grande y el Quequén Salado
que llevan hacia al mar toda la pampa.
Por el Quequén descienden los luceros,
por el Sauce discurren las calandrias,
ambos nacen con brios en la sierra.
y después la llanura los amansa.
¡Tiene tantas maneras de este pago
de proclamar su herencia sin palabras!
En huesos laminados de intemperie,
en su espina dorsal agropecuaria.
En el costado azul y salobreño
con infinitos pajonales de agua,
donde un mangrullo litoral ondea
desplegando su luz hospitalaria.
¡Tiene tantas maneras este pago
de publicar sin gritos sus hazañas!
El soldado de solo sable y poncho,
y el coraje supliendo lo que falta.
El gaucho desplazado, casi en cueros
y sin embargo entero en las patriadas,
el estanciero que rindió baguales;
e inició con alambres el mañana.
La ferviente milicia de fronteras
cobrando sin cesar la tierra huraña;
el domador, el chasqui, y el labriego,
la multitud anónima que pasa.
Por el margen callado de la historia
con humildad de pueblo; sin medallas,
y la gente, nación, creciente gringa
que se entrego a la gleba en cuerpo y alma...
¡Tiene tantas maneras este pago
de recordar las cosas sin nombrarlas!
Era un suelo orejano, sin memorias
polvo ancestral sobre la boca atlántica.
Apenas si algún raudo pie aborigen
erigiría la vida en sus distancias,
llanura arrebujada en el silencio,
tuvo un despunte vial en rastrilladas.
Y en el toldo, aunque fugaz, le alzó querencias
donde no había más que cielo y pampa
Salvaje latitud de patriotismo,
no eran hombres, más bien toros en ascuas.
Aquellos del principio, los que echaron
la raíz verdadera pero amarga.
Allí estaban entonces los bañados
asiduos de totora y paja brava,
de carrizo y plumosas cortaderas
en un vaivén espeso de arrogancia,
desvelados de teros y bandurrias,
de gallaretas siempre en algarada,
de flamencos absortos floreciendo
como rosas vivientes sobre el agua.
Allí zorros, vizcachas y peludos
como dueños campeaban a sus anchas.
Corría el avestruz a toda rienda
enteramente libre de asechanzas
y todo bicho del señor cabía
en esa rama libre y espontánea,
en ese crecimiento imperativo
que era en todo bagual y lo gritaba
Con doncella de cobre y ojos negros
en su fugaz momentos de torcazas,
con mocetones ágiles, sombríos,
pumas vertidos en vasija humana,
allí fundó su indómita progenie
el ser elemental, el puro pampa
que dió Calfucuraes y Catrieles
y una agria población de vincha y lanza.
Luego el tiempo que es potro inapelable
va volteando caminos a la espalda,
y la huella desnuda y cimarrona
se entrevera con rastros de otra laya.
Ranchos de adobe y junco, lentamente
afirman la experiencia sedentaria,
promoviendo brocales y tranqueras
y los trozos fecundos de las chacras.
los hombres se acollaran a la tierra
penetrados de amor y de esperanza,
y le dan lo mejor: la fuerza, el hijo,
de sol, a sol la frente, y la plegaria,
y en el estricto holgorio, algunas veces
la costumbre del mate y la guitarra,
y tal vez una danza campesina
con vuelos querendones de zarazas.
Quedan pocas parcelas redomonas;
sobre el erial hay música de parvas,
y se diluye el tránsito matrero
en la densa corriente provinciana.
¡Tiene tantas maneras este pago
de ponderar su médula paisana!,
en ritmo cereal innumerable,
en el pulso de eglógicas manadas
en el costado azul y marinero
donde todo concluye en cielo y agua,
donde hay torre de arena sobre el viento
y palomas de sal sobre la playa.
¡Tiene tantas maneras este pago
de expresar los colores de la patria!
viernes, 5 de agosto de 2011
La libertad
(Pintura: Carlos Ripamonti)
Ya tiene altura nacional el hombre
plantado en su viril bota de potro,
pues si sabe pelear con la encordada
con el fierro no hay quien le pise el poncho.
Campea en la vorágine patriota
tiñendo las distancias con su arrojo
pero siempre liviano de bolsillos:
no tasa su valor a tanto el rollo.
Así, cuando se mete en el fandango
no pregunta si son muchos o pocos
y allá de prisa, como pan caliente
se va boleando godos.
La libertad, bandera de su instinto
lo lleva hacia delante y hasta el fondo.

Ya tiene altura nacional el hombre
plantado en su viril bota de potro,
pues si sabe pelear con la encordada
con el fierro no hay quien le pise el poncho.
Campea en la vorágine patriota
tiñendo las distancias con su arrojo
pero siempre liviano de bolsillos:
no tasa su valor a tanto el rollo.
Así, cuando se mete en el fandango
no pregunta si son muchos o pocos
y allá de prisa, como pan caliente
se va boleando godos.
La libertad, bandera de su instinto
lo lleva hacia delante y hasta el fondo.
domingo, 31 de julio de 2011
Tomemos el cimarrón

Mañana por la mañana
me voy a las cuatro esquinas
a tomar un mate amargo
que gustoso saborea
a la orilla del fogón
el paisano de mi tierra.
Mi tierra como si el gringo
en otro mundo existiera
que no fuera el mismo mundo
donde el paisano vegeta.
Y acaso el paisano sabe
que en cada grama de yerba,
en la substancia que absorbe,
en el agua de hojas secas.
Abosrbe gotas de sangre,
saborea una tragedia,
extrae del fondo del mate
una esclavitud dantesca.
En cada mate que brindan
en una reunión amena,
hay el suplicio de un mártir
que sordamente se queja.
Cuando en alegre algazara
los paisanos hacen rueda,
echan un valle de lágrimas
en cada mate que ceban.
Quien conozca los yerbales
que se pare y me desmienta,
para mandarlo sentar
agachando la cabeza.
Vez pasada rubriqué
con el "Yugo de la Selva"
escrito en versos muy malos
un inteligente poema.
Y detallé a grandes rasgos
cómo los seres vegetan,
cuánto sufren, cómo mueren
los esclavos de la yerba.
Cierta ocasión un viajero
transitaba por la selva,
hico un hallazgo macabro
bajo un arbusto de yerba.
Y con profundo terror
vió que de una calavera
unos ojos lo miraban
y le sacaban la lengua.
Por entre la dentadura
de la boca semi-abierta,
cual una roja amenaza,
como una trágica mueca.
Mas, como un insulto póstumo,
como si al mundo escupiera,
salió a picar al transeúnte
desde el cráneo una culebra.
Fue un esclavo que murió
cual un reptil, una fiera
y se pudrió en la intemperie
como cualquier osamenta.
Nadie le dio una sed de agua
cuando en la sed la pidiera,
nadie echó sobre el cadáver
una palada de tierra.
Para qué sobre los huesos
vas a dejar una queja;
tomemos el cimarrón
de las manos de mi prenda.
Amargo y triste es saber
cuántos sacrificios cuesta
a los mártires anónimos
que los yerbales cosechan.
sábado, 30 de julio de 2011
Los milagros

Hablar mal de Ufemia en tuito el pago
era entrar en negosios con Mandinga;
porq'eya se vengaba hasiendo un "daño"
qu'era capás di arriar con la familia.
Tenía el rancho ande tuitos acudían
-rancho viejo agachao y medio largo-,
con su sala'e recibo, la cosina,
y la piesa ande hasía los milagros...
No'bía sensia que ya eya juera mucho;
con la ayuda'e Dios y con sus dones,
lo soltaba tranquiando lo más trucho
a cualquier desausiao por los dotores.
¿Acaso no contaba que a Elso Mena,
qu'era manco a l'altura del nudizo,
l'hiso un día creser la mano entera
y hasta tráiba los dedos con aniyos?
¿Y otra vez, cuando dijo don Crisanto
qu'él no cráiba ni en viejas ni en pavadas
no l'echó los espíritus al campo
y le serdiaron tuita la manada?
En demás tenía un hijo; el negro Roque
que heredaba el "poder", sigún desía,
y ronsiaba los ranchos por las noches
pa correr tuito intento'e brujería...
Y aunque algunos lo vieron que a la güelta
tráiba en ancas un bulto medio blanco,
de miedo a las vengansas de la vieja
no quisieron andar averiguando.
Hasta que uno cansao d'echar de menos
güelta a güelta una oveja conosida,
cortó el pasmo al asunto yendo al pueblo
dando cuenta a la mesma polesía.
¡Y cayeron d'espaldas las comadres
cuando oyeron desir al comesario
que'había serda y sien cueros lanares
en el cuarto ande hasía los "milagros".
Desde tu ausencia
Mi dueña, desde tu ausencia
vivo huérfano de amores;
no hay alegría en la querencia,
hasta te extrañan las flores.
Vieras, mi dueña, el rosal,
mustias sus flores declina;
se está secando el parral,
deshojando la glicina.
Dueña mía en el jardín
ya no ha quedado un clavel;
marchitado está el jazmín,
sin sombras se halla el vergel.
Y ya no se oye el jilguero
que en la preciosa mañana
trinó alegre en el alero
sobre tu linda ventana.
Prenda, te vengo a decir,
volvé pronto, te lo ruego,
que si tardás en venir
tendrás que llorarme luego.
Si no volvés, mi viejita,
no va a quedar un capullo;
la ramada se marchita,
se muere el paisano tuyo.
La doma

Nace el paisano argentino
allá en la grandiosa pampa
demostrando con su estampa
ser el más travieso y fino.
Alegre, vivaz, ladino,
de inteligente mirada;
en caso de una domada,
¡la pucha si se florea!
Por más reservao que sea
se pinta en la jineteada.
En cuanto echan al corral
una potrada machaza,
un criollo dentra y enlaza
el más arisco bagual,
otro criollo le echa un pial
pa encima poder voltearlo
y en seguida embozalarlo
y palenquearlo de paso;
y sobre el pucho, amigazo,
lo ensilla para domarlo.
Al saltarlo el domador
larga una criolla indirecta;
mientras otro lo sujeta
de una oreja y el fiador.
¡Aijuna, es un primor
cuando el bagual siente el peso!
Se hace el chiquito y en eso
el criollo le da un chirlazo,
¡Pucha digo si es lindazo
var domar según me expreso!
El bagual se encoje en vano
y bellaquea con destreza,
escondiendo la cabeza,
por entre medio'e las manos.
Entonces, vienen paisanos
cómo se empieza a hamacar,
mientras le dentra a buscar
el domador las paletas,
y las espuelas le aprieta
castigando sin cesar.
Y después que ha corcoviao,
toma el campo disparando;
el que lo va apadrinando
no se aparta del costao.
En fin, ya el potro cansao,
solito se va entregando;
y él se lo trae tironeando
a dos manos de la boca;
pues como maestro le toca
irlo desde ya enseñando.
Después de esta acción florida
que todo un prodigio encierra,
echa el domador pie a tierra
en el sitio a la salida.
Lo rodean con ardor;
allí todos en seguida
y le brindan con fervor
el aplauso más genuino;
ese es el gaucho argentino
güen criollo y güen domador.
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