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sábado, 2 de julio de 2011

En el baño


Apreta fuerte el calor,
el sol es como una fragua,
y pa tal caso en el agua
es ande uno está mejor.
Aunque no sea nadador
será fácil pa cualquiera,
si el calor lo desespera
hallar de golpe, un calmante,
pues tiene cada habitante
pal uso una bañadera.

En el campo, -ni que hablar-
cerquita del rancho criollo
ha de correr el arroyo,
ande uno dentra a bracear.
Y si este suelo faltar
pa darle gusto al que sea
si refrescarse desea,
siendo del país u de Europa.
Está la tina'e la ropa,
la pileta u la batea.

La cosa ya es diferente
si se trata e la ciudad
ande hay la comodidá
que ofrece el agua caliente.
Pal caso fría u caliente,
está pa todos igual.
Y pa combatir el mal,
siempre hay de sobra pal baño,
saliendo limpia del caño,
como agua del manantial.

Yo a veces como el pueblero,
aunque sea un maturrango
por el calor me arremango,
cuando ya es demasiado fiero.
Y aunque resulte el primero
que este apurón he pasao,
lo vi'a dejar asentao,
pa que sirva de enseñanza,
sosteniendo la esperanza
de que otro ande con cuidao.

Me senté en la bañadera,
sin más ropaje, que el cuero.
Diciendo pa mí, aura espero,
que llueva la regadera.
Pero la impresión más fiera,
me sacudió de repente.
Porque como un inocente
que ni malicia tenía.
Por aflojar l'agua fría,
aflojé l'agua caliente.

Entuavía estoy sintiendo
soplar a los borbotones,
el agua, que a rempujones
por el caño salía hirviendo
y pa siempre e de ir sufriendo
del descuido el resultao.
Porque un día desesperao
y aplastao por el calor,
juí a bañarme, y por error,
salí del baño, pelao.

miércoles, 29 de junio de 2011

Un baile del tiempo viejo


Rezongaban en un rincón,
el teclao de la cordiona,
una mazurca lerdona,
que llegaba al corazón.
Era un rancho de terrón,
ande la fiesta se hacía,
y cada candil ponía,
en la paré senicienta,
la claridá amarillenta
que la llama producía.

Se sentían las parejas,
mesmo que en un pisadero,
y oservando el entrevero,
se volvían ojos, las viejas.
Los mozos, en las orejas,
de las mozas como flores
iban goteando primores,
con palabras de alabanzas,
¡haciendo criar esperanzas,
pa después trensar amores!...

El malambo, galopiando
los tacos en las mudanzas,
resultaba entre las danzas,
un contrapunto bailando.
Y para dirse probando,
los mozos, se desafiaban.
Las mujeres suspiraban,
y con el oido al rasgueo
se ajustaba el zapateo,
y los aplausos volaban.

Cáiba a la fiesta un cantor,
que una guitarra pulsaba,
y a su compás desgranaba,
la espiga de su dolor.
Luego un viejo decidor,
cortándole el bordoneo,
después de hacer un rodeo,
pa contar un sucedido.
Al cantor, por ser cumplido
lo envolvía en un floreo.

Con cuidao en la cocina,
revolvían el chicolate,
dejando de lao el mate,
por tan rica golosina.
Se hacía puchero'e gallina;
tortas de horno, empanadas,
las brasas desparramadas,
abajo'e los asadores,
daban con sus resplandores,
color a las enramadas...

¡Bailesitos que se jueron,
por el progreso barridos!
donde se tejieron nidos,
donde las dichas se hicieron!
Los que de lejos vinieron
aventaron los fogones,
¡Pero hay en los corazones
argentinos, todavía,
bien hondo, la simpatía
por las viejas tradiciones!

El gaucho enfermo


Cuerpiandolé al curandero,
y acobardao por sus curas,
enfermo de las achuras,
juí a ver al doctor pueblero.
Y le dije al hombre: "quiero,
me haga una revisación,
y me ponga en curación,
que pá eso del campo vengo.
¡Parece que adentro tengo,
como una revolución!...

El corazón fatigáo,
da a veces sus aletazos,
arisqueando en otros casos,
parece cambiar de láo.
"Ha de estar enamorao,
-el doctor me respondió-
"Abra la boca, ordenó,
pa ver si su mal encuentro".
Después de mirar pa adentro
de esta manera me habló:

"Bueno, amigo, no hay que hacer,
a usted lo voy a curar,
pero tiene que pasar
unos días sin comer.
Porque asigún pude ver
su estómago se ha cargao,
el hígado ha amontonao,
así como un pedregal,
y pá salvarlo del mal,
tiene que ser operao.

Están duros sus tendones,
y usted anda como embarao,
eso es porque se han cansao
de trabajar los riñones.
Con sellos, con inyecciones,
volverán a funcionar.
Pero, tiene que aguantar
con pasencia la carrera:
¡Su cuerpo es una tapera,
que se empieza a derrumbar!..."

La noticia mortifica,
al hombre mejor templao,
por eso es que acobardao,
juí marchito a la botica,
con el papel, ande explica
la melesina el doctor
y pa aliviar mi dolor,
y pa aflojar mis tendones,
¡me dieron unos botones,
como pa mi tirador!...

Me voy pa siempre del pago,
-dije pa mí desidido:
yo, pa avestruz, no he nacido
y esos botones no trago!...
La muerte me hizo un amago,
pero, de mí se ha olvidao,
áura tranquilo he quedao
el dolor, pasó de largo.
Me curé con mato amargo,
con ginebra y con asao.
.....................................

Dedico estos versos llenos de cencia y terapéutica sabiduría criolla, al paisano don Carlos Raúl Risso, pà que se siga recuperando de su operación, camperamente, es decir: a lo muerto, pero de risa... un abrazo del gauchoguacho

jueves, 3 de marzo de 2011

Un viaje en ferrocarril

¡De ánde se me iba a escapar
la máquina chifladora
que llaman locomotora,
sin que la hiciera bramar!...
El patrón me hizo dentrar
nada más que pa que viera,
y yo dije: ni carrera,
en cuanto esté descuidao,
sale el tren desesperao
echando humo, puerta ajuera.

Y empezó a los resoplidos.
Cuando subí, el maquinista
no me perdía de vista
al verme tan atrevido.
Y me dijo: "¿A qué ha subido?,
aquí no puede viajar;
baje, que puede llegar,
y si lo ve el inspector,
un repunte de mi flor,
es el que me via ligar".

-"Es que yo quiero saber,
le dije, por qué se mueve;
quiero que eso me compruebe,
usted, que pudo aprender.
Cuando lo veo correr
llevando un tren de ganao,
mil veces me he preguntao
con qué diablos se alimenta.
Y cómo es que no revienta
con asunto tan pesao".

Se rió el hombre pa decir:
-"Eso es largo de explicar,
y por más que llegue a hablar,
no lo voy a conseguir.
Cuando el agua empieza a hervir
y se transforma en vapor,
se hace fuerza superior,
que dentro está contenida,
y ande se le da salida
dentra en función el motor".

"Cada pieza en su lugar
se pone así en movimiento,
ya ve que este es un invento
que no lo puedo explicar.
Y aura váyase al lugar
que usté elija en el vagón;
haga allí la observación,
y espero que este paseo
le sirva de diversión".

No había más que obedecer
al mozo que tan atento
quiso explicarme el invento,
que no pude comprender.
Así dentré a recorrer
el tren sólo pa observar,
lo que aura les via contar
si no me falla la mente,
lo que vide en esa gente
que está obligada a viajar.

Dentremos en el salón
que le llaman de segunda
pa que no se le confunda
con el de la distinción.
Ahí se ve la variación
de gente de todo pelo,
que afirmada en este suelo,
con la nuestra entreverada,
vive serena y confiada,
sin temores ni recelo.

Ahí va el ruso, el japonés,
el turco y el italiano;
con el norteamericano,
tan parecido al inglés.
El alemán, el francés,
el belga, el noruego, el checo,
el rumano, el austríaco,
el español, el polaco,
y alguno de algún Marrueco.

Yo, sentado en un rincón
mientras aquel tren dispara,
observo esa gente rara
con la mayor atención.
Oigo la murmuración
de cosas que se preguntan;
pienso que todos apuntan
pal lao de vivir en paz,
y digo pa mí ahí nomás:
"Dios los cría; ellos se juntan".

Es que los que combatieron
pa darnos la libertad,
pa hacer la felicidad
del mundo la patria abrieron.
De ahí que estas gentes vinieron
quién sabe de ánde a buscar
en nuestra tierra el lugar
que los criollos ofrecimos,
por lo que sólo pedimos
voluntá pa trabajar.

Y los dejo. Su carrera
sigue el tren desesperao;
yo me voy al otro lao,
que es el vagón de primera.
Ahí va la gente pueblera,
tranquila y despreocupada,
bien vestida y delicada;
todo ha cambiao de color,
y se respira el olor
de una sala perfumada.

Suavecitos los asientos;
blanditos los almohadones,
allí las conversaciones
aunque esucho, no las siento.
Cualquiera se halla contento
con gente de sociedá,
y se entiende esta verdá
que mi palabra desata:
sin deudas, así, y con plata,
dejuro, hay felicidá.

Pero sigamos bichando
pa que no se corte el cuento,
y el que crea que le miento,
que observe, si va viajando.
Sigo por el tren pasiando,
y me allego al comedor.
Encandila el esplendor,
el lujo y la elegancia.
Yo le llamo en mi ignorancia:
un boliche de mi flor.

Allí todo es reluciente,
del cielo raso hasta el piso;
y uno se siente petiso
si le falta el don de gente.
Pa todo hay que ser prudente
y no pedir nada a gritos,
pa eso están los botoncitos
en la pared del costao,
que en cuanto los ha apretao
llaman con los cencerritos.

Y ya viene el servidor
pa trairle lo que uno pida,
el que atiende el mostrador.
Si uno se queja, el señor
le ha de prestar atanción,
y en aquella situación,
afloja el más enojao.
¡Da gusto verse tratao
con tan buena educación!

Y aura sí; pa terminar
mi relación enseguida,
ande arreglan la comida
tenemos que visitar.
Allí se puede almirar
al hombre trabajador,
cocinao con el vapor
de todo aquél entrevero,
es el pobre cocinero
el alma del comedor.

Allí con sus ayudantes
él prepara las raciones
y desparrama atenciones,
entre salsas y picantes,
al gusto de los viajantes
que a veces son exigentes,
sobre las planchas calientes
la carne chilla encongida
y va largando comida
pa que trabajen los dientes.

Yo me acerqué de curioso,
pa mirarlos trabajar,
y tuve que disparar
por el aire caluroso.
Salí de allí sudoroso,
y cuando me encontré ajuera
refrescando la mollera
pensé que esos pobrecitos
entre sopas, y entre fritos,
son esclavos de primera.

martes, 18 de enero de 2011

Cuidao con los angelitos

(Pintura: Antonio Berni)
Hay que armar hasta los dientes
a los hijos de este suelo,
no sea que dende el cielo
nos comience a llover gente.
Ser como hast'aura, prudentes
es en verdá un desacierto
cada uno ha de estar despierto
y aunque su bondá se quiebre,
hay que hacer como la liebre:
¡dormir con un ojo abierto!

Dicen las murmuraciones
que la raza de amarillos
ha preparao los gatillos
pa ganarse a estas naciones.
Ya son muchas las razones
que hacen que aura desconfiemos,
siendo mejor que olvidemos
diferencias de partidos
porque así mejor, unidos,
las patrias defenderemos.

Y debemos recordar
el dicho del gaucho pueta:
"Cada lechón en su teta
es el modo de mamar".
Y al que pretienda dentrar
sembrando odios con la guerra,
hagámosle ver que encierra
el criollo en su corazón,
virtú que da la razón
para defender su tierra.

Si nuestros ranchos les dimos
y amparo en nuestra bandera,
a quien de tierra extranjera
como hermanos recibimos,
solamente le pedimos
trabajo y tranquilidá,
resultando una ruindá
que pague con la traición,
queriendo pa su nación
todita la humanidá.

Ésta patria que nos dieron
los que por ella peliaron
y un ejemplo nos dejaron
cuando por ella murieron,
si no es pa los que vinieron
y en ella se acomodaron,
al ñudo lo tironearon
"como el perro en vaca muerta".
La patria nuestra está abierta
pa salir como dentraron.

Ya no es cuestión de gastar
tanto jarabe de pico,
que el criollo no ha de ser chico
para hacerse respetar.
Es tiempo de revolear
con juerzas el arriador,
y hacerle ver el rigor
de los hijos de esta tierra
al extranjero que encierra
la vileza del traidor.

Por el clavel de Ramón

(Pintura: Castagnino)Con un clavel colorao,
más grande que un corazón,
llegó el paisano Ramón
a un baile que jue invitao.
-"¡Salvaje!" gritó un malvao,
con quien Ramón ni se hablara
y para colmo lanzara
una carcajada hiriente,
que al oir eso la gente
como un chiste festejara.

Quedó Ramón tan cortao
sin saber a que atinar
al sentirse provocar
apenita habrá dentrao...
-"¡Claro que soy colorao!
aquí dentro y ande quiera,
y ahora paisano quisiera
si aguanta el que me provoca
que me repita esa boca
lo de salvaje ahí ajuera".

Se hizo un silencio profundo
después de la carcajadas,
se cruzaron las miradas
la tragedia presintiendo.
Tras Ramón salió corriendo
el gaucho provocador;
dicen que era peleador,
un artista pa’ el cuchillo,
en cambio Ramón sencillo
buen mozo y trabajador

Todos al verlo salir
dijeron casi a una voz
-"¡Pobre Ramón! ¡Santo Dios!
¡En que mano va a morir!".
El temor se hizo sentir
en toda su intensidad
porque Ramón en verdad
era la misma modestia,
en cambio Juan una bestia
salvaje hasta la crueldad.

Listo ya los corazones
sin buscarse se encontraron,
ya las bocas se apagaron
pero hablaron los facones...
Lanzan tajos a montones,
puñaladas a granel,
Ramón se muestra más cruel
pues resulta el más valiente
y se abalanza nuevamente
dispuesto acabar con él.

El duelo se torna cruel
terrible y desconsertante
tanto que ni el mismo Dante
pintaría un infierno igual.
Pero lo más fantasmal
de aquella lucha de liones
es que parecía visiones
al largarse puñaladas
por las chispas que largaban
el chocar de los facones.

La noche estaba clarita
como mandadita a hacer,
¡Qué clara se podia ver
aquella lucha inaudita!.
Juan le tira, Ramón quita,
más Ramón vuelve a tirar,
diciendo: -" Vas a pagar
con sangre tus carcajadas
y se lanzan puñaladas,
con las ansias de matar.

La lucha es bien parecida
pero de pronto se nota
que a Juan la sangre le brota
a torrente de una herida.
Tiene la frente partida
de un hachazo colozal
mas sigue peleando igual
como un tigre enfurecido
para después caer vencido
de otro puntazo mortal.

Alza Ramón nuevamente
Su brazo de triunfador
pero un grito aterrador
lo detiene de repente...
-"¡Basta!" le grita la gente
y Ramón tira el facón,
se inclina de corazón
pa’estrecharlo entre sus brazos
pero se oyen dos balazos
que parten de la reunión.

Su cuerpo se estremeció
junto con los estampidos
y entre profundos quejidos
dió dos pasos y cayó.
-"¡Cobardes!¡Maulas!", gritó
"porqué no tiran de frente"...
Y se paró nuevamente
con valor extraordinario
pa’caer sobre el contrario
y morir como un valiente.

Nunca se pudo saber
quién jue el que mató a Ramón,
jue tanta la conjución
que nadie pudo entender.
Se hablaba de una mujer
a quien Ramón despreció
y ante una virgen juró
matarlo ella misma un día...
Todo eso se decía
pero no se comprobó.

martes, 4 de enero de 2011

Tironeao por el dientero


Andaba desesperao
del dolor de la quijada
que estaba como soplada,
y un ojo me había cerrao;
y aunque me hubo aconsejao
muy atento el curandero
ningún remedio casero
pa aquel asunto servía
porque la muela tenía
tal vez de vieja, un aujero.

De hacer buches me cansé,
me hice flojo, siendo guapo,
y hasta la panza de un sapo
sobre el cuerpo refrequé.
Después el sapo colgué
al sol, pa que se secara,
y así el dolor me calmara,
pues me decía que de cierto,
al quedar el sapo muerto
era fácil que curara.

Pero el remedio apuntao
no me sirvió para nada,
seguía igual la quijada,
y el ojo zurdo, cerrao.
Fué entonces que resignao
pa la ciudá enderecé,
un güen dientero busqué;
la boca abrí a su mandao,
y bastante desconfiao
a su saber me entregué.

Ya había bajao la hinchazón
cuando empezó la consulta
que entuavía me resulta
motivo de almiración...
Dandolé cuerda a un sillón
en el que me había sentao,
quedé en el aire estirao
y a voluntá del dientero,
que escarbaba en el aujero
con un fierrito lustrao.

Y cuando el ñiervo tocaba
al revisarme la muela
de toda la parentela
allí estirao me acordaba.
Riendo el hombre trabajaba
y... ¿le duele? - preguntó-.
Ya le iba a contestar yo,
pero agatas largué un grito,
y en la punta del fierrito
la muela rota salió.

Un vaso'e vino tibión,
me dió pa pasar el susto.
¡No pude tomarle el gusto
pues lo tragué de un tirón!
Y dende aquella ocasión
al que cuento lo pasao,
casi siempre ha resultao
motivo de diversión.
Lo cierto de la cuestión
es que ansima me he curao.

lunes, 3 de enero de 2011

Sobre asunto del amor

(Pintura: Carlos Montefusco)
Contaba el viejo Zenón,
a quien lo quería escuchar,
sus mañas pa gambetear
los golpes del corazón.
Y como hay una lección
pa todos, con su saber
yo en esto quiero poner
un poco de su esperencia,
pa que aproveche tal cencia
aquél que quiera aprender.

La mujer que no ha pasao
de las veinte primaveras,
vive pensando en sonceras
siendo un dulce codiciao.
Quien sea viejo, hágase a un lao
pa contemplar esa flor,
y no empañe su esplendor
saliéndose de su huella,
que se haya muy lejos de ella
pa que lo acerque el amor.

Cuando la felicidá
quiera el mozo enamorao,
también debe hacerse a un lao
la mujer de más edá.
Aunque ella le diga que está
enamorada y vencida,
saque el cuerpo a la embestida,
pues si la hace compañera,
se atará una carcelera
que le ha de amargar la vida.

Siempre el que miente mejor
si se entrega cabrestando,
es el que más va ganando
en los asuntos de amor.
Si lo celan, lo mejor
es hacerse el ofendido,
pues cuando lo crean vencido
le saldrá mejor la cosa.
Convencer a una celosa
pal hombre es tiempo perdido.

La mujer, la más ladina,
la más seria y retadora,
en su espíritu atesora
ternezas de chiquilina.
Antes de hincarle la espina
del desprecio o del rencor,
porque le falla en amor,
o le cortó una esperanza,
piense que nada se alcanza
tratándola con rigor.

Y decía el viejo Zenón:
"quien sepa hacerse querer,
es el que puede tener
más suerte en esta cuestión.
Antes de dar un tirón
conviene más aflojar,
pues el que dentra a jugar
deberá de comprender
que algo tiene que perder
el que pretende ganar".

domingo, 2 de enero de 2011

Mayorcito


Güeno m'hijo, ya semos cuasi iguales.
Ya le ha entregao el juez la papeleta
y asigún acredita el documento,
puede dir y opinar por ande quiera.

De hoy en más, lo que piense,
lo que haga, lo que sienta
tendrá que sustentarlo con el nombre,
con su brazo, su plata y su concencia.

Tuito eso es la fortuna
con que a las luchas de la vida dentra
y usté sabe el empeño que hemos puesto
pa que al llegar a mozo la tuviera.

Mientras golvemos al tranquito a casa
ande estará su mama como clueca,
loca de ganas de abrazar al hombre
con que el cielo al final la recompensa,
le vió decir las últimas palabras
que le guardó pa esta hora mi esperencia:
si le estorban, las oye y las olvida;
si le sirven, las oye y las olvida;
pa que lo ayuden a encontrar el rumbo
en ese viaje largo que le espera.

Ser hombre, no es ser dueño
de crerse más varón que cualisquiera
ni de llevarse a naides por delante,
ni andar de reja en reja
dejando en una, fama de vicioso
y en la otra, de manchar honras ajenas.
Las del boliche son, pa un por si acaso;
las que hay en las ventanas, pa querencia.
Tejen el enrejao de pulpería
unas arañas negras
que se añudan al cuerpo de un cristiano
y ansí amarrao, en la prisión lo entriegan;
las que tiene una moza en su ventana,
(esa que ha de elegir pa compañera),
son las que pone un dios pa que resguarden
su propio nombre en la custodia d'ella.

Nunca hallará destino quien lo busque
en el fondo embrujao de una botella
ni el que ande como el zorro haciendo daño
rondando ranchos y olfatiando puertas.

Dengún vicio es adorno,
ansí muchos se adornen con sus mentas.
Ande pueda priestar algún servicio,
que llegue antes su mano que su oferta.
Ser honrao, es el mérito más grande
como no serlo, la mayor vergüenza.

Por denguna razón, niegue su firma;
la palabra y la firma no se niegan
ansí le cueste soportar la vida
en lo más disgraciao de la pobreza.

Si tiene que votar, tenga presente
qu'en ese papelito, que usté deja,
deja lo más sagrao que tiene un gaucho:
su libertá, su nombre y su concencia!

Ser guapo no es vivir a lo salvaje
golpiando gente y deshaciendo fiestas;
guapo es el domador que ve la muerte
sobre la cruz del animal que muenta
y cumpliendo el deber de dominarlo,
lo saca a los corcovos campo ajuera.
Más valiente entuavía
es quien junto al arao abre una melga
y se quema en los fríos del invierno
y se abrasa en el sol de media siesta.
Vale más una arruga en el trabajo
que la marca de un tajo en la pelea.
Y no es que piense que lo crié pa flojo;
escuche esta sentencia
que jué la condición de sus agüelos:
"quien no sabe ofender, no almite ofensas".
Naide muere el día antes,
ni hay sangre de gallina en nuestras venas!

Pa defender la vida es el cuchillo;
pa castigar agravios la sotera,
y si un día un extraño de su suelo
o un renegao de corazón y lengua
d'esos que han olvidao hasta la madre,
le perdiese el rispeto a su bandera,
áhi sí m'hijito, tapesé los ojos,
no mire cuántos son ni quienes sean
y dentre a lo varón; ¡nunca más hombre!
¡nunca más firme el brazo y la ripuesta!
¡Argentino! por raza y por orgullo.
¡Argentino! a las malas o a las güenas
y que caiga el que caiga... ansí me llamen
pa levantar yo mesmo su osamenta:
¡el que mata o perece por la patria
ha cumplido la ley de nuestra tierra!

sábado, 25 de diciembre de 2010

Pa conocer a la gente

(Pintura: Carlos Montefusco)
Aquí estoy con la esperencia
de los años que he vivido,
en los que a veces he sido
golpeado por la deslealtá.
La confianza mata al hombre,
dice un refrán verdadero,
no vale jugarse entero
a veces, por la amistá.

Muchas veces en el trato
un hombre parece bueno,
pero vuelca su veneno
cegao por el interés.
Cuando cree que nos sujeta,
porque un favor le debemos,
si es que estima le tenemos
lo aborrecemos después.

Naides se entregue al que le habla
y no lo mira de frente
con ése hay que ser prudente,
sobre todo desconfiao.
Porque aflojándole lazo
en el campo'e la confianza,
pronto cairá la esperanza
que en la amistá se ha cifrao.

Cuidao con aquél que cuenta
cada servicio que ha hecho,
se pondera, satisfecho
pa que la ponderación
le vaya a hacer güena fama
alrededor de su nombre,
aunque en la práctica el hombre
sea de baja condición.

Haga un lao al que la risa
tiene a un costao de la boca,
y si en la güelta nos toca
sostener trato con él,
que sea de vez en cuando,
porque aunque se diga amigo,
resultará enemigo
que anda escondiendo el papel.

Hay quienes se dicen gauchos,
sólo por la vestimenta,
porque no tienen en cuenta
que pa serlo con honor,
es necesario de veras
tener sus inclinaciones,
¡Sólo las güenas acciones
le dan al hombre valor!

Y no olvide la alvertencia
que yo le hago al que me escucha,
la vida es siempre una lucha
que reclama condición:
¡No es buen amigo, repito,
al compás de la milonga,
quien por la amistá no ponga
en la mano el corazón!...

domingo, 19 de diciembre de 2010

La sensia de la trompada

Dos hombres bien invernaos,
cuidaos como parejeros,
pa dentrar a un reñidero
llevan los puños forraos.
Frente a frente acomodaos
se miran pa madrugarse;
comienzan a manotearse
y en el corral hecho a lazo,
¡se dan cada puñetazo
como tirando a matarse!

¡Hay que ver que gambetear:
uno se agacha, otro salta,
pa demostrar que no falta
lijereza pa golpiar.
Y al no poder atajar
un golpe premeditao,
queda un ratito asonsao
porque el contrario lo alcanza
y le hace sonar la panza
mesmo que un cuero estaquiao.

¡Pucha juerza mal empleada!
Esos hombres invernaos
pa mí están equivocaos,
no son útiles pa nada.
La sencia de la trompada
es p'alterar la pasencia.
Yo no estoy por esa sencia
que enriquece en un minuto,
al que es juerte, aunque sea bruto
y no tenga inteligencia.

Francamente, no me explico,
porque nuestra juventú,
pa demostrar su salú
busca romperse el hocico.
Tanto el grande como el chico
siente entusiasmo por eso
y anque le rompan los güesos
el que sea menos vaquiano
cái y levanta en la mano
la bolsa yena de pesos.

Y esto que es una injusticia
pal gaucho llegao de ajuera,
es pa la gente pueblera
casi siempre una delicia.
Yo pregunto, sin malicia,
al que sea bien educao,
porque soy gaucho atrasao
que al pueblo llega de paso
si estropearse a puñetazos
es de hombres civilizaos.

jueves, 16 de diciembre de 2010

¡Patria mía!

(Escultora: Nora Jaikin, Obra: "Nueve lunas")
¡Que no tengan tus hijos el cogote
atao por la miseria.
¡Que no vivan lo mesmo que los perros,
en esta Patria grande,
en esta Patria guena!...

Patria anden retoñan ambiciones,
que yo las creíba secas,
ande empiezan a odiarse tus varones,
como si de argentinos
la sangre no tuvieran!

Patria que jué comprada con la sangre
de los gauchos primeros;
cuando las criollas, flores de la raza,
el fruto más querido
de la vida te dieron.

¿Es que de tantas razas misturadas,
el fruto no es tan gueno;
como el que dió la india y el cristiano,
mestizo de coraje, que murió por tu suelo?...

miércoles, 1 de diciembre de 2010

¡No faltes ... chei!


Te 'spero allá en mi rancho
a vos solita
para darte mil besos
en la boquita.
Y a tus amigas,
lo que allí nos digamos,
nunca les digas!

Oirás a los zorzales
como te nombran
cantando en los sauzales
que me dan sombra.
Y a los jilgueros
que parece dijeran
que yo te quiero!...

No faltés a la cita
yo te lo pido;
tu gaucho necesita
formar un nido.
Las margaritas
adornarán tu pelo
de mañanita.

¿Que pa qué arisqueo?...

(Pintura: Carlos Montefusco)
...¡Pa que no me pialen!
Que me dejen libre pa cantar verdades.
Pa decir bien juerte que la luz es guena...
¡Que si dentra ella,
se va la inorancia
y empieza el cerebro a darnos ideas!

Pa gritarle al manso: ¡levantá la frente
y no tengás miedo de que'l sol te ciegue!
Que si hay luz bastante,
se ve bien la loma que está allá adelante!

Dar güelta a la noria, pa'l hijo 'e mi madre,
es vivir sin juerza. ¡No hay que ser cobarde!
¡No hay que ahugar la rabia...
cuando la picona nos ruempe las carnes!...

Bajar la cabeza y seguir tirando
siempre atao del yugo; ¡¡eso es pa los mansos!
Yo quiero ser libre...
¡Subir a la loma ande no hay tiranos!...

Y pa eso arisqueo...¡pa que no me enrieden!
Y grito a los maulas: ¡¡Atrás no se queden!
Al sol no hay que juirle...
¡Mirándolo fijo el hombre es más juerte!...

miércoles, 17 de noviembre de 2010

El cine conversador

Lindo rato el que he pasao,
la otra tarde en un salón,
presenciando una junción
cómodamente sentao.
Había una moza a mi lao,
bien vestida y bien painada,
tenía briyo en la mirada,
las uñas color rosao,
y los rulos del painao
lo mesmo que marejada.

Yo estaba de agua florida,
completamente empapao,
la cabeza había quedao
bien cepillada y pulida,
sentía mi alma atrevida
cuando se hizo escuridá
mas, pa decir la verdá,
dió un sofrenón al amor
el cine conversador
que pa mí era novedá.

Cuando la luz apagaron,
tal como abriendo el salón
salió a bostezar un lión,
que pa tal caso amestraron.
Dispués, cuando el lión sacaron,
se vieron plantas y flores,
una pareja en amores
allá, más lejos la mar.
¡Y hasta se sentía sonar
el chifle de los vapores!...

Balando una novillada,
pasó pa un embarcadero,
yo la grité a lo resero,
pa asustarla a la pasada,
y salió una carcajada
de cien bocas del salón,
quise saber la razón,
por qué reiban de ese modo,
y la moza, con el codo,
me golpiaba el corazón.

Es que estaba la pareja
como abrochada en un beso,
yo dije pa mí: "por eso
la muchacha no me deja".
Comencé a hablarle a la oreja
con tono de regalón,
pero me dió un bofetón
que entuavía lo estoy sintiendo,
y con la quijada ardiendo,
salí al trote del salón...

El ascensor


Los ricos han apilao
las casas en la ciudá,
pa mayor comodidá,
según me han asegurao.
Tanto se han amontonao,
que resulta chico el suelo,
y por eso, sin recelo,
quien puede, forma su estiba
y va rumbeando pa arriba,
pa hacerse patrón del cielo.

En las casas la escalera
resulta cosa olvidada,
la gente viaja enjaulada,
como en una pajarera.
Y dicen que pa cualquiera
eso resulta mejor.
¡Mozo diablo el inventor
de esa jaula con botones,
pa mujeres y varones,
que llaman el ascensor!...

Obediente como un perro,
ande quiera se detiene,
pero, pa que ande, conviene
cerrar la puerta de fierro.
En cuanto suena un cencerro,
se mueve medio ceceoso,
pesadón y perezoso,
él va haciendo su trabajo,
siempre pa arriba y pa abajo,
mesmo que el balde del pozo.

El gaucho más avisao,
como el pueblero ladino,
al viajar, pierden el tino
si a él no se han acostumbrao.
Un tablero numerao
tiene pa la dirección,
pa cada piso, un botón,
que uno sume con el dedo.
¡Y hasta que se llega, el miedo
va aprentando el corazón!

¿Quién diablos lo tironea,
pa que suba y pa que baje,
en esa forma trabaje,
y nunca cansao se vea?
Sea el juerzudo que sea,
ha de estar bien afirmao,
y el lazo que de un costao
cualga engrasao, retorcido,
dejuramente que ha sido
por un criollo trabajao.

Mi ahijadito el regalón


Tengo un ahijao: Rumualdino,
que es criao como en la humedá.
De pura casualidá
yo he resultao su padrino.
Nació en un día barcino
de esos de invierno, llorones,
y por deberle atenciones
al finadito su padre,
tengo aura ahijao y comadre
y nuevas obligaciones.

Antes de hacerlo mi ahijao
me costó unos patacones
pa hacer callar los gritones
de: "ahí va un padrino pelao".
Cuando el cura lo hubo hablao
no se en qué lengua extranjera,
pagué por otra soncera:
pa que con agua limpita
que había en una juentecita
le lavaran la mollera.

Cuando se hizo grandulón,
la madre de Rumualdino
me dijo:-"Siendo el padrino
ya sabe su obligación.
Hay que darle educación
pa que no sea un atrasao,
sobre ese punto he pensao
que hagamos d'el un dotor,
pa que gane al ser mayor
una banca'e diputao".

Yo dije:-"Pa mí es mejor
y aunque se enoje, comadre,
que salga como jué el padre,
un hombre trabajador.
Que sea un criollo agricultor,
que manejando el arao,
sepa en el campo heredao
desparramar la semilla,
pa que después de la trilla
cobre su trabajo honrao.

Pero triunfó la mujer,
y el muchacho regalón
resultó al fin un chambón
que agatas aprendió a leer.
A veces lo suelo ver
y me entristece endeveras,
porque al errar la carrera
me resulta el muchachito,
lo mesmo que un muñequito
escapao de una vidriera.

Habla con voz destemplada,
se hamaca cuando camina.
¡Potrillo de raza fina
que al fin no sirve pa nada!
Lleva melena engomada
que es dura como el cartón
y con la cola'e ratón
que usa como bigotito,
se cree un mozo bonito
mi ahijadito el regalón.

martes, 16 de noviembre de 2010

¡Que no cante el payador!


Quien, pulsando una guitarra,
recorra la patria hermosa,
y con la nota armoniosa
brinde su canción bizarra,
si no desata la amarra
con que se afirma un dolor,
si no es para hacer mejor
al publico que lo escucha,
si por valor más no lucha:
"que no cante el payador".

Si ha de contrariar su fe,
y acepta paciente el yugo,
que impone con su mendrugo,
el jefe de un comité,
y sin tener un porqué
ha de ensalzar al doctor,
sabiendo que un gran error
comete quien por él vota,
que corte pronto su nota:
"que no cante el payador".

Si entiende por patriotismo,
callar del pueblo las penas,
y no romper las cadenas
que ha forjado el servilismo,
si no es por un idealismo,
que haga triunfar el amor,
si no repudia el rencor
que el hombre hacia el hombre abriga,
que su canto no prosiga:
"que no cante el payador".

Cante para mejorar
del pueblo la condición,
y sepa con su canción
siempre algo bueno enseñar,
muestre por dónde ha de hallar
quien sufre un plano mejor,
y sea un alentador
en la elevada contienda,
para que su canto ofenda:
"que no cante el payador".

Trate de estar a la altura,
que con su gesto, no peca;
y tenga en la biblioteca,
donde afirmar su cultura.
No descienda, si procura
dar a su arte valor;
y sea un demoledor
de las bajas ambiciones.
Por las justas rebeliones
"cante fuerte el payador".

No tenga en la compadrada
el puntal de su coraje,
que cuando el arte rebaje,
su canto no valdrá nada.
Lleve al fin de la jornada
el fruto de su labor,
y cuide del esplendor
de la fama que le cuadre,
siendo borracho y compadre,
"que no cante el payador".

No vaya afirmando un mal,
cantando como adulón,
para agradar al mandón
que le sirva de puntal.
Con la nota musical,
sirva a un ideal superior,
pues, si el Supremo Hacedor
le dotó de inteligencia,
embellezca la existencia
"quien se llame payador".

Me han retratao las achuras


No sé el tiempo en que apestao
andaba sin acomodo.
Pa comer, comía de todo,
sin desperdiciar bocao.
Y siempre como atorao,
con vientos a discreción.
Me ponía rezongón
por la enfermedá maldita,
y andaba con la pancita
como pichón de gorrión.

Me vieron muchos dotores,
muy afamaos y estudiosos
y mil remedios costosos
tomé contra mis dolores.
Los hombres observadores,
que eran pa mí gente amiga,
dijeron: tal vez consiga
curarse pronto el paciente
que tiene seguramente
"diezpiezas" en la barriga.

Y así, entre pellizcones,
masajiando, me estaquiaron,
con atención escucharon
los ruidos de mis rincones.
Hacían revoluciones
las tripas, como enojadas,
y yo seguía a las arcadas,
pa echar juera aquel viento
causante del sufrimiento
y mis rabias empacadas.

Uno dijo: -"No hay que hacer,
las "diezpiezas" hacen ruido,
tiene algo más escondido,
que no se lo puede ver.
No habrá tiempo que perder,
si lo queremos curar.
Naides puede recetar
no siendo sobre seguro,
y pa no andar a lo oscuro
todo eso hay que retratar.

Los rayos, no han de fallar,
y sabremos enseguida
en qué sitio está la herida
que tanto lo hace penar.
Mañana, se va a tomar
tempranito esta ración:
y me dieron un porrón,
y no sé lo que tendría
pero a mí me parecía
agua, tiza y almidón.

Así jué: al otro día
me tragué la mezcolanza,
preparando así la panza
pa aquella fotografía.
Una luz verdonga había
al frente del aparato,
me tuvo el dotor un rato,
después me dijo: ya está,
mañana mesmo saldrá
lo que tiene, en el retrato.

Y güeno: ¿Pa qué contar,
lo que salió en la figura?
Todo era mancha oscura,
que nunca pude aclarar.
En eso tenián que hallar
la causa de mis dolores,
¡bien haiga, con los dotores,
que así curan al tanteo!...
¡La pucha!... que es bicho feo,
el hombre en sus interiores.

Jugando a la refalada


Es tan gaucho mi patrón
que pa mi no hay otro igual;
pal cerro "La Catedral"
me llevó en una ocasión.
Y me causó almiración
ver la montaña nevada,
y aquella gente atareada,
en un extraño trabajo,
pa venirse cuesta abajo
jugando a la refalada.

Hay que saber estribar
dos tablas que forman yunta;
requintadas en la punta,
pa poderse refalar.
Yo me llegué a entusiasmar
con aquella diversión,
cuando me dijo el patrón
que chapaliaba en la nieve:
-"Y métale... si se atreve",
comprendiendo mi intención.

Y a mi destino confiao
salí pidiendo un barato,
ya que yo soy como el gato,
que, cuando cai, cai parao;
de pilchas alivianao,
como pa una cuadrera,
pedí a la gente pueblera
dos tablitas sin bastones,
que pa aquellas diversiones,
son estorbo pa cualquiera.

Me aconsejaba el patrón
con toda su autoridá:
- "No hay que jugarle "Juá-Juá",
amigo, a esa diversión,
si falla su condición
y la tabla se desata,
puede romperse una pata,
y, lo que es todavía pior,
si tropieza el asquiador,
en la bajada se mata.

Yo riyendo de costao,
tomaba el consejo a broma,
y enganchao de una maroma,
subí pal cerro arrastrao.
Allí a lo perro sentao
y doblando las rodillas,
afirmao a las canillas,
maniándome con las manos,
les mostraba a los baquianos
cómo hay que emplear las tablillas.

Y me largué. Ni qué hablar,
que me aturdió el griterío;
lo que pasó ¡Cristo mío!
yo no lo puedo contar.
Al no saber estribar,
las dos tablillas perdí,
como apretao me sentí,
en el pecho y en el anca,
y era una bola blanca,
cuando de lo alto cayí.

La nieve se había pegao,
formando una pieza sola,
y se agrandaba la bola
ande bajaba encerrao.
Cuando se acercó asustao,
pa libertarme el patrón,
me gasté en un estirón,
y pegué un grito a lo criollo,
cuando salí como el pollo
al romper el cascarón.