jueves, 28 de julio de 2011

Cartas gauchas (Fragmento de la carta 1ª)

(Foto de Plaza Constitución "1895")
Mi muy querida Benita:
aunque bichoco y despiao
de tanto haber caminao
en esta ciudá bendita,
le pego una cuerpeadita
al cansancio que me aplasta
y, haciendo honor a la casta
de criollo guapo y curtido,
a escrebirte me decido
tuito el día si me basta.

¡Qué ha de bastar! Ni en un año
creo podría escrebirte
cuanto tengo que decirte,
de embarullao y de extraño,
como entre un susto tamaño
he visto en esta ciudá,
que como borracha está,
gritona y embanderada,
florida e iluminada
que's una barbaridá!

Después de andar en prisión
un día en fierro carril,
llegué como un perejil
a la mentada estación
que llaman Constitución
y que es un galpón grandote,
ande dentramos al trote,
echando un humo jediondo,
y metiendo un batifondo
que daba al diablo un cerote.

Yo bajé medio entumido
y ansina como almariao;
de la vista encandilao
y del mate dolorido,
cuando un mozo que me vido
y se hizo cuenta, dejuro,
de que estaba en un apuro
en aquel corral ajeno,
vino a refalarme el freno
y a ayudarme, comedido.

-Veo que usté es pajuerano
(me dijo con güenos modos).
Mirá Benita: no a todos
les cái del cielo un hermano
que venga a darle la mano
en un trance como el mío,
¡pues me encontraba en un lío
mesmamente soberano!

-¡Ha adevinao, amigazo!-
le dije al mozo pueblero;
¡estoy como un hormiguero
al que le han dao un humazo!
Había sido fierazo
hallarse de sopetón
en medio a una población
ansina, deste tamaño...
mesmo que en un pago extraño
suele hallarse un mancarrón.

-¿Y trai equipaje?
-Ese lío
que son mis pilchas camperas;
unas maletas fuleras
y pa fumar el avío...
¿De qué se rái?
-Pues me río
de verlo a usté tan confiao
largarse ansí, sin cuidao
con su talero en la mano...

-¿Y no sabe quel paisano
nació para ser soldao?
¿No sabe que esta nación,
hoy tan grande y tan ufana,
nació de un toque de diana
y un disparo de cañón?
¿Que un valiente pelotón
de paisanos argentinos,
más valientes que ladinos,
más patriotas que valientes,
levantaron, imponentes,
esos colores devinos?

¿Ya no se acuerda, paisano,
de los Patricios mentaos,
de los bravos Coloraos,
de los Blandengues, del llano
en que con sable en mano
y garabina terciada,
bajaba a la disparada
con su gauchaje atrevido
aquel Güemes tan temido,
el de la fama mentada?

¿Y no saben los puebleros
que fueron gauchos, al fin,
los bravos de San Martín,
los heroicos granaderos,
los audaces, los primeros
que al cóndor de la montaña
asustaron con la hazaña
de llegar hasta sus nidos
y allí lanzar, atrevidos,
su protesta contra España?

¿No saben que si hoy tenemos
patria, riqueza, fortuna,
se la debemos ¡ahijuna!
al gaucho... ni más ni menos.
Que ellos, valientes y güenos
pa trabajar ande quiera,
custodiando la frontera,
en el rodeo o sembrando,
siempre se les vio formando
al pie de nuestra bandera?

Como en misa se quedó
aquel pueblero, Benita,
al oír esa licioncita
que ni en sueños esperó
de un gaucho que, como yo,
se la diera de memoria,
pues ellos saben la historia
como yo de hablar en gringo,
o como puede a mi pingo
montar cualquier zanagoria.

-¡Había sido dotor!
(me dijo riyendo el mozo),
-Antes de salirme el bozo
ya era en mi pago cantor
y ya echaba un "¡de mi flor!"
a cualesquier atrevido,
aunque me dijera, "¡envido!"
con un bramido de toro,
porque el gaucho Martín Oro
jamás se dio por vencido.
(Ilustración: Esteban Tolj)

miércoles, 27 de julio de 2011

El mate

(Foto: Valcir Siqueira)
El mate es de origen pampa,
semilla de mi terruño,
redondo, no es más que un puño
su casquito cimarrón;
y como la yerba es india
de exhuberancia salvaje,
su casquito es un brevaje
de profunda tradición.

El mate amargo fue siempre
un agasajo casero,
brindis para el forastero
y un deleite familiar;
hizo ambientes de tertulias
en las tardes campesinas,
bajo el zarzo de glicinas
y del ombú secular.

La madre naturaleza
nos dio su santo regalo,
en yerba de polvo y palo
de exquisito paladar;
como es gaucha por esencia
en cualquier parte es sociable,
agúita verde agradable,
halago de cada hogar.

Entre los dotes genuinos
tiene la de ser sabrosa,
el don de ser espumosa
y fragancioso el verdor;
compuesta de tres virtudes,
de las tres a cuál más bellas,
porque hay, en cada una de ellas,
sabor, olor y color.

Humilde como la malva
su verde es de la pintura,
del pasto de la llanura
y el viejo sauce llorón;
es gaucha porque es indígena,
porque han nacido sus ráices
donde nacieron los máices
y el gaucho clavó el horcón.

Madrina de mi memoria
de jugo con espumita,
sabor donde el ser medita
y acuden recuerdos mil;
de unos ojos, de una imagen,
del nombre de un ser querido,
del beso que dio escondido
cuando se apagó el candil.

A veces ensillo un verde
y entro a campiar cosas idas,
entre las prendas perdidas
de mi noble corazón;
llego a las puertas de un nombre
y me responde el olvido:
la Rumualda tiene nido,
la Fausta es de otro varón.

De pronto trae mi memoria
tropillitas de recuerdos,
de citas y desacuerdos
arriados por su sabor;
de los celos de Ruperta
cuando me vido con Clara,
alzarla en mi malacara
entre un coloquio de amor.

En los líos amorosos
lo usaron para hacer daños,
para cobrar desengaños
y cazar tordos alzaos;
pero como el mate es gaucho,
aunque su almita es de palo,
nadie pudo hacerlo malo
y al fin quedaron chaquiaos.

Un mate y dos ojos pardos
me atormentaron la calma,
cuando se me entró en el alma
el amor de mi Asunción;
desde entonces hasta aquí
llevo en el alma engarzadas
el fuego de sus miradas
y el sabor de un cimarrón.

Tengo en mi poder un mate
como reliquia del suelo,
que a mi viejo tata abuelo
se lo regaló un mensú;
un día un golpe impensado
le agrietó su casco pampa,
y le retobé la estampa
con el buche de un ñandú.
(Foto: Keven Law)

¡Si estos gringos!



Eche una copa, pulpero;
Viá sentar el mate amargo
y en seguidita me largo
como tatú pa su aujero.
No le mezquine, aparcero,
a ese vasito culón...
Había sío este nasión,
fiero... es que yo se lo diga,
lo mesmito que una hormiga
pa la casa del patrón.

¡Si estos gringos! ¡Ni que hablar!
Pa vender, mezquinos de uña,
pero clavan... la pezuña
cuando tocan a cobrar.
A poco de negociar
y cuando usté ni se sueña,
se le atracan a la dueña
del potrerito arrendáo
y le pagan al contáo
casa y campo y monte y leña.

Y toditos son ansina;
mientras no hayan güena suegra
se arranchan con cualquier negra
que de balde les cocina.
No quieren comer gayina
porque no les hace cuenta,
pero adoban la pulenta
con pajaritos guisáos,
porque estando amontonáos
de un tiro matan cincuenta.

En lo que no son mezquinos
-se entiende pa su provecho-
es en trasegar p'al pecho
lo mejor que viene en vinos.
En eso sí, son ladinos
estos gringos apestáos;
eyos comerán guisáos,
si a mano viene, de garras;
pero ¡hijos de una! en sus farras
p'al vino son delicáos.

Ahura digamé, paisano,
¡con semejantes padriyos
han de salir los potriyos
como pa parar la mano!...
Por eso hay cada orejano
con el lomo como cerro,
que no da descanso al fierro
cuando algún patacón filia,
y degueya a una familia
sin que se escape ni el perro.

Y dispués dice la gente
que es un indio el matador...
¿Indio? Acaso po el color
al yamarle indio no miente;
pero no es dejuramente
de la indiada de mis pagos,
que si en la guerra hace estragos
y mata en propia defensa,
pa la persona indefensa
nunca tuvo sino halagos.

Sanos consejos

(Pintura: Carlos Montefusco)
Güeno, amigo, arrimesé
si es que se cree pal amargo
criollazo y de tiro largo
como para una de a pie;
yo también lo seguiré
hocio a hocico ¡canejo!
volcándole algún reflejo
de mi experiencia oportuna,
como hace el sol con la luna
al contemplarla de lejos.

Veo que es muy cachorrito,
ladra fuerte y sin gobierno,
que vive en su hogar paterno
con sus padres y hermanitos.
Si algún día ¡Dios bendito!
los llegara a abandonar
y se lanzara a rodar
los caminos desparejos,
recuerde de estos consejos
humildes que le viá dar.

Nunca se haga el pendenciero
ni se achique demasiado;
cuando se vea mal parado,
no dispare, compañero,
nunca se haga de un ladero
para sostener su nombre,
de los guapos no se asombre
ellos saben lo que hacen:
ande hay yeguas potros nacen,
no hay distancia de hombre a hombre.

No se envicie en ningún juego
porque él labrará su ruina.
Y si pretende una china,
no se aboque ni sea ciego,
no se chamusque en el fuego
devorador del querer,
trátela de conocer
bien a fondo, compañero,
que suele ser embustero
el amor de la mujer.

Júyale a los adulones,
tienen ponzoña en el alma,
estime con fe y con calma
sólo a los sanos varones.

Si llega a ser padre un día,
haga de su hogra un templo,
legando el más rico ejemplo
a sus hijos como guía.
Deles paz, sabiduría
de la que ofrece la escuela,
como la madre lo anhela
para bien de su futuro,
la instrucción es pan seguro
que sustenta y no desvela.

Deles carrera y oficios,
que no se hagan haraganes,
si se convierten en truhanes
darán malos beneficios;
júyale a los artificios
de la gran vida moderna,
adore la sempiterna
y fértil Naturaleza,
que en ella está la grandeza
que da vida y nos gobierna.

Tenga por fe la doctrina
de Cristo y su religión,
templo sea su corazón
y altar su alma argentina,
porque el cielo la ilumina
a vuestra alma sincera
que en perpetua primavera
sigue su existencia en pos;
no hay más amigo que Dios
y un canario en la cartera.

La carreta

(Pintura: Laroche)
Cantando a la patria amada
pasé mis años mejores,
y ahora siento los rigores
de aquella gloria pasada;
porque hoy que no tengo nada
paso la vida penando,
como quien va manotiando
entre pura agua salobre,
que llegar a viejo y pobre
es casi como irse ahogando.

El consuelo que me queda
es el del gaucho de garra,
que solloza en la guitarra
mientras la bola le rueda.
Y el de que, cuando no pueda
tocar siquiera un estilo
me quedará el refosilo
que da el acero templao,
como machete mellao
que en un tiempo tuvo filo.

Para el trabajo, soy franco,
aunque con poca fortuna,
trabajando a sol y a luna
no he sido lerdo ni manco;
a las faenas del campo
me aficioné de muchacho
y aunque hoy no me les agacho
como antes, con tanta gana,
suelo empuñar la picana
y encasquetarme mi gacho.

Esa afición de carrero
no he perdido ni un poquito,
y puedo, aunque sea al tranquito,
picar a un buen delantero.
La carreta que prefiero
es la antigua, la toldada,
que aunque de marcha pesada
ha de andar siempre distante
llevando yuntas de aguante
de quedarse empantanada.

Pues bueno; hace ya un tirón
que pico en una carreta
que por lo linda y paqueta
va llamando la atención;
de tan buena construcción
que en viaje de largo trecho,
siempre marchando derecho
en ninguna parte escolla;
la carreta es "La Criolla"
que va salvando el repecho.

Pronto tendremos, quizás,
la toldada en la cuchilla,
que no ha de ser maravilla
mientras sigamos en paz,
y mientras que el capataz
Braulio Araujo la maneje;
basta con que Dios nos deje
dos cosas en la bolada:
el aumentar la boyada
y el juntar sebo pal peje.

Y con esto me despido
saludando al auditorio
que a esta velada o velorio
como siempre ha concurrido;
y al despedirme les pido
que si el volver les es grato
desde ahora me cierren trato
para venirse en montón,
y pegarle... un coscorrón
al viejo Calisto el ñato.

Oro viejo

(Dibujo: Lauren de Bacco)
Cerca del móvil juncal
que con silueta gallarda
limita en forma de guarda
la alfombra del pastizal,
hay un albergue rural
en donde vive sonriente
un ejemplar resistente
de nuestras cosas primeras,
con setenta primaveras
arrugadas en la frente.

Aún sacude su pupila
la estela del tiempo muerto
cuando en el espacio abierto
giró su vida tranquila;
y todo aquello desfila
rebosando de ventajas,
con barullo de sonajas,
columpios de pontezuelas,
bordoneos de vihuelas
y crujidos de rodajas.

Aquél cuerpo modelado
por inmejorable artista
fue aquilón en la conquista
de su derecho vejado;
con el brazo arremangado
sintió el clarín de ordenanza,
y sin amor ni venganza,
sobre el resbaloso lomo,
contestó a la voz del plomo
con los brotes de su lanza.

Nacido para señor
de la selva que domina,
ha sembrado la colina
de hidalguía y de valor.
Hombre de alma superior
supo ser noble y austero,
su palabra fue de acero,
no precisó documentos,
y cumplió sus juramentos
como el mejor caballero.

Hoy no vale una pitada
porque no se necesita,
hoy es de raza maldita
que no sirve para nada.
Si tuvo alguna jornada
de la que quede el reflejo,
es sólo recuerdo añejo
que debe ser olvidado;
aunque sea oro sellado,
es oro... bastante viejo.

De güelta al pago

(Pintura: Errecaborde)
-¡Adiós, amigo Nicasio!
-¿Qué me cuenta don Besaires?
-Ya me ve, de Güenos Aires
rumbiando pa mi jogón.
Vengo enfermo y almirao
de ver cosas, aparcero,
que ni recordarlas quiero
porque me da comezón.

-¡Pucha que lo han cinchao flojo!
No lo créiba tan mulita,
cuando hay cosas tan bonitas
allá, sigún me han contao...
-Es verdá, pero amigaso,
me acaloro por instantes...
No es el Güenos Aires de antes,
está todito cambiao.

Viera el hembraje, cuñao,
se han güelto unas muñequitas,
con las polleras cortitas,
tusadas a lo varón.
Los vestidos transparentes
y sin ninguna bajera,
y en la trompa, si usté viera,
se han pintao un corazón.

Las pestañas encrespadas
como pa mirar p'arriba
y no es nada ¡virgen mía!
¡Vieja qué ojeras, cuñao!
Y a dos por tres, en la calle,
abren una maletita
y sacan de una cajita
un menjunje colorao.

Y entran a darle a la trompa
como a mancarrón ajeno
y se acomodan el pelo
de un modito encantador.
Se miran en el espejo
que train en la maletita,
y aparece en la trompita
jugueteando el corazón.

Todas andan como el tero,
las canillitas peladas
y las uñas bien pintadas
todas de color punzó.
Un zapatito de tientos
que van los pieses ajuera
y caminan, si usté viera,
¡qué tranco más llamador!...

Los mozos, es para rairse,
ninguno lleva sombrero,
es de almirarse, aparcero,
han cambiao de sopetón.
Todos andan en cabeza
con el pelo bien tirante,
de grasa bien relumbrante
para lucirla mejor.

Han traído de las Uropas
todo eso los estranjeros
y el hembraje, compañero,
se ha enancao en esa moda;
no hay morochas ni pa muestra;
todas son ruanas, cuñao,
todas de pelo encrespao
como patito son cola.

Y en los cafeses, si viera,
hay bandas de señoritas
a cuál de ellas más bonitas,
arregladas con primor.
Y en el salón, muchas mozas
con el vermute servido,
se prienden a un cigarrillo
que ni Dios sufre el jedor.

¿Y ésa es moda, don Nicasio?
¡Si es pa perder el sentido!
Al criollo ya lo ha estinguido
el progreso en su favor.
En nuestra tierra, amigaso,
gobiernan los europeos
y ya no es criollo el pueblero;
se ha convertido en nación.

-No dudo que tenga razón
en su juicio, don Besaires,
pero dirse a Güenos Aires
y volverse como jué,
permítame que le diga
que no es criollo verdadero.
Si yo entro en ese entrevero
no me güelvo como usté.

Me cuesta creer que hay güelto
sin haber echo una entrada...
-Esa es fruta reservada
para el pueblero, cuñao...
Al gaucho sólo le queda
desiar al fruta pintona
y no pensar ni por broma
que es para él ese bocao...

-Pues le aseguro que yo
voy a vender mi tropilla;
me visto de cajetilla
y rumbeo pal poblao.
Dejaré de ser Nicasio
si al correr esta carrera,
no me traigo una pueblera
de esas ruanas que he contao...