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miércoles, 1 de junio de 2011

Receta del guiso carrero


La güelta es una esijencia
que a veces mata el esmero,
pero el guiso de carrero
no se ha de hacer con urgencia.
Si usté no tiene pacencia
más vale que ni se ponga.
Es preciso que disponga
de su tiempo necesario,
aunque debe ser contrario
de andar con mucha milonga.

Echelé grasa a la olla
y pongalá sobre el fuego,
medio lento, desde luego
y haga dorar la cebolla.
Pique la carne a la criolla,
media grande piquelá;
ahí no más echeselá;
que se fraiga despación,
y agreguelé el pimentón
de la mejor calidá'.

Muevaló y el fuego aquí
puede ser más vivaracho
y si quiere un guiso macho
le puede agregar ají.
Con laurel yo lo comí,
con orégano también,
más ni con un almacén
le dará mejoramiento,
porque el mejor condimento
es saber hacerlo bien.

Puede agregarle algún diente
de ajo y pimienta si quiere
y pa'que no se apuchere
echelé el agua caliente.
No le eche mucho ingrediente
que lo puede malograr.
De la sal no ha de abusar,
más vale después le agrega;
cuidao, que si se le pega
ya no lo podrá salvar.

Después de echarle la papa
nunca lo cubra del todo
y así debe hacer de modo
que queda a un costao la tapa.
Si este detalle se escapa
podría ser que se le ahumara.
Con ninguna cosa rara
quiera mejorarlo al ñudo.
Saqueló medio caldudo,
pa'comerlo con cuchara.

Que lo haga hervir despacito
es condición que le pongo,
pa'que se haga suavizongo
arrimelé de a un cardito.
De una chata al trotecito
es el ruido que ha de hacer.
No lo vaya a revolver
después de echarle el fideo,
porque en cualquier toqueteo
lo puede echar a perder.

Le saldrá de rechupete
con fideo caracol,
con cinta o con mostachol
o el que llaman espaguete.
Si se le acabó el paquete
y no tiene más que fino...
espere, a más que imagino
que aumentarlo es oportuno
si por ahí se arrima alguno
que viene por el camino.

Si está, peleló en seguida;
medio pa'un costao lo pone
y deje que se sasone
después de una revolvida.
Tendrá una güena comida,
apetitosa y barata.
Sirvaló en forma inmediata
después de darle reposo
y, pa'que sea más sabroso
comaló bajo la chata.

jueves, 26 de mayo de 2011

Cortando campo


Pa'l lao del pueblo salía
una mañana temprano,
cuando don Braulio, un paisano
que allá en mi pago vivía,
del lao contrario venía
y al vernos nos relinchamos
me preguntó: "y pande va?"
"voy pa'l lao de la ciudá,
-le dije-, gusta que vamos?.

Me dijo "otra vez será,
pero y ¿por dónde se larga?
¿No sabe que se le alarga
el viaje al dir por acá?".
Si usté por la calle va,
de tan mal que la han trazao
pa'cuando llegue al poblao
habrá cansao varios pingos.
Todo culpa de los gringos
que la pampa han alambrao.

Larguesé por el bajo hondo
hasta dar con un camino
que ha de llevarlo a un molino
que tiene un tanque redondo.
Después de áhi siga hasta el fondo,
ande hay un palo quebrao,
si su pingo está enseñao
como el alambre está bajo,
no le dará gran trabajo
pasarlo pa'l otro lao.

Y entonces enseguidita
de pasar el alambrao,
en cuanto cruce un bañao
que va a encontrar áhi cerquita,
agarre una callecita
que es camino vecinal
y sígala hasta el final,
aunque antes va a hallar el vado
de un arroyito que a nado
debe cruzar su caudal.

Larguesé nomás pa'l centro
buscandolé algo a la izquierda
y el coraje usté no pierda
una vez que se halle adentro.
Si el agua le da al encuentro
al pingo no se sorprenda,
larguelé nomás la rienda
que nade con libertá.
Sin mayor dificultá
yo lo he cruzao con hacienda.

Después costea la barranca
buscando pa'la derecha
y allá recién la repecha
ande vea una tierra blanca.
Vuelvasé a la calle franca
después que salga del paso
y le diré por si acaso,
pa'que perdido no se halle,
va a ver una bocacalle,
pero usté no le haga caso.

Por el mesmo callejón
derecho nomás le pega
y como ésta es calle ciega
al cruzar un albardón,
va a encontrar un tranquerón
que está como clausurao
y al palo está sujetao
bien juerte con una amarra
y como cuerda'e guitarra
de tirante lo han dejao.

Pase y deje como estaba
el alambre bien tirante
y siga más adelante
ande otro potrero acaba.
La cosa aquí es media brava,
porque este campo es muy ancho,
pero usté haga como el chancho
y siga el rumbo derecho
hasta que por fin el techo
va a alcanzar a ver de un rancho.

Es un puesto de ancho alero
plantao en una hondonada;
usté llega a la pasada
y pa'dir a otro potrero,
pida permiso al puestero
que se llama don Camilo;
con ese sigue tranquilo,
y entra por una tranquera
que viene a ser la primera
de las siete que hay al hilo.

Cierre bien cuando ha pasao
las que va dejando atrás;
a la última es capaz
que la encuentre con candao.
Pero si se halla embolsao
hay cerca un torniquetero
y si usté lleva en su apero
la llave de torniqueta;
lo afloja, el alambre apreta
y pasa su parejero.

Güeno, áhi ya se a encontrar,
llegando al último cuadro,
pisando el campo "El Taladro"
de Gutiérrez Aguilar,
pero usté sin resollar
siga nomás avanzando,
a la derecha dejando
la estancia de un tal Hidalgo
y si alguno le dice algo,
digalé que yo lo mando.

Ya aquí es zona chacarera
y está el lote de un vecino
con cien hetarias de lino
en una chacra lindera,
que como es la primavera
ha de haber mudao el pelo
y al ver tan azul el cielo,
si es que llega a estar en flor,
no piense que a lo mejor
son cien hetarias de cielo.

Y empezando a galopar
por el campo "La Lucrecia",
ya la torre de la iglesia
se comienza a divisar.
Deje a un lao el bulevar
si quiere acortar trayeto,
es mejor pa'dir más reto
que los montes atraviese
y las quintas enderiece
porque eso es lo más direto.

Si el pingo quiere largar
en el potrero'e la fonda,
no dé la güelta redonda
como le van a indicar.
Pa'que se va a molestar
en llegar hasta el martillo,
dentrelo por el portillo,
no ande pegando la güelta...
si tiene una púa suelta
que se abre con cuchillo.

Con estas indicaciones
salí a la bulla'e los teros,
crucé pantanos, esteros,
pajonales y zanjones
y por esos cañadones
se iba el pingo hasta el pichico
y aunque entre abrojo y chamico,
tres días tardé en llegar,
me salvé de galopar
como mil metros y pico.

martes, 24 de mayo de 2011

Tardecita de mi ayer

(Fotos: Eduardo Amorim)Andaba un suave vientito
a la bulla entre el maizal
y repuntaba un mensual
la majada al trotecito.
Tocó el chajá con un grito
la retreta del bañao;
después miré pa'l costao
y vi que en la vizcachera,
había un vizcachón ajuera
tomando el fresco sentao.

Un tremendo lechuzón,
bichando por sobre el hombro
me miraba con asombro
parao en un varillón.
Al verme medio cercón
con pereza tendió el vuelo,
y volando al ras del suelo
pegó un grito y escuché
que me trataba de "ché"
como tomándome el pelo.

Murió en la tranquera rota
la víbora de la senda,
y volando a media rienda
iba la última gaviota.
Salió una estrella grandota
pa'las otras de siñuelo,
y en el campo azul del cielo
ya iban siendo numerosas
las semillas luminosas
que se habían sembrao al vuelo.

Un ñacurutú volando
salió del fondo'el jagüel,
madrugó, por que pa'él
recién estaba aclarando.
Un murciélago aleteando,
al lao de los arbolitos,
tragaba sombra y mosquitos,
y el zorro de la tapera
le dio "permiso" a un linyera
mandao por los caminitos.

Jugaban a las topadas
un ternero con el otro.
Un matungo se hizo el potro
y agarró el aire a patadas;
pegando unas retozadas
como dándose un apronte.
Ya la luna sobre el monte
desparramaba su plata,
y ardía la fogarata
del "San Juan" del horizonte.

Tardecita de mi ayer,
nunca te h'echao al olvido
y allá en mi pago querido
te quiero volver a ver.
Otro igual atardecer
para mi vida yo ansío;
hasta mi pecho vacío
también será una tapera,
donde vivirá un linyera
que es este corazón mío.

Molina Campos

Molina Campos está
en el corazón del criollo
y prendido en cada rollo
de su lazo siempre irá.
El tiempo no borrará
el trazo que él estampaba.
Y el genio que lo animaba
para cantarle quisiera...
¡Amalaya! quien pudiera
escribir como él pintaba.

Anduvo por las cocinas
de las chacras y los puestos,
en los boliches modestos
y en lujosas oficinas.
En las camperas esquinas
supo ser algo habitual,
y en ese medio rural
de un tiempo que ya se fue
pudo verse en la paré'
de la pieza del mensual.

Viendo expresao lo nativo
de un simple modo risueño
todos ponían empeño
en adquirir un motivo.
Siempre elogioso y festivo
el comentario surgía,
y el cliente se sonreía
al mirarlo de reflejo
en el fondo del espejo
de alguna peluquería.

Digo argentino laurel
y Molina Campos digo
por eso que me prodigo
en mis rimas para él,
junto a Hernández y Gardel
es justo que lo destaque,
y nadie habrá que lo saque
del sitial que conquistó
quien hasta el pueblo llegó
desde un humilde almanaque.

sábado, 21 de mayo de 2011

Mañanita sureña

(Foto: tomada de Flickr: "Nacho")
Risueña la madrugada
borrando estrellas venía.
Y se enderezaba el día
con su cabeza dorada,
entre sábanas de helada
de la cama del potrero...
Cuando todo el gallinero
se empezó a venir al suelo.
Y erizándosele el pelo
pegó un bufido el nochero.

Igual que cuando se entierra
la cuchilla de un arao,
y la mitá se ha quedao
brillando sobre la tierra,
el sol, por sobre la sierra,
mañeriando pa'salir,
la mitá empezó a lucir,
y, al dir calentando el llano,
la vidriera del pantano
se empezaba de redetir.

El arador ya salía
respirando cerrazón.
Y en la blanquiada extensión
el surco primero abría,
que a lo lejos parecía
un hilo negro en la harina,
un rayón de tinta china
sobre una página blanca.
Y la rosada barranca
un gran paredón en ruina.

Llorando estaba el alero,
cuando del rancho cerquita,
anunciando una visita,
pasó a los gritos un tero.
Un pión a su parejero
le emparejaba el testuz.
Se pasiaba un avestruz
con su tranco señorial,
y las gotas del cardal
tenían espinas de luz.

Orillando el alambrao
con aire de calavera,
derecho a la madriguera
un zorro pasó apurao.
El día lo había agarrao
y arriesgaba su salú.
Las nubes con lentitú
cruzaron por la mañana
como vellones de lana
de las esquilas del sú.

viernes, 20 de mayo de 2011

La primer visita

(Pintura: Molinca Campos)
La conoció pa’ una fiesta
en la esquina “La Totora”
y bailaron hasta la hora
que se tuvo que ir la orquesta.
La cosa quedó dispuesta
que a visitarla iba a dir,
por eso se ve venir
en el tordillo escarciando,
y ella, que lo está esperando,
ya lo sale a recibir.

Y así después de pasar
echa un vistazo al palenque,
hace un nudo en el rebenque
y lo dentra a desatar.
O ya empieza a castigar
la bota con la azotera,
y se va la tarde entera
palabra va y mate viene,
y el sol, que no se detiene
refala por la ladera.

La “vieja” se va juntar
los güevos al gallinero
y el “viejo” a atar el ternero
de la vaca de ordeñar,
y él, sin hacerse esperar,
viendo que el tiempo es escaso,
va desarrollando el lazo
y áhi cerca nomás el criollo,
le tira con todo el rollo,
pa’ pialar un “sí” machazo.

Dos cachetes colorean
como tomates maduros
y dos corazones puros
como locos bellaquean.
Las miradas se cambean
y ni cuenta se están dando
que la pava está cantando,
y hasta la tapa salpica,
con ruido de perdiz chica
cuando se aleja volando.

Cuando la noche se viene
hace mención de marchar,
pero un “quédese a cenar”
y “total que apuro tiene”
resulta que lo entretiene,
y en el lomo del tordillo
la lana del cojinillo
con el rocío se moja,
mientras que hace la coscoja
contrapunto con un grillo.

martes, 19 de abril de 2011

Milonga del verano


Hacía una calor tremenda
en el campo de "El Destino"
como adorando el molino
estaba tuita la hacienda.
El tránsito de la senda
aumentó por la ladera,
y la majada en hilera
parecía entre las matas
una culebra con patas
que venía a la polvadera.

Sedientos los animales
tomando agua se encharcaban
y las flores se volaban
en los resecos cardales.
Galopiaban los trigales
pa'los potreros vecinos,
ondeaba el cielo en los linos
y pasaban dando güelta
gigantes de tierra suelta
bailando por los caminos.

Tomando la fresca brisa
que corría bajo el carro,
se habían dao al despatarro
los perros muertos de risa.
Un tábano a la petisa
la mantenía despierta
y de chimangos cubierta
estaba la pobre vaca
que aunque se murió de flaca,
engordó después de muerta.

Disparando sin cesar
era el viento a la pasada,
invisible llamarada
que parecía quemar.
No se podían agarrar
de tan calientes los fierros,
por encima de los cerros
los brillazones corrían,
y ovejitas parecían
perseguidos por los perros.

Aquél día interminable
de cien pies y lagartijas,
con otras mil sabandijas
que lo hacían insoportable,
se jué haciendo saludable
después, cuando en un momento,
paró su carrera el viento
cansao de tanto soplar,
y la tarde jué a parar
a un horizonte sangriento.

Ya la pionada volvía
del fondo de los rastrojos,
y la manada de abrojos
que había rodao todo el día,
de pronto se detenía,
cuando la hacienda tranquila
se alejaba en una fila,
con la forma del camino
y entre el tanque del molino
naufragaba una cachila.

Calle antigua

(Foto: Eduardo Amorim)

Si yo pudiera volver
por el tiempo galopando,
y los años desandando
me volvieran al ayer,
calle antigua podría ver,
tal vez desde una tranquera,
el fueguito de un linyera,
tranquilo, tomando mate.
Y pasar para el remate
la tropa y la polvadera.

Con cencerro tintineante,
vería dir tropillas flores.
Comparse de esquiladores
con los ponchos por delante.
Al vendedor ambulante
y a la galera pasando,
los caballos pellizcando
de una chata desatada.
Y al hallarse a la pasada
dos paisanos conversando.

Vería a doña Luisa
por la loma'e las vizcachas,
el sulki con las muchachas,
meta charla y meta risa.
Y así, como quien divisa,
vería dir una atadora,
y a una vieja trilladora
de antiguo motor humeando,
dir pa'otro campo rumbeando
con su gente seguidora.

Podría ver en un domingo,
sus lindas pilchas mostrando,
pa'l boliche desfilando
cada paisano en su pingo.
Las ovejitas de un gringo
que una rubia pastorea;
y sería fácil que vea
que el remolino que viaja,
mueve el flequillo de paja
que los güellones bordea.

Vería un cuis que se cruza,
carruajes de todas layas,
volantas y chatas playas;
el charré y la chata rusa.
Mirar pa'atrás la lechuza,
a un ternero con trompeta.
Vería una martineta
refugiarse en las orillas.
Y allá contra las varillas,
la agonía de un maceta.

Mis trebejos

(Foto sacada del fb. de Nicolás Medina: "don Goyo López")
Como soy una persona
que ya el espinazo dueblo,
me vine a vivir al pueblo
cabrestiando a mi patrona.
Mi casita pobretona
al frente tiene unas rosas.
No tengo prendas lujosas
porque no las necesito,
pero tengo un galponcito
en donde guardo mis cosas.

Ahí está la catalina
que tuve pa'las carniadas
y dos lonjas enrolladas,
una gruesa y otra fina.
Mi rasqueta, mi escofina,
mi martillo, mi mordaza,
mi cuchillo verijero
y un látigo de carrero
con su azotera machaza.

He conservao la tijera
de cuando supe esquilar
y mi piedra de afilar
junto con mi muñequera;
mis dos botas de madera
y mi saco de arador;
ahí está el deschalador
con la cincha y la maleta
y, como esperando inquieta
mi pala de alambrador.

Bien guardao entre una lata
tengo un té medicinal
y un rollo de unto sin sal
pa'curarme alguna mata.
Mi banquito de una pata,
porque también juí tambero
y me ha quedao un sombrero
lleno de tarjas el ala,
que yo llevé haciando gala
en mis tiempos de bolsero.

He conservao un dedal
que jué la punta de un aspa,
con el que se abre y se raspa
la sarna de un animal.
Mi california especial
con muescas de atar varillas
y allí entre alesnas y hebillas
me queda un desvasador
y mi áuja de cosedor
de cuando anduve en las trillas.

En los montes trabajé
dando cien plantas por tierra
y áhi tengo el hacha y la sierra
que engrasadas conservé.
También las cuñas alcé
cuando dejé la campaña.
Pa'desvirar me di maña
y ahí quedó una fiyinga
y, aunque es herramienta gringa,
también tengo una guadaña.

Les pido por compasión
que aunque sea un sacabocao,
en mi fosa de finao
lo pongan con mi cajón.
Y como siempre juí pión,
pa'poderlo demostrar,
mis manos le viá a enseñar
al Eterno sin recelo
por si en las chacras del cielo
me llegan a precisar.

domingo, 27 de febrero de 2011

Herrero 'e campo

(Fotos: Walter Salcedo)
En aquél galpón sencillo
que estaba justo a la güella,
sonaba de estrella a estrella
el golpe de tu martillo.
Viejo herrero, veo el brillo
que dejaba reluciente
algún fierro bien caliente
y dócil a tu manejo
cuando ponía un reflejo
sobre el sudor de tu frente.

Veo la mesa y el torno,
varios tamaños de mazas,
ganchos, pinzas y tenazas
que nunca estaban de adorno.
Siempre a mano en tu contorno
cortafierros y punzones
y al verte a los apurones,
cuando empuñabas la trancha,
pa'poder hacerte cancha
se apartaban los mirones.

Detrás de una rueda chueca
que nadie vino a buscar,
no era difícil hallar
alguna gansa culeca.
Si el tiempo venía de seca
se aumentaba tu quehacer,
entonces era de ver
llegar la gente con rejas
y el esucharse las quejas
lo que tardaba en llover.

Pa'caldiar no eras tan manco
y en este preparativo
te mostrabas más activo
y salías de tu tranco.
Cuando el fierro estaba blanco
y a punto, todo empezaba;
subía el martillo y bajaba
con toda juria golpiando
y si te estaban mirando
la cosa más te gustaba.

Y a un costao sabía quedar
una reja bien calzada
y además de la caldiada
era cosa de almirar,
si te tocaba enllantar
la rueda de alguna chata.
Le hacías una fogata
en todo su alrededor
y agrandada en el calor
dentraba la llanta esata.

Pa'arreglar eras baquiano
un freno o alguna espuela,
por eso en tu clientela
también dentraba el paisano
y un recuerdo de tu mano
tenía el hombre campero
cuando llevaba en su apero
colgando la california
que sobre aquella bigornia
vos le hiciste con esmero.

Cuando le saco la escoria
a la fragua del pasao,
se mueve un fuelle gastao
que echa un vientito de historia.
Se calienta mi memoria
al prender la evocación
y entre el humo del carbón
de mis recuerdos viejazos,
tus lejanos martillazos
golpean mi corazón.

jueves, 24 de febrero de 2011

Malacate


Pago en versos tu rescate
pa'sacarte del olvido
y así no quedás perdido
en el tiempo malacate
y dejame que desate
esta maceta que lerdo
tranquiando en el lao izquierdo
pa'la querencia rumbea,
lo que de lejos ventea
el agua de tu recuerdo.

Se sacude el armazón
al golpe de la sopapa
y un'arpillera le tapa
los ojos al mancarrón,
el que aburrido y sobón
se duerme por un ratito
pero lo despierta un grito
y en aquel redondo espacio,
la rueda gira despacio
por un camino infinito.

Más bien parece que adrede
se va quedando de a poco,
cuando camina el bichoco
lo más despacio que puede.
Tal vez pa'que no se quede
la sabandija lo abruma
y sube y baja la pluma
mientras que el campo dormita
sacando el agua fresquita
pa'que el ganao la consuma.

Se escucha sin un descanso
un ruido seco en la siesta
y en el charco están de fiesta
tanto el pato como el ganso.
Cái el arisco y el manso,
la lechera y la potranca,
cái el pájaro en el anca;
la majada apuró el paso
y allá lejos con retraso,
quedó la borrega manca.

Malacate te imagino
en días del tiempo aquel,
reemplazante del jagüel
y antecesor del molino.
Las güeltas de mi destino
a encotrarte me han llevao...
y al contemplarte tirao
entre yuyales espesos,
se me hace que veo los güesos
de un aguerrido soldao.

El galpón de Abandonato

Me asomé en aquel galpón
y al fijarme en una estiba
un gato negro allá arriba
cruzó como una visión.
La cola de un gran ratón
en las chapas castigó,
una culeca se alzó
encrespada y rezongando;
sin querer me jui atracando
y un picotón me encajó.

Por curiosiar lo que había
me jui metiendo pa'l fondo
y en medio del batifondo
una bolsa que perdía,
todas las señas tenía
de un posible comprador
y de un modo seguidor
largaba un chorrito fino
como si sangrara lino
la herida del calador.

Como estrellao perecía
de tan aujeriao el techo
y el sol dentrando derecho
monedas de oro llovía.
Ya la cumbrera pedía
el aucilio de un puntal.
Una araña colosal
se bajó a ver un gorgojo
y un perro le daba al ojo
sobre el catre del mensual.

Un camino de hormigas
de toda clase de carga
costiaba la pila larga
y los lienzos de barrigas.
Brotaba el máiz en espigas
lo mismo que en los maizales.
Había cuero de animales
desde el caballo a la liebre
y las pilas tenían fiebre
por arderse los cereales.

Acariciando un pilote
pa'l lao del portón salía
y viendo que se movía
traté de escapar al trote.
Trompecé con el cerote
y el mundo se me acabó,
encima se me cayó
la re'de cazar perdices
y ande di con las narices
medio cuerpo me atrapó.

Mi cabeza quedó llena
del chorro que iba saliendo,
porque seguía cayendo
igual que un relo'de arena,
sobre unas bolsas de avena
que estaban medio en hilera,
costuriadas como quiera,
orejudas y rechonchas
y rascándome las ronchas
pude al fin salir pa'ajuera.

domingo, 20 de febrero de 2011

Los perros


Salí a recorrer el campo
y los perros que me vieron
enseguida me siguieron,
¿quién los hacía quedar?
y ande empecé a galopiar
por detrás mío salieron.

Y ya sobre el campo abierto
su alegría se desata,
y ande vían una mata,
en el momento oportuno,
iban pasando de a uno
para levantar la pata.

Y ande osaron los peludos
pa'comer una raíz,
hasta la cueva de cuis
la escarbaban y olían
y en todas partes metían
de curiosos la nariz.

Por allá salió una liebre,
y pa'qué, en cuanto la vieron,
por detrás de ella salieron
como potros desbocaos,
y ya toditos cortaos
a correrla se tendieron.

Como a los doscientos metros
se entraron a distanciar;
el cuzco empezó a quedar
por la loma'el diablo atrás
y al poquito andar nomás
la liebre entró a gambetiar.

Les volvió a sacar ventaja
al vandiar el cañadón
después tomó en dirección,
la liebre que las pelaba,
para el cuadro donde estaba
la majada en parición.

Cruzó el alambrao sin vista
y les buscó el cuestarriba,
y por donde quiera que iba
los perros iban dejando
ovejas cáidas balando,
corderos patas pa'arriba.

Cuando le dieron alcance
los tarascones le erraron,
y cuando al fin la rodiaron
se ganó una vizcachera,
y los perros en carrera
casi de largo pasaron.

Meterse adentro a sacarla
el perro grande quería,
pero qué, si no podía
meterse adentro'e la cueva;
y todos hacían la prueba
pero ninguno cabía.

Hasta que al fin llegó el cuzco
y hasta el fondo se metió.
Allá adentro le gruño
y la trajo a los tirones
y afirmao en los garrones
hasta ajuera la sacó.

Se la tuve que quitar,
no sin trabajo primero,
y el más grande y el overo
por matarla se peliaban
porque si la manotiaban
le iban a estropear el cuero.

Como el cuzco de mi cuento
también la liebre he corrido,
y aunque lejos la he tenido
nunca he perdido la fe,
y si aún no la alcancé,
entuavía no se me ha ido.

viernes, 18 de febrero de 2011

Un boliche de antes

(Fotos en blanco y negro: Ignacio Balmaceda)
(Fotos color: Martín Lucesole)Cerca del paso nivel
de aquella vieja estación,
que tuvo la pretensión
de ser pueblo en un papel,
está el caserón aquel
y, con blancuzco reflejo,
crece el pasto desparejo
en cornisas y ventanas,
como si fueran las canas
de aquel edificio viejo.

Vos fuiste un boliche de antes,
y hoy en tus horas de calma,
por ahí no pasa ni un alma,
reseros y caminantes.
Tus polvorientos estantes,
duemen un sueño profundo,
mientras yo, meditabundo,
pienso que fueron testigos
de mil reuniones de amigos
que ya no andan por el mundo.

Aún mi mente conserva
tu despacho al menudeo,
las barricas de fideos
y los cilindros de yerba,
y aún al evocarte observa
mi memoria en sus visiones,
tus maltratados cajones
con su cuchara violenta,
con harina, con pulenta
o el azúcar en terrones.

Vos llegaste a ser un centro
donde había, a más de las cartas,
dos trenzas que eran dos cuartas
que tiraban para adentro;
produciéndose el encuentro
de carruajes y de pingos,
de paisanos y de gringos
que venían por el camino,
como hacienda pa'l molino,
sobre todo los domingos.

Pero hoy ya no entra el mocito
de alpargatas y de blusa
ni llega en la chata rusa
don Jacobo al trotecito.
No está la "falta" en un grito
del truco de cuatro en cruz,
ni está de noche la luz
a kerosén y apocada,
ni está el órdago "sin nada"
en los finales del mus.

Ya no entra el caballerizo
con su sombrero de trapo,
y ya nadie juega al sapo,
que era de bronce macizo.
Ya no se habla de granizo
de la isoca o de la seca;
y el domador pierna chueca
con su inconfundible facha,
ya no dentra con la guacha
colgando de la muñeca.

La mortadela y el queso
en la fiambrera grandota
ya no está ni la chacota
de aquel muchacho travieso.
No se llena el cartón grueso
con fariña en la balanza,
ya el comedido no alcanza
la bolsa con cascarilla,
ni en el tiempo de la trilla
dentra el pión lleno de granza.

Ya no está más el barril
ni el jarro bajo el espiche,
ni está el olor a boliche,
ni el "despachemé un brasil";
ni el "tome algo", ni el mandil
entre ollas y cacerolas.
Ya no están palas y piolas,
sogas y aperos colgando,
ni el gallego comentando
las romerías españolas.

Ya no entra el poncho de ajuera
arrastrándole los flecos
ni se ve botas y zuecos
con la suela de madera.
La entrada de esa tapera
ya la espuela no la raya,
y cuando el día desmaya,
ya no entra el estibador
pa'reemplazar el sudor
que dejó sobre la playa.

Ya no entra el vasco tambero
luciendo su faja negra,
ni aquel paisanaje alegra
el paso de un guitarrero.
A las bochas y a potrero
ya nadie suele, al jugar,
con el rebenque tirar,
ni está el que sacó ventajas
con el chico entre las pajas
si era maula pa bochar.

Ya nadie pide una grapa,
ni con vino se chorrea
tu piso de pinotea
ni tu mostrador de chapa,
y ya no pide la yapa
el chico que venía en pelo
en su matungo chicuelo
por un mandao de la madre;
y con saludos pa'l padre
se llevaba un caramelo.

Ya ninguno pide un jarro
de café ni lleva grasa
envuelto en papel de estraza
ni aquel pimentón en tarro.
Ya no para más el carro
ni el manejante desata,
ni dentra a gastar su plata
saludando en su ademán,
y dejando de guardián
al perro junto a la chata.

Ya no llegan las mujeres
en sulki, de antemano,
ordeñaban más temprano
y apuraban los quehaceres.
Y adquirían sus alfileres
o alguna otra prenda fina
de intimidá'femenina,
y si había algún curioso
que miraba malicioso
pasaban pa'la cocina.

Y como en aquella vía
ya no pasa el tren de carga,
ya el linyera no se larga
como en un tiempo solía;
y pa'l negocio venía
transportando su maleta,
y aunque trayendo secreta
su condición de idealista,
llegaba el croto anarquista
a pedir yerba y galleta.

Se podía llevar de allí
pa'aquellas carniadas viejas,
desde tripas en madeja
hasta pimienta y ají.
"Hoy no fío, mañana sí",
decía un cartel sin sentido
que siempre era desmentido
por la libreta deshecha,
en la que pa'la derecha
las comas se habían corrido.

Si había remate en la zona,
al rato de terminarse,
no tardaba en asomarse
la bombacha de cambrona
con dureza de carona
y con manchas de corral;
o transponían el umbral,
bajándose del fortacho
el estancieron ricacho
que volvía del "especial".

En esa calle de enfrente
hubo cuadreras famosas,
y en esas tardes hermosas
se juntaba mucha gente.
Y después era frecuente
que se jugase a la taba,
o al monte, si se cuadraba,
como a los dados o al fico,
donde hasta el propio milico
algunas veces copaba.

Cuando se jugaba fuerte
se ponía el clima violento,
y no extrañen si les cuento
que una vez hubo una muerte:
calló un mozo que a la suerte
la ayudaba con sus mañas.
El efecto de unos cañas
se hizo furia en dos cuchillos;
y el que vació los bolsillos
pagó cara sus hazañas.

Aunque esa puerta hoy no se abra,
dejo a las almas que acudan,
y oigo a dos que se saludan
con una mala palabra.
Y como todo se labra
adentro de la cabeza
cuando uno a vivir empieza,
reuerdo la boca oscura
del sótano y su frescura
con cajones de cerveza.

Tu desgastada paré',
tu palenque y tu vereda,
es de lo poco que queda
de aquel pueblo que no fué.
Desde lejos se te vé
boliche viejo, callao,
porque en silencio has quedao
desde que se te cerrara
como a un pantión que guardara
el cadáver de un pasao.

Arador de antes


Pa'l corral enderecé
aunque había una helada cruda,
elegí la mejor muda
y enseguida empecheré.
Ese día me apuré
pa'ganarle a los de Artola,
adelante até "La Chola",
"El Pobre", "El Indio" y "El Gato"
atrás "El Gaucho" y "El Pato",
"La Calandria" y "La Polola".

Ya el horizonte empezaba
a ponerse doradillo,
mientras perdiendo su brillo
el lucero se achicaba.
Alcé el látigo, que estaba
con la tapa'e los aperos,
para darle a los tronqueros
-si lerdiaban- dos azotes
y levanté unos cascotes
pa'apurar los cadeneros.

Y ya salí medio al trote
como arañando el pastito,
cantando medio bajito
y el látigo en el cogote,
me juí hasta el fondo del lote
pa'tirar la cabecera,
y agarrando la pollera
que les robé a las mujeres
junto al campo de los Pérez
juí y la puse de bandera.

Me le juí de un solo viaje
y un flor de hachazo tiré
y ya seguí dandolé
de comer al gaviotaje,
que con su blanco plumaje
se vino de cualquier lao
y volando alborotao
peliando por los bichitos
era una nube a los gritos
que iba siguiendo el arao.

Ya el sol repartía espejos
y subiendo parecía
un girasol que se cría
solito, por allá lejos,
entre sus tibios reflejos
todo el frío me saqué
dando unas güeltas de a pie
después de chairar un poco
porque yo siempre retoco
la melga, por bien que esté.

Se apareció el benteveo,
las calandrias, los horneros,
no voy a contar los teros
que hasta en el pueblo los veo.
Entre el ruidoso aleteo
se mezcló la cachilita
y no faltó la visita
de unas cuantas becacinas,
por ahí también las gallinas
se dieron una güeltita.

Desde los cuatro costaos
fueron cáindo pajaritos,
las bandadas de chorlitos
y los pechos coloraos.
Y, lo mismo que soldaos
que vinieron de avanzada,
descubrí una porretada
de perdices martinetas
que andaban a las gambetas
por sobre la tierra arada.

No sé de dónde salieron
tantos pájaros distintos,
con tordos negros retintos
los cuervos se confundieron.
Hasta unos patos cayeron
no sé si de carambola.
Andaba una garza sola
y dos cigüeñas grandotas:
yo pienso que las gaviotas
hicieron correr la bola...

Las gaviotas siempre han sido
pa'l sembrao un beneficio,
y como prestan servicio
matarlas está prohibido;
en el agua hacen el nido
y limpean el potrero,
por eso es que yo las quiero
a todas menos a una,
que si yo la agarro, ahijuna,
me paga la del sombrero.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Historia de un relincho

(Foto: Eduardo Amorim)
Cerca del camino aquél,
tan solitario y tan ancho,
había levantao su rancho
Amadeo Villaruel.
Tenía un sauce y un jagüel
con un balde en el crucero;
un perro grande ovejero,
que ahí se quedó de agregao.
Y un tordillo y un gatiao
pa sus changas de resero.

Villarruel acostumbraba
voltiar el aspa temprano,
sobretodo en el vernao,
diariamente madrugaba.
Y una mañana que estaba
divisando el infinito,
lo vido al gatiao solito
cuando el día dió un reflejo.
Pero el tordillo ¡canejo!
faltaba en el potrerito.

Recorrió pacientemente
por todas las cercanías,
y anduvo unos cuantos días
preguntándole a la gente.
Y aunque el ser tan diligente
no le dio ninguna pista,
un día que tendió la vista
de aquel camino en el brillo,
se juntó con el tordillo
de una manera imprevista.

Divisó una polvadera
por detrás de las lomadas...
Era una de esas yeguadas
que el frigorífico espera.
Al enfrentar la tranquera,
se escuchó con insistencia,
relinchar con estridencia
de entre el polvo movedizo...
como lo hace un yeguarizo
cuando vuelve a la querencia.

El gatiao enloquecido
contestaba ese relincho.
Y, poniéndole un carpincho,
Villarruel, ya decidido,
lo montó, y en un soplido
alcanzó aquella manada.
Entre esa mancarronada
iba el tordillo mezclao;
y juntándose al gatiao
se apartó de la yeguada.

Los dos hocicos juntaron
los caballos, y con eso
parecieron darse un beso,
y un relincho se pegaron.
Los dos hombres se miraron
poniendo en los ojos brillo,
Villarruel tantió el cuchillo
y al tropillero enfrentó,
y ahí nomás le preguntó:
-"¿De ande sacó ese tordillo?".

-"A treinta leguas de aquí
lo compré - dijo el viajero-
a quien me aceptó ligero
lo poco que le ofrecí".
- "No dudo que ha sido así,
dijo entonces Villaruel,
pero sacando un papel,
le dijo: "el dueño soy yo"
y una marca le enseñó,
dibujada en forma fiel.

-"Viendo que se han relinchao,
dijo el hombre, ya estoy viendo
que han estao juntos viviendo
el tordillo y el gatiao...
Sin este certificao
pa mi hubiera sido igual.
Pa entregarle el animal
ningún papel necesito,
porque ya se ve clarito
que usté es dueño del bagual".

Villarruel que era un paisano,
lleno de agradecimiento,
le respondió en el momento:
"quiero estrecharle la mano...
en mi alero campechano
tal vez de nada carezca;
deje que el rancho le ofrezca;
tome mate, churrasquee,
y así, después que sestée,
podrá seguir con la fresca".

Se entienden a la distancia
con un relincho cortao,
pingos que juntos se han criao,
en el puesto o en la estancia.
Lo sabe desde la infancia
el hombre de la llanura...
Del compañero en procura
el tordillo relinchó,
y el relincho lo salvó
de ir a una muerte segura.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Tiempo abajo


Ya se pierde a la distancia
el caballo con su apero.
Y hasta el hombre más campero
está sobrando en la estancia.
Por eso en su circunstancia
viéndose fuera de ambiente,
al amparo de un pariente
pal lao del pueblo ha rumbiao,
pa vivir amontonao
como hormiguero en creciente.

Ande la manga se estrecha
aura manda la picana,
y en menos de una semana
se levanta la cosecha.
Ver una melga derecha
ya no es lujo pa ninguno.
Si hay que marcar un vacuno
ya no se usan más los piales.
Y ande había diez mensuales
aura se arreglan con uno.

Ya no se ve el pión linyera
venir pa las deschaladas,
ni las grandes caballadas
dejando la polvadera.
Hoy la familia es pueblera
por distintos pareceres,
sin chicos y sin mujeres,
el campo ha cambiao de vista,
y hay un solo tratorista
para todos los quehaceres.

Ya en los mozos no hay apego
por cosas que el campo enseña
y como no se usa leña
ni han aprendido a hacer fuego.
Yo a mi recuerdo me entrego,
y a nadie quiero ofender...
no tienen porqué aprender
lo que tal vez no haga falta,
pero a la vista resalta
que va muriendo el ayer.

Sólo ha dejao por allá
el tiempo con sus descartes,
taperas por todas partes
de gente que ya no está.
Por ahí de casualidá
se ve a caballo un paisano,
o alguna planta en el llano
de los pájaros amiga;
como pa que alguno diga:
"allá vivía fulano".

Pero aunque me duele tanto
ver un boliche sin pingos,
donde antaño los domingos
todo era fiesta y encanto;
bien venido el adelanto...
y hasta le grito ¡salú!
Y perdonen mi atitú,
no estoy en contra'el progreso
pero es que añoro todo eso
que llenó mi juventú.

Baúl de mensual


El baúl junto a la cama
tiene el mensual por moblaje.
Y aparece entre el pilchaje
el retrato de su mama.
Presentando un monograma
su pañuelo; y el espejo,
que le devuelve un reflejo
cuando el domingo se apronta
pa ir a visitar "la tonta"
montao en el azulejo.

Guarda con prolijidá
un par de alpargatas nuevas.
Y, por si hay que dar las pruebas
de auténtica propiedá,
tiene ahi la seguridá
de su caballo; y se enanca
sobre una sábana blanca
bien guardada entre la ropa,
la redondez de la copa
de un sombrero con retranca.

Aunque él es un hombre sano,
guarda una yerba campera,
y bombacha corralera
pa su gala de paisano.
Los cigarros, siempre a mano,
nunca menos de una caja;
acompañando la faja
la rastra y el tirador.
Y junto al acentador
la brocha con la navaja.

Lo que nunca le ha faltao,
porque es hombre que presume,
es un frasco de perfume
que a un turco se lo ha comprao.
Varias ligas a un costao,
porque dos pares precisa:
uno es un par que utiliza
pa las medias levantar,
y el otro pa sujetar
las mangas de la camisa.

Allí guarda un calzoncillo
de esos largos con rayitas,
y atados con dos tiritas
a la altura del bolsillo,
una gruesa camiseta;
el facón, la papeleta...
su camisa bien planchada
y una mantita bordada
con una P y una Z.

Perdonen que no les nombre
todito como es debido;
porque el mensual ha sabido
ocultar sus cosas de hombre.
Por eso a nadie le asombre
el misterio de ese arcón.
Y, aunque lo que guarda un pión...
nadie averigua ni sabe,
él lo puso bajo llave
por consejo del patrón.

Ni un mensual que se preciara
dejó de tener baúl,
donde un sobre forro azul
con una carta guardara.
Y aunque el tiempo amontonara
papeles amarillentos,
pa ver esos documentos
habría que escarbar muy hondo;
porque él siempre buscó el fondo
pa esconder sus sentimientos.

jueves, 11 de noviembre de 2010

El sacador de papas

Una cincha de alpillera
bien prendida a la cintura,
una máquina que apura
y una gaviota que espera;
descanso en la cabecera
se ventaja en el tirón,
el molesto picotón
de una hormiga colorada
y está la melga empezada
el aumento del montón.

Trago de agua a la pasada
que el sudor va reponiendo,
maleta que se va haciendo
cada tranco más pesada.
Sol que tarda en la bajada
de algún cerro en su perfil,
un Balcarce y un Tandil,
Mar del Plata y Santa Fe,
La Dionisia, Mechongué,
febrero, marzo y abril.

Remolino del rastrojo
que va empolvando la cara,
y una sola parte clara
que es la del blanco del ojo.
Chamico, quinoa y abrojo
le bandea la alpargata,
repartija de la plata
cuando arregla el cabecilla
y alegría en la cuadrilla
cuando acaba la contrata.

Sacador del campamento
que sobre el suelo tendés,
y en la rodilla ponés
el plato de tu sustento;
rival del sol y del viento
que ante el surco no se arrolla;
pa vos mi décima criolla
y esa papa que sacás:
que no te falte jamás
cuando hay que echarle a la olla.

Guitarra pampa

Ven a mis brazos, guitarra,
que tu acento me estremece;
porque en tus cuerdas florece
una leyenda bizarra.
El hoy casi historias narra
el eco de tu concierto,
parece que el tiempo muerto
en tu voz resucitara,
y que en tu caja dentrara
toda el alma del desierto.

A través de tu sonido
miro la mansa laguna,
donde la cante y la luna
su fulgor ha humedecido.
El noctámbulo graznido
oigo del ñacurutú,
veo correr al ñandú
por un paisaje sublime,
y escucho el viento que gime
en las ramas del ombú.

El horizonte salvaje
de la llanura infinita,
profundamente palpita
en tu lírico cordaje,
y si lleno de coraje
su vuelo armonioso toma
diviso al malón que asoma
por el virgen pajonal
y al indómito bagual
disparando por la loma.

En el llano y en la cuesta,
en el valle y la montaña;
alentaste en las campañas
de las más gloriosas gestas.
Fuiste canto de protesta
de mi raza en cautiverio;
por eso duró el imperio
de tu legendaria estampa,
eres reina de la pampa
y nube de su misterio.