sábado, 18 de junio de 2011

La esquila

(Pintura: Molina Campos)
"Si hay carne y cueva, que llueva!"
Un galpón grande y abierto
del lado que da al corral
sirve de hermoso tendal
contra los soles cubierto;
el agarrador despierto
no le merma a la tarea,
agarra, trae y voltea
y las va poniendo en fila,
¡Mientras la comparsa esquila
con ligereza y bromea!

Doblados de la cintura,
entre las piernas la oveja,
va cayendo la madeja
de lana con su blancura;
el esquilador apura
pero cuida su trabajo,
que, aunque trabaja a destajo,
ser lerdo es de mala fama:
¡Y a veces el cuero inflama
la llama ardiente de un tajo!

Un balerío tristón
responde, de la majada,
a la recién esquilada
que va a engrosar el montón;
y al mirarla, un juguetón
dice, por tomar el pelo-:
"Como contaba mi agüelo
que en los tiempos suyos fuera,
era ansina la escalera
con que un zonzo subió al cielo"!

La tormenta amenazante
hace temer al patrón,
que con recelo tristón
mira al cielo a cada instante.
La mortandad, importante
ha de ser en esta prueba.
Que el frío mata y se lleva
a muchas, como un veneno:
y uno grita al oir un trueno
"¡Si hay carne y cueva, que llueva!".

viernes, 17 de junio de 2011

Boyero cantor


Desparramando el aroma
de las florcitas camperas,
van las brisas mañaneras
apenas el sol asoma,
y ya, bordenado la loma,
hacia una estancia vecina,
en busca'e carga encamina
un boyero su carreta,
que, crioyo, sensible y pueta,
ansí recuerda a su china:

"Manejando mi picana,
de la yunta al tranco lerdo,
como un pájaro el recuerdo
al nido'e mi alma se gana.
Tempranito de mañana
le doy cancha a dos bostezos,
pongo de punta los güesos
y en cuantito m'espabilo
mi china está en un estilo
qu'es dulzón como sus besos.

"Me ilumina tu mirada
y me tenés en la ausencia,
con el alma en la querencia
a tu cariño maniada;
pronto, bajo la ramada,
hayarme a tu lao confío,
pa entreabrir al beso mío
tu boca roja y golosa
como un capuyo de rosa
cuando lo besa el rocío".

Ya la carreta chirrea
en un lejano sendero
y apenas se oye al boyero
que de cantor alardea.
Cuando el sol el pasto orea,
porque alto se ha remontao,
piensa: -Si no se ha pegao
mi chinita a la cubija
me ha de aguardar, a la fija,
con un verde bien cebao.

Estimada Cantalicia:

(Mural azulejado con pintura de Molina Campos en Subte de Bs As)

Estimada Cantalicia:
habrás estao impaciente
al no tener del ausente
ni rastros de una noticia.

No estrañés que no t'escriba
seguido, pues ni con cuarta
yego al final de una carta
sin sentir el cuest'arriba.

Hoy, con tranco'e caracol
la escretura despareja,
tal vez s'estire, mi vieja,
como perro echao al sol.

Desimulá si las tachas
y borrones, forman suma:
es que me queda la pluma
como freno a las vizcachas.

Pero si mi letra es fiera,
también jués escaso mi estudio;
en fin... suspendo el preludio
y le meto a la ranchera.

Hoy más que nunca un caudal
de ciencia precisaría
pa pintarte, vieja mía,
lo que hay en la capital.

¡Cuánto pueblero manate!
¡Qué palacios, virgen mía!
Me la paso todo el día
abriendo la boca... al mate!

Y vos también, en verdá,
te asombrarás si te cuento
lo ingenioso e cada invento
oserváo en la ciudá.

Una visita al hotel
me dió un alegrón, temprano:
Cáiba a verme Martiniano
pa que saliera con él.

Tuvo a mi compadre en cura
un médico e mucha fama,
y ahura que dejó la cama
volver al pago procura.

Sin hacerme rogar mucho,
pues vino que ni de encargo,
me desprendí del amargo
y cabrestié sobr'el pucho.

Tras del convite espontáneo,
cuando la caye ganamos,
dijo mi compadre: vamos
a viajar pu'el suterráneo.

Una abertura enrejada,
hecha al costao de la acera,
me hizo vichar la escalera
que desciende iluminada.

Bajé con cierto recelo,
aunque desconfiaba en vano,
pues yevaba a Martiniano
sirviéndome de siñuelo.

Dejé el último escalón
cuando almiré de improviso,
lo largo y limpio del piso
embaldosao de un salón.

Yo, pa rumbiar más en fija,
a mi compadre hice cola
y vide que una chirola
le acomodó a una rendija.

No puso la plata al cuete,
porque dispués que la echó,
pude oservar que pechó,
pa pasar un molinete.

De miedo a los papelones,
como el mono lo imitaba
y, de paso, me cuidaba
de los puebleros burlones.

Pero al ñudo jué el cuidao
que tuve entre los estraños,
porque abrí ojazos tamaños,
igual qu'el pavo atorao.

Decí si no es pa asombrarse
una escalera muy larga
que rueda repleta e carga
de cristianos, sin pararse!

Aquí, si somos sinceros,
ni la distancia jeringa.
No se le ocurrió a Mandinga
lo que han hecho los puebleros!

Yo, sin tomarme el trabajo
de moverme tan siquiera,
me acomodé en la escalera
y eya me yevó p'abajo.

Cuando me apié, se acercaba,
devorándose el camino,
un tren, que a pararse vino,
al lao mesmo ande me hayaba.

Juí a subir y, cosa rara!
la intención me conocieron
viente puertas, que se abrieron
sin que naides la tocara.

Hasta que un pito escucharon,
estando todas abiertas,
vide, embobao, que las puertas
del tren solas se cerraron.

Creerás que la fantasía
en ancas va de mi cuento
y yo pienso, no te miento,
que esto huele a brujería.

Lo mesmo qu'exhalación,
por un tubo que lo encierra,
el tren, por debajo e tierra
va d'estación a estación.

Y sin para un minuto,
de puebleros atestao,
de punta a punta el poblao
recorre por el cañuto.

Agatas yegué a la meta,
me pasó una cosa ingrata:
emboqué mal con la pata
y cuasi me voy de jeta.

Eso pasó en la escalera
rodadora, a la subida,
cuando campié la salida
ansiando el aire de ajuera.

Martiniano, que a la cuenta
es un ladero machazo,
viendo yegar el porrazo
m'enderezó la osamenta.

Ya sé que no te hace meya
qu'en mesivas d'esta laya
l'hacienda 'e mis letras vaya
saliéndose de la güeya.

Por eso dentré al pantano
d'escrebir tendido y mal,
con letras flacas, igual
que perro'e vegetariano.

Saludos de mi compadre,
que sueña con la querencia,
ansioso e ver a Prudencia
y de abrazar a la madre.

Recuerdos en abundancia
envío pa nuestra hija
y pa que hagás repartija
entre la gente la estancia.

Güeno, mi vieja, sujeto
las ganas de prosiar mucho
y t'encajo, sobre'l pucho
un juerte abrazo
Aniceto

jueves, 16 de junio de 2011

Rodolfo Flores


Una guitarra encintada,
güen caballo, güen apero,
linda brasa en el yesquero
y mucha dicha soñada.
Alguna criolla olvidada
entre otros viejos amores
unos cuantos sinsabores,
poquitas sus alegrías,
así era, señora mía,
el gaucho Rodolfo Flores.

De verlo tan sin agüela
las criollas lo maldecían
pero alguna brujería
sabría darle a las mozas
que al volver, las muy donosas
otra vez lo bendecían.

Cuando cáiba a las cuadreras
ya lo rodeaba la gente,
con una vincha en la frente
y otro pañuelo en gorguera,
concertaba una carrera
a vaciar los tiradores,
porque en sus tiempos mejores
tenía un zaino de laya,
primero siempre en la raya
los fletes del gaucho Flores.

Pa’ correr dos cuadras libres
ninguno se le igualaba:
él siempre de atrás picaba
el hocico a la paleta
pero áhi nomás su sotreta
como tres cuerpos sacaba.

Pa’nde te juiste aparecero
de mi mocedá bravía?,
si sabrás que mi alegría
se acabó, porque te quiero,
que conservo tu yesquero
y tus lazos potriadores,
y en la sombra ‘e mis dolores
tu yesquero es sombra y luz
para encenderle a tu cruz
mis velas, Rodolfo Flores.

El viejo gaucho


Hijo soberbio del llano,
desde la cuna el pampero
del rancho bajo el alero
lo besó como un hermano...
Veló su espíritu sano
empapado de grandeza
y su indómita fiereza
no fue carne de rebenque,
¡ni fue la fuerza, palenque,
para doblar su cabeza!

Viejo ya; encanecido;
del ombú seca guirnalda,
siente crujir en su espalda
los derrumbes del olvido...
Y de intemperies curtido
entre sus júbilos probos
no llegan a sus arrobos
del desengaño las rachas...
¡hasta el filo de las hachas
se mella en los algarrobos!

Así les cuenta a sus nietos
de la enramada al arrullo
los altos timbres de orgullo
de sus amores inquietos;
los dolorosos secretos
de una pasión infeliz,
que grabó con su desliz
la opuesta y cortante hoja
¡y fue una rúbrica roja
la indeleble cicatriz!

Así les cuenta del brío
que tuvo en la guerra el puño
cuando de sangre el terruño
sintió desatarse un río...
Cuando el gauchaje bravío
confundido con el lodo,
sobre las cumbres un codo
se alzó con la correntada...
¡para convertirse en nada
después de haber sido todo!

Como su potro triunfal
haló en el trabajo freno
y el arado rompió el seno
de la pampa virginal.
Como al nacer el trigal
hamacado de sudor,
convertido en labrador,
hizo de su lanza astillas,
para caer de rodillas,
ante el surco redentor.

Al vibrar su voz amena
en la nostalgia concluye
como el raudal que diluye
sus espumas en la arena...
Nublan sus ojos la pena
de la tarde desmayada...
y temblando la enramada
al pasar las mariposas
vuelca un perfume de rosas
en su cabeza nevada.

Del tranquilo atardecer
con la luz de tono vago,
parece el alma del pago
que se está por desprender...
Desata el fondo del ser
una lágrima cautiva
la tarde ya pensativa
recogiendo su visión
¡y pasa la tradición
como una sombra furtiva!

El canto de la pampa


Yo siento como perdura
en los sembrados que acopio,
ese orgullo, ese amor propio
de la grandeza futura.
Y tendida en la blandura
de mis lomas sin marañas,
tiemblo en génesis extrañas
al beso del sol amado...
¡Yo nací para el arado
que me rompe las entrañas!

De los astros al vibrar
sin quebradas y sin montes,
me abrazan los horizontes
en un incendio solar.
Siento lo inmenso del mar
en mi regazo fecundo
y de rumores inundo
el espacio siempre abierto...
¡como si alzara el desierto
las armonías de un mundo!

En la curva indefinida
de mi verde exuberancia
es vértigo la distancia
sin valladar y sin brida...
Y del Andes desprendida
-sábana inmensa de mies-
palpita el mundo al través
de la tierra que se asombra...
¡Al tenderme como alfombra
para que rueden sus pies!

Yo guardo de la leyenda
sobre mi límite ancho
la vieja historia del rancho
como la última ofrenda...
Y en el polvo de la senda
que corta la lejanía,
aún resuena de'otro día
en polvoreda de lauros
¡el galope de centauros
de la patria bizarría!

En mis verdes extensiones
que el arado despedaza
parece crujir la raza
mezclada con los terrones.
Del pasado los girones,
llevan los surcos triunfantes,
y en los confines distantes
de la fiera y del corcel
¡sutura tajos el riel
de una herida de gigantes!

Yo llamo con alboradas
de profética vislumbre
a la vieja muchedumbre
de las tierras agotadas.
En apoteósis de azadas
abro al mundo mi heredad,
por que la fecundidad
de mi suelo ha de extinguir,
¡el hambre de porvenir
que tiene la humanidad!

Venga el hierro del cultivo
y el brazo del sembrador
que mi suelo redentor
no ha sido estéril ni esquivo...
Tiembla el orgullo nativo
en mis humanos antojos,
y con los sacros despojos
de heroísmo que en mi duermen
revienta espigas el germen
y se enfloran los rastrojos!

Yo siento, patria, la diana
del futuro que fascina,
patria, que siendo argentina,
no dejás de ser humana.
Yo soy la tierra lejana
que se convierte en venero,
la que enguirnalda el alero
de tus glorias de arrebol
¡y canta dianas al sol
con el clarín del pampero!

Cuchillo, poncho y caballo


I
Pa'l tiempo en que aún se solía,
poblé marcando orejanos
sacaos a fuego y perrada
del monte y de los bañados.

Contaba entonces mi tarja,
lo que cayera en el lazo
-sin salir de la zoncera
de veinte suertes de campo!-.

Y aquí mesmo a'nde me ve,
redotao y de tamangos,
sin darme güelta el capincho
mandaba parar a mano.

¡Ta claro!
Tenía más vacas
que moscas trai el verano.

Cuando paraba rodeo
llovía polvo en tuito el pago.

Pero...
hubo que recular
p'hacerle patancha al diablo,
y al campo de veinte suertes
lo tuve qu'ir fracionando...

A'ura me queda una suerte;
más mi suerte no es de campo:
suerte de tener salú,
cuchillo, poncho... y caballo.

II
Pa'l mesmo tiempo, tenía
un alma como d'encargo

...Cuando la poblé de sueños
dio tres engordes al año...

Alma y campo, pasto tierno;
verde esperanza alma y campo.
Los novillos con mi marca,
y los sueños... orejanos.

Lindo verme cair entonces
-tropilla'e pelo y chiniando-
a pencas y californias
como peludo'e regalo!

Medio "quebrao de verija"
y echao p'atrás el capacho,
dentraba a pedir boladas
a'nde afluejaban los guapos...

Pero, hubo que arrollar cuartas
cuando vino el tiempo malo
y hasta'l alma de a poquito
la tuve qu'ir fracionando...

A'ura me queda una suerte
pa'rimediar, cuanto cuanto:

Suerte de tener salú,
cuchillo, poncho... y caballo.
(Pintura: Pablo Uriburu)