jueves, 3 de febrero de 2011

En silencio



A mi gran amigo poeta
Abel Mónico Saravia, Salta
...........................................
En una noche triste, nació este canto
triste como la noche de mis recuerdos
donde el pájaro azul, de mi destino
desplegaba sus alas en silencio.

Era una noche más, de esas que el hombre
admite, porque viene con el tiempo
y adherido a la causa de las penas
la deja palpitar, igual que un sueño.

Tenía por compañía la esperanza,
la noche que nacieron estos versos
y pialando distancias con la idea
mi paternal hogar, pialé en secreto.

Seguramente el único, siempre.
Poniéndole un marco a mis desvelos,
el que golpea en el pecho de mi hombre
y me sirve de guía y de consuelo.

El que no olvidaré, mientras me quede
una señal de amor y de respeto;
el que no apartaré, por más que el mundo
invoque en mi afán, dulces deseos.

La noche que nacieron estos versos
despedía en silencio a el año viejo
y envuelto en la imagen de mis padres
recibía llorando el Año Nuevo.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Canción de amor calchaquí


Añurita ella
la de mi querer;
ni la flor del aire
es como ella es.

Tiene un nombre dulce
como agua de lluvia:
Amancay se llama.
Le dicen la Ñusta.

Es fresca como una
tinaja de barro.
Y humilde, lo mismo,
que una cruz de palo.

Achalay, ¡los ojos!
Achalay, ¡la boca!
Achalay, ¡el pelo
de mi novia coya!

Cuando sea su día,
tocando mi cuerno,
con mis seis llamitas
bajaré del cerro.

Cargaditas todas
con doce petacas
de albahaca y espliego
de cobre y de plata.

De flores del aire
y de lechiguana.
De queso y quesillo,
de arrope y añapa.

Y amás, el regalo
de mi tamboril;
de mi quena india...
De mi yaraví...

Y a todas las gentes
que salgan a verme,
les irá diciendo
cómo es que me quiere.

Cómo es que la quiero;
cómo nos quisimos;
que pronto andaremos
buscando padrinos,

y una casa blanca
cerquita del río,
cerquita del cerro
y lejos del ruido.

Para que la miren
estos ojos fieles;
para que la toquen
estas manos fuertes,

y para que lata
con su corazón
este pecho mío
con sangre del sol.

Añurita ella
la de mi querer.
¡Ni la flor del aire
es como ella es!

La despedida

(Dedico este verso al gran recitador y compositor de versos don Osvaldo Urbina quien me recibiera en su casa de Azul: sencilla, cordial y camperamente. Dudo que ande a la rastra, como dice el verso, pero en lo demás es de coincidir bastante. Un abrazo del gauchoguacho).
Voy a cumplir ochenta años,
pelo blanco y barba blanca,
con media luz en los ojos
y medio cuerpo a la rastra.
Estoy dentrando en la noche:
soy un fogón que se apaga,
no tengo deudas con naides
ni naide me debe nada.
Puedo decir lo que siento
sin miedo ni disconfianza:
al que habla como del cielo,
Dios lo ilumina cuando habla.

Setenta años de trabajo,
ochenta de vida honrada,
rico en hijos y parientes,
sin otra riqueza en plata
que la que tengo en el nombre
y en el color de mis canas,
digo que es linda la vida,
hasta dend'esta distancia,
cuando se ha pasau por ella
con la frente limpia y alta.

No es que pretenda ofertarles
tuito el saber, m'inorancia;
jué poco, pero hoy me suebra
y'alguno ha de hacerle falta.

Naide trate de vestirse
con pilchas que han sido usadas,
más luce una ropa pobre
que una lujosa empriestada.
El honor, como las pilchas,
son animales con marca
y el pelaje los denuncia
o basta mirarle el anca...

Por dar, ninguno se junde:
cuando la mano se alarga
da granos que cáin a un surco
y en espigas se levantan.
Saben decir, los mezquinos
que el que más niega, más guarda.
¡y he visto tantas miseras,
por negar pan y palabra!

Nuestra libertá debemos
en los demás rispetarla
que si un derecho nos suelta,
el d'el otro nos ataja.

No hay alegría más grande
que ver renacer lozana,
la propia vida, en los hijos,
en el trabajo, a la patria.
Patria y familia es lo mesmo;
las dos han de ser sagradas;
cualquier sacrificio es poco
si una d'ellas lo reclama:
no nacimos pa pedirles
si no pal deber de criarlas:
el hombre, para defenderlas
y la mujer, p'agrandarlas!

¡Disgraciau del hombre sólo!
¡Más disgraciau el sin patria !
¡El que no tiene esas priendas
no tiene concencia ni alma!
Y ansí como aquello es dulce,
ansina ha de ser de amarga
la riflesión del que llega,
pelo blanco y barba blanca,
a estos lindes de la vida,
lleno el bolsillo ´e plata,
lleno el corazón de sombras
y el nombre lleno de manchas:
los delitos por ajuera
y por adentro los fantasmas!

Quien de viejo se atribula
porque la muerte lo aguarda,
seguro que cuando mozo
sólo ha sido yerba mala.
La muerte no es un castigo;
otro empieza ande uno acaba:
el malo al morir, padece,
el justo al morir, descansa.

Le estoy hablando a mi pueblo;
le estoy hablando a mi raza;
a los que semilla fueron
de las flores de mis ramas.
Quien lleva mi sangre, lleva
el deber de mejorarla,
que pa eso el retoño nuevo
trái jugo de muchas plantas.

Juí vertiente y me hice río
y d´esa corriente clara
se han abierto, como gajos,
de un'árbol de espuma y agua,
los arroyos que humedecen
disiertos, valles y pampas.

¡Naide enturbie mi agua limpia!
¡Naide agite mi agua mansa!
Calmen su sé los que quieran;
rieguen las tierras labradas,
desparrámenla en el suelo
refrescando flores y almas,
que a tuitos nos dió la vida
un manatial de esperanzas,
pa que en sus aguas se mire
la grandeza de la patria!

De vista baja

(Dibujo: Solari)
Cuando andaba más libre
de sufrimientos
por distráirme en zonceras
voy... y trompiezo.

Uno cré que se olvida
porque hace tiempo
que no sale pa'l campo
de los ricuerdos.

Uno cré, y redepente,
allá, ande menos
s'esperaba el dijunto
lo hablan de adentro...

No hay manera de dirse
de lo que semos;
se abren solas las cuevas
del pensamiento!
...........................
Hoy pasaron puel rancho
cinco troperos;
al andar parecían
sombras del tiempo.

Se arrimaron dispacio
como con miedo
y nos dimos la mano
sin conocernos.

Sin conocernos dije
pero no es cierto:
algo mío llevaban
mezclao con ellos.

Taloniando un petizo
bichoco y tuerto
diba el más gurisito
sobre el pescuezo.

Más atrás un muchacho
medio rillendo
jinetiaba un escuro
montao en pelo.

La guitarra a la espalda
blanco el pañuelo
lo seguía un mocito
de bozo negro.

Al costao un paisano
juerte y sereno
se afirmaba en el cabo
de su talero.

Y cerrando la marcha
doblao, al peso
de quién sabe qué penas,
tranquiaba un viejo.

No pidieron tabaco
ni agua ni techo;
caminaban sin ruido
ni movimientos.

Nos miramos un rato
y en el silencio
yo sentía que hablaba
con cinco acentos!

Por la orilla del monte
callaos, siguieron
y se jueron en sombras
como vinieron!

Abrumao por los años
y el pensamiento
me desangro en prieguntas
que no contesto.

¿P'ande irán sin palabras
los cinco arrieros?
¿Qué dolor me llevaron,
cual me trujeron?

En mis cinco sentidos
ya no hay sosiego,
y ando solo y tropiando
cinco momentos!

Guacho

(Foto: Javier Vidal)-"Matala Guacho! Si serás pavote!
Agarrá ese barrote de la reja
y sacudile un golpe en el cogote!
Se te va puel rincón la comadreja!
¿Qué esperás, abombao, con el garrote?
¿Tenés miedo a una cosa inofensiva?
¡Soltalo entonce, y que la mate el perro!
¿Te has empeñao en que se juya viva?
Tapá el portillo y alcanzame el fierro.
¡Dámelo de una vez, sangre cuajada!
¿No entendés guacho e porra, lo que te hablo?
Te lo v'a repetir la cachetada
si se llega a escapar, muchacho'el diablo..."

Y la presa se fué... Los bofetones
los despiadados puntapies, y el grito,
desparramaron chispas y tizones
al caer en las brasas el peoncito.
Llegó luego más gente a la cocina;
sangre, ceniza, y pelos chamuscados
era el chiquillo en el fogón.

-"Ansina,
le han de hacer a los d'él".
Graves, callados
oyen los peones, mientras anda y sirve,
protestar, a la china cocinera.
Veo este abuso y el coraje m'hirve.
Si quieren mate, pongan la caldera.
Hay que tener el corazón de tabla.
¿Patrón? ¡Ta lindo! Vaya una manera
de tratar a lo esclavo, a un hijo ajeno...
¡Pobre fináita!... Resucita Pabla
y se güelve a morir con el veneno.
Por si es poco el asao, en la enramada
les dejo un costillar. Al fin y al cabo
si me retan, me voy... Estoy hastiada
del patrón, de la Estancia y del conchavo.
Güenas noches criatura, y resinate;
unos nacen pa flor, y otros pa trapo.
Si llegás hasta mozo, ricordate;
invitame al desquite d'ese día
pa ver qué agallas le han quedao al guapo
que hoy comete con vos esta herejía.

Torna el silencio, todos, sumergidos
en tinieblas de tristes conjeturas:
corre el amargo, sorbos contenidos
consumen agua, pucho y cebaduras,
que corta el niño en tímidos gemidos.
Uno a uno después, buscan la cama,
quedan, el perro, un viejo y el chiquillo.
-"Nu hay pior disgracia que perder la mama..."
dice el anciano, liando un cigarrillo.
"Cada vez, semos piores..."
Carraspea,
enciende en un tizón, arroja el leño
y mira el pie desnudo en que gotea
el llanto silencioso del pequeño.

La pena que le escarba
le impide hallar la frase de consuelo
que en vano busca en la enredada barba,
en el techo, en el humo, y en el suelo.

De pronto, brota la expresión violenta:
-"Qué patrón desalmao... No tiene entraña...
Cuando el Malo le carpa la osamenta
v'a mellarse en un palo la guadaña.
No llore amigo qu'el varón almite
lo que dijo ricién la cocinera:
nu hay postura perdida si hay desquite,
y ya han depositao esta carrera.
Haré imposibles pa que Dios me nombre
juez de sentencia, cuando llegue el caso.
Con qué voz vi'a fallar: ¡Ganó el más hombre!
y en seguida la firma, un rebencazo.
Ahura, soporte, pueda ser que afloje,
precure obedecer; es mi consejo:
nu hay que darle ucasión pa que se enoje".
-"No vi'a poder obedecerle, viejo..."
-"¿Cómo es eso? ¿Qué dice? ¿Que no puede?
Dejesé de moquiar y conversemos.
¿Entonce se hace castigar adrede?
Aclare amigo, a ver si compriendemos.
¿Por qué jué la cuistión? Sigún oyimos
dentró una comadreja..."
-"No, mentira, "
-"¿Cómo v'a ser mentira si la vimos
cuando juyó pal matorral de achira?"
-"No dentró... yo la truje a la cocina".
-"¡¿Usté?!"
-"Yo mesmo".
-"Pero, ¿a qué caracho
se trujo a ladroniar esa dañina?"
-"¿Ha olvidao qu'el patrón me llama... guacho?"
-"¿Y qué tiene que ver?"
-"P'algunos... nada".
-"¡Ni pa naide que tenga güen sentido!
¿Ande demontre la encontró?"
-"En l'aguada:
nos vemos siempre, y le vigilo el nido".
-"Pero, ¿sabe mocito, que no entiendo?
Eso, es pura zoncera, o el capricho
de andarse molestando y esponiendo
a que le peguen por cuidar un bicho".
-"Tiene sáis hijos, viejo, y tempranito
alzo comida, y voy a visitarla;
sale a esperarme, pobre animalito,
y empiezo, mientras come a'cariciarla.
Tuita la cría, se le añuda encima
chillan, caminan, l'ahugan con la cola
y denguno se cái ni se lastima
y carga, con los sáis, la madre sola...!
Hoy, desgrané en l'achira los pichones
y la truje, a la juerza, y escondida;
pensaba que quedrían los patrones
conocer a una madre tan sufrida.
Ya sabe el risultao... Me hundió la bota
me ha bajao con el taco media oreja,
tengo la boca achicharrada y rota,
pero pude salvar la comadreja.
De aquí un rato, me corro a la laguna
a ver si ya llegó, mi compañera.
¡Son sáis que van como a caballo de una...!
y ella no halla un cristiano que la quiera.
Ansí vide sufrir a una persona;
sola, solita, p'atender su cría,
jué pastelera, lavandera, piona...
¿Y quién era esa madre?
¿Quién?...

La mía".

martes, 1 de febrero de 2011

Me hi machao


Y... sí, siñor... m'hi machao
con aguardiente y aloja...
Habiendo vida y salud,
lo de más nada importa.

Y sí siñor... ya me ve,
trompezando en lo parejo
y peliando a topetazos
con la sombra y con el viento.

Y sí, siñor: m'hi machao,
pero hi chupao con mi plata;
el tintillo qu'hi bebío
me ha brotao de las espaldas.

M'hi hecho viejo, trabajando
en este suelo qu'es mío,
destroncao por estas manos
y chivatiao por mis hijos...

M'hi hecho viejo en el rastrojo
que me acaban de quitar...
Diz que no tenía derechos...
¿Y el trabajo?... ¿Qué será?...

Diz que no tenía derechos
ni leyes que me amparasen...
No hay más derecho pal pobre,
qu'el trabajar y macharse...

Mis changos ya han hecho nido
y ni sé p'ande andarán.
y yo, m'encuentro muy viejo
pa volver a comenzar...

Me vua tirar en mis surcos,
que ya han dejao de ser míos,
a esperar que venga el tiempo
y que los borre conmigo.

La canción de los surcos


Doblao en los surcos
me ha pillao el Sol;
doblao, trabajando
pal chango y pa vos.

Todas las mañanas
al campo me voy
tocando la caja
de mi corazón.

Tum, tum, mañanita
del trabajador;
tum, tum, en la caja
pal chango y pa vos.

El Sol es más güeno,
la vida es mejor
y hasta el Zonda pasa
como una canción.

Me doblo en los surcos
y cada terrón
es un pan que gano
pal chango y pa vos.

Tum, tum en la tierra
con el azadón;
tum, tum, en la caja
de mi corazón.

Echao en los surcos
ya se muere el Sol;
y yo, trabajando
pal chango y pa vos.