viernes, 1 de julio de 2011

Picanaso...

(Pintura: Rodolfo Ramos)
¡Pasan cosas lastimosas,
don Simón, en esta vida!
¡Tuito se muere y se olvida:
las personas y las cosas!
¡Pucha, que son dolorosas,
a veces, las reflesiones!...
¡Ver con rabia, que a montones,
nuestras cosas van muriendo!

¡Que se han ido deshaciendo
lo mesmo que los terrones!
¡Cuál sería el rancho a que juera
en antes, pues'el que juese,
que una guitarra no viese
colgada en la solera!
Hoy... vaya usté p'ande quiera
a cualquier rancho'e terrón,
y v'a ver, viejo Simón,
que tienen, como por gala,
en la mesa de la sala
un endiablao gramafón.

¿Y las mozas, camaradas?
¡pucha, viejo, si es al cuete!
¡Tuitas tenían su flete,
con su montura bordada!
¡Había que ver la parada
del paisano enamorao!
Sonriyéndose, embobao,
de los piecitos l'alzaba,
y presto se le apariaba
del lao d'enlasar, cuñao.

¡Ya no hay overo rosao,
ni azulejo, pa'las mozas!
Ya se han dejao esas cosas
y lo antiguo se ha olvidao...
En cualquier rancho ladiao,
con dolor de corazón,
v'a ver, viejito Simón,
confirmando esta versiada,
que hay un surqu'en la ramada,
abajo di algun galpón.

Y aqueyos gauchos d'en antes,
con Carqueja, ¿qué me cuenta?
¡Chá digo! Si es un'afrenta,
son cosas desesperantes.
¡Ya no hay gauchescos desplantes!
¡Ya se murió el chiripá!
¡La bombacha muerta está!
¡Si ya no nos queda nada!
¡Si tuito muriendo va!

Mi perro


Maniando... maniando
tropiya de sueños,
troteando las horas
como tungos lerdos;
los juertes silbidos
que dan los boyeros
m'encuentran al alba
cortando estos tientos.

Y vos como siempre,
mi buen compañero,
fiel a la consigna
de velar tu dueño;
las orejas tiesas,
espiando el silencio,
la pampa dormida,
hogar del matrero...

Los dos 'tamos caídos:
yo, de pobre y viejo,
sin tener un catre
p'estirar los huesos;
vos, de puro flaco,
sos un esqueleto...
¡Pero siempre en yunta
guapiándolo al tiempo!

Los días felices
pa siempre se jueron,
pa vos no hay achuras,
pa mí no hay consuelo.
El viento'e la suerte
se ha dao contra nuestro.
¡Pa mí, que soy gaucho;
pa vos que sos perro!...

Hoy sólo nos quedan
los tristes recuerdos
que han dejao dos ojos
esquivos y beyos,
y a pesar del daño
mortal que me han hecho
los yevo en el alma,
los yevo en el cuero...

Por eso es que a veces
no te acariceo
pero estoy siguro
que cuando a tu dueño
lo piale l'autera
manando sus güesos...
¡vos con tus ahuyidos
yorarás al viejo!

Rumbiando


Allá, lejos, muy lejos, se oye una campana
¿Será de la muerte, que me viene a buscar?
¡Via dirme preparando, aunque no tengo ganas
pues ella no pregunta y a nadie hay que apelar!

¡Que venga! ¡Aquí la espero! ¡No temo su guadaña!
¡La vida es tan mezquina, pa'qué quiero vivir!
¡No valgo tan siquiera, lo que teje una araña
por eso me parece que mejor será morir!

Estoy acobardado de ver tanta mentira,
¡Cómo será que tengo calloso el corazón:
El mundo es un pantano, ande parejo tira
el hombre con la bestia, en uso de razón!

Lo mismo que salvaje estoy de cosquilloso,
me asusto de la sombra y le cuerpeo al amor,
¡En este mundo maula, lo cierto es tan dudoso
que todo pa'mis ojos, tiene el mesmo color!

El carro de la vida, cargao de Charamuscas
va por la carretera de la brutalidad
sembrando vanidades en las almas dormidas,
y dejando a sus espaldas sembrada la maldad!

Por eso yo que vivo matrero en esta tierra,
como ñandú, juyendo al pial de la ilusión,
lo mesmo que cordero que en el corral lo encierran
al tranco voy rumbiando, camino del cajón.

¡Qui diantre!, no me asusta la júnebre llamada,
que, allá por los potreros, la muerte hace sonar,
v'ia dirme preparando, tata! no tengo nada
en este mundo perro, que pueda lamentar.

Pa'que v'ia corcobiarle al filo'e su guadaña
si al fin, temprano o tarde, a la juerza v'ia dir,
y siendo esto un infierno v'ia andar haciendo maula
tan solo con pensarlo, me da ganas de rair!

Güeyas


Reventao po'el trabajo
rigresaba a las casas
en esa madrugada'e invierno crudo
ande la china mía me aguaitaba
con el juego encendido...
y no sé qué d'extraño en la mirada...
Cuando me dió aquel beso,
no sé por qué en el alma
la duda me pinchó como una espina
y rispondiendo el tero en las barrancas
me gritó su alvertencia
tajiando la quietú como una daga.
Como quien nada quiere
me acerqué hasta la cama...
Di güelta las cubijas, dispacito,
y con mi mano acaricié las sábanas;
¡Las sentí calentitas!
pero algo me gritaba al oído: ¡Guardia!
Miré... Cerré los ojos
pensando m'engañaban...
Pero, ¿adónde? las güeyas de su culpa
estaban tan patentes en l'almuhada
señalaos por los güecos,
que comprendí, aunque tarde mi desgracia...
Mi mano se jué yendo
p'al costao de la daga;
¡diba cobrar el precio como gaucho
con un tajo certero en la garganta!...
Pero, al verla'e rodiyas,
asujetó mi corazón el arma...

El cuento de Aparición

(Pintura: Carlos Montefusco)
Una pava renegrida
de veinte mil calentadas
concentró a la paisanada
en dispués de la comida.
Es que’ra cosa sabida
que’n la rueda del fogón
el girar del cimarrón
entre medio encandilao
daba ese clima buscao
pa’ cuentos de aparición.

El más viejo y más ladino
de los que ayí se amucharon
ni en cuanto se acomodaron
tosió imitando al zorrino,
y frenó al yegar un vino
apurándolo a contar
que tan solo el respirar
del ovejero dormido
era l’único sonido
que se oía n’el lugar.

Con una voz muy rascada
de arena por la garganta
como víbora qu’encanta
enganchó a la paisanada:
“mandinga” en el campo andaba
y una mujer con su crío
por los uncos en el río
iba clamándole a Dios
que los rescate a los dos
de las garras del impío.

Centellas y rejusilos
y causes de inundación
despertaban la emoción
yevando a todos en vilo,
y el Viejo manso y tranquilo
pa’ darle magia a su cuento
hacía un poco de espamento
y las cejas levantaba
como tanteando una taba
o afilando un estrumento.

Montando un tordiyo entero
el tal Clemente Luján
ensartaba a ese Satán
con una lanza de acero,
y en una bolsa de cuero
rejuntó los cuajarones
que sin más contemplaciones
los arrojó n’una hoguera
y todo volvió a lo qu’era
antes d’esas maldiciones…

Sin decir que había’cabao
echó mano n’el bolsiyo
y un pucho de cigarriyo
sacó bastante arrugao,
lo prendió para el costao
y esperó como durmido
que’l último se haya ido
pa’ juntar de abajo‘el taco
un boyito de tabaco
que otro pión había perdido.

Huevo de yegua



Charlábamos; al tranco, con el mozo
que me acompaña a repuntar las yeguas:
un nación, todavía recién hollado
que se vino a este país a hacer la América.

El sólo ponderaba a sus paisanos,
y sorprendían las cosas de su tierra.
¡Todo era grande en el país del gringo,
y a la par lo de aquí, mezquino era!

En eso: junto a un claro entre los cerdos,
un huevo guacho de avestruz blanquea,
lo alzó el nación, y se quedó admirado
al garantirle yo que era de yegua.

Socarrón lo contemplo; es el desquite
que me tomaba así de esa manera,
y en tono serio: "En ese huevo, amigo,
ha de haber un potrillo de carrera."

Y talonié mi pingo; me adelanto
a cortar la yeguada que está cerca.
El gringo chapetón, por alcanzarme
castiga al suyo con la rienda suelta.

¡Se le escondió el sotreta! Por el aire
lo mandó contra el suelo de cabeza,
y el huevo de avestruz que era culeco
hizo explosión cuando golpeó la tierra.

El ruido y el movimiento alarmaron
a un zorro que escondido estaba cerca,
quien salió como luz de entre unas matas
y se perdió en el campo a la carrera.

Lo vió el nación y se golpeó la frente,
como quien de una cosa se da cuenta:
-"¿Ve ese potrillo moro que dispara?"-
Me dijo: -"Era del huevo ése de la yegua".

Dispués di una reuníón


Cuanti mi hube bajao del "zaino negro" *(1)
que me trujo hasta el pago é mis hasañas,
un solsito tibión mostraba el fleco
all'ande tata Dios tiene las casas.

Me lo puse de poncho, y el trompeta,
querendón y dispacio se adentraba,
y dispués de maniarme l'osamenta
en un descuido se ganó pa l'alma.

Y güeno, dije yo, ya qui ha venido
al lao del sol de una amistá machasa,
quedesé por ahisito, que hase tiempo
qui ando medio entumido por l'escarcha.

Y ansí, con un peludo de alegría,
acorralao de lus y d'esperanza,
relinché como potro que lo sueltan
a riunirse otra güelta a la manada.

Cuando quise acordar, llegué a mi rancho
y encontré a la patrona levantada
mirando como pato al arriador
y con la jeta como mango'e chaira.

Me acequé dispasito como sorro
que ya sabe muy bien lo que son guascas,
a la tabl'el cogote estiré el pico
y con la surda le palmié las ancas.

Se me golvió como por sobr'el laso
hech'un lión, con las uñas priparadas:
-"Salga de áhi, calavera sonso'e porra,
miren qué lindo, ¿no?... ¡venirse a l'alba!

Vayasé con la... ¡yegua que la acuna!
vay'a que otra le saque las cascarrias, *(2)
desalmao, se ha vendio oliendo a potro,
reventao'e pitar, jediendo a caña!".

-"Sofrená -retruqué- y pará la oreja
(y comensé el trabajo'e palenquiarla).
-Vengo, china, mesmito di un paráiso
ande entre ciollos conversé con ganas.

"Vieras, prienda, qui mosos más pintores,
qué modo de floriarse con palabras,
¡Si te digo que hast'uno contó un cuento
acompañao con movimiento'e patas!

"Y otro mosito flor, un tal Ochoa,
goloso pa la miel como l'iguana,
abri'el pico y, Jesús, bendito sea,
qué manera e puertiarle las calandrias!

"Y dispués, un Chapela muy mentao,
armao de una acordiona, por la trasa,
se apió con unas polcas y sielitos
que m'hisieron llorar y cair la baba.

"Y ansí las horas en tropilla juían
y las penas también, como en bandadas,
y yo no sé por qué tanta dicha,
sentí qui hasta los ojos me garuaban...

"Y hura desí, mi santa, si tu gaucho
que jué tan aporriao por tanto maula,
no merese un poquito'e macachines
pa endulsar el dolor que le acorrala".

La china cabrestió, bajó los ojos,
la punt'el delantal secó unas lágrimas,
y al ratito no más trajo el amargo
bien aperao, con la bombill'e plata.
.........................................
Pd: *(1) "zaino negro" se refiere al tren.
*(2) lavarle la ropa.