miércoles, 5 de agosto de 2009

Como dos rejas



Quisiera ser como el pájaro
que al despuntar la mañana,
despierta y le canta al mundo
el canto de una esperanza.

Quisiera ser como el pájaro
que se une a la bandada,
para surcar en el aire
una melga con sus alas;
como si fueran dos rejas,
por el sol iluminada.

Quisiera ser como el pájaro
que al despuntar la mañana,
despierta y le canta al mundo
y el mundo a veces... lo mata.

Quisiera ser como el pájaro,
que tan sólo abre su pico
para cantar y llevar
comida para sus hijos.

Pero apenas soy un hombre...
Es por eso que te pido:
¡de pájaro quiero el alma
si vuelvo a nacer, Dios mío!

Tan sólo quiero cantar
para llenar el vacío
y la inmensa soledad
de aquellos que tienen frío,
y sólo sueñan tener
abrigo para sus hijos.

Quisiera ser como el pájaro,
que al despuntar la mañana
despierta y le canta al mundo
el canto de una esperanza.

Quisiera ser como el pájaro
que al despuntar la mañana,
despierta y le canta al mundo...
y el mundo a veces... lo mata.

Mateando



Para desechar la pena
de la vida en el combate,
no hay mejor que un mate
cuando la yerbita es buena;
da fuerzas en la faena
a que se agacha el rural,
y no hay otra cosa igual
a un sabroso amargo, cuando
lo va el gaucho saboreando
en la puerta del corral.

Esta vida campesina
tiene cosas como miel,
el ranchito, y detrás de él
las caricias de la china.
El pueblero no adivina
la ventura que eso encierra,
porque vive casi en guerra
con las costumbres criollas;
porque el lazo le hace ampollas
y no sirve en una yerra.

Dichoso el que, como yo,
vive siempre placentero
sin que le falte el puchero,
un churrasco y pororó;
y sin doblar ¡eso no!
a ninguno el espinazo,
ni tener, si llega el caso,
que ensuciarse, ni mentir;
que el gaucho sabe vivir
trabajando con el lazo.

Cuando miro desde aquí
el campo verde y risueño,
y me acuerdo que soy dueño
de ese rancho en que nací,
suelo decir, para mí,
con una cierta aflicción,
¡tierra de predilección!
¡cómo valdrían tus pedazos
si siempre guiaran tus pasos
la justicia y la razón!

Con su prole y su mujer,
con su rancho y su campito,
y en el campo un rodeíto
para tener que comer;
¿qué más puede apetecer
el gaucho trabajador,
si tiene en el rancho,amor,
esperanzas en la cuna,
y en el campo la fortuna
ganada con su sudor?

¡Qué sabroso es un amargo
cuando se está en la portera
de la tropilla a la espera
que se acerca al trote largo!
y hay quien dice, sin embargo:
que el gaucho vive a lo bruto;
¡vive pagando el tributo
con que manda a los puebleros
astas, cerda, lana, cueros,
y algún otro rico fruto!

Que el campo es el manantial
de que brota la riqueza
con que la naturaleza
brinda pródigo al mortal;
es la vida patriarcal
de más sencillos placeres,
es la dicha de los seres
que no buscan con fatigas
ni en el hombre las intrigas
ni el lujo entre las mujeres.

Está lindo el campo ¡ahijuna!
verde como una esperanza;
y con paz y con templanza...
¡qué placer y qué fortuna!
pero a lo mejor reyuna
la esperanza se nos queda,
porque cuando bien nos rueda
nunca falta algún mandón
haga sonar el latón
donde el derecho se enreda.

¡Pucha! Parece mentira
que estando tan a la puerta
no haga gobierno que advierta
que ese es el punto de mira.
¡La campiña que suspira
porque en alguna ocasión
le den jefes que, en unión
con el vecindario honesto,
palmeándola y del cabestro
lleven la Constitución.

El campo es grato y es bueno;
no se puede eso negar,
si en él se llega a gustar
lo provechoso y lo ameno;
pero si falta en su seno
la tranquilidad deseada,
ya el campo no vale nada,
del temor se extiende el manto,
y va perdiendo su encanto
como una ilusión soñada.

Con tiempo bueno y con paz
no hay nada como la estancia
de los pastos la fragancia
que es la más rica quizá;
con eso solo nomás
me quedo entre el pastizal,
porque no hallo cosa igual
a un rico amargo criollo
a la orilla del arroyo,
o en la puerta del corral.

martes, 4 de agosto de 2009

Alambrado de veranada


Que esta tierra era de Dios
mi padre me dijo un día,
que era de Dios y era mía
y no tenía patrón.
Dijo no ver la razón
de tener miedo que alambren
ya que esta tierra es tan grande,
criolla herencia del paisano.
Y hoy de prepo echaron mano,
hasta ande duerme mi padre.

Pago donde largos años
veranearon mis agüelos,
en estas leguas del suelo
donde yo hoy parezco extraño,
las leyes gauchas de antaño
cayeron al papelaje,
le han puesto precio al pastaje
y cercaron las aguadas,
quise ser algo y soy nada,
ya no es mío ni el paisaje.

Por dónde no habrá tranqueras
para poder galopar,
quién fuera viento pa'andar .
tiempo adentro y campo afuera,
volver con la primavera,
señalar junto al fogón,
sentir la lluvia y el sol,
guitarrear pialando estrellas,
aura tan solo la huella
inverna en mi corazón.

Aquí nací y me crié,
campeador de sueño y vacas,
hoy me queda un piño e'flacas
y este pobre pangaré.
Pucha, p'ande rumbiaré
ya que todo ésto que amaba,
lo que a mis hijos dejaba,
aura es para los de arriba.
¡Suerte que el cielo está encima,
si no también lo alambraban!

Bagualas


Para escuchar un canto en la montaña
se están abriendo todas las ventanas del cielo.

Sobre las cumbres
se mantiene el rastro del degüello del sol.
Ya la vertiente suelta sus pájaros de espuma
que vuelan cuesta abajo, en vuelo limpio
encendiendo en las peñas un milagro de trinos.

Tranco lento de mulas; tamboril de distancias.
Cruje la senda. Cruje.
Se fatiga y se tiende
desde el valle a la cumbre.

La senda está dolida de distancia infinita.
La noche ha desplegado su bandera de vientos
para emponchar de nubes la canción del arriero.
El canto sube. Sube...
No precisa caminos para ganar la cumbre.

Cárcel de tierra gris; una senda que sube.
Puñal azul, el canto desbarata las nubes...

La Baguala no quiere los guiños de la estrella.
Ni la flor que perfuma, ni la noche serena.

Ella viene de lejos, madura de sentires.
Sabe del nido tibio y del niño que espera.
Del amigo lejano, del camino que duele...

La Baguala no quiere las blanduras
que le ofrece la luna.

Las mulas van andando, cuesta arriba, en la noche.
Van pisoteando nieves para amasar un ritmo.

¡Qué lejos, oh, que lejos del camino, la idea!
¡Qué esperanza infinita, más allá de la estrella!

El pan recién cortado, cordial como un abuelo.
Luchar por un destino, vivir con un sentido.
Madurar de veranos en el alma del niño.

¡Qué canciones de paz en las espuelas!
¡Qué de semilla blanda, para sembrar la vida…!

Si la vida cambiara...
Si floreciera el alma como florece el árbol...
Si la voz que nos nombra fuera música.
Si las mulas que arreamos fueran nuestras.

Entonces sí que vengan mensajes de la luna,
Y guiños de la estrella.
Y se embriague de vida la luz de las calandrias.
Y el verde de las hierbas...

¡Que mientras duela adentro lo inútil, lo inseguro,
latigazos del hambre, desamparos y olvidos...
andarán cuesta arriba las mulas con su ritmo,
rumbo a la noche oscura!

¡Y el hombre de los cerros gritará su Baguala.
Como un grito sin eco;
extranjero en la vida, perdido en la distancia.
Enardeciendo angustias
y degollando sombras...!

Con un destino igual al de los ríos:
cantar, llorar y andar por los caminos.

El Quencho


Fue una noche de verano
nublada de vino y cañas,
que la muerte dejó el monte
y se emboscó en la cañada.

La luz de los tucapanes
por el camino cruzaba...
Y eran cirios de tragedias,
presagios de angustias largas.

El Quencho y Jesús, hermanos
de sangre que se brindaban
junto al duro trabajo
de sol a sol en las chacras.

Alambradores de oficio
peones de campo, en estancias,
criollos del monte... ¡mi monte!
pobres... hasta en las palabras.

Salvo cuando en el boliche
se topaban con la caña.
El alcohol les desataba
el nudo de las palabras...

El Quencho, era un pan de bueno
y si el vino lo apuraba
¡jamás se lo vio ofensivo
...aun recuerdo su mirada!

Celeste como los linos
en las ruedas de mateada
y enturbiada pero mansa
cuando rondaban las cañas.

Jamás pude comprender
cómo el destino, ¡sin nada!
la suerte de dos hermanos
con pinceladas de drama...

Lo cierto es que aquella vez,
después de una noche larga,
en la esquina del boliche
entre naipes y jarana;
el amancer los vio salir
juntos, sin palabras
con el poncho del alcochol
que nadie bien acompaña.

Un vecino que salía,
madrugador de su chacra,
fue quien trajo la noticia:
"que allá por la cañada,
acostado en el camino,
el Jesús se desangraba..."!

- "¡Fue el Quencho!", dijeron todos
salieron juntos al alba...
-"¡El Quencho mató a su hermano!",
todo el pago sentenciaba.

Y el Quencho manso de siempre
se resignó sin palabras...
y la cárcel le tapó
su imagen de vida mansa.

Mas la justicia del hombre,
y la de Dios que es más alta;
arrimaron a su celda
las luces de la esperanza.

Que se plasmó una mañana
en que llegando a las casas
lo vimos libre al Quencho
¡libres de culpas estabas!

Y mirando sus pupilas,
azules lagunas mansas,
la justicia de los hombres
en ellas se reflejaba.

Trabajo del runa


Trabajo es el canto de la madrugada,
con frío, con lluvia, con nieve y escarcha
trabajo del runa de alturas heladas,
menuditas ocas, collarejas papas.

Cercado de cerros con piedras y lajas,
chancando el maíz, campeando las llamas
miserables cargas de panes de sal,
picotes oquechos, rebozos de lana.

Trabajo en el cerro, motecito de habas
ulpadas al viento en los ojos de agua,
arriando los burros, caminatas largas,
cinchando las cargas en las cumbres altas.

Espantar al zorro, silbar a las cabras,
corazón al viento en noche cerrada;
rodillas en tierra, apacheta brava,
bujido de burros, cusilas que cantan.

Trabajo del runa que se va a la zafra,
cargau sus chalonas, llevando sus guaguas,
trabajo del duro minero que canta,
socavón adentro, Pachamama santa.

¡Sequías terribles, ni gotita de agua,
ovejas que mueren, cosechas heladas,
polvillo en las papas, gusano en las habas,
trabajo del runa, ¡ah trabajo maula!

Jujeñito



Hoy mi puesto a pensar en mi pago,
orgulloso de ser un Jujeño.
Hoy mi puesto a llorar por mi tierra
Pachamama, solar quebradeño.

Hoy mi puesto a pensar en mi guagua
en mis tequis, mi chola, mi perro,
hoy mi puesto a cantar con mi caja,
tal vez lejos, muy lejos del cerro.

Hoy he visto la Puna en un sueño,
verdi, torja, marrón, colorada,
y sentau a lau mi apacheta,
bien juntito a mi quena lloraba.

Y te'i visto Huamahuaca callada
con tus calles angostas y claras.
Tus tapiales, pircas y antigales,
tus ovejas, tus burros, tus cabras.

Hoy mis ojos también si mojaban
cuando chajchas y bombos sonaban;
y el erquencho en mis manos temblaba,
Y tus valles verdosos miraba.

¡Hoy mi puesto a pensar en mi pago;
ramal, puna, quebradas y valles,
Abra Pampa, Humahuaca, La Quiaca
¡Jujuycito de mi alma encantada!