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domingo, 19 de diciembre de 2010

La milonga de la vida


En esta milonga criolla
suelto mis coplas al viento
para decir lo que siento
sólo ante Dios me rebajo
soy templado en el trabajo,
el rigor y el sufrimiento.

Y con uno que me escuche
no ambiciono más abrigo
la confianza de un amigo
al hombre le da valor,
con un solo sembrador
la tierra da mucho trigo.

Vale más quien siembra un grano
que quien por vicio destroza;
hace a la mujer hermosa
un cariño verdadero,
la mano del jardinero
le da belleza a la rosa.

La vida pone las cosas
en lo hondo, lo verdadero
el hombre leal y entero
no maltrata al infeliz,
la fuerza de la raíz
es la que aguante al pampero.

Muchos sin tener cimientos
quieren trepar de un tirón
ignoran que no es cuestión
de subir salteando escalas,
a la fuerza de las alas
las impulsa el corazón.

Para el que sabe sentir
lo exterior es lo de menos,
son los sentimientos plenos
los que han de prevalecer:
todos traemos al nacer
la obligación de ser buenos.

Puede ser un hombre sabio
desoído o ya olvidado,
pero nadie está obligado
a guardar gloria y renombre,
pero es un deber del hombre
ser en toda prueba, honrado.

Por muy grande que sea un hombre,
por muchas que sean sus galas,
debe pensar que lo iguala,
sin vanidad y sin orgullo
un gusano en su capullo
que hace en silencio sus alas.

Disfrazan tanto las cosas
que hacen del sol un capuz,
y hasta confunden la luz
y olvidan por vanidad
que Jesús, con la verdad,
subió descalzo a la cruz.

Soy cantor humilde y llano,
ni el más malo ni el mejor,
pero, eso sí, soy cultor
de la verdad lisa y llana,
pues mintiendo se hace vana
la obra noble del cantor.

EI cristiano que es de ley,
si en esta huella se planta
y la bandera levanta
de su pueblo en el cordaje
debe tener el coraje
de jugarse cuando canta.

Milonga de pampa y cielo

Del cantor


Hay quien entona por lujo,
clara la voz y el acento;
pero dice el argumento
sin transmitir lo que canta,
porque no está en la garganta
la hondura del sentimiento.

Cantar es decir la vida
con la música mejor,
integrándose el cantor
a la ruda lucha diaria,
como chispa solidaria
que hace saltar al rigor.

Es buscarse pecho adentro
en humana comprensión,
iluminar la canción
con el sol de la confianza
y hacia un tiempo de esperanza
levantar el corazón.

El que canta porque sí,
canta lo que le conviene,
y cantando se entretiene
sus virtudes exponiendo,
pero el que canta sintiendo
muestra la hondura que tiene.

Yo lo escuché en los fogones
y en el galpón lo viví,
y cuando al cantor le oí
cantar su nostalgia oscura,
a su eterna desventura
como propia la sentí.

Quien pierde lo que no sabe
ingora lo que ha perdido
y el que su canto ha vendido
finge llorar por su idea,
lo hace para que lo vean
llorar lo que no ha sentido.

El que expone sus razones
interpretando la vida,
habrá de dejar prendida
su copla como raíz,
y hará de la cicatriz
la memoria de su herida.

Cantar es cuestión de ver
más allá de la apariencia,
cavando en la oscura esencia
donde germina el quebranto,
para que se moje el canto
con la luz de la conciencia.

El canto no es solo canto,
vale por su contenido,
el que en verdad no ha sufrido
mal puede hablar de aflicción,
llena el alma la canción
del que canta lo vivido.

sábado, 28 de noviembre de 2009

La mujer y la guitarra


La mujer y la guitarra
como muchas cosas más,
las hizo Dios pa'tocarlas
más yo no puedo olvidar,
las guitarras que he pulsao
con el afán de encontrar,
la que acompañe mis sueños
y esto no es por comparar;
hubo algunas que al templarlas
comenzaron a chillar.

Una vez tuve una hermosa,
guitarra de formas finas;
que me gustaba tocar
porque era dulce y gemía.
No fue guitarra pa pobre,
me la llevaron un día;
y hoy no me aflije su ausencia,
pues por cosas de la vida;
supe que anda en otras manos
gimiendo como en las mías.

Quedé solo con mi suerte
pero algún tiempo después,
de la vida en los caminos
otra guitarra encontré.
Fue por viejas experiencias
que apenitas la templé,
como aquél que la tuvo
antes que yo, alguna vez;
me dí cuenta que mentía
y yo también la dejé.

La guitarra sabe ser
como su mismo encordado,
que cuando es nuevo desdice
y anda bien después de usado.
Vuelve a desdecir de viejo
y en tal caso hay que cambiarlo,
más el que cambia guitarra
por cosas que ya he expresado;
puede perder la que tiene
sin agarrarle la mano.

Hay maneras muy distintas
de igualar un encordado,
puede ser por las bordonas
tercera alta o prima baja,
y hay otra forma secreta
que conocen los que cantan;
el de guitarra llorosa
aunque es difícil templarla,
porque han llorado cantores
sin que llore la guitarra.

Hay guitarras que son duras,
las hay demasiado blandas...
y hay otras que no se templan
ni con clavijos de plata.
También las que desentonan
con quien las tiene y les canta...
Yo quisiera una sencilla
que aunque me cueste templarla,
se duerma sobre mi pecho
así quiero una guitarra.

Pa salir del paso


Siempre la gente me ha dado
un lugar para cantar
o mejor dicho pensar,
en voz alta y con cuidado.
Aprendí a dejar de lado
las vanidades vacías,
escombro de la porfía
que el hombre lleva en la mente
y que crece tristemente
en las almas sin valía.

Golpe tras golpe y caídas,
no mellan los sentimientos,
ni se arreglan con lamentos
las cosas que están perdidas.
Las estrellas encendidas
solitas se han de apagar,
aprender a razonar
es un deber del cristiano;
sino en el primer pantano
seguro se ha de quedar.

Se equivoca en esta vida
quien cree que compró la suerte,
sobre el débil pasa el fuerte
y aprovecha la partida.
Pero el ave mal herida
si recupera su vuelo,
sabe que en el ancho cielo
su remedio ha de encontrar,
y así podrá restaurar
sus más profundos anhelos.

Al recibir una mano,
si bien es de buena fuente
siempre he tenido presente
el sentimiento más sano.
Cuando el potro es orejano
es dueño de su destino,
pero el avaro es mezquino,
el que sólo piensa en él;
no tiene un amigo fiel,
es oscuro su camino.

Pensamientos de un trovero
hoy aquí he venido a dejar
solo por querer andar
con el canto verdadero,
"un grano no es granero"
dice un proverbio español,
y si tenemos buen sol
la cosa va a ser pareja,
aunque la luna sea vieja
siempre sirve de farol.

Algarrobo centenario


Viejo algarrobo, tu sombra
centenaria y bonachona
trae frescuras al alma
de distancias y de auroras.

Cuántas lunas y luceros
alumbraron tu silencio
cuantos recuerdos lejanos
te han arrimado los vientos

Algarrobo sos ejemplo
de firmeza y de ternura
si supieras como siento
tu infancia en tardes de lluvia.

Que suerte poder tenerte
junto a mi pecho y decirte
que si una esperanza muere,
entre tus ramas revive.

Algarrobo... sueño y luz,
destino de siembra nueva.
Refugio de las estrellas,
aliviador de las penas.

Pronto llegará el invierno,
yo vendré a buscar tu abrigo
y me quedaré en tus brazos
para cubrirme del frío.

Quiera Dios, viejo algarrobo
que a tu corazón de árbol
lleguen un dia mil rosas
a perfumarte los años.
Símbolo de “La Teresa”,
Viejo algarrobo entrerriano.

jueves, 6 de agosto de 2009

La primavera


Y cuando suelta la tarde
ariscas sombras del cielo,
sube otra nube del agua
lenta de garzas y teros.

¡Qué susurro de plumajes
lleva en sus ancas, el viento;
y qué primavera la hoja
celosa de ojos abiertos!

Por todo lo que no tuve
lo que perdí y no me acuerdo,
canto septiembres de luz,
primaveras del encuentro.

Libertad de la ramita
que vence sola un invierno.
Primavera que me vuelve
el corazón, casi eterno.

Ella andaba por la vida
livianita de caricias
cesante de halago y besos
yo venía de otra noche
remando con desencuentros...
¡Cómo pasa y cómo vuelve
el vino que llevo adentro!
¡Qué primavera la línea
del horizonte azulenco!

Tal vez no me espera nadie...
Tal vez, ya todos se fueron.
Tal vez voy siendo nomás
suspiro solo, sin dueño;
exhalación de mis montes,
gorrioncito querenciero...
¡Qué primavera la vida
que ardida prende de nuevo!

Y cuando venga la sombra
por talas, leguas y sueños
a inundarme la garganta
con provincias de silencio;
cantaré con las calandrias,
cardenales, benteveos...
¡Qué primavera de cantos
me fui sembrando en los huesos!

martes, 4 de agosto de 2009

El Quencho


Fue una noche de verano
nublada de vino y cañas,
que la muerte dejó el monte
y se emboscó en la cañada.

La luz de los tucapanes
por el camino cruzaba...
Y eran cirios de tragedias,
presagios de angustias largas.

El Quencho y Jesús, hermanos
de sangre que se brindaban
junto al duro trabajo
de sol a sol en las chacras.

Alambradores de oficio
peones de campo, en estancias,
criollos del monte... ¡mi monte!
pobres... hasta en las palabras.

Salvo cuando en el boliche
se topaban con la caña.
El alcohol les desataba
el nudo de las palabras...

El Quencho, era un pan de bueno
y si el vino lo apuraba
¡jamás se lo vio ofensivo
...aun recuerdo su mirada!

Celeste como los linos
en las ruedas de mateada
y enturbiada pero mansa
cuando rondaban las cañas.

Jamás pude comprender
cómo el destino, ¡sin nada!
la suerte de dos hermanos
con pinceladas de drama...

Lo cierto es que aquella vez,
después de una noche larga,
en la esquina del boliche
entre naipes y jarana;
el amancer los vio salir
juntos, sin palabras
con el poncho del alcochol
que nadie bien acompaña.

Un vecino que salía,
madrugador de su chacra,
fue quien trajo la noticia:
"que allá por la cañada,
acostado en el camino,
el Jesús se desangraba..."!

- "¡Fue el Quencho!", dijeron todos
salieron juntos al alba...
-"¡El Quencho mató a su hermano!",
todo el pago sentenciaba.

Y el Quencho manso de siempre
se resignó sin palabras...
y la cárcel le tapó
su imagen de vida mansa.

Mas la justicia del hombre,
y la de Dios que es más alta;
arrimaron a su celda
las luces de la esperanza.

Que se plasmó una mañana
en que llegando a las casas
lo vimos libre al Quencho
¡libres de culpas estabas!

Y mirando sus pupilas,
azules lagunas mansas,
la justicia de los hombres
en ellas se reflejaba.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Este oficio de cantor.


Porque siempre me ha gustao
abrazarme a esta madera,
hoy suelto de mi asidera
el lazo más entonao.
La guitarra me ha invitao
por milonga a este floreo
y ya que justo me veo
en esta rueda de criollos:
via a tirar con todo el rollo
el pial que en el pecho llevo.

Tuve la suerte, señores,
de haber nacido Argentino
y pa' mejor el destino
me entreveró entre cantores.
Oficios habrá mejores
pero entrando a comparar
nadie me puede negar
que entre el cuervo y el jilguero:
está de luto el primero
porque no aprendió a cantar.

Esta es mi vida nomás
y yo la elegí a mi modo,
donde quiera me acomodo
si es que me hacen un lugar;
me gusta poder cantar
cuando esta guitarra toco,
a nadie envidio, provoco
cuando mi voz desembucho:
hay quien es pobre con mucho
y yo soy rico con poco.

Porque lo quiso mi estrella
soy distinto que el hornero
donde me invitan me quedo
donde no, sigo la huella.
Tal vez nunca me haga mella
no haber tenido mi nido,
yo soy cruzao con camino
y aunque por muy andador:
nunca me falta un rincón
en el rancho de un amigo.

Y ya nomás me despido
con esta pampa milonga.
Ya sabe, cuando disponga
puede ir contando conmigo
cuando me pegue el chiflido
llegaré hasta su fogón
llevando en mi diapasón;
mi canto hecho de esperanza
y si con esto no alcanza
les dejo mi corazón.