Mostrando entradas con la etiqueta Martín Castro. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Martín Castro. Mostrar todas las entradas

domingo, 31 de julio de 2011

Tomemos el cimarrón



Mañana por la mañana
me voy a las cuatro esquinas
a tomar un mate amargo
que gustoso saborea
a la orilla del fogón
el paisano de mi tierra.

Mi tierra como si el gringo
en otro mundo existiera
que no fuera el mismo mundo
donde el paisano vegeta.

Y acaso el paisano sabe
que en cada grama de yerba,
en la substancia que absorbe,
en el agua de hojas secas.

Abosrbe gotas de sangre,
saborea una tragedia,
extrae del fondo del mate
una esclavitud dantesca.

En cada mate que brindan
en una reunión amena,
hay el suplicio de un mártir
que sordamente se queja.

Cuando en alegre algazara
los paisanos hacen rueda,
echan un valle de lágrimas
en cada mate que ceban.

Quien conozca los yerbales
que se pare y me desmienta,
para mandarlo sentar
agachando la cabeza.

Vez pasada rubriqué
con el "Yugo de la Selva"
escrito en versos muy malos
un inteligente poema.

Y detallé a grandes rasgos
cómo los seres vegetan,
cuánto sufren, cómo mueren
los esclavos de la yerba.

Cierta ocasión un viajero
transitaba por la selva,
hico un hallazgo macabro
bajo un arbusto de yerba.

Y con profundo terror
vió que de una calavera
unos ojos lo miraban
y le sacaban la lengua.

Por entre la dentadura
de la boca semi-abierta,
cual una roja amenaza,
como una trágica mueca.

Mas, como un insulto póstumo,
como si al mundo escupiera,
salió a picar al transeúnte
desde el cráneo una culebra.

Fue un esclavo que murió
cual un reptil, una fiera
y se pudrió en la intemperie
como cualquier osamenta.

Nadie le dio una sed de agua
cuando en la sed la pidiera,
nadie echó sobre el cadáver
una palada de tierra.

Para qué sobre los huesos
vas a dejar una queja;
tomemos el cimarrón
de las manos de mi prenda.

Amargo y triste es saber
cuántos sacrificios cuesta
a los mártires anónimos
que los yerbales cosechan.

miércoles, 27 de julio de 2011

El mate

(Foto: Valcir Siqueira)
El mate es de origen pampa,
semilla de mi terruño,
redondo, no es más que un puño
su casquito cimarrón;
y como la yerba es india
de exhuberancia salvaje,
su casquito es un brevaje
de profunda tradición.

El mate amargo fue siempre
un agasajo casero,
brindis para el forastero
y un deleite familiar;
hizo ambientes de tertulias
en las tardes campesinas,
bajo el zarzo de glicinas
y del ombú secular.

La madre naturaleza
nos dio su santo regalo,
en yerba de polvo y palo
de exquisito paladar;
como es gaucha por esencia
en cualquier parte es sociable,
agúita verde agradable,
halago de cada hogar.

Entre los dotes genuinos
tiene la de ser sabrosa,
el don de ser espumosa
y fragancioso el verdor;
compuesta de tres virtudes,
de las tres a cuál más bellas,
porque hay, en cada una de ellas,
sabor, olor y color.

Humilde como la malva
su verde es de la pintura,
del pasto de la llanura
y el viejo sauce llorón;
es gaucha porque es indígena,
porque han nacido sus ráices
donde nacieron los máices
y el gaucho clavó el horcón.

Madrina de mi memoria
de jugo con espumita,
sabor donde el ser medita
y acuden recuerdos mil;
de unos ojos, de una imagen,
del nombre de un ser querido,
del beso que dio escondido
cuando se apagó el candil.

A veces ensillo un verde
y entro a campiar cosas idas,
entre las prendas perdidas
de mi noble corazón;
llego a las puertas de un nombre
y me responde el olvido:
la Rumualda tiene nido,
la Fausta es de otro varón.

De pronto trae mi memoria
tropillitas de recuerdos,
de citas y desacuerdos
arriados por su sabor;
de los celos de Ruperta
cuando me vido con Clara,
alzarla en mi malacara
entre un coloquio de amor.

En los líos amorosos
lo usaron para hacer daños,
para cobrar desengaños
y cazar tordos alzaos;
pero como el mate es gaucho,
aunque su almita es de palo,
nadie pudo hacerlo malo
y al fin quedaron chaquiaos.

Un mate y dos ojos pardos
me atormentaron la calma,
cuando se me entró en el alma
el amor de mi Asunción;
desde entonces hasta aquí
llevo en el alma engarzadas
el fuego de sus miradas
y el sabor de un cimarrón.

Tengo en mi poder un mate
como reliquia del suelo,
que a mi viejo tata abuelo
se lo regaló un mensú;
un día un golpe impensado
le agrietó su casco pampa,
y le retobé la estampa
con el buche de un ñandú.
(Foto: Keven Law)

miércoles, 9 de febrero de 2011

La espuela

(Foto: Eduardo Amorim)
La espuela no es heredad
de gauchos y de pastores,
fue un lujo de los señores
de la época colonial.
La usó el hombre de espadilla;
y de encharolada bota,
el de zapatilla rota
apura con el talón.

Un domador de los de antes
amansaba una tropilla,
sembrando como semilla
los caballitos de andar;
en la edad viril del gaucho,
nadie jineteaba un toro,
eso era en los tiempos de oro
cuando era un honor domar.

Hoy me parece que el gaucho
al potro lo aborreciera,
que el caballo no sintiera
los tajos del aguijón;
los que le dejan el cuero
llenos de boquitas rosas,
y las rodajas filosas
sangradas hasta el garrón.

La espuela es sin duda alguna,
la esencia del gaucho neto,
y la falta de respeto
para el donoso animal;
la espuela gaucha reafirma
aunque a ustedes les asombre,
lo poco que vale el hombre
ante el noble irracional.

Pues como el caballo es mudo
le responde con quejidos,
con corcobos y bufidos
a los garfios de metal;
la espuela es el instrumento
que en forma alevosa y fría,
la usa para la eregía
el tropillero rural.

Cuando el gaucho bolió el potro
de la crin la salto empelo,
sin averiguarle el pelo
ni la marca del alzao;
pero el gaucho lo amansaba
para él y para los otros,
no para hacerlos más potros
ni un inútil resabiao.

Las espuelas nazarenas
tienen un nombre de cielo,
y es para el potro un flagelo
de rodaja y de talero;
pues no le dejan al potro
del vacío a la paleta,
el hambre de las saetas,
ni un dedo sano del cuero.

Los dardos de las lloronas
como las puas del gallo,
producen en el caballo:
cansancio, dolor y hiel;
pues no le queda un retazo
después de ese lance cruento
de donde sacarle un tiento,
de la acribillada piel.

Si esto no es una eregía
que hable otro más entendido,
ahí está el caballo herido
chorriando sangre y dolor;
si este crimen no es un crimen
que el demonio nos dé el fallo,
si el caballo es el caballo,
o el potro el espectador.

Hoy el gaucho mienta un potro
guayaba que le subrayo,
porque domar un caballo
no le causa una emoción;
no estrañes que un mal paisano
desde el seno de la Quiaca,
llegue al trote de una vaca
burlando la tradición.

(Foto: Mónica Balmaceda)

Pa que alambran si no es de ellos


Volvamos con la memoria
buscando el hombre aborigen,
hasta dar con el origen
del indio frente a la historia;
del dintel de la prehistoria
de la noche del pasao,
desde el primer alambrao
que dividió la llanura,
la barbarie y la cultura
del desierto y del Estao.

La tierra imperecedera
cuántos siglos ha girado,
miles de especies ha creado
antes que el hombre naciera;
hasta hoy se ignora en qué era
nació el germen racional,
si es origen de casal
o parte de su nacimiento,
desde donde parte el viento,
el agua y el mineral.

Que el hombre más entendido
en los derechos del hombre
diga en nombre de qué nombre
el indio fue desposeído
si él a nadie le ha vendido,
ni nadie se lo ha comprao,
como es que han escriturao
una anónima riqueza,
que es por naturaleza
de un origen ignorao.

La tierra, la madre tierra,
venerado sea su nombre,
puso en las manos del hombre
cuantas riquezas encierra;
pero el hombre alambra y cierra
con oscura mezquindad,
demostrando que es verdad
ante los hombres del globo,
que la propiedad es un robo
y una estafa la heredad.

Tenemos las pruebas plenas
que allá en los tiempos aquellos,
alambraban como de ellos
legua y leguas ajenas;
con las fuerzas de mis venas
le meto hacha al alambrao,
que se disperse el ganao
por la sierra y por el llano,
porque todo es orejano
lo que el sol no ha legao.

Las haciendas que dejaron
en la huida los iberos,
nuestros criollos estancieros
como propias las marcaron;
desde entonces no pastaron
una vaca sin señal,
ni sin su marca un bagual,
ni un carnero sin zarcillo,
ni oveja sin ojalillo
sin que les costara un real.

No se salvó de la yerra
ningún bagual de la zona,
ni una vaca cimarrona
que bajara de la sierra;
se apropiaron de la tierra
se adueñaron del alero,
de las sogas, del apero,
de la humana independencia,
como si fuera la herencia
de un muerto sin heredero.

Que aprueben con la escritura
cuál fue el primer comprador,
cuál, el primer vendedor
y dueño de la llanura;
a quien le dio la natura
el derecho de poseer,
la facultad y el poder
de donarla, de heredarla,
de venderla, de comprarla
y volverla a revender.

Porqué sin gastar más nada
que la audacia y el embrollo,
el terrateniente criollo
que no compró una pulgada;
atravesó una alambrada
y encerró el libre ganao,
y aquel que carnió un alsao
sigue siendo un delincuente,
y el par de terrateniente
es un ciudadano honrao.

Porque cuando algún llanero
le puso el lazo a un novillo,
y cortó con su cuchillo
las lonjas para su apero;
y sacó del mismo cuero
tamangos para sus pies,
salió a perseguirlo el Juez
al frente de la partida,
muchos perdieron la vida
sobre el cuero de una res.

Que busquen en los archivos
a partir del año treinta,
si hay un título de venta
firmado por los nativos;
los derechos punitivos
los impuso el invasor;
a elegir de lo mejor,
a alambrar cuanto quisiera
y pasó la pampa entera
al poder del agresor.

El indio ha sido estafado
despojado impunemente,
ante él el terratentiente
nunca será un hombre honrado;
y siempre será acusado
con ruda severidad,
demostrando que es verdad
ante el tribunal del globo,
que la propiedad es un robo
y una estafa la heredad.

Oiga mi hijo

Oiga mi hijo: voy a hablarle
como se habla a los varones,
puede ser que mis razones
a usted no le caigan bien;
por eso quiero que entienda,
no sea que se le cuadre
que otro que no sea su padre
lo acuse con más desdén.

Hoy cumple veinticinco años,
es un hombre casi instruido,
de aspecto bien parecido,
rebosante de salud;
como padre, desde niño,
todo siempre se le ha dado:
sustento, ropa, cuidado
con sincera gratitud.

Un hijo que llega a hombre,
inteligente y robusto,
ha de aceptar, sin disgusto,
una lección paternal.
El lisiado, el ignorante,
la humana mueca viviente
es justo y claro que atente
contra su autor genital.

Pero usted físicamente
no tiene ningún defecto
y su joven intelecto
funciona en forma normal;
por eso desnudo su alma
a plena luz, sin misterio,
para hacerle con criterio
un análisis moral.

Usted, amigo, en esta casa
es más padre que su padre,
es superior a su madre,
todo un pequeño señor;
su padre es casi un esclavo,
un lacayo cada hermano
y su madre un peón de mano
a quien riñe en cada error.

Como usted es un nocherniego,
retorna a la madrugada,
hora que de la morada
salimos a trabajar;
y mientras todos bregamos,
a usted no hay que molestarle,
hay que rogarle y llamarle
para hacerlo levantar.

Su madre es una sirvienta,
casi diría una esclava,
de su lengua dura y brava,
de intolerable burgués;
y como una pobre sierva,
cuando penetra en su pieza,
pisa con delicadeza
con la punta de los pies.

Se hace servir mesa aparte
y siempre almuerza a deshora,
hasta tiene planchadora
que no tienen los demás;
son gustos que hace su madre
que nunca le pide un cobre,
claro, dice que la pobre
ya no sabe planchar más!

Me es doloroso decirle,
pero el caso es terminante,
y del dilema imperante,
usted tiene que elegir
por conquistar la migaja
en la labor cotidiana,
o de esta casa mañana,
hijo, tendrá que partir.

Cada especie, por origen,
trae dentro de sí mismo
las formas del organismo
para luchar y comer:
garras, dientes, picos, alas
y todos, todos los días
emplean sus energías
para sustentar el ser.

Por sobre de las especies
el hombre es el más sapiente:
habla, sufre, piensa, siente,
tiene memoria y razón
y debe, por sus valores,
en honor a su existencia,
emplear con mayor conciencia
las virtudes de su don.

El trabajo es el crisol
que todo lo purifica;
el trabajo dignifica
en la tierra y en el mar;
para cuando usted retorne
purificado al regazo,
lo espera un paterno abrazo
en el seno de este hogar.

martes, 8 de febrero de 2011

La tropilla de Abuelo

(Foto: Eduardo Amorim)Tiene el viejo Tata Abuelo
una lindaza tropilla,
pero entre todos no ensilla
dos pingos del mismo pelo,
atraviesa pampa y cielo
el paisano singular,
tuitos oyeron sonar
el tin tin de su cencerro,
por el llano por el cerro
desde los Andes al mar.

Tiene un zaino malacara
un flete como pintao,
es un redomón calzao
con una paleta clara,
no sé con qué tinta rara
le bautizó la natura,
bella y fogosa pintura
engarzada en cada pelo,
cruzando el azul del cielo
y el verde de la llanura.

Un alazán testerilla
potrillo de linda laya,
que muestra una lista baya
del encuentro a la rodilla,
del borde de la barbilla
surgen dos listas gatiadas,
que suben por las quijadas
hasta llegar al frontal,
jugueteando entre el bozal
y las virolas plateadas.

Cuenta con un doradillo
que recién lo ha amadrinao,
hace poco que a empesao
a despuntar el colmillo,
da gusto verle al potrillo
los pechos como grageaos,
le asoman entrelazaos
del cuadril a los garrones,
lo mesmo que patacones
unos anillos rosaos.

Suma este gaucho nativo
un lindo flete gatiao,
que tiene un cuadril nevao
del costado del estribo,
sobre él, con el gesto altivo
del Don Quijote rural
galopa sobre el erial,
entre las fibras agrestes,
y las miradas celestes
del florecido cardal.

Un yaguané color ruano
que tiene una lista blanca,
desde la cruz hasta el anca
como dibujada a mano,
el misterio soberano
que le da vida a las cosas,
pintura a las mariposas
al ave, al tigre, al pimpollo,
le dio al caballito criollo
más colores que a las rosas.

A mas tiene ese paisano
un tostado parejito,
es un redomón nuevito
que hasta hoy lo tiene orejano,
cuando cruza por el llano
con el sol medio inclinao,
forma el reflejo dorao,
una simbólica estampa,
el cielo azul y la pampa
y el brioso flete tostao.

Un oscuro prenda cara
con una estrella en la frente,
que al mirarlo de repente
parece ser que alumbrara,
pues por esa seña rara
comenta el paisano arriero,
es al que lo ve primero
al redor'de la madrina,
porque en la estrella ilumina
el reflejo del lucero.

Un tordillo lunarejo
que obstenta en los costillares,
unos vistosos lunares
dorados como oro viejo
con un manchón azulejo
sobre del cuadril del lazo,
y de retazo en retazo
como locas pinceladas,
bajan dos listas tiznadas
que se pierden en el vaso.

El que es una galanura
es el rosillo bragao,
lo mejor que a galopiao
bajo el sol de la llanura,
ornan la briosa figura
del lindo flete rosillo,
desde el pezcuezo al codillo,
un manchón bayo totora
jugando con la crin mora
desde la cruz al flequillo.

Del pangaré rabicano
daré las señas más finas,
tiene las patas barcinas
y salpicada una mano,
con este dice el paisano
cuántas leguas galopie,
y más de una vez cruze
la pampa de orilla a orilla,
es toda una maravilla
el potrillo pangaré.

Cuando andan por ahí pasteando
los llama con un silbido,
y obedeciendo al sonido
todos se acercan trotando,
se oye un cencerro que andando
lanza tañidos al vuelo,
es que bajo el Patrio cielo,
cruzando entre cardo y puna,
va la madrina cebruna
de la Tropilla de Abuelo.

La juida


-"Vengo a verlo" dijo Zoila,
"mi buen amigo Nicandro,
por que su muchacho Leandro
ha juido con mi Asunción";
-"¿No son jóvenes acaso?
la juventud es la vida,
el Dios amor que convida
a la mujer y al varón".

-"Pero es que mi hija se ha juido
nada más que con lo puesto,
y por su muchacho apuesto
que no cuenta con un rial";
-"el amor no quiere plata
ni poncho de paño grueso;
el amor, es canto y beso
desnudo roce carnal.

Antes de existir la plata
y fabricarse la lana,
existió la especie humana
y por lo tanto el amor;
desnudo como las hojas
sin más abrigo que el bello
y no se extinguió por ello
ni el idilio ni el pudor".

-"Esto de irse con un hombre
sin la voluntad divina,
como hace la golondrina
que abandona el corredor..."
-"El amor también tiene alas
y cuando adora alza vuelo,
es un designio del cielo
las alas en el amor".

"Yo consagré mi familia
sin más pilchas que un apero,
una pava y un mortero,
un mate y un asador;
alcé mi Vicenta en ancas,
el testigo fue mi overo,
entre besos de pampero
y trebolares en flor".

"No se olvide amiga Zoila
que allá en sus tiempos de moza,
hizo usté la mesma cosa.
Juyó como la Asunción;
yo lo hice con la finada,
lo hicieron otros amantes,
nuestros hijos como en antes
vuelven por la tradición".

"Mañana como las aves,
con una y otra pajita,
levantarán su casita
con alegría los dos,
contribuirán con la especie,
como la rosa y el trigo,
sin más leyes ni testigo
que las miradas de Dios".

"Muchas familias de antaño
que hicieron patria y ejemplo,
se unieron bajo el templo
de la lontananza azul.
Ornada por nubes blancas
como argentinas guirnaldas,
sobre pampas esmeraldas
extendidas como un tul".

"Y lo mismo que el hornero
igual que la torcacita,
construyeron su casita
e hicieron Patria y hogar
y a través de varios siglos
de esperanzas y vigilias,
hoy perdura en las familias
el pundonor secular".

"Y le dieron a la Patria
vigorosos argentinos,
arrieros, gauchos genuinos
como hombres de alto pensar;
una madre, una matrona,
un fecundo chacarero,
y en cada hombre un granadero
desde los Andes al Mar".

Rudecindo Jara

(Pintura: Carlos Montefusco)
Casi entre dos luces, cruzando unos cerros
iba al trotecito de un lobuno zaino,
el mataco Zoilo, gaucho perseguido
el que a sol y sombra lo andaban buscando.

El sargento Jara, frente a la partida
decía: -"en cuantito se me cruce al paso,
juro que lo prendo y lo traigo a lonja
hasta el mesmo cepo cruzado en el bayo.

Así verán todos que Zoilo es un flojo
que el maula no tiene, nada del mataco,
que es purita espuma como los chajaces
y ésta vez conmigo se va dar un chasco".

Algo sucedía porque el gaucho Zoilo
como por encanto se perdió del pago,
escondía el bulto por entre los cerros
cada vez que Jara salía a campiarlo.

Y todos sabían que Zoilo era un hombre
sin miedo a los chumbos y todos sus tajos,
se curaban solos a vientos y soles
lo mesmo que el árbol que le hachan un gajo.

Por alguien un día, se enteró el Sargento
que al pie de los cerros andaba el mataco,
-"yo sólo viá'trairlo, si el mataco es hombre
yo también soy hombre", y ensilló su bayo.

Y tomó al galope, tantiándose el corvo
derechito al cerro donde andaba el guapo,
y en la falda mesma, divisó un jinete
que iba al trotecito de un lobuno zaino.

Debe ser el hombre, musitó el Sargento
anda en un lobuno como el de ese gaucho,
casi convencido que era el que buscaba
desnudando el corvo le dio la voz de alto.

-"Rendite al Sargento Rudecindo Jara,
he venido solo para arriarte a palos.
-"Si sos Rudecindo, respondió el cuatrero
desde ya te digo, no t'ei dar trabajo.

Pero en un relámpago de las dos miradas
entre aquellos hombres sucedió algo raro,
el Sargento Jara sin decir palabra
envainando el corvo se largo del bayo.

Lo mesmo hizo el otro mientras de su cinto
desprendió el trabuco y un cuchillo largo,
-"aquí están mis armas, yo me entrego preso
cumplí tu palabra si me creés tan malo.

Pero antes que me ates de daré una prenda
que me dio mi madre como un noble encargo,
el día que lo hayes a mi Rudecindo
dale mi retrato y este Relicario".

El viejo Sargento, contempló la imagen
y mirando al cielo, lo llevó a los labios
casi sollozando, musitó "¡mi mama!
y los dos lloraban frente a su retrato.

Aquellos varones al pie de los cerros
unieon sus almas en un solo abrazo,
mientras se cruzaron dos palabras:
-"Hermano querido, ¡mi querido hermano!"

Cuando se apartaron a los lagrimones
entre polvo y tarde se alejó el mataco,
pensativo y triste retornó el Sargento
besando la imagen de su Relicario.

Carne de caballo

(Foto: Eduardo Amorim)
A lo largo del camino
vi pasar una potrada,
por dos paisanos arreada
con destino al saladero;
iba para el frigorífico
para ser sacrificada
y después de congelada
enviarlas al extranjero.

¡Cómo! le increpé en voz alta
alzando el puño crispado,
al capital y al Estado
al critirio nacional;
acaso ignora la Patria
que el caballo fue un guerrero,
fue el chasqui; fue el granadero
montonero y federal.

La playa del frigorífico
es del caballo el banquillo,
donde cae bajo el cuchillo
la potrada del rural,
los gringos han descubierto
que el jugo del caballito
es de un sabor exquisito
un plato internacional.

Pero en la mesa del gringo
sin peros y sin escollos,
también ocupan los criollos
el lugar del comensal;
al caballo que le diera
tantas glorias a la raza,
la ingratitud amenaza
la nobleza irracional.

Pero en la mesa del gringo
sin peros y sin escollos,
también ocupan los criollos
el lugar del comensal;
al caballo que le diera
tantas glorias a la raza,
la ingratitud amenaza
la nobleza irracional.

En el Japón por ejemplo
nuestro noble caballito,
es un bocado exquisito
de los que cambian mantel;
no es el guiso campesino
del que hace mesa redonda,
no es para gente de fonda;
es para gente de hotel.

Un gaucho que no es un gaucho
pero que usa escarapela
lo mezcla en la mortadela
lo embute en el salchichón;
hace de su fiel amigo
un chorizo parrillero
y deja del compañero
los huesos junto al fogón.

Pero es vergonzante ver
que el hijo del veterano,
del conquistador del llano
que tanto galopó en él;
que en un lejano país
nuestro caballo glorioso
surja en un plato sabroso
en la mesa de un hotel.

El caballo en cien peligros
le prestó con entereza,
al hombre la ligereza
como el lomo salvador;
y hoy el hombre en recompensa
después de la gran jornada,
lo como en una empanada,
lo clava en un azador.

Para el gringaje argentino
el caballo es cosa vieja,
no lo alegra, no lo aqueja,
no es valor, ni desvalor;
al caballo lo ha tumbao
el progreso judaizante,
el redondel de un volante
cuatro ruedas y un motor.

jueves, 3 de febrero de 2011

Cuesta abajo

(Dibujo: Javier Farías)
Ayer tras de la tropilla
descendí del alto cerro
al tañido del cencerro
de una madrina rosilla,
entre la rubia gramilla
y el perfume del erial,
del trébol y el abrojal
tendidos como dos tules
y las miradas azules
del florecido cardal.

Hoy desandando el camino
vuelvo pensando y al paso
de un azulejo lerdazo
que ya de viejo es sabino;
tarde de sol argentino
que como una llamarada
corona el color de cada
florcita criolla del raso,
y se pierde en el ocaso
como una perla dorada.

Yo nunca elegí el camino
ni dije:"Sí...", con jactancia,
ni pregunté la distancia,
si el lugar era argentino;
hoy sinceramente opino
que las leguas a mi ver
me empiezan a parecer
más largas, más empinadas,
que las leguas galopiadas
por los caminos de ayer.

Los años sobre mi ser
me pesan como una carga
y es toda una cuesta larga
la huella llana de ayer;
yo que lo hice obedecer
al redomón más pintao
hoy ensillo un entecao
pero al no poder saltarlo,
pujo y pujo por montarlo
y llego al lomo cansao.

Viéndome en tal desventaja
entré a indagar el motivo,
si es que se acorta el estribo
o es la tierra que se baja;
algo me saca ventaja
y no puedo entender cómo,
será que como de plomo
pesa mi argentina planta,
o es que el basto se levanta
o al manso le crece el lomo.

Mi apero -lujo y abrigo-,
la cincha, el lazo, las riendas,
y todas las demás priendas
envejecieron conmigo;
mi compañero y amigo
yo le llamo "Don Recao",
el uso lo ha acribillao
de hilachas, grietas y rajos,
al través de los trabajos
de agua, sol y descampao.

Mi poncho pampa hilachento
que me cobijó en toda hora
de la lluvia seguidora
y los chubascos del viento,
hoy el helado elemento
a su gusto me tortura,
porque por cada abertura
el frío nos va chuziando,
y cruzamos tiritando
el rigor de la natura.

El tiempo cada mañana
una arruga me acribilla
y a mi cabeza tordilla
de paso le orna una cana;
la llanura más lozana
envejece su verdor
como envejece la flor
en la rama que la cría,
como a la cabeza mía
la ha envejecido el blancor.

De uno a uno lagrimiando
fui mi tropilla vendiendo
como pa dir manteniendo
a los que me iban quedando;
hoy gracias al cielo que ando
en un mancarrón prestao
que me lo confió el juzgao
para mi real desempeño,
hasta que aparezca el dueño
que tenga el Certificao.

Mientras, con alevosía
el tiempo me va contando
los años que van pasando
sin descontarme ni un día;
viejo y todo todavía
me sé ganar el jornal
y hacer un aula moral
de mi argentina experiencia,
con la tranquila conciencia
que a ninguno le hice mal.

lunes, 31 de enero de 2011

Al caer de las hojas


(Dedicado a mi biznieto Marcelo Luis Ducruet)

-"¿Qué opina doctor,
podrá tener mejora?"
-"Yo temo este invierno,
al caer de las hojas..."

Reinó hondo silencio
en la pequeña alcoba,
una señora tose
junto a un hombre que llora.

Y nadie se apercibe
que la pequeña Lola,
ha oído el triste diálogo
con profunda congoja.

Y murmuró muy quedo
cuando se quedó sola,
-"yo temo que este invierno,
al caer de las hojas..."

Ha llegado el otoño,
la pequeña solloza,
envejecen las plantas
el color de sus ropas.

A Lolita la tiene
preocupada la fronda
y pregunta en qué tiempo
las flores se deshojan.

En una gris mañana
de esas que el sol no asoma,
rodando trajo el viento
una hojita de su alcoba.

La pequeña Lolita
en sus manos la toma
y corre atarle un hilo
al tallo de la hoja.

-"¿Qué vas a hacer, hija?"
el padre la interroga.
Voy a atarla en la rama
que desprendió esta hoja.

-"Este es el tiempo, hija,
que el bosque se transforma".
-"Entonces mi mamita
ya no tendrá mejora..."

Es una gris mañana
de esas que el sol no asoma,
velaban un cadáver
en medio de la alcoba.

Bajo de los zarzales
la pequeña Lola
levantaba del suelo
delantales de hojas.

Y cómo recogerlas
cuando caían todas
en un sordo murmullo
al chocar unas y otras.

Y retornó diciendo
cuando llegó a la alcoba,
-"Son muchas, madre mía,
para alzarlas yo sola!"

Y la opinión del médico,
retumbó en su memoria:
-"Yo temo que este invierno,
al caer de las hojas..."
...................................
A la memoria de "ña" Gladys de Suarez :

Pd: dedico especialmente este verso a quien gauchamento me emprestó unos cuantos libros de versos criollos, el gaucho don Guillermo Suarez del pago de Mechongué.
¡Gracias piasano! Un abrazo entrañudo del gauchoguacho.

martes, 11 de mayo de 2010

Yo me crié en bruto


Yo me crié en bruto, mesmo que los talas,
los gauchos ombuces, las flores del cerco,
las turbias lagunas, los claros arroyos
y cuantas rarezas nacen en el suelo.

Si de los que me oyen supieran cómo era
hace setenta años el pueblo de Merlo.
En aquellos tiempos, por aquellos ranchos,
yo no supe nunca que hubiera un maestro.

No digo estas cosas como una alabanza.
Porque ser un guaso no es un don ni un credo;
lo hago por decirles cómo y cuánto puede
aprender un hombre por su esfuerzo mesmo.

Mi madre ya entonces sabía decirme:
aprienda a abrir surcos y ser buen arriero,
déjese de letras, piense en el trabajo
y, como su padre, sea un hombre bueno.

Sepa cortar sogas y calzar tamangos,
siéntese a un potro y ármese un apero,
forme como un gaucho su tropilla criolla
que al primer silbido busquen el cencerro.

Su padre no leiba, ni escribir sabía,
y compraba potros y vendía cueros;
arrendaba campos sin poner más firmas
que su don de gaucho, que era un visto bueno.

Cuando hizo negocio pesó con el pulso,
midió con la vista, midió con los dedos;
si hubo que hacer parte con todos fue justo,
aunque en el reparto saliera perdiendo.

Yo aprendía en las chacras, junto a los fogones,
a rumiar vocales tarareando versos,
copiando una letra, pronunciando otra
hasta penetrarlas en el pensamiento.

Cuando boyereaba, sentado en el raso,
hacía pizarra de un limpión del suelo
y con un palito iba haciendo un nombre
y un día de tantos, me puse contento.

Ya no soy un bruto, me grité en voz alta,
y de orgullo gaucho palpitó mi adentro
cuando en cuatro letras supe escribir mama;
con poner su nombre me sentí maestro.

Me ensayé yo mesmo como los pichones
a batir las alas y levantar vuelo,
a rumbear caminos descubriendo pampas,
leyendo en las hueyas como un libro abierto.

Escribí los nombres de todos los pájaros:
el hornero, el tordo, la calandria, el tero,
y de cada flete de mi tropillita
la guapeza criolla, la clase y el pelo.

En la infancia mía no supe por naide
qué era una cartilla, ni dir al colegio.
Hoy siento el orgullo que de un gaucho rudo
oigan los paisanos mis sencillos versos.

Esta piedra en bruto, pulida en el raso
por los fuertes soles y el zumbar del viento,
cuando la golpean suelta chispas de oro,
estrellitas blancas y cantos de fuego.

sábado, 13 de marzo de 2010

El Chasqui Argentino (Estilo)


-"Sí, Capitán, llegaré!",
dijo el chasqui Justo Ayala.
-"Solamente que una bala
me baje del pangaré.
La nota la retobé
en un basto del recao
y aunque caiga acribillao,
envuelto entre polvo y pasto,
naides sabra que en los bastos
llevo un secreto sagrao".

Cuenta el que el caso describe
que una tarde sol adentro;
Ayala tuvo un encuentro
con un piquete de Orive
y al grito de -"¡Alto, ¿quièn vive?",
lo empezaron a correr
y aunque era el atardecer
y a la sombra de esas horas
bolazos y boleadoras
le empezaron a llover.

-"Pangaré en este día
si llegamos a la meta
te deberá una jineta
la gloriosa patria mía".
Y mientras estos decía,
las clinas le acarició:
-"Dios quiera, dijo, que yo
llegue al comando con vida"
y apretándose una herida
al trotecito siguió...

Sólo dijo en la llegada
el moribundo patriota,
-"Mi jefe traigo una nota
en los bastos retobada..."
y ya sin decir más nada
murió sobre su bagual.
Sabrá Dios en qué cardal,
o a orillas de qué camino,
descansa el chasqui Argentino
de nuestra guerra rural.

domingo, 6 de diciembre de 2009

El mostrenco


- Que ponga el Chimango
las pruebas en plano,
de cómo es suyo
el potrillo Overo.

- ¿Es al que lo apodan
El Chimango Anselmo?
- ¡Me han puesto ese mote
las lenguas de perro!

Soy Anselmo Sombra
bajo el sol del cielo.
- ¡Vamos al potrillo!
¿Qué sabés de cierto?

- El potrillo es mío;
lo pagué a güen precio,
aquí en el bolsico
traigo el visto güeno.

Lo compré en la güeya
a un paisano arriero,
que cruzó estos llanos
hace mucho tiempo.

- Pero es que esta marca,
lo mismo que el dueño,
la ley los acusa
por marcar ajenos.

Pues por cuatro riales,
conscientes del yerro,
sin reparo ni asco
marcan un mostrenco.

-¡Pero yo, mi Alcalde!...
- ¡Usted será güeno!
Pero hoy ese signo
ha caido en descrédito.

¿Y usted cómo prueba,
Amigo Modesto,
que el potrillo es suyo,
sin más que usted mesmo?

- Tengo la aprobanza
de criollos muy viejos,
Don Melitón Acha
y Basilio Lemos.

Y un testigo mudo
que hablará en silencio,
con el busto de ella
y el color del pelo.

He traído la madre
del potrillo Overo,
que es como el retrato
del potrillo mesmo.

- Si los dos han traído
las pruebas del pleito,
vamos al palenque,
necesito verlo.

Pero vide entonces
que el potrillo Overo
hurgaba en el zumo
del pezón materno.

Mientras que la madre
con un don de aprecio,
lamiéndole el anca
le peinaba el pelo.

De pronto el Alcalde
dijo en tono serio:
- ¡Suelten al potrillo!
Y usted, don Nemesio,

Siéntese en la Overa
y salga ya mesmo,
quiero ver lo que hace
el potrillo suelto.

Sobre la palabra
saltó y alzó el vuelo,
galopiando largo
tomó campo abierto.

Como si lo hubiesen
pinchado de adentro,
pegó dos relinchos
el potrillo Overo.

Y tomó al galope
el camino mesmo
que tomó la Overa
derechito a un cerro.

- Ahí tenés la prueba
que estabas mintiendo-
Le dijo el Alcalde
al Chimango Anselmo.

- En la misma vida
que nos da el ejemplo,
la ley de la especie
que habla con los hechos.

Y negar la madre
es un sacrilegio,
pecado que nubla
el azul del cielo.

Le devuelvo un hijo
al calor materno.
Y le doy la madre
al potrillo huérfano.

- Pero en mi bolsico
tengo el visto bueno.
- Eso ha de costarte
diez días de cepo.

Cuando me confieses
que sos un ratero,
recién vi'a sacarte
el collar del cuello.

Yo entiendo que el gaucho
bolée un mostrenco,
lo muente y lo dome
sin sentirse dueño.

Cuando marca un potro
sabiéndolo ajeno,
es como el Chimango:
sin alma y sin credo.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Don Alejo Aldao y su azulejo



Era Don Alejo Aldao
un bebedor sin medida,
que se pasaba la vida
en los boliches mamao.
Caña, ginebra, guindao,
eran de su paladar,
y tanto llegó a tomar
su pobre piltrafa humana
que viendo una damajuana
entraba a trastabillar.

Siempre estaba el azulejo
como esclavo en el palenque,
un matalón que de enclenque
sólo era hueso y pellejo;
que de tan flaco y tan viejo
ni clinas le habían quedao.
Entumecido, agobiao
por la falta de sustento,
era un armazón hambriento
en un cuero retobao.

Ocasiones al montar
con el estribo no daba,
y una y otra vez erraba
hasta que podía acertar;
a veces sabía quedar
como bolsa atravesao,
el caballo acostumbrao
volvía por el sendero
llevando hasta el mesmo alero
del rancho a su amigo Aldao.

Cuentan de que el viejo Aldao
allá en sus tiempos de mozo,
tuvo un contraste amoroso
que hasta hoy lo tiene amargao;
y recuerda acongojao
la ingratitud de un querer,
los besos de una mujer
la luz de unos ojos pardos,
que clavados como cardos
los siente dentro del ser.

Y cuando el paisano Alejo
recuerda su triste drama,
el nombre infiel de una dama
surge en los labios del viejo.
Acaricia el azulejo
que es su amigo singular,
y sin poderlo evitar
por sus barbas como nieve,
se ve presurosa y leve
una lágrima rodar.

-"Mi compañero y amigo
se llama ¡Don Azulejo!
Flaco maturrango viejo
pero fiel para conmigo.
Cada cosa trae consigo
no se qué contradicción,
las hojas más verdes son
la expresión de la belleza,
pero le dan más tristeza
al viejo sauce llorón.

Mezcle amigo en la botella
caña, ginebra de todo,
porque solamente beodo
consigo olvidarme de ella.
Son los ojos de mi bella
que no me dejan en paz,
porque no puedo jamás
apartarlos de mi vida,
y mientras ella me olvida
yo siempre la quiero más.

Hoy ya soy un muerto en vida
que despacito me alejo,
al tranco de mi azulejo
en yunta con mi partida.
Ninguna esperanza anida
mi amargado corazón,
moriré en un cañadón
tirao entre los abrojos,
y velará mis despojos
mi azulejo matalón.

miércoles, 21 de octubre de 2009

¡Gaucho!


Tiemplo aquí para cantar
mi diapasón de quebracho,
con el espíritu macho
del gaucho tradicional;
del paisano de mi tierra,
del labriego, del arriero,
del valiente granadero
y el poblador ancestral.

Es áspero como el tala
el cantor de los caminos,
de los patios argentinos
y del pampeano fogón;
donde pulsa la guitarra
se desagringa el ambiente,
se argentiniza la gente,
se hace gaucha una reunión.

El gaucho es la Patria misma
el gaucho es la misma pampa,
erguida en la estoica estampa
del paisano patriarcal;
del hombre de la llanura
surgió el soldado de guerra,
que expulsó de nuestra tierra
al invasor colonial.

El gaucho es la libertad
y en su argentina figura,
cruzó toda la llanura,
la cordillera y el mar;
en donde clavó la insignia,
donde esgrimió la tacuara,
en donde el corvo empuñara
los usó para librar.

El gaucho en la Reconquista
con Belgrano en Tucumán,
el gaucho con el Titán
de los Andes al travez;
el gaucho en las montoneras
de las vanguardias del Chacho,
de Lavalle en el Quebracho,
de Urquiza el Ciencuenta y Tres.

En la esfinge del paisano
cruzó el alma de la raza,
la guapeza sin coraza
y la nobleza rural;
el gaucho ha dao la sangre,
el gaucho ha dao una herida,
el gaucho ha dao la vida
por el honor nacional

miércoles, 14 de octubre de 2009

Juancho el desertor


-Madre, vengo perseguido,
me he juído del regimiento.
-Hijo que en este aposento
hay un hueco como un nido.
Tu abuelo estuvo escondido
hasta que Rosas cayó...
Cuando el mozo se ocultó
ajuera se oyó un tropel,
y como en la casa de él
un sargento penetró.

- Capitán, dijo el sargento,
aquí hay algo que no entiendo;
yo lo he visto entrar corriendo
a Juancho, en el aposento.
Entré tras él al momento
y el pájaro había volao;
tuito el rancho he registrao
y ni rastro hallé siquiera;
tampoco ha salido ajuera
porque el rancho está rodiao.

-¡Señora! Vamos a ver:
¿Dónde se ha escondido su hijo?
Aquí hay algún escondrijo
y Usted lo debe saber.
No se niegue a responder
porque si lo oculta es pior;
¡No me haga obrar con rigor,
porque téngalo por cierto
que del rancho, vivo o muerto,
me llevaré al desertor!

- No sé, no he visto y no entiendo
porqué esta actitud tan rara.
- Usted miente, y en su cara
mis ojos lo van leyendo.
Sus labios lo están diciendo
por más que quieran negar;
lo acaban de confesar
sus palabras intranquilas;
lo descubren sus pupilas
que empiezan a lagrimear.

- Si el sargento lo ha corrido
hasta la puerta del rancho,
y cuando él entró, ya Juancho
había desaparecido,
y si ha entrao y no ha salido,
no me podrá desmentir
que en verdad debe existir
en el rancho un escondrijo,
y es donde se oculta su hijo
y lo voy a descubrir.

- Sargento, está demostrao
que en el rancho hay una trampa,
y en ella, como una estampa,
el desertor se ha ocultao.
El hombre está emparedado
ha entrao por algún boquete;
vaya usted hundiendo el machete
entre las pajas del rancho;
apostaría que Juancho
se oculta en el mojinete.

- Se me ocurre algo mejor
aunque le parezca cruel:
ate en este cordel
la madre del desertor,
ajústela sin temor
y apuremos los asuntos:
al rancho en los cuatro puntos
préndale juego al alaero,
pa'que aparezca el matrero
o se quemen los dos juntos.

- ¡Alto!, cobarde ha de ser
el que ansina sacrifica
a una madre que suplica
con todo el dolor del ser.
- ¡Ansina te quería ver!
Has tenido que salir.
- "¡Pero no me he de rendir
aunque la muerte se cuadre!
Por ser libre y por mi madre
estoy dispuesto a morir...

Yo sé que la madre tierra
a naides pide defensa,
la tierra no pide ofensa
la tierra no pide guerra.
Orejeando en esa yerra
la marca no es para mí;
si mi vida prometí
en el momento oportuno,
no la daré por ninguno
pero por mi madre sí".

Como un tigre enfurecido
cargó sobre el capitán,
que a su empuje de titán
rodó mortalmente herido.
Un estruendoso estampido
de carabina se oyó,
y de unos labios partió
esta palabra: ¡Hijo mío!
Y en gestos de desafío
el desertor tambaleó.

Con una mano en el pecho
se agachó y quedó en cuclillas.
Después cayó de rodillas
sin expresar un despecho,
luego arrastrándose un trecho
hasta la madre llegó.
Como pudo desató
a la pobrecita anciana,
besó su cabeza cana
y entre sus brazos murió.

Todos llevaron de allí
la expresión clara y sentida:
"Por naides daré la vida
pero por mi madre sí".
Yo también siento entre mí
esa palabra de amor;
ojalá que con ardor
surgieran de cada rancho
Argentinos como Juancho;
gaucho, libre y desertor.

lunes, 29 de junio de 2009

Chasqui


Dice que a la carta mía
le costó trabajo leerla,
y que para comprenderla
deletreó medio día.
Que hay faltas de ortografía
puestas como de intención;
como si la puntuación
para Castro no existiera,
parece ser que escribiera
sin sentido de expresión.
Recuerde, doctor Agüero,
Ud, era mozo estudiante,
yo sólo era en ese instante
un muchachito boyero,
mientras Ud. con esmero
estudiaba de abogao,
yo le cuidaba el ganao
rondando entre los cardales,
supe las cinco vocales
cuando ya era un hombre casao.
Mientras que Ud, maravilla,
estudiaba todo el año,
libros de todo tamaño
útiles como semilla,
yo no tuve una cartilla
en mi edad de colegial;
y cuando surgió triunfal
su talento de gran hombre,
yo aprendí a poner mi nombre
con la impresión digital.
Conozco sus gestos buenos,
este amigo así lo entiende,
que su amistad no depende
de una letra más o menos,
sus reproches son amenos
y afectuosos para mí;
más de una vez sonreí
por sus cariñosas bromas:
Castro, me debe seis comas
y diez puntitos de "i".
Hay cosas que me enjareta
y que las inventa usted,
como en donde dice que,
escribí sauce con "z".
Eso es una jugarreta
aunque también le diré,
que a veces me equivoqué,
justo es que se lo confiese:
de que hay palabras con "s"
que las escribo con "c".
Dice como de remache
que lo más extraordinario,
es de que a mi abecedario,
se le ha desertao la "h".
Amigo, aunque usted me tache
que escriba "h" es casual;
yo las dejo en el morral
pa que otros hagan consumo,
escribo así "ombre" y "umo"
y me comprenden igual.
Por sus cartas no lo dudo
que es sabio en ortografía,
pero en su caligrafía
cada letra es como un ñudo,
nos cuesta un trabajo rudo
cuando nos llega a escribir;
pa poderlas discernir
las leemos y las releemos,
y ocasiones no entendemos
que es lo que quiere decir.
Pues de la mesma manera
que Ud. no me entiende a mí,
no le entendemos aquí
sus letras de enredadera;
lo que me extraña de veras
es que todo un abogao
se asombre que a un pión de arao
rural como la gramilla
se le empaque una comilla
y un "h" se le haya alzao.
Yo no conozco el acento
ni puntualizo la "i",
pero en la vida aprendí
trabajos de rendimiento.
Sacar de una lonja un tiento
como tejer un botón,
y del potro cimarrón
hacer caballo de silla,
trabajar una presilla
y terminar un cinchón.
Aprendí de una mirada
comprar una hacienda al corte,
dividir por el aporte
el consuma y la invernada,
a contar una majada
en la puerta de un corral;
que Ud., que es profesional,
con más letras que una imprenta
apuesto que no las cuenta
sin confundir el total.
Ud. se siente un portento
y critica mi modismo,
porque sabe el mecanismo
de coma, punto y acento;
yo puse todo mi intento
en la siempre y el ganao,
la natura me ha dotao
de una argentina mollera,
que puedo ser donde quiera
más productor que un letrao.
Ahí le mando, amigo Agüero,
haches y puntos por cientos,
y más comillas y acentos
que maíces tiene un granero,
como van demás, espero
que las que sobran, doctor,
me las mande sin temor
porque ando con los asuntos
de unas haches y unos puntos
que le debo a otro escritor.

miércoles, 23 de julio de 2008

Don Goyo buscavida.


China me andás provocando
como mamao al pulpero
y haciendo arder el yesquero
que está mis ansias quemando.
De más ya te vas confiando
y el día menos pensao
lo vas a encontrar cambiao
al que por zonzo has tenido:
toro manso, embrabecido
no rispeta el alambrado.

Has escaseao el percal
con que aura ya casi nada,
andás de lujo ensillada
cortándote en el pegual.
livianita y liberal
sos de la antojo, la chuza,
y no te falta una excusa
si no es un descuido al menos
pa' que te espíe el relleno
que te hace punta en la blusa.

A veces como olvidada
de que estoy sentao enfrente,
en forma casi imprudente
tenés la pierna cruzada.
Y si encontrás mi mirada
que tu mirada no esquiva
la risa entonces se aviva
entre tus labios carnosos
y aunque algo bajás los ojos
la pierna subís pa arriba.

El otro día al pasar,
casi oscuro, pa'l arroyo
me dijiste:-"venga Goyo,
así me enseña a nadar"...
Yo te dejaba pasar
como una broma cualquiera
pero entonces, salamera,
dijiste con intención:
-"No desperdiciés chambón,
que el churrasco es de ternera".

¡Pucha digo!, yo no se
ni cómo quedé parao
de alegre y abatatao
cuando tal cosa escuché.
Pero ni bien reaccióné,
y juí a pegarte un abrazo
vos saliste como achazo
gritando entre carcajadas:
-"¡¡No hagás partidas erradas,
que con tu chuzo no hay caso"!!.

Pero aura tené cuidao
que ande menos lo pensés,
va cair la taba al revés
perdiendo lo que has gano.
Lo que de mí te has burlao
vas a pagar con usura,
te vi'a cobrar tu diablura
sin que tengas más arreglo
que convidarte pa'l pueblo
y hablar los dos con el cura.

Vivir lo nuestro




Así como lo oye prienda,
dicen que el país esta pobre,
que hay que administrar el cobre,
y estirar el patacón,
primera vez que los criollos,
andan tasando el centavo,
y perdigando el conchabo,
para ganarse el jornal.

He léido en una gaceta,
de que en el extranjero hay guerra,
y el murmullo de la yerra,
obra en nuestro patacón,
penetra en los aposentos,
escarba en el fondo del alma,
y nos sale del corazón.

Las cosas suben y suben,
todo vale con exceso,
lo que no vale es el peso,
esta en mengua su valor,
con lo que antes se compraba,
el mejor par de alpargatas,
hoy redoblando la plata,
no se compra ni la peor.

Hoy vale cualquier zaraza,
lo que antes valía la seda,
pues con el papel moneda,
compra la mitad de aquel,
sube el metro, sube el kilo,
la yerba, el pan, el fideo,
peso que entra al menudeo,
es pasto del mercader.

Hacen como el boticario,
que compra yuyaje criollo,
sauce, malva, raíz de pollo,
barba de choclo y cedrón,
el compra montón por bolsa,
pero lo vende a romana,
cobra por una tisana,
lo que le costó el montón.

Hay que aminorar el lujo,
y desgringar la moda,
desarrancar con la poda,
todo lo gringo importado,
sentir el gaucho en el alma,
"Argentina" la voz llena,
que por dentro y que por fuera,
se viva argentinizado.