jueves, 2 de junio de 2011

Un barato

(Foto: Eduardo Amorim)
Era un potro de mentas, alto y fornido,
al que contramarcaran en esa yerra
y exhalara rebelde cada bufido
que en su contorno hacía temblar la tierra.

Lo acorraló, sin duda, la suerte perra.
Un peón, por divertirse, va hacia el caído,
le afloja las maneas, monta, se aferra
y la lonja levanta sonoro ruido.

El chúcaro se yergue, dispara un trecho,
esconde la cabeza bajo del pecho
y corcovea en forma de remolino;

Pero el criollo que es diestro, no se acobarda
y le grita al gauchaje: ¡Dejenló que arda,
que pegao en el lomo va un argentino!

El ombú

(Pintura: Pablo Uriburu)
Cada comarca en la tierra
Tiene un rasgo prominente:
El Brasil, su sol ardiente;
Minas de plata el Perú,
Montevideo, su cerro;
Buenos Aires, patria hermosa,
Tiene su pampa grandiosa;
La pampa tiene el ombú...

Esa llanura estendida,
Inmenso piélago verde,
Donde la vista se pierde
Sin tener donde posar,
Es la Pampa misteriosa
Todavía para el hombre,
Que a una raza da su nombre
Que nadie pudo domar.

Na tiene grandes raudales
Que fecunden sus entrañas;
Pero lagos y espadañas,
Inundan toda su faz,
Que dan paja para el rancho,
Para el vestido dan pieles,
Agua dan a los corceles
Y guarida a la torcaz.

Su gran manto de esmeralda
Esmalta modestas flores
De aromáticos olores
Y de risueño matiz.
El bibí, los macachines,
El trébol, la margarita
Mezclan su aroma exquisita
Sobre el lucido tapiz.

No tiene bosques frondosos
Ni hermosas aves en ellos;
Pero sí pájaros bellos
Hijos de la soledad,
Que siendo únicos testigos
Del que habita esas regiones,
Adivinan sus pasiones
y acompañan su orfandad.

Así, nuncio de la muerte
Es el cuervo o el carancho,
Sobre el techo el buho está;
Y meciéndose en las nubes
Y el desierto dominando,
Las horas está cantando
el vigilante "yajá".

No hay allí bosques frondosos,
Pero alguna vez asoma
En la cumbre de una loma,
que se alcanza a divisar,
El ombú solemne, aislado,
De gallarda airosa planta,
Que a las nubes se levanta
como faro de aquel mar.

¡El ombú!-Ninguno sabe
En qué tiempo, ni qué mano
En el centro de aquel llano
Su semilla derramó.
Mas su tronco tan nudoso,
Su corteza tan roída,
Bien indican que su vida
Cien inviernos resistió.

Al mirar cómo derrama
Su raíz sobre la tierra,
Y sus dientes allí encierra
Y se afirma con afán,
Parece que alguien le dijo,
Cuando se alzaba altanero:
Ten cuidado del pampero,
Que es tremendo su huracán.

Puesto en medio del desierto
El ombú, como un amigo
Presta a todos el abrigo
De sus ramas con amor.
Hace techo de sus hojas.
Que no filtra el aguacero,
Y a su sombra el sol de enero
Templa el rayo abrasador.

Cual museo de la pampa
Muchas razas él cobija;
La rastrera lagartija
Hace cuevas a su pie,
Todo pájaro hace nido
Del gigante en la cabeza,
Y un enjambre en su corteza
De insectos varios se ve.

Y al teñir la aurora el cielo
De rubí, topacio y oro,
De allí sube a Dios el coro
Que le entona al despertar
Esa pampa, misteriosa
Todavía para el hombre,
Que a una raza da su nombre
Que nadie pudo domar.

Desde esa tumba salvaje,
Que en la llanura se oculta.
Hasta la porción más culta
De la humana sociedad,
Como un linde está la pampa
Sus dominios dividiendo,
Que va el bárbaro cediendo
Palmo a palmo a la ciudad.

Y el rasgo más prominente
De esa tierra donde mora
El salvaje que no adora
Otro dios que el Valichú,
Que en chamal y poncho envuelto
Con los laques en la mano
Va sembrando por el llano
Mudo horror, es el ombú.

¡Cuánta escena vio en silencio!
¡Cuántas voces ha escuchado,
Que en sus hojas ha guardado
Con eterna lealtad!
El estrépito de guerra
A su pie se ha combatido;
Su quietud ha interrumpido
Por amor y libertad.

En su tronco se leen cifras
Grabadas con el cuchillo,
Quizá por algún caudillo,
Que a los indios venció allí;
Por uno de esos valientes,
Dignos de fama y de gloria,
Y que no dejan memoria
Porque nacieron aquí...

A su sombra melancólica
En una noche serena
Amorosa cantilena
Tal vez un gaucho cantó;
Y tan tierna su guitarra
Acompañó sus congojas,
Que el ombú de entre sus hojas
Tomó rocío y lloró.

Sobre su tronco sentado,
El señor de aquella tierra
De su ganado la hierra
Presencia alegre tal vez;
O tomando el matecito
Bajo sus ramos frondosos.
Pone paz a dos esposos,
O en las carreras es juez.

A su pie trazan sus planes
Haciendo círculo al fuego
Los que van a salir luego
A correr el avestruz...
Y quizá para recuerdo
De que allí murió un cristiano
Levantó piadosa mano
Bajo su copa una cruz.

Y si en pos de larga ausencia
Vuelve el gaucho a su partido,
Echa penas al olvido
Cuando alcanza a divisar
El ombú solemne, aislado,
De gallarda, hermosa planta,
Que a las nubes se levanta
Como faro de aquel mar.
......................................
vocabulario:

"Bibí": Planta liliácea.
"Macachín": Planta pequeña, de tres hojuelas, verdadera plaga de los campos cultivados, donde forma grandes manchones; común en la provincia de Buenos Aires y la parte norte del país.
"Yajá": ortografía antigua del "chajá".
"Valichú": (voz de origen Tehuelche). Dios o genio del mal. También dícese Gualichó, Gualichu o Hualicho.
"Chamal": prenda sin mangas, de escote recuadrado, que va desde los hombros a los tobillos, propia de los indios araucanos.
"Laques": (voz de origen pampa). Boleadora de dos bolas, por excepción, tres.

Al Pampero

(Pintura: Oscar Sacchi)
Hijo audaz de la llanura
y guardián de nuestro cielo,
que arrebatas en tu vuelo
cuanto empaña su hermosura:
¡Ven, y enérgico y valiente,
bate el polvo en mi camino,
que hasta soy más argentino
cuando azotas en mi frente!

Pd: dedico este verso al Prof e Ing.Oscar R.S. Sacchi por sugerirlo, chas gracias paisano.

El moro y el alazán

Cierta vez que cabresteando
a la vida, su mandao…
iba en “el moro” montao
por la huella, rezongando
ya que la suerte amagando
no tocaba mi portal…
llegué a la estancia “El Puntal”
del criollo Antenor Maidana
porque andaba con las ganas
de trabajar de mensual.

Vide atrás de un montecito
una larga fila ‘e gente,
y siguiendo la corriente
me aproximé al trotecito.
Don Farías, pegó el grito:
“-¡Llega justo, Don Ramón!
…hay carreras y el patrón
puso feriao en la zona
por el santo ‘e la patrona
y el compromiso del peón.

Bájele al “moro” el recao
y busque pa’ encarrerarse,
pero mire, ha de cuidarse
de aquel “alazán tostao”,
qu’es ligero pa’l mandao,
salidor como saeta,
pelo ni marca respeta
su dueño en el desafío.
¡No olvide el consejo mío
y lárguele al meta y meta!”

Agradeciendo a Farías
por sus claras intenciones,
relojié los mancarrones
y me dije… ¡Esta es la mía!
Aunque plata no tenía
ni ha correr había venido,
si alguno por atrevido
me convida una carrera
le corro el tiro que quiera
pero ¡a caballo perdido!

Y así fue, vino el mocito
con modales de orgulloso,
diciendo… “-¡Pa’l ‘moro’ brioso
tengo aquel alazancito!”
charlamos un momentito
en forma pausada, lenta,
a él, la soberbia lo alienta
y mi propuesta permite…
La carrera es a convite
metros: trecientos cincuenta.

Palmié en el pescuezo al “moro”,
él al pingazo montó,
la gente se amontonó
pa’ ver quien era más toro.
Al largar, medio lo atoro
y pa’ que seguir?, cuñao,
aquí me ve, desahuciao,
sin conchabo de mensual,
¡pero llevo del bozal
un lindo “alazán tostao”!

Tradición gaucha

(Foto: Eduardo Amorim)

Cuando en el primer albor
del sol que al naciente brilla
vide gauchos y tropillas
y aperos que era un primor,
luciendo con esplendor
chambergo, poncho y facón
y honrando la tradición
de nuestro suelo argentino
marchaba por su destino
el inmortal Pabellón.

Parece que reviviera
la estampa de Martín Fierro
al escuchar el cencerro
de las madrinas punteras.
En mi guitarra viajera
prendo un verso al diapasón,
y lo clavo cual mojón
en las llanuras sureñas
pa que quede como enseña
de la gaucha tradición.

Mientras existan fogones,
ranchos, peñas, pulperías,
vivirá la tierra mía
fervor en sus tradiciones;
retumbos de redomones
que trepan por las laderas
creo ver en las fronteras
y conquistarlas de a jemes,
la imagen de Martín Güenes
envuelta en nuestra bandera.

Así atizando esas brasas
mantendremos encendido
y no caerán al olvido
las costumbres de mi raza.
Como el Pampero que pasa
del uno al otro confín
levantemos un fortín
de patriarcal trayectoria
para conservar la gloria
del pueblo de San Martín.

Orgullo de domador

(Foto: Eduardo Amorim)
El gaucho Ariel Peñaflor
de la estancia La Alborada,
en donde existen manadas
de potros que es un primor,
y como es buen domador
famoso en el pago entero
va a entropillar con esmero
y aquerenciar al cencerro
pingos que al decir de Fierro:
"Den la güelta sobre un cuero".

Entre los doce baguales
se hallaba un bayo atigrao
que parecía endiablao
con ribetes colosales.
Dientes y manos fatales,
cuando el paisano lo ensilla
va temblando su golilla,
cuando no se arrastra, vuela,
y a veces con las espuelas
acaricia la gramilla.

Pero la perseverancia
del criollo al fin lo doblega
y despacito se entrega
al crédito de la estancia,
como premio a su constancia
a su entereza y valor,
y al mirarlo escarciador,
vivo, listo y coscojero,
cifra en el pingo tigrero
su orgullo de domador.

Y una mañana divina
que amor patrio clamorea
mientras en lo alto flamea
la magna enseña argentina.
Con cintitas en las clinas
viene acariciando aquel bayo.
Porque Ariel sacó un caballo
sin cosquillas y de rienda
lleva enancada a su prenda
un Veinticinco de Mayo.

miércoles, 1 de junio de 2011

Receta del guiso carrero


La güelta es una esijencia
que a veces mata el esmero,
pero el guiso de carrero
no se ha de hacer con urgencia.
Si usté no tiene pacencia
más vale que ni se ponga.
Es preciso que disponga
de su tiempo necesario,
aunque debe ser contrario
de andar con mucha milonga.

Echelé grasa a la olla
y pongalá sobre el fuego,
medio lento, desde luego
y haga dorar la cebolla.
Pique la carne a la criolla,
media grande piquelá;
ahí no más echeselá;
que se fraiga despación,
y agreguelé el pimentón
de la mejor calidá'.

Muevaló y el fuego aquí
puede ser más vivaracho
y si quiere un guiso macho
le puede agregar ají.
Con laurel yo lo comí,
con orégano también,
más ni con un almacén
le dará mejoramiento,
porque el mejor condimento
es saber hacerlo bien.

Puede agregarle algún diente
de ajo y pimienta si quiere
y pa'que no se apuchere
echelé el agua caliente.
No le eche mucho ingrediente
que lo puede malograr.
De la sal no ha de abusar,
más vale después le agrega;
cuidao, que si se le pega
ya no lo podrá salvar.

Después de echarle la papa
nunca lo cubra del todo
y así debe hacer de modo
que queda a un costao la tapa.
Si este detalle se escapa
podría ser que se le ahumara.
Con ninguna cosa rara
quiera mejorarlo al ñudo.
Saqueló medio caldudo,
pa'comerlo con cuchara.

Que lo haga hervir despacito
es condición que le pongo,
pa'que se haga suavizongo
arrimelé de a un cardito.
De una chata al trotecito
es el ruido que ha de hacer.
No lo vaya a revolver
después de echarle el fideo,
porque en cualquier toqueteo
lo puede echar a perder.

Le saldrá de rechupete
con fideo caracol,
con cinta o con mostachol
o el que llaman espaguete.
Si se le acabó el paquete
y no tiene más que fino...
espere, a más que imagino
que aumentarlo es oportuno
si por ahí se arrima alguno
que viene por el camino.

Si está, peleló en seguida;
medio pa'un costao lo pone
y deje que se sasone
después de una revolvida.
Tendrá una güena comida,
apetitosa y barata.
Sirvaló en forma inmediata
después de darle reposo
y, pa'que sea más sabroso
comaló bajo la chata.