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jueves, 14 de octubre de 2010

Esperencia


Te almirás porque li hago poco caso al destino
y no mi ando lomiando por ninguna disgracia;
porque a cada rodada me levanto riyendo
y en lugar de quejarme suelto alguna chuscada.

Carculás que de bruto doy el pecho a la vida;
que nací con más ñudos que una caña tacuara,
y si a cara'e fandango me abarbaro a las penas
es por falta de yeito pa poder gambetiarlas.

Y decís que soy mesmo que los gatos monteros
porque amuestro los uñas si la güelta se cuadra;
y que soy venenoso como mata'e mío-mío;
y que tengo más filo que cuchiyo'e carniada.

Pero andás erradaso carculando esas cosas.
Sos'tuavía muy borrego pa querer hacer basa
en un truco ande dentran jugadores cancheros,
qu'empacusan el maso si la liga les faya.

No sabés qu'es la suerte cabortera chirusa
que cuanti más l'halagan más fácil güelve'l anca,
y qu'es de maturrangos dir a meterle'l freno
sabiendo qu'es al ñudo quererl'hacer cabaya.

No sabés qu'en la vida debe andarse al tranquito
porque ansí no se cansa ni el matungo más maula,
y qu'el hombre, aunque monte'n un tordiyo sabino,
debe dir bien dispierto pa no errar las picadas.

Inorás que no sirve tener'l'alma muy floja;
que ser güeno risulta la más pior chambonada,
porqu'el güeno es lo mesmo que un churrasco sabroso
al que tuitos se apuran por sacarle tajada.

La lechiguana sonsa'nida en cualquier carqueja
y hasta el lagarto maula se anim'a coletiarla;
al mangangá picaso ninguno lo incomoda
porque saben que tiene la lanceta muy brava.

Cavilá lo que ti hablo, gurí, que no es soncera;
pensá, pa tu gobierno, está verdá machasa:
al quebracho, por duro, lo respeta el leñero,
y al palo'e leche, en cambio, ¡le dentra cualquier hacha!

viernes, 25 de junio de 2010

Alvertencia


(Pintura: Carlos Montefusco)

Sobre'l lomo potro de mi campo crudo
-que nunca ha sentido de un arao la marca-,
prontos pa meyarles el filo a las rejas
estos altaneros tacuruses se alzan.

Son como celosos troperos que rondan,
engüeltos en ponchos de chilcas bagualas,
la tropa orejana de mis pensamientos,
mis libres ideas, mis chúcaras ansias.

Brujones que prueban el tiemple del campo,
perebas en ruda machés levantadas
que son pa mi orguyo lo qu es pal de un gaucho
el surco que le abre de frente una daga.

Por eso al que quiera cruzar los potreros
sin triyos que tiene la estancia de mi alma,
le alvierto que debe tranquiar muy dispacio
si quiere librarse de alguna rodada...

Cavilando

(Pintura: Carlos Montefusco)

¡Qué porquera es la vida! ¡Puro dirse'n amagos!
Nos pasamos los años enfrenando esperansas,
que soltamos despiadas, a lo largo el camino,
sin poder apariarnos a la dicha desiada.

Cuando semos gurises, de ganosos por criarnos
pa ser libres y dirnos po'ande quieran las ganas,
nos parece qu'el tiempo march'a tranco'e tortuga
y que nunca yegamos a la edá 'mbicionada.

Pero dispués de mosos ya risulta distinto.
Los quereres comiensan abrir brocas en l'alma.
y un'angurria tan grande de vivirlos nos dentra
que cuasi no d'abasto la ración d'esperansas.

Y de aflitos que andamos por agenciar la dicha
ni sentimos los días, que de galope se alsan,
yevándose'n su juida promesas ya dijuntas
que se nos despintaron al dirnos a orejiarlas...

Hasta que un redepente nos encontramos viejos
y hayamos que jué un soplo la mocedá pasada;
que los deseos duraron lo que una brasa'e ceibo;
que jueron nuestros sueños como la espuma en l'agua.

Y entonce comprendemos qu'hemos andao al ñudo,
aplastando el matungo, mochando las rodajas,
sin conseguir más nada que una cansera bruta
y una runfla e ricuerdos p'amargarnos el alma.

Y queremos dar güelta, ser gurises de nuevo;
pero ya no podemos pegar la reculada;
hay que seguir pa'elante, metiéndole sidera,
aunque las juersas mermen y ya la fe'sté gasta...

¡Qué porquera es la vida! ¡Puro dirse'n amagos!
Nos pasamos los años enfrenando esperansas
pa campiar una dicha que, dejuro por hembra,
¡más matrera se pone cuanti más es desiada!

Castigo


(Pintura: Carlos Montefusco)

¡Amuélensén! ¿Quién los mandó ser brutos?
¡Lo qu hiso la gurisa stá bien hecho!
¿O se pensaron que por ser sus padres
le podían gobernar los sentimientos?

Si eya juyó siguiendo al que quería
la culpa jué de ustedes, ¡qué canejo!
¡Aguanten el sogaso sin lomiarse
y apriendan pa otra ves no errar tan fiero!

Porqu'el moso era pobre y no podía
ofrecerle más nada que su afeto,
le trancaron la puerta en las narices
dispués de destratarlo como a negro.

¿Qu importaba que juese l preferido
si carecía de mentas y dinero,
y a la gurisa ustedes la querían
p hacer negocio con su casamiento?

Creyeron que meniándole garrote
y hablándolé de honestidá y respeto,
iban a conseguir qu escarmentase
y arrancase de su alma aquel afeto.

¿Ignoraban dejuro que al cariño
naide es quién pa quitarle sus derechos,
que no agarra po el triyo que l endilgan
ni acata leyes, porqu es ley él mesmo?

¡Pucha! ¡Hay que ser escaso de carcume
pa no cáir en la cuenta e que van muertos
los que cren que se puede asujetarlo
metiéndose al torsal en sus deseos!

¿Que la gurisa al dirse jué una ingrata?
¡ Tan muy enquivocaos! ¡Tenía el derecho
que tienen tuitos de vivir su vida
y si voló del nido jué por eso!

¿Que procedió com'una sinvergüensa
porque quiso ser libre y rompió el cepo?
¡Hubiera sido pior que se vendiera
por unas vacas o un puñao de pesos!

¡Amuélensén! ¡Lo que les acontece
les está bien empliao por avarientos!
¡Aguanten el sogaso sin lomiarse
y apriendan para otra ves no errar tan fiero!

Cachimba



Sos lo mesmo que yo. Vivís p adentro,
ajen'a tuito lo que rodea.
Como nada tenés, ni esperás nada,
gastás el tiempo en rejuntar peresa.

Y no sentís curiosidá ninguna
por lo que pas'ajuera,
ni comprendés al viento ni al arroyo,
que corren siempre y siempre tienen priesa.

Vos no tenés apuro.
Sos como esos que ya han pegao la güelta,
cansaos de ver que tuitos los caminos
no son más nada qu'esperansas güecas.

Dejuro'e tanto cavilar a solas
te jué projundisando la tristesa,
y aprendiste ansina qu'en la vida
dirse o quedar lo mesmo fastidea.

Por nada te afligís. Pasás el día
sin quejarte del sol, que te chucea,
y a veces se propasa y te desnuda
pa vichar hasta el fondo'e tu agua quieta.

Sólo al cielo querés. Él es tu amigo.
Naides más has hayao que te comprienda.
Por eso, cuando ves qu está contento,
te alegrás vos también y sos güena.

A ocasiones se agarran de retoso:
él t'enyena de nubes, t'ensucea,
y vos lo arremedás, pa desquitarte,
luciendo los colores qu él amuestra.

Como si jueran novios,
otras veces las priendas se cambean:
vos, por el día, l emprestás tu espejo,
y él, de noche, t empresta sus estreyas.

Con eyas te pasás hasta que aclara,
entretenida en ver cómo chispean,
dispertando la envidia
de los bichos de lus que pasan cerca.

Y no ambicionás más. Eso te basta
pa dir engambelando la esistencia.
¡Que corran los arroyos y los vientos!
Vos preferís quedar pescando estreyas.

Sos lo mesmo que yo. Tamién yo vivo
sin ruido y aplomao por la peresa;
tamién me gusta cavilar a solas
y rumiar dispacito mis tristesas.

Sos lo mesmo que yo. Sin afligirnos
refalamos los dos por la esistencia.
A vos te basta un redondel de cielo
¡y a mí la intimidá de una vigüela!

Chapetonada



¡Pucha gurí cristo! Porque una chirusa
te ha ladiao el anca,
ya cres que la vida no vale un comino
sin esa julana.

Y pasás en claro las noches enteras,
pita que pita, pensando bobadas;
y tuito el día vivís desinquieto,
dando güeltas, mesmo que perro con sarna.

Y al ñudo las brujas te dan venceduras,
yuyos y porquerías pa poder ligarla;
y al ñudo el pulpero t'enyena la copa
porque ya ni gusto li hayás a la caña...

¡No siás maturrango! ¿No ves qu'esa china
juyó porqu'es maula?
Buscá una que tenga la marcha pareja.
¡Yegua e dos galopes no sirve pa nada!

¡Tragáte esa pena! ¡Sé macho, canejo!
¡Si entuavía pa 'elante tenés muncha cancha!
¡Si el mundo es machaso y está yeno e rumbos
pal que sólo tiene veintiaños en l'alma!

sábado, 21 de noviembre de 2009

Hombrada


¡Mándensén mundar tuitos a la puta!
¡No quiero sabandijas en mi rancho!
¡P'aguantarle los secos a la pena
no precisa'e culeros el qu'es macho!

¡Vamos! ¡Juera de aquí, manga'e trompetas!
¡No esperen que los saque a rebencasos!
¡A mentir a otro lao! ¡A mí esas lástimas
sólo consiguen enyenarme de asco!

¡Si m'hija jué pa ustedes una pluma!
¡Si ustedes jueron los que la mataron
a juersa'e picotiar en su conduta
como en la oveja cáida los caranchos!

¡Dispués qu'eya, la pobre, tuvo el hijo,
como a perra sarnosa la cuerpiaron;
jué una brosa nomás, una largada;
sólo sirvió pa risa y pa estropajo!

¡Ninguno se acordó qu'eya era güena
-un alma'e Dios que a naides hiso daño-,
y aguantó la infelís, com'una marca,
el disprecio safao de tuito el pago!

¡Su nombre recorrió las pulperías
manosiao y babiao por los borrachos,
jué la farra'e las chinas en los bailes
y en las ruedas de mate de los ranchos!

Y aura que ya murió la pobrecita,
cansada de vivir hecha un pingajo,
¿tienen coraje pa venir tuavía
a lechuciar ande la'estoy velando?

¡Mándensén mudar tuitos! ¡Machos y hembras!
¡Aquí ya no hacen falta los caranchos!
¡A campiar a otro lao carnisas frescas
ande se puedan empachar pulpiando!

¡Juera de aquí, sotretas! ¿No me han óido?
¿'Tan esperando que los curta'laso?
¡Aquí ya'stá de más la chamichunga!
¡Ya no hay a quien sangrar en este rancho!

¡Juera de aquí! ¡Si pa velar su cuerpo
y darle sepoltura yo me basto!
¡Si no precisa agayas emprestadas
p'apechugar las penas el qu'es macho!

Justicia


Como manada'e perros cimarrones
cuando topa una res flaca y sin juersas,
lo cargó entropiyao el milicaje
sin darle tiempo ni a maniar la oveja.

Y los corvos ganosos se cimbraron
en el lomo del gaucho,
mientras juía trepada en el pampero
la vos enronquecida'el comisario.

Atao con maniador de cuero crudo
po'abajo'e la barriga del cabayo,
tosiendo sangre, reventao a golpes,
pa las guascas dispués con él tocaron.

Del pescueso en la barra
pasó la noch'entera,
judiao po'el cuartelero, que al sentirlo
clamar de sé, le daba salmuera...

Y al otro día un jues empalagoso
s'esplayó hablando'e leyes y delitos,
y a la sombra mandó que lo tuvieran
una punta de meses, por castigo.

No tuvo en cuenta qu'el caudiyo'el pago,
por cuestiones de pelos,
lo había echao al paisano de su estancia,
and'estaba ganándose'l puchero.

Ni qu'el hombre, campiando otro conchabo
sin poder conseguirlo,
había yegao al punto'e rebajarse
mendigando una achura pa sus hijos.

Ni qu'el dueño'e la oveja que robara
tenía la burra rebosando'e libras,
y una punta d'estancias tan pobladas
que ni él mismo su hacienda conocía.

Y qu'en cambio en el rancho del paisano
-un sucucho sin juego y sin abrigo-
yoraban tres gurises inocentes
galguiando de hambre y erisaos de frío...

Defensa


Jué'n el monte, a la hora'e siesta.
Almariaba la fragancia de arrayanes y espiniyos.
Y en sus flores menuditas, los golosos mangangases
chupetiaban con angurria de gurises mal comidos.

'Taba'e fiesta el bicherío: cardenales y sabiases
retosaban, picotiando los cambuises renegridos;
con cuscuses amorosos se yamaban las torcasas
y el sol fréia las chicharras en los secos espartiyos.

En la oriya'e la laguna las mojarras, en cardume',
amostraban a flor de agua su platiao escamerío,
y los tábanos hambrientos, atisaos por el mormaso,
se crusaban desinquietos, mesturando sus sumbidos...

Jué'n el monte, a la hora'e siesta.
Nos topamos casualmemte, por antojo del destino.
N'hubo un ape de malicia ni de cárculo en aqueyo.
El culpable de tu cáida no es más naide qu'el istinto.

¿Te acordás? Vos, en cluquiyas a la sombra de un matáojo,
remangao hasta las corvas el percal del vestidito
y enseñando el espumiante puntiyaje de las'naguas,
palmetiabas unas ropas, talariando un estilito.

Yo, que había hecho munchas leguas de un tirón,
apeligrando con aquel solaso bruto agenciarme un tabardiyo,
dentré al monte pitanguiando, p'apagar la sé del viaje
y dar tiempo a mi lobuno de tomarse un resueyito.

Y te vide, y en mi sangre
corcovió desatinada la potrada del istinto;
y mis ojos se pegaron como brasas a tus pechos
que s'hinchaban provocantes entre'l cepo del corpiño...

Vos tamién, ¿pa qué negarlo?, vos tamién ardiste yama;
como víbora el deseo s'enroscó en tu cuerpo lindo,
y jué asina que mesclamos, redepente, sin hablarnos,
el enjambre baruyento de tus besos y los míos...

Nos quisimos sin tabujos ni metiras, cara al cielo,
baj'un sol que achicharraba la barbasa'e los blanquiyos,
y tuvimos pa querernos la inocencia de los pájaros
qu'endulsaron las caricias con la música'e sus trinos.

¿Por qué entonce'vos yorastes al salir d'entre mis brasos,
reprochándome'el haberte deshonrao y envilecido,
y me juís dende aquel día con el miedo con que juyen
las cachilas, cuando avistan un halcón ronciando el nido?

Separación


Tenés razón, chirusa, yo compriendo
que no podés seguir viviendo asina.
Andá nomás ande otro amor más moso
te oferta el camuatí de sus caricias.

Aquí, a mi lao, la yama de tus ojos
s'está gastando al ñudo, entristecida,
y apretao en el nido de tu boca
se va'entumir el pájaro'e la risa.

No hacemos güena junta, no podemos
seguir cinchando en vaca de la vida.
Los casales precisan ser parejos
pa que dure'l amor cuando se anidan.

Y el que formamos vos y yo es distinto.
Yo soy afeto a la melancolía,
amigo d'emponcharme'n el silencio
pa rondar amarguras escondidas...

Y vos, china, sos tuito lo contrario:
pa vos la vida es novedosa y linda;
tenés por corasón una calandria
que sólo sabe'l canto'e l'alegría.

¡Son tan desencontradas nuestras almas!...
La tuya es flor: precisa sol y avispas;
la mía es bicho'e lus: de día se apaga;
sólo de noche priende su estreyita.

Jué chambón el destino al apariarnos
pa tranquiar en coyera por la vida.
No bastaba mi amor cansao y viejo
pa tu ilusión ricién amanecida.

¿A qué porfiar? Conviene más abrirnos.
Mi cerrasón es triste y aburrida,
y con el riego escaso'e mi ternura
se va'murchar tu mocedá florida.

Andá nomás ande otro amor te yama.
No hacen liga tu sol y mi niblina.
Dejá este rancho ande hasta la guitarra
se ha contagiao de mi melancolía...

Andá sin miedo y sin remordimiento.
Yo no viá'certe ni un reproche, china.
Si ninguno'e los dos tiene la culpa,
¿pa qué agriar de rencor la despedida?

Hembra


Pa dentrarme'en el alma juiste artera y mañosa.
M'engrampastes a juersa de tarimba y carpeta.
Con dispacio y baquía, como quien cincha'l monte,
preparaste la trampa pa embretar mi soncera.

A ocasiones mansita como yegua'e piquete
y a ocasiones lo mesmo que un venao de matrera;
di a ratitos tristona, redetida en suspiros,
y otras güeltas beyaca, negadora y perversa;

rebenquiando ese cuerpo cimbrador com'un'unco
-and'hicieron tuitas mis miradas querencia-,
y enyenando'e promesas esos ojos dañinos
que almarean más juerte que la mesma giñebra,

pecho adentro, di a poco, te me juiste ganando,
sin temor de qu'el güeso se pudiera dar güelta,
pues jugándola en vaca con mandinga, ¡dejuro!,
cualquier cancha te sirve y ande quiera echás güena.

Pa la trensa del laso que pialó mi cariño
desbarbaste los tientos con prolija destresa.
¡Baquianasa la china! ¡Ni campiando a candiles
s'encuentra otra que sirva pa empardarte siquiera!

Yo, asonsao por tus tretas, no patié la celada;
m'enredé'n tus mentiras de mujer cabortera;
y en mi rancho de adobe, munchas noches escuras,
p'alumbrarme p'adentro tu ricuerdo ju'estreya.

Te desiaba y te véia po'ande quiera que juese;
cuanti más vos me juías yo te creiba más cerca;
bien a láito'e mi catre, cuando el sueño lerdiaba,
'taban siempre tus ojos aguaitando mi pena...

Y a la larg'aflojastes. Y te truje a mi rancho
carculando que traiba lo mejor de la tierra.
Y tu boca jué chica pa potrero'e los besos
que salían en tropiyas de mi boca sedienta.

Pero vos pastoriabas la ocasión pa burlarte,
pa encajarme las patas como mula mañera.
¡Pucha, ustedes las hembras son pal hombre más piores
que manada de chanchos cuando dentra'la güerta!

Ya cumpliste tu gusto. ¡Podés dirte, canejo!
¡Por respeto al cuchiyo no te tuso a lo yegua!
¡Rejuntá tus percales y marcháte'n seguida
d'este rancho, que al ñudo quiso ser tu querencia!

¿Qu'esperás? ¿Cres de juro que no aguanto la marca?
¡Si mujer de tu laya po'ande quiera s'encuentra!
¡Podés dirte tranquila; tengo juersa'entuavía
y me sobran rodajas pa domar una'usencia!

¿Y aura? ¡Güe! ¿Tas yorando? ¡No faltaba más qu'eso!
¿Arricién te das cuenta que no sirve ser puerca?
Te metés'hacer barro pa dispués remorderte
y amolar con tus yantos. ¡No negás que sos hembra!

Vichando


Cerca'e mi rancho'e palo a pique crusa
la culebra pardusca de un camino
que trepa gambetiando a la cuchiya
y se pierde dispués de un bajío.

De a ratos, dibrusao en la tranquera,
yo me pongo a vichar a los que pasan;
a los que cren'tuavía en las promesas
y se dejan cinchar por las distancias.

Sé cuála es l'ansia que a cadáuno d'eyos
le sirve de rodaja;
conosco la ilusión que los curtea
y lo fayuto'e tuitas esas cuartas.

Y sé que al repechar uno'e los tantos
cuest'arribas que tiene la esistencia,
se han de sentir cansaos de andar sonciando
y, arrepentidos, han de dar la güelta.

Yo no compriendo por qué pucha el hombre
carcula siempre hayar la dicha lejos,
siendo que, si es qu'esiste, la yevamos
en lo projundo de nosotros mesmos.

Lo pior es que ricién nos damos cuenta
al dir yegando a viejos.
Cuando la vida nos ha güelto tristes
aprendemos ricién a ver p'adentro...

Yo tamién, cuando moso, rodé muncho;
me aburrí de oriyar los horisontes;
y juí dejando, en pagos siempre iguales,
las osamentas de mis ilusiones.

A juersa de porrasos juí aprendiendo
a querer el silencio y la tristesa,
y a encontrar las dulsuras escondidas
entre l'amarga cáscara'e las penas...

Aura tuitos mis días son de un pelo:
nada me tráin y no me yevan nada;
y voy escureciendo dispacito
sin sentir el tirón de las distancias.

Por eso, cuando vicho pal camino,
me da lástima ver esos cristianos
que pasan con tropiyas d'esperansas
y han de volver arriando desengaños.

Romance para el velorio de Juan Sin Tierra


Ningún velorio tan triste
como el velorio de un viejo
velado en noche de Junio
sin mate amargo ni fuego...

Se hacen de plomo las horas,
se vuelve duro el silencio,
y arando apenas se mella
la llave del pensamiento...

¡Cómo se alarga la noche
cuando hay que velar un muerto
en rancho de palo a pique,
sin mate amargo ni fuego!

miércoles, 21 de octubre de 2009

Matrero


Resueyo del monte cuajao en coraje.
Altivo aletaso de la libertá.
Cerno endurecido de macheses gauchas
que sólo la muerte consiguió ablandar.

Corasón caliente de los campos potros
latiendo en la entraña de la soledá.
Tutano'e los cerros filosos y ariscos.
Colmiyo'e la sierra.Facón del pajal.

Tropero de sombras, domador de rumbos,
patrón de horisontes baquiano y audás,
tu vida jué un libre volido de toldo
surciendo distancias, sin nunc'anidar.

Tuviste por cama los pastos del monte.
Por techo, el ramaje del coroniyal.
Jué arruyo'e tus sueños el canto'e los ríos
y el silbo'e los vientos entre'l flechiyal.

Dos gauchos con alas rondaron tus noches:
el tero alarife y el libre chajá.
Y en los recovecos de tus madrigueras
sus trampas d'espinas armó el ñapindá.

Y cuando crusaste, tajiando la noche,
s'hinchó el campo'e lomas pa verte pasar;
chistó la lechusa, cayaron los tigres,
y los cimarrones dejaron de auyar.

Pa vos lució el alba sus pilchas rosadas;
pa vos abrió flores punsó el sucará;
por vos munchas noches la luna, mimosa,
en l'anca'e tu flete se vino a sentar.

Y juiste la estampa más gaucha y airosa
qu'en sueños las chinas miraron pasar,
prendido a los flecos del poncho el misterio¡
y al cinto el rumbero de la libertá!

miércoles, 19 de agosto de 2009

Oración


Tata Dios: yo no dudo que seas juerte;
que gobernés vos solo tierra y cielo;
que a tu mandao se apague'l rejucio
y se amanse'l más potro de los vientos.

No dudo que haigas hecho esas estreyas
que sirven de candiles a los sueños,
y p'aliviar el luto de la noche
priendas la luna en su reboso negro

No dudo que seas vos el que le puso
al colmiyo'e la víbora el veneno;
el que afiló las uñas de los tigres
y le dió juersa'l pico de los cuervos...

Pero dudo'e tu amor y tu justicia,
puta si juera verdá que sos tan güeno
no te habrias yevao aqueya vida
qu'era pa mi más grande que tu cielo.

Vos sabés, Tata Dios, cómo la quise.
Eya ju'el sol que amaneció en mi pecho.
Por eya tuvo primavera mi alma
y echaron alas mis mejores sueños.

Eya era linda como las mañanas
cuando dispiertan yenas de boyeros:
alegre como el ruido'e las colmenas;
graciosa como el'unco'e los esteros.

¡Y era tan güena, Tata Dios!... ¡Tan güena!...
Nunca un rencor se cubijó en su pecho.
Pa tuitos tuvo un corasón sin trancas,
rebosao de ternuras y de afetos.

Y creyó siempre'n vos. Tuitas las noches
s´endulsaba en su boca el Padre Nuestro,
mientras su almita'e pájaro aletiab'a
ofertándose entera en cada reso.

¡Y tuviste coraje pa matarla!
¡No pensaste que yo tamién jui güeno,
que no meresco este dolor que sangra
la herida siempre viva'e su ricuerdo!

¿Cómo no viá dudar de tu justicia?
¿Cómo viá crér que tengas sentimiento,
si vos, provalecido de tu juersa,
nos quitás siempre lo que más queremos?

¿Pa qué nos diste corazón, entonce'?
¿Pa qué nos esigis que siamos güenos,
ni nos encariñás con esté mundo
y en él ponés nomás que sufrimientos?

¿Crés que consuela tu promesa'e gloria?
Si aquí ande hemos nacido, ande queremos,
nos negás el derecho'e ser dichosos,
¡no sé pa qué nos va'servir tu cielo!

Ejemplo


Venga p'acá, m'hija. No me tenga miedo.
Venga que su tata no va'castigarla
ni va'echarle'n cara tampoco lo qu'hiso,
porque sabe cierto que no jué por mala.
Ya basta de yantos. Miremé de frente.
No tenga vergüensa de amostrar la cara,
que no es un delito darse por cariño,
y sentirse madre no es nunca una falta.
Venga y déame un beso. Su tata compriende
que usté ha cáido, m'hija, lo mesmo que tantas
que siendo inocentes, y humildes, y güenas,
s´entriegan enteras, en cuerpo y en alma.
Moso él, usté mosa, los das juertes, sanos,
yenitos de vida ricién aclarada,
no vido él querencia mejor que sus brasos
ni usté sol más lindo qu'el de sus miradas.
Campiando ese cielo que tuitos campiamos
-yevando'e baquianas a las esperansas-,
creyeron hayarlo juntando sus bocas,
y prendieron besos pa que s'estreyara.
Vino la dentrada de la primavera;
lucieron los cardos sus flores moradas;
bordonió el sumbido de los mangangases
y hubo contrapuntos de roncas chicharras.
Nació en los yuyales un aroma nueva
qu´el viento, travieso, mojó en las cañadas;
rosaos macachines garugó l'aurora
y en los espiniyos colgó el sol sus brasas.
Se oyó en las cuchiyas relinchar los potros
qu´iban retosando tras de la yeguada;
y olfatiando el aire, y escarbando el suelo,
con ansia salvaje baló la torada.
Se vido a los pájaros andar en parejas,
juntitos los picos, abiertas las alas,
amostrando a tuitos su amor baruyento,
madurao a cielo, sol desnudo y alba...
Y ustedes sintieron juego en las alterias;
cada beso, entonce', jué com'una brasa;
les hirvió po'adentro la juersa'el instinto,
y ansina cumplieron la ley más sagrada.
¡No yore, canejo! ¡Si Tata Dios hiso
al macho y la hembra pa que se ajuntaran,
y el cristiano, mesmo que cualquiera bicho,
debe hacer las cosas que Tata Dios manda!
No l'importe, m´hija, qu'el pago mermure
y ensucén su nombre los que la crén mala.
¡Pior que usté son esas que matan sus crias
pa poder ansina seguir siendo honradas!
Cuando nasca su hijo, ¡que lo sepan tuitos!:
mamará en sus pechos, dormirá en su falda:
será su cachorro, nomás, ande quiera,
pues ser madre, m'hija. ¡no es nunca una falta!

Pulpería



Juiste igual qu'esas hembras querendonas y güenas
que ni al pior de los machos le mesquinan su amor,
y que crusan la vida redamando ternuras,
y aliviando dolores, y sembrando ilusión.

Tu palenque jué un braso levantao en la loma,
un yamao aparcero convidando a dentrar;
y con caña y guitarra, con baraja y con taba,
te sobraron siñuelos pal gauchaje bagual.

Y t'hiciste querencia de las vidas sin rumbo;
farolito en la noche de los pechos sin fe;
manantial pa lavarle las heridas al triste
y al sediento de olvido remediarle su sé.

Reyenaste las brocas que cavara l'ausencia;
ensiyaste memorias pa volver al ayer;
y mochaste'l abrojo de las almas machorras
que no jueron capaces de parir un querer...

Los domingos, tu reja floreció de truquiadas;
espinao de rodajas, tu silencio juyó;
y entre música'e copas y latir de vigüelas,
desnudó el pago bravo su cerrao corasón.

Y en la noche curiosa que oriyaba tu fiesta
los facones pusieron una marca de lus;
rabonó las distancias un galope matrero,
y pa un muerto dio el cielo cuatro estreyas en crus...

lunes, 1 de junio de 2009

Vengansa


No tantiés el cuchiyo. Yo no vengo a peliarte.
Tan muy flojas mis tabas pa esos bailes, caracho.
Una tunda'e palabras via encajarte'n el alma,
d'esas tandas que duelen muncho más que los tajos.
¿Carculaste dejuro qu'este viejo tembleque,
cegatón y cacunda, despulpao por los años,
basuriao po'el corcovo de l'achura yorona
no tendría ni juersas pa salir de su rancho?
¿O te créiste que pudo la garuga del tiempo
sancocharme'n el pecho lo que tengo'e cristiano,
y qu'el único afeto qu'enyenaba mi vida
ya pa mi no valía lo que un pucho'e cigarro?
¡Enquivoco machaso! La osamenta caduca,
pero l'alma más duele cuanti más lo sobamos;
y el dolor de los viejos, mesmo qu'el coroniya,
es más duro y más juerte cuando tiene más años.
No temblés d'ese modo ni me mirés ansina.
Escuháme sin ñervos. ¿No decís que sos macho?
El temblor y los sustos pa las hembras se han hecho.
¿Cuándo has visto al pampero julepiar un lapacho?
Escucháme sin ñervos. No agachés la cabesa.
¡Si no vengo a pedirte que golvás a mi rancho!
¡Si la pobre de m'hija ya de vos no precisa!
¡Hace un mes que la pena la yevó al camposanto!
Dende aqueya mañana que me dijo tuitito
y entuavía, po'el perverso, resó al cielo un rosario,
se jué diendo lo mesmo que una vela'e sebo,
y en la tierra, pa siempre, aura'stá descansando.
Y era juerte y sanita. ¡Si parece mentira!
Y era güena y alegre. Se alumbraba mi rancho
con la lus que manaba de sus ojos grandotes,
que más bien paresían estreyones machasos.
Y era linda su boca, siempre yenita'e risa,
y su mano era cumba pa cebarme'l amargo.
Me parece sentirla prosiar con sus calandrias,
y regar sus malvones y jugar con el gato.
Dende que la he perdido m'he quedao tan solito...
Siento ya com'un frío que me yela el tutano.
Agatas tengo juersas pa dir al cementerio
y resar por su almita, pa que no ande penando.
¡Y juiste vos, mal gaucho, que mataste a m'hija!
¡Lo mesmito qu'el tordo te colaste a mi rancho,
y dispués d'engañarla, sin respeto a mis canas,
juiste a contar tu hazaña por los ranchos del pago!
Yo aura vengo a desirte que pensés lo que has hecho.
Cuando el campo'e la vida se t'enyene de años,
Dios ha'e darte una hija como a mí, linda y güena,
que redame a puñaos l'alegría en tu rancho.
¡Y ha'e yegar otro tordo desmadrao y sin alma
a robart'ese afeto y a dejarte penando!
¡Y has de saber entonce'como es el sufrimiento
que me aruña en el pecho mientras t'estoy hablando!
No tantiés el cuchillo. Yo no vengo a peliarte.
¡Si no tengo ni juersas pa pegar un mangaso!
Solo vengo a desirte, pa que un día te acuerdes,
¡que hace un mes que la pena la yevó al composanto!

jueves, 30 de abril de 2009

Lechusa


Sos un bicho infelis. Naides te quiere.
De tuitos laos vivís escurrasada.
Y hasta los mesmos pájaros te juyen
porque tienen a menos tu compaña.

Cierto que con tus ojos amariyos
-que aujerean la noche más toldada-,
con tus patas cuartiadas y macetas
y tu pico dao güelta, sos fierasa.

Cierto qu'en lo sanguanga y desabrida
ni el Juan Grande t'iguala,
y que tu canto es un chiyido sonso
que ni a un gurí de teta li hace gracia.

Pero eso no es pecao. Hay otros pájaros,
que son fieros tamién y que no cantan;
y algunos, como el tordo,
que de haraganes ni pichones sacan.

Y solamente a vos te tienen tirria.
Hasta se ha dao en crér que tráis disgracia,
y que andás en negocios con mandinga
y le chistás de noche cuando pasa.

Y no falta quien diga
que a la muerte tamién solés cuartiarla,
y que hay velorio en fija
cuando gritás tres veces enrabadas.

Vos, como si supieras que te odean,
vivís lo más del día acuquinada
en la puerta'e tu cueva, o en un poste,
bombiando con recelo a los que pasan.

Sólo de noche te sentís a gusto,
porque la noche no se fija en fachas,
y a tuitos, pa que no se haiga diferencia,
en el luto'e su poncho los iguala.

¡Qué destino amolao! ¡sin un delito,
y a matreriarle al chumbo condenada!
¡Sólo porque Dios t'hiso fiera y triste,
y te negó la cencia'e las calandrias!

Hay hombres como vos. Naides los quiere.
Son como oveja negra en la majada.
Y más pobres que vos, más infelices,
porque pa juirle al mal, ¡carecen de alas!

lunes, 14 de julio de 2008

El orejano.


Yo se que en el pago me tienen idea
porque a los que mandan no les cabresteo,
porque dispreciando las huellas ajenas
se abrirme camino pa' dir donde quiera.

Porque no me han visto lamber la coyunta
ni andar hociqueando pa' hacerme de un peso
y saben de sobra que soy duro e' boca
y no me asujeta ni un freno mulero.

Porque cuando tengo que cantar verdades
las canto derecho nomás, a lo macho,
aunque esas verdades amuestren bicheras
donde naides creiba que hubiera gusanos.

Porque el copetudo de riñón cubierto
pa' quien no usa leyes ningún comesario
lo trato lo mesmo que al que solo tiene
chiripá d' bolsa pa' taparse el rabo.

Porque no me enyenan con cuatro mentiras
los maracanaces que vienen del pueblo
a elogiar divisas ya desmerecidas
y hacernos promesas que nunca cumplieron.

Porque cuando truje mi china pal' rancho
me he olvidao que hay jueces pa' hacer casamiento,
y que nada vale la mujer mas guena
si su hombre por ella no ha pagao derechos.

Porque a mis gurises los he criado infieles
aunque el cura chille que iran al infierno,
pues de nada valen los que solo saben
estar todo el dia pirinchando el cielo.

Porque aunque no tengo donde caerme muerto
soy mas rico que esos que ensanchan sus campos
pagando en sancocho de tumbas resecas
al pobre peon que deja los bofes cinchando

Por eso en el pago me tienen idea,
porque entre los ceibos estorba un quebracho,
porque a tuitos eyos le han puesto la marca
y tienen envidia al verme orejano.

Y a mi que me importa, soy chucaro y libre!
no sigo a caudillos ni en leyes me atraco
y voy por los rumbos clareaos de mi antojo
y a naides preciso pa' hacerme baqueano.