Mostrando entradas con la etiqueta Wenceslao Varela. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Wenceslao Varela. Mostrar todas las entradas

martes, 26 de julio de 2011

El volvedor

(Pintura: Rodolfo Ramos)
El caballo volvedor
dicen algunos, que nace,
también se enseña y se hace
si es costante el domador.
Es más fácil y mejor
si está bien amadrináo
y a la vez aquerenciáo.
Con un manso, hasta aprender
se larga y se hace volver
cada vez más alejáo.

No hay nada que lo aventaje
si se enseña con pasencia
sirvió en nuestra independencia
pa volver con un mensaje.
Se lleva de tiro en viaje,
se "vicha" la madriguera,
y cuando el baquiano quiera
lo larga con el trienzáo
en un lugar acordáo
y oculto de la clinera.

El mensaje en la clinera
de un caballo volvedor
siempre ha sido lo mejor
qu'en la guerra se tuviera.
Se hace en distintas maneras,
un río, grueso trienzáo,
un arroyo, un deriváo,
y a una de esas ramazones
un ñudo a las posiciones
que el enemigo ha ocupáo.

Pingo habituado a volver
casi nunca galopea,
largo y parejo trotea
sin tomar agua o comer.
Corta campo sin saber
por instinto rumbeador
y si algún conocedor
de su misión lo persigue,
cruza a nado un río y sigue
como hace el chasque mejor.

Me decía una hechicera
que al caballo volvedor
le puso alas el Creador,
de paloma mensajera;
sabe esconderse a'nde quiera.
De día no anda la loma,
el agua al trote la toma,
despunta al trote una mata.
Tiene la yel en la pata
lo mesmo que la paloma.

Hubo un volvedor mentáo
un picazo gargantilla
que tenía en la rodilla
un lobanillo colgáo.
Volvedor muy afamáo
de resitencia infinita
y por una jugadita
anduvo en noche cerrada,
entre oración y alborada
setenta leguas justitas.

lunes, 25 de julio de 2011

El rastriador (de Alejandrino Victoria)


Ha servido el rastriador
pa'saber, en paz o en guerra,
qué rumbo sobre la tierra
ha seguido un resertor,
pa'comprobarle a un traidor
las güeltas y las andadas,
pa'saber las caballadas
de un ejército enemigo
y cuándo lleva consigo
carretas y armas pesadas.

El que lleva lo que sabe
hasta el fondo del olvido,
por mucho que háiga sabido
en cualquier "guayaca" cabe;
se hundirá con él la nave
y su precioso carguero.
Mas el que cruzó el sendero
aprendiendo y enseñando
jué'n bien de tuitos sembrando
como un santo milagrero.

Te vi'á dejar por herencia,
y en pago de tu bondá
mi poncho, mi chiripá,
mi saber y mi esperiencia.
Escuchame con pacencia
pa'saber lo qu'ella encierra:
el rastriador en la guerra
es secreto militar
y un soldao lo ha de llevar
hast'abajo de la tierra.

Pero te lo dejo a vos...
(mi conciencia lo dispone)
que la patria me perdone,
que ha de perdonarme Dios.
Mas, que quede entre los dos
guardáo en el corazón,
y, aunque estas cosas no son
pa'salir nunca de aquí,
no sé por qué sos pa'mi
mi propia continuación.

No usé ni una brujería
pa'en un rastro borroniáo
saber cuándo había pasáo
gent'el pago o polecía.
Supe decir quién vestía
"tapa rabo" o chiripá.
Quien no estudie de verdá
esa cencia, te aseguro,
qu'es buscar en cuart'oscuro
gato negro que no está.

Le arrancó al mont'el matrero
muchas cosas inoradas,
y el baquiano, a las quebradas,
la cencia del derrotero;
el rastriador tesonero
se inclinó sobre las güellas,
y anduvo rastriando en ellas
largamente y una a una,
mil veces, con luz de luna,
de rejucilos o estrellas.

Y le aprendió los caminos
de nuestro campo anchuroso
un lenguaje misterioso
escrito en extraños sinos;
los arroyos cristalinos
sus secretos revelaron;
todas las sendas hablaron,
los pasos y los esteros,
y los hábiles cuatreros
ante un rastriador temblaron.

Hay de "lomos" un montón
pero son los más usáos
el de "chancho", el de "venáo",
el "derecho" y el "sillón";
está el largo, de "porrón"
y está el corto, de "tinaja",
"Lunanco" de "cruces bajas"
"cacunda" y alto, de "alzada",
el de orilla, ramaliada
y el "lomo'e cobra" (con fajas).

Sé, en un resto de baguales,
si va madrina o padrillo,
y, sobr'el renglón del trillo
marco sinos desiguales;
descubro en los arenales
la ranilla con "tramojo",
y marco en cualquier rastrojo,
a'nde se hunda la pisada,
"vejigas", "taba cargada",
"cuerda tensa" o "ñudo flojo".

"Sepan que un vaso vetiáo
se gasta en la parte blanca
y que un defecto en el anca
le imprime forma al candáo.
Con el ojo ejercitáo
se descubren maravillas;
siempre crecen las ranillas
según del pingo el color,
y áhi deduce el rastriador
el pelo de las tropillas.

Conozco el caballos espiáo...
Ni qué hablar del andador,
el tuerto o testeriador,
el que va suelto o montáo;
sé también si va ensilláo
y con la cincha'apretada...
y, a'nde pase una cañada
o atraviece algún bañáo,
si tiene el "marlo" quebráo
o lleva la cola atada.

Pingo de vasos caldiáos
marca "lomos" con costillas
y es, pa mí, cosa sencilla
conocer si vá cansáo,
si lleva freno o bocáo,
si es de campo o parejero
y a'nde s'empriest'el sendero,
me animo a reconocer
si lo monta una mujer
o se va en él un matrero.

Si es del sur, vaso extendido,
del norte, vaso estilláo,
chapin duro y mal gastáo;
de arenas, vaso pulido.
Mas no falla un entendido
que venga "enredando" el trillo,
y, aunque no es nada sencillo,
si el hombr'es conocedor
embarulla al rastriador
cambiando un vaso a cuchillo.

Mi moro

(Pintura: Francisco Madero Marenco)
Como sé que hay en'to'avía
caballos por más de un láo
gÚenos y a nombre ganáo
a baliza y pulpería,
yo por mi parte quedría
-si me permiten dentrar-
con tiempo de alivianar
a mi moro parejero
qu'está de campo, y prefiero
el poderlo engalponar.

Un poco conocedor,
no me es trabajo pensar
que en fija voy a topar
parejeros de mi flor.
¿Temerles?... Ni por error,
pues no es la costumbre mía,
más desventaja tendría
porque el mío, en las tropiadas,
lo apronté a cincha apretada
y freno en las pulperías.

Y así y todo, compañeros,
tiene la familia ganada
en donde la paisanada
embrujó sus parejeros.
Siempre entró entre los primeros
en las pencas d'elegidos
y las veces que he corrido
mano a mano, en cualquier tiro,
jue, más que un viento un suspiro,
por la baliza tendido.

No lo mento porque sí;
son testigos los paisanos
de Mariscala, Lascano,
Blanquiada y Arazatí;
ganó en Polanco del Yí
con recargo de algún quilo,
de punta a punta, en su estilo,
sin rebenque y sin espuela,
a uno como el de Portela
que el ganó a "Rejucilo".

Con ese triunfo enancáo
sobre triunfos anteriores
los tapé en tierra, en Tambores,
y crucé pa'l otro láo.
Allá le gané a un bragáo
de un estanciero entrerriano.
Y un famoso porcelano
de un jugador correntino
(como hondazo, en el camino)
"comió cola", mano a mano.

De ese caballo decía
la gente d'esos lugares
que a fantásticos altares
lo elevó su aparecería.
Desde Corrientes venía
siempre ganando y ganando,
con la plata reventando
tiradores y maletas,
que precisaban carretas
pa'dir el "botín" cargando.

Acampaban a'nde quiera
estaquiando el carperío
con tan lindo chinerío
qu'entusiasmaba a cualquiera;
pronto, la comarca entera
s'empezaba a preparar,
y tráiban, pa'redotar
al caballo porcelano,
lo más ligero que al llano
soltó Dios a disparar.

En el Chaco lo corrieron
los Luna con su gatíao,
los Yánes con un tostáo
muy güeno... y también perdieron!
En dispués lo persiguieron
con un zaino los Macieles,
y allá en los andariveles
de una cancha brasilera
la dio puesta con "Pantera",
del cuarterón Chico Véles.

Y yo le gané cortáo
en el tiro qu'eligieron
p'ahorcarlo -según dijeron-
a lazo bien estiráo.
Si los vieran!... enojáos,
rayando los redomones;
largaban los patacones
como con rabia y gritando,
a lo pampa revoliando
los ponchos y los facones.

El dueño andaba juído
(a pique el sombrero gacho)
lo mesmo qu'el ñandú macho
de la bandada corrido.
Lo imaginé un forajido
duro de alma y de colmillo.
P'atracarse a este caudillo
será mejor, (malicié)
peliar un yaguareté
que ya ha probado el cuchillo.

El hombre debe peliar
cuando es, peliar un deber;
mas debe un esfuerzo hacer
por er si puede evitar.
Desgracia grande es matar,
comparada con vivir,
mas del paso hay que salir,
así lo entiendo y lo explico:
de dos males, el más chico
elijo, si hay qu'elejir.
-o0o-

De riendas, le corrí a un mozo
con fama de pendenciero,
hijo de un rico estanciero,
en un oscuro precioso.
Tráiba un chapiáo asombroso
engarzáo en plata y oro,
y aunque el mío estaba "loro"
no me asustó la presencia.
Al llegar a la sentencia
asomó el fiador, mi moro.

En la costa del Pescáo
otra ocasión cayó un viejo
que tráiba un flete azulejo
con trompeta y enmantáo,
parejero muy mentáo
que ya naides le corría,
fama de güeno tenía
en diez pagos, por lo menos.
"Al que le pongan el freno!"
gritaba el viejo, ese día.

Despacio me le acerqué
por ojiarlo, al parejero,
y le dije: "Compañero,
plata y tiro marquemé"
Me pesó, porque me hallé
más seco que legua'e loro;
el viejo me tapó en oro,
yo hasta el facón empeñé...
Ese día, cuasi pelié
por haber ganáo mi moro.

Más tarde, siendo animal
con tres posturas de freno,
le gané a un tostao muy güeno
de un comisario rural;
era un lindo semental
más codiciáo que un tesoro.
El gauchaje gritó en coro:
"El tostáo, y no hay que hablar"
y yo tuve que arrollar,
pero había ganáo mi moro.
-o0o-
En él, iba repechando
alta cuesta del camino
en donde Airala y Justino
cayeron, los dos, peliando.
En él, andaba rodando
en toda cancha o terreno,
ya en lo malo, ya en lo güeno,
ya en la doma, ya en la trilla,
cuando largué al tal Bonilla
en pelo, sobre un ajeno.

Pingo amigo y "de mi flor"
que tanto me acompañó
y un pago entero paró
allá en mi tiempo mejor.
Sin plata en el tirador
me agarró la paisanada
aquella tarde dorada
cuando el indio triste y frío
"contemplaba aquél gentío
con su gran tristeza aindiada".

En él, llegué a Retamosa
cuando un toro pa'novillo
cornió al niño lazarillo
de un tal Pantalión Reinosa;
una carrera preciosa
había, ese día, atáo...
Perdí lo depositáo
y triste empecé a ensillar,
al ver al ciego llorar,
del niño muerto abrazáo.

Mi pingo moro cruzó
la inmensa noche sin luz,
con la ayuda de Jesús,
y una carpeta engrilló.
Jué el mismo que atravesó
por sobre campos aráos,
cerrilladas y alambráos,
como un apuro d'estrella
pa'tráirle un remedio a ella,
qu'en el rancho había quedáo.

La acostumbré en los guadales
a cruzar sin enterrarse
y a tranquiar sin fatigarse
en los flojos arenales.
Lo hundía en los esterales,
qu'es pior que correr bolíao;
a saltar acostumbráo
-porqu'en eso lo costiaba-
como un pájaro cruzaba
zanjas, cercos y alambráos.

Como pingo nadador,
era un remo cada pata
y lo ha visto el ancho Plata
brillar, sobre él, con primor.
Mi chapiáo dominguiador
valió un Potosí en su lomo,
y sobre el lindo azul plomo
de su pelaje lustroso
jué, mi poncho, un fabuloso
tendido alón policromo.
-o0o-
Si juega a mi parejero,
de mi pago caulisquiera
me alienta d'esa manera
como si juera el pampero.
Si se me une un compañero,
que soy Fierro... me parece;
mi valor se duebla, y crece
de mi gran pingo la estampa.
ENTRE DOS, NO DIGO A UN PAMPA...
A LA TRIBU, SI SE OFRECE!

No va a ser la vez primera
qu'enfrente solo, en mis días,
resecas aparcerías
de gente toda estanciera.
Decía Iyazuiré: "Ande quiera
habrá un Dios que nos ampare.
No disparo ni dispare,
compañero, que no hay chucho.
VAMOS, EN UN MISMO PUCHO,
A PRENDERLE HASTA QUE ACLARE.

Y no es alabanza mía,
tengo pa'decir razón:
mi moro, de redomón,
pueden creer que yo corría.
Iyazuiré me decía:
"Tienen que correrle en yunta
a las cabezas les junta,
de riendas y sin cuidar.
LA ESPINA QUE VA A PINCHAR
DENDE CHICA TIENE PUNTA.

Y cruzó mi maravilla
diez años sobre el recáo,
al tranco tras el ganáo
o suelto con la tropilla,
siempre sembrando semilla
de fama, por sierra o llano.
Menos mal que ni un paisano,
comandante o polecía
me dijo QUE LO QUERÍA
PA'ENSEÑARLO A COMER GRANO.

Corrí en él, y correré,
en todos los pagos míos,
en Río Grande, en Entre Ríos,
y hasta Misiones llegué.
He ganáo, y ganaré,
sin achicar la parada;
no hay plata, gancho ni nada
que me lo haga echar p'atrás
Y HE JURADO QUE JAMÁS
ME LA HAN DE LLEVAR ROBADA.

Si llego a perder rodando
no faltará alguna china
pa'sentarle al moro encima
(qu'es también salir ganando).
No me han de doblar jugando,
un "güeso" lo sé tirar,
y nunca suele faltar
un "monte" donde seguir,
UN PAJAL DONDE DORMIR
NI UN MATAMBRE QUE ENSARTAR.

Hasta el alma jugaría,
en ésta o en la otra Banda,
qu'el que en pago ajeno anda
tiene poca aparcería.
He quemáo, con valentía,
hasta el último cartucho,
mas no juego el moro. Es mucho!
Antes, la última pilchita...
SIEMPRE EL GAUCHO NECESITA
UN PINGO PA'FIARLE UN PUCHO.

En mi gran moro sentáo
juí dos veces orejano,
capitán de monte y llano
diez años sobre el recáo.
A sus patas he jugáo
lo qu'en amores perdí;
ni el gran cerro Potosí
dio tanto. Si lo largaba,
EN CUANTO YO LE SILBABA
VENÍA A RECOSTARSE EN MÍ.

Hoy, es pingo de leyenda;
lo ensillo cuando un amor
me saca cabrestiador,
a rastriar alguna senda.
Va jugando con las riendas
como un guía en mis malones.
¿Quién pierde esas ocasiones
cuando un camoatí lo asalta?
PUES NO ESTÁ LIBRE DE FALTAS
QUIEN NO ESTÁ DE TENTACIONES.

domingo, 24 de julio de 2011

En el partidero

(Pintura: Francisco Madero Marenco)
Yo ensillo con mi recáo,
pilchas sin plata y sin oro,
y como que ando en mi moro
ando siempre bien montáo.
Ni poncho pido emprestáo
aunque me muera de frío.
Mi listáo, hasta en estío,
lo está pasando el sereno,
más prefiero, a poncho ajeno,
andrajos del poncho mío.

Nunca debería faltar,
al hombre trabajador,
ni un peso en el tirador
ni un güen pingo qu'ensillar.
Y, si lo llega a tratar
mal la suerte una ocasión,
con güena reputación
qu'es fortuna inigualada
se apéa en cualquier ramada
o acampa en cualquier fogón.

Como en mis brazos confío,
suelo hablar con arrogancia;
que se agranden las estancias
que a mí me alcanza lo mío.
A la suerte desafío
porque no le sé temer,
hago lo que puedo hacer,
voy a'nde pueda llegar:
si hay escollos, a saltar!
si hay que luchar, a vencer!

Yo he dáo el último cobre
y el poncho de invierno he dáo
y qué contento he quedáo,
pudiendo dar, siendo pobre.
La vida se hace salobre
cuando hay mucho que cuidar;
el que de alma sabe dar
endulza el propio vivir,
porqu'es triste ver sufrir
pudiéndolo remediar.

El pobre duerme tranquilo
si sabe cargar la vida;
en maleta repartida
siempre es más liviano el quilo.
De lo que en verano apilo,
llegando el invierno, pico.
Ni me agrando ni me achico,
sé ganar y sé perder.
Sólo es rico, pa'mi ver,
aquél que sabe ser rico.

Yo, con mi moro ensilláo,
maniadores y bozales
pa'redomoniar baguales,
mi güen nombre me he ganáo;
nunca vergüenza he pasáo
como hombre trabajador,
y además tengo el honor
que -p'hablar suele ser güeno-
no bebo sudor ajeno,
bebo mi propio sudor.
-o0o-
Es lindo ser pión tropero
porque cambia con frecuencia
de patrón y de querencia,
de pago y de compañero;
tiende a'nde quiera el apero,
el cielo es ancha guarida,
un bailongo... una querida...
y en cien pagos diferentes
conoce distintas gentes
que hacen conocer la vida.

De los caminos se ven
naturales maravillas:
bosques, llanos y cuchillas
y cosas tristes también.
Pero las ve sólo quien
lleva en el alma un lucero,
rara vez el estanciero
en su fría indiferencia
porque tiene la conciencia
castrada por el dinero.

Yo nunca serví pa'pión.
Por hacerme respetar,
jamás me dejé retar
con razón o sin razón.
Aunque entiendo qu'el patrón
debe hacerse obedecer,
todo el que sepa poner
las cosas en su lugar
no se deja manosiar,
ni siquiera reprender.

Entre borracho y patrón
(yo prefiero al bebedor)
cuanto más lejos, mejor,
y poca conversación.
Siempre he sido remolón
pa'que me ensille cualquiera;
si me tocan las basteras
ni las espuelas me pinchan.
A'nde me apretan la cincha
desparramo las bajeras.

Iyazuiré

(Dibujos: Lauren de Bacco)
Se dio por amigo mío
en durante una tropiada
de Quiebrayugo a Tablada
en un invierno muy frío.
No hubo un arroyo ni un río
de sacar seco el apero
y nos llevó el viaje entero
la hacienda poco costiada,
durmiendo a ronda cerrada
bajo un rigor de pampero.

Una noche nos tocó
rondar en yunta el ganáo;
se nos había disparáo
y muy inquieto quedó.
Más, cuando por fin s'echó,
al fogón nos arrimamos.
Cincha y bocáo aflojamos,
le dimos güelta los cueros,
montamos dos "trasfogueros"
y un mate amargo ensillamos....

Tan amigos nos hicimos,
tan honda amistá trenzamos,
que amigos nos separamos
aunque nunca más nos vimos;
tan sincero nos quisiemos
con el indio "cuarterón",
que oí decir una ocasión
conversando dos paisanos
"qu'éramos, sin ser hermanos,
mellizos de corazón".

Con sucia vincha, ajustaba
su larga y chuza melena;
siempre contemplé con pena
lo mal empilcháo que andaba.
Grandes espuelas usaba
con atadura sencilla,
y tenía las "canillas"
curvadas de jinetear
y afirmarse p'aguantar
los "quebráos" de sus tropillas.

Nunca vi, en mis correrías,
cristiano más bebedor:
se arrimaba a un mostrador
y una tras otra pedía.
Agresivo se volvía
(y no era de mala entraña)
estaba "como la araña",
tantiándose el "caronero",
insensible el tragadero
a los fuegos de la caña.

Como de siempre domaba,
(si andaba en algún "saláo"
y el peludo era pesáo)
con "pie de amigo" montaba.
Con gran trabajo estribaba
pero después que subía
ya tranquilo se sentía,
desataba el "potriador",
les largaba el maniador
y arrollándolo salía.

De chiripá, como yo,
en invierno y en verano,
como es de ladiar a mano
de nunca se lo sacó;
verano o invierno, usó
un viejo poncho cortón.
Caminaba inclinadón
como quien anda de apuro,
barba en cruz y el pelo duro
como el perro cimarrón.

Gaucho, el indio Iyazuiré,
'ende la vincha a la espuela,
trabajador "sin agüela",
sincero y de güena fe;
mil veces lo comprobé
durante jue mi asociáo,
en el negocio arriesgáo
-por ganar algunos riales-
de contrabandiar baguales
d'Entre Ríos pa'este láo.

Si nos tocaba ensillar
algún cargáo de cosquillas
que venía en las tropillas
pa'los montáos aliviar,
tirábamos a clavar,
mano a mano, con mi taba,
y si una vez me ganaba
como cien veces lo hizo
olvidaba el compromiso
y el más arisco ensillaba.

Cuando enfermo me notó,
con solícito cuidáo
lo mejor de su recáo
bajo mi cuerpo tendió.
Con su poncho me abrigó
aunqu'él muriera de frío,
mas si al pasar algún río
todo el pilchaje mojó
también l'empriestaba yo
mis pilchas y el poncho mío.

Por dentro era caridá
como Francisco de Asís;
inmensamente feliz
lo volvía su bondá.
Amor, nobleza, amistá,
perdón, caridá abnegada,
alma extraña y enraizada
a un origen guaraní,
áspero a lo camoatí
relleno de miel rosada.

Era lo mesmo qu'el tala,
que es feo, huraño y torcido,
pero protector del nido,
la torcaz y la luz mala:
con su chiripá de apala
andaba siempre. Tropiaba.
A las "bailantas" llegaba
-se les llama así en Misiones-
y a'nde hubiera pericones
cualquier china lo engrillaba.

No he topáo hombre más leal,
más noble, sincero y franco,
bobo pa'l amor, y blanco
como costilla'e bagual;
p'arreglarse en general
de muy mal gusto y dejáo,
diez años sobr'el recao
anduvo en el suelo mío
o pasando de Entre Ríos
bagualadas pa'este láo.

Como no hay nada perfecto,
él sus defectos tenía
y en sus virtudes ponía
como adornos sus defectos;
ya correcto o incorrecto
según el lugar y estáo
porque hallándose mamáo
ni al amigo respetaba
y por un pucho peliaba
sin que lo hubieran quemáo.

Las espuelas se aflojaba
pa dir ojalando el suelo
y hasta contra los pigüelos
el chiripá se abajaba.
Casi siempre el poncho ataba
a media espalda y bien flojo,
y por cimarrón antojo
usaba siempre el sombrero
con el corte a lo nortero:
bien a pique sobre un ojo.

(Dibujo: Lauren de Bacco)

Una carrera

A la estancia "La Ilusión"
p'alzar un ganáo llegamos,
y, ni bien desensillamos,
encendimos el fogón.
Al rato, cayó el patrón
y en el suelo se sentó,
con nosotros amarguió.
Era un hombre campechano,
muy carrerista -el bayano-
según después resultó.

Dijo qu'era (el estanciero)
carrerista de afición,
y entró en la conversación
más de un caballo lijero.
Y nos mostró un parejero,
con trompeta y enmantáo;
era un pingo coloráo
de todas partes bonito,
largo de abajo, y finito
que parecía un venáo.

Le almiramos con razón
aquel precioso animal
que valía un dineral,
y lo entraron pa'un galpón;
regresamos al fogón
y el hombre quedó, en cuclillas,
contándonos maravillas
hechas por aquél tesoro
y averiguó por un moro
que venía en las tropillas.

Le contesté qu'era mío.
-"Se le anima au coloráo?"
-"Si estuviera levantáo,
por lo menos, el rocío..."
-"Eu vi pasar, e confío
qu'es cabalho liyerón...".
-"Guapéa en tiro cortón,
pero, pa'su coloráo,
le ha d'estar faltando estáo,
y a mi cinto un patacón".

-"Si le aflueja o tirador
corremos por los caballos...
Esos redomóes balhos,
¿no son suyos?" -"Sí, señor".
Y atamos el potriador
de una tremenda carrera
que corrió por la frontera,
d'estancias a pulperías,
con plazo de siete días
pa'bajarles la bandera.

Yo, al moro, le acomodé
a cuchillo los candáos,
y los vasos encebáos
varias veces le foguié;
tan pronto lo levanté
a mi dócil parejero,
que, al mirarlo, el estanciero,
como al quinto o sexto día,
dijo... "que no parecía
el cabalho de um tropero...".

Cuando el domingo llegó,
estaba la pulpería
con tanta gente, ese día,
que ni Aparicio reunió.
En mi moro llegué yo,
ensilláo qu'era un primor;
liviano y observador
era un gato pa'orejiar,
muy tranquilo pa'trotiar,
aunque muy escarciador.

A las sendas me acerqué,
saludé la paisanada,
me apié junto a una enramada
y áhi nomás desensillé.
Me lo tuvo Iyazuiré
pa'yo templar el garguero;
pasó el otro parejero
con una manta nuevita
y una inscripción parejita
con el nombre de "Pampero".

Al caballo coloráo
esa ocasión lo corría
un negrito, que tenía
un gran tatuaje grabáo,
el chiripá levantáo
con las puntas añudadas,
camisa a franjas rosadas
de rota que daba penas,
y las grandes nazarenas
sobre el pie descalzo atadas.
-o0o-
Cuando a las sendas dentramos
le dije al brasilerillo:
-"¿Dicen qu'es como cuchillo,
de cortador, en el "vamos"?
-"Nu es certo, mas si largamos
y llega a salir cortáu,
nu olvide qu'es coloráu,
cabalho muito liyero,
que si de un lau es pampero
pampero es del otro láu".

-"Yo al pampero lo he dejáo
hecho polvo en el camino...",
le dije, al negro ladino,
mirándolo desconfiáo.
-"Este verano he ganáo
varias carreras de viaje"
Y el moreno del tatuaje
se acomodó un cinturón
con cinco de munición
pa'emparejarme el quilaje.
-o0o-
La tarde estaba volcada
sobre la inmensa frontera,
uniendo la azul esfera
y la campiña dorada.
Capas, golillas terciadas,
bicharases y bayetas,
como bandadas inquietas
aletiando se paseaban,
y las sendas nos mostraban
sus rígidas bayonetas.

Brillaban a la pasada,
como espejos siderales,
batícolas y pretales,
estribos y cabezadas.
Ricaza esa "bayanada",
casi todos hacendáos...
Tanta plata, los recáos,
relámpagos encendían,
y las libras relucían
sobre los ponchos listáos.

Al verse entre ajena gente,
un paisano pobretón,
si no es de temple durón
se achica completamente;
si llegaba un exigente
como a obligarme a jugar,
lo escuchaba sin mirar
y me quedaba calláo,
igual qu'el toro empacáo
escarbando pa'peliar.

Si el diablo hubiera venido
luciendo el poncho escarlata,
pa'pararlo al pago a plata
al diablo me habría vendido;
jugador de talla he sido
y no pierdo la cabeza,
y, aunque con dura entereza
soporté mucha topada,
nunca sentí tan pesada
sobre el alma la pobreza.

Huérfano de aparcería,
de mi láo ninguno estaba.
Tan solo, me agigantaba
cuando más solo me v'ía!
Iyazuiré no tenía
ni plata, ni fe, ni nada.
Como muerta la mirada,
cuidando el apero mío,
contemplaba aquel gentío
con su gran tristeza aindiada.

Yo, ya llevaba jugáo
el último bayo ajeno,
madrina, cencerro, freno,
rastra, facón y recáo.
-"Hay que ganarle cortáo
(le hablaba al moro) a ese gruyo:
jugué lo mío y lo suyo,
y, a'nde nos bajen la mano,
no se me haga el lerdo, hermano,
qu'he jugáo libras de orgullo".
-o0o-
El negro lo atropellaba,
lo paraba, se volvía
al tranco, lo detenía,
y a los marcos lo apuntaba.
Allá cuando lo largaba
como al mandáo de un pañuelo,
giraba el polvo en el suelo
en un círculo cerráo,
como el gato que le ha erráo
un "viaje" a una mosca en vuelo.

Pusieron sentenciador,
tercero y abanderáo,
y, a medio tiro, apostáo,
un sargento de "vedor".
El negro, muy tajiador
quiso hacerse el remolón.
Sobrándole la intención
le grité, medio arrogante:
-"Te v'ía largar por delante
p'avergonzar tu patrón...".

Santo remedio!... Largamos,
y me le pelé de abajo;
tan provechoso jue el tajo
qu'el negro se ahogó en el "vamos".
Allá cuando nos miramos
por sobre la polvadera,
iba como si quisiera
ensartarme con un ojo...
Parecía, el negro, un abrojo
enredáo en la clinera.

Muy sangrudo el coloráo
se me empezó a aproximar;
viera el gauchaje gritar
con usura, entusiasmáo.
Al cuadril me había llegáo
y se corrió hasta el fiador,
pero el moro, aguantador
en cien varas, s'estiró
en tal forma, que gritó:
-"Con luz!", el sentenciador.
-o0o-
Juí a'nde estaba Iyazuiré,
me bajé del fatigáo,
me apié junto a mi recáo
y a ensillarlo comencé;
tranquilo otra vez, monté
y, al tranquito entr'el gentío,
empecé a cobrar lo mío,
más humilde que altanero,
echáo p'atrás el sombrero,
pero enteramente frío.

El dueño del coloráo
se me acercó, campechano,
me apretó juerte la mano
y me dijo: "Casteyao
si su moro me ha ganáo
de juro jue por meyor,
es cabalho superior
e se me ocurre que nu hay
ni en Brasil ni en Uruguay
quien se le ponga al fiador".

Le pagué con mi habitual
sonrisa, porque escuchaba
a un viejo que me gritaba:
-"Me ha ganáu um dineral;
aquí tene su pretal,
aquí tene su facón,
y además este montón
de libras ganó tambén:
ha de ser perto de cen
cóntelas con atensón...".

Otro trajo mi madrina,
y en la maleta campera
volcó plata brasilera
muy brillante y cantarina.
Un mozo de l'Argentina
me pagó de güena fe,
y yo mismo le ayudé
a apartar de otros caballos
los seis redomones bayos
que, siendo ajenos, jugué.

Y así, todos los paisanos
me pagaron las paradas
aquella tarde jugadas,
orientales y "bayanos";
pero un tal Yuquita Ramos
un pingo overo rayó
y altanero me gritó,
como a quererme asustar:
-"Si usté es capaz de aguantar,
al moro le gano yo!".

-"¿Con ese mal enfrenáo?"
-"Con ese padrillo overo,
que no se llama Pampero
pero es muy apamperáo".
El dueño del coloráo
despacito me codió,
y me dijo, "Aguanteló,
y patinar se lo hacemos.
Si el domingo le corremos
de su láu me pongo yo".

-"Pa correr estoy -le dije-
pero, ¿cómo es la cuestión?
Me contestó el fanfarrón:
-"Tiro, plata y flecha... fije"
-"Pues, ya que nada m'exije...
mañana de tardecita,
y dende aquella sierrita
hast'a'nde áura tengo el moro...
por quinientas chispas de oro,
en esta senda mesmita".

-"Mañana es mucho apurarse"
me contestó, más calmáo.
"Si no tienen los montáos
ni tiempo de revolcarse!"
La gente empezó a mirarse,
a sonreir y toser,
y uno dijo: "Al parecer
no llueve... El viento cambió"
El gaucho "chucho" arrolló
y ató a los tientos; ayer...

-"No, señores"- dijo el criollo.
"No afluejo; pido un tiempito.
Ni muerto me hago el chiquito,
ni en las primeras arrollo;
sé qu'el moro no es un "bollo"
mas le llamo "pan comido".
Y el melenudo Garrido
le gritó al irse: "Dejálo,
que te vas a cáir del palo
igual que gallo dormido".

Le dije a mi amigo: "Hermano,
si desenvaino el facón
le juro qu'esta ocasión
hago "sapo" algún "bayano";
que Dios me corte la mano
si se me alarga a matar;
tal vez, de tanto aguantar,
estoy poco aguantador...
Vamonós, que a lo mejor
me da el diablo por peliar".

sábado, 9 de julio de 2011

Mi rancho

Él es bueno de adentro hasta la puerta,
humanitario de la puerta adentro,
afuera es otra cosa. Punta y filo,
hurañez madurada a sol e invierno.
No tiene nada que envidiarle a nadie,
es puro como el Niño Nazareno.
Duermen en él, con pichonada y todo,
cuanto bicho hay que escarba por los cerros.

Y no es tan chico que se diga,
alcanza pa formar una cruz de trasfogueros
pa tender el recao y queda cancha
pa algún gaucho de mi pago, pa mi perro.
Como en espera de los cuatro rumbos,
la puerta tiene requintao el cuero,
lo rayan nazarenas y querencias
y le dentran ventiscas y luceros.

Pa que no se le juera con los pájaros
la planté cerca'el patio un tronco seco
que volvieron palenque mis baguales
de tanto samarrearlo del cabresto.

A más, la tirada que llevamos,
hermanaos él y yo,cubrió su techo:
la vergüenza de un robo,
una mentira, el amor, lo curioso,
envidiao miedo,
Nada que pueda avergonzarlo mancha
la divina pobreza que hay adentro
y a él no le gusta que la luna vea
las gastadas cacharpas de su dueño.

Tiene, a un costao del lomo,
una bastera de tanto y tanto
jinetearlo el viento
y por ella se cuela cuando esparce
la luna sus plumones entre el cielo.
Y no le gusta, se le va ladeando,
como que era un león, le saca el cuerpo
amontona la sombra en los rincones,
y pa mancharla se la pasa al ceibo.

Yo soy un convencido que mi rancho
es oro bueno de la puerta adentro,
afuera es otra cosa, como digo.
Nunca ha podido basurearlo el viento,
y siempre con mis cosas de muchacho
cuando un negro me llevó y yo me asusé al cielo,
escriben las estrellas sus mensajes,
apuntalo el palenque y lo contemplo.

Si lo llena de luz un rejucilo
al ver todo chorriao el firmamento,
y el oro redetido en las alturas,
libre lo espera el sacudón del trueno,
y a donde vea balancearse el monte,
sacude las plumitas del alero,
se eriza todo, se estremece,
tiembla si le sirve las clinas del pampero.

Y así feo como es, tiene hasta música:
se achicharra, por flor se luce el ceibo,
en durante la siesta. Por la noche,
al grillo con cerrón, canta su alero.
Con las tacuaras fabricaron quenas,
zumbones mangangases barreneros
pa que la brisa musiquera cante
en las horas de paz, sus tristes ecos.

Y endulza su amargura cimarrona
una pera de miel de un esquinero.
Y en remolinos las avispas bravas
le cuelgan sus violines al silencio.
Alzó con el testuz de la cumbrera
la constancia redonda de un hornero,
pa que no se le queme la techumbre
si posa la luz mala su desvelo.

De tanto caronearme las desgracias,
me ahuyentaron del pago, me juí lejos,
a ver si le ponían las distancias
una venda de olvido a los recuerdos.
Cuando volví, me lo encontré como antes,
con menos quincha pero más ahujeros:
Desentrada la puerta, caido el tuze,
de guampiarlo los toros y entrar tiempo.

Cuando el camino los acerque, hermanos,
lleguen nomás si necesitan techo,
que él es uraño de la puerta ajuera
pero es un santo de la puerta adentro,

lunes, 6 de junio de 2011

Reflexionando


Muchas tardes largas se fueron al trote,
cuando yo, mendigo, tu amor imploraba;
mientras que mi moro se aburría escarbando,
atao'en el tronco de espinoso tala.

Y el día que pude vencer tus desdenes;
llegar a tu almita de torcaz baguala;
te arrimé a mi cuerpo y tomé en tu boca,
la caña más linda que más emborracha.

Te ceñí en el torax mis brazos potentes...
Te alcé tuita en peso y enarquié tu espalda...
Y beso más largo no ha dao'una boca,
ni emoción más grande ha sentido un alma.

Dispués... una noche te truje a mi rancho...
¿Te acordás que noche más linda y más clara?...
Sentada en las ancas de mi pingo moro,
cubriendo tu cuerpo con mi poncho'e patria.

Y juiste pa'l nido de totora y barro;
pal rancho del gaucho que el pago envidiaba...
Una torcacita que emplumando amores,
entre las espinas encogió sus alas.

Muchas veces pienso que no te merezco,
al verte tan joven y llena de gracia...
Al calor de un gaucho tan rudo y tan triste,
con una melena tan negra y tan larga.

Amigo'el silencio, preñao' de misterios...
Si por no auyentarlo guardé mi guitarra...
Vos, inquieta y linda, como mariposa,
alegre y cantora como una calandria.

Si me tráis un mate, lo tomo al galope;
si me tráis un beso, te pongo la cara...
Me duelen las piernas del peso'e tu cuerpo,
si estás un ratito sentada en mi falda.

Las noches de invierno, borroneando versos,
te dejo las horas solita en la cama...
Cambié tus caricias por la pulpería;
y el beso'e tu boca, por el vaso'e caña.

Y hoy veo que, a veces, nosotros, los hombres,
hacemos por fuerza, las mujeres malas...
Marcando en la vida, con ingratitudes,
un rumbo cualquiera, pa'hacer que se vayan.

viernes, 20 de mayo de 2011

Bien solo y bien al tranquito

(Pintura: Gustavo Solari)
Si me toca en la “culata”
ni me interesa un arreo,
me corro pa’ la puntera
pa’ atar mi silbo al cencerro.
No me gusta dir charlando
con cualquier gaucho tropero
pesao como piedra ‘e bola
que empieza y no acaba un cuento.

Llamando la novillada
al son de un silbo puntero
pasan por sobre el camino
lindas las leguas y el tiempo.
A solas con la tropilla
se me arriman los ricuerdos
a tráirme de viejos pagos
amores que jueron nuevos.

Pasan chinas y guitarras,
pericones y desvelos…
porque -siento estando solo-
como caricias los sueños.
Si hay luna, mejor pa’ un canto,
cuando no hay luna, la enciendo
en cualquier bicho de luz
o en mi puchito estrellero.

O, alzo mi chifle puntudo
pa’ verla junto al chambergo…
Siempre lo llevo con tragos
de esos que se güelven versos.
A mi que me den la punta
si dentro en algún arreo,
que andar solo y medio triste
me hace dos veces tropero.

No me apuro ni aunque sé
que llegar tarde no es güeno,
y si va o viene el camino
tuavía estoy sin saberlo.
Por eso en una puntera,
mejor si hay luna pa’ un verso,
bien solo y bien al tranquito,
triste y solo voy contento.

sábado, 14 de mayo de 2011

Compañero rancho


A mi amigo y vecino Héctor Rodriguez

Llevamos muncho tiempo en la lomada;
yo con mis potros... la guitarra... el perro...
El, casi solo, casi mudo, casi;
se pasa año redondo entre el silencio.

No se si me conoce todavía,
es insensible y mudo como un muerto
se suele extremecer si el viento es juerte
y a veces tiembla cuando tiembla el trueno.

Le pasan las bandadas sin mirarlo,
-no tiene un arbolito pa remedio-
el camino le cruza y nunca llega
anque a veces le arrima algún viajero.

Si es largo un temporal, las batarazas
se allegan por la noche en busca'e techo,
le llenan las soleras de graznidos
redondas las miradas por el miedo.

Al verlo tan ahumao y tan sin paja
me han dao ganitas de prienderle juego;
dispués me amansa su calor, pensando
en mis noches a campo de tropero.

Me ensilla con sus bromas de mal gusto:
ande hubo, ni sé cuanto un hormiguero,
escuende yararacas arrolladas
y me las pasa frías cuando duermo.

A veces, cuando junto al bracerío
entibio mi cancera y amargueo,
me arrima con un hilo de su baba
tremenda araña pa correrme el sueño...

En otras juega con los vientos chúcaros:
al más arisco de ellos, al pampero,
le hace adios al pasar con unas pajas
se corta en ellas y se va juyendo.

Un verano de moscas tornasoles,
cribada tierra y pastizal reseco,
con un sol empacao a media tarde;
nos rodiaron las llamas de un incendio.

En grandes nubarrones de ceniza,
en llamas tremolantes, humo negro
y un trueno de yeguadas sierra abajo
se extremecían juntos, sierra y cielo.

-los yuyos siempre me gustaron muncho,
los dejaba crecer con vicio y frescos
pa que aromaran los terrones ásperos
y encendieran florcitas en mis sueños.

Y al ver las llamas acercarme ¡ébrias!
como fantasmas estribando en ellos,
uñí la yunta y rodié de surcos
a camellón por vara el rancho viejo.

Y lo salvé nomás de las cenizas;
se alejaron las ruanas llano adentro
espantando ñanduces y yeguadas
hasta saciarse en el pajal inmenso.

Le dí gracias a Dios hecho una sopa!
Me arrecosté al palenque, y al pañuelo
arrollao como pájaro con frío,
le esprimí mi cancera en sudor negro.

Miré mi rancho pa correrle el susto:
y él, como nada, indiferente, quieto;
muestrando sus costillas renegridas...
Sabe Dios desde cuando estaba muerto.

miércoles, 20 de abril de 2011

Tus manos

(Foto: Eduardo Amorim)
Echao p'atrás y muy "juancho"
iba yo al trote cortón,
del que no tiene patrón
ni quien lo espere en el rancho.

Mi tropilla sin apuro
iba ladereando un cerro,
pa'trás del duro cencerro
por sobre el camino duro.

¡Qué lindo el campo!Tenía
bajo cada piedra un grillo;
el sol en cada espinillo
espuma de oro, cernía.

Limpio el pincel del cardal
en azul tinta teñido,
parecía haber subido
el alto cielo estival.

Y hasta esa planta raída,
pobre de aromas y flores
tenía multicolores,
y daba flores con vida.

El pedregoso camino
por donde llega el linyera
en un fardo de arpiyera
su tragedia y su destino.

Camino de los poetas
de los aludos sombreros,
que limaron los troperos,
los vientos y las carretas.

¡Qué lindo estaba!Tenía
oculto un tambor sonoro
y era como un chorro de oro
que por la tarde corría.

Y en esas regiones bajas,
dilatadas y serenas,
gotiaban mis nazarenas
música por las rodajas.

Era un musical mortero
el cristalino sonido,
monótono y repetido
del cencerro madrinero.

Y por el camino aquél,
en repecho y en bajada
cáiba mi boca endulzada
con unas coplas de miel.

Vos cazabas mariposas
o fingías que cazabas,
y plena en gracia llevabas
tus bellas manos, ¡hermosas!

Me miraste, te miré,
¡tan alegre, tan sencilla!
que dí vuelta la tropilla
y ahi nomás desensillé.

Y viste por sobre el tul
del cicutal sombrillero,
desde mi fogón tropero
alzarse un suspiro azul.

Se fue borrando una huella
de horizontal y vidriez
y el día quedó al saber,
de cada ahujero de estrella.

Cuando se borra el sendero,
una lechuza se asombra,
y une sillones de sombra
con un pespunte agorero.

¡Nunca más te vi!En los llanos
miro en las tardes hermosas,
aletear las mariposas
por ver si veo tus manos.

miércoles, 13 de abril de 2011

Lo que fue seguirá siendo

Mi rancho no es un museo
mas guarda en cada rincón,
pedazos de tradición
donde mi hastío recreo.
En cada pilchita veo
donde mi ayer hizo nido,
y como siempre he querido
juntar presente y pasao,
a todas las he colgao
pa sacarlas del olvido.

De venao en un cuernito,
un par de bolas colgadas,
dicen que fueron halladas
en "la carga de arbolito".
En la quincha envainadito,
hay un facón carcomido
y colgao como al descuido
después que tanto sonaron,
cencerros que amadrinaron
las tropillas que he tenido.

Ajenas porque la mía,
jamás con seis la formé,
a veces me 'aprosimé'
si la madrina paría.
Hubo en una pulpería
un poncho desvanecido,
que empeñó un desconocido:
nunca lo pude comprar...
¡como pa no valorar
las pilchas que no he tenido!

Una tijera gastada,
un martillo de esquilar,
como la uso pa tuzar
en piedra gruesa afilada.
Una manea sobada
que aguantó a más de un bagual,
un lazo monumental,
de cuatro ancas trenzaos
que no es aquél ramaliao
que se cortó al primer pial.

De mis tiempos de tropero,
hoy guardo un par de lloronas,
de esas de tatuar caronas
que entrañablemente quiero.
Tengo un facón caronero
de cuasi un dedo de lomo,
y cargaditas con plomo
bien calzadas, desde luego,
varias tabas porque juego
y un gran chifle porque tomo.

Mi mate que usé al fiador
largamente en resereadas,
es de guampa trabajada
con un arte superior.
Bajo mi alero cantor
de estribos hay un caudal
y en frenos es un dineral
si tuviera que venderlos,
¡claro que solo con verlos
me siento estanciero igual!

Tengo una guitarra hermosa
hecho en madera muy fina,
hace años en la Argentina
me la 'osequió' Irma Barbosa.
En su ancha vida azharosa
más de un mamao la echó abajo
en la boca tiene un tajo
que erró la boca, tal vez,
la quiero mucho aunque no es
mi herramienta de trabajo.

Ya viejo trasnochador,
medio gastao todavía,
me arrimo a una pulpería
si se que anda un payador.
Si me afinco a un mostrador
no me arrancan ni mamao,
y al cantor si está inspirao
pagándole si es preciso,
le pido letras de Risso
y versos de Wenceslao.

domingo, 9 de enero de 2011

La cuenta



Cesó de pronto un chirrido
En el silencio campero
Y acamparon dos carreros
Bajo el cielo ennegrecido.
Despues de haber desuñido
Encendieron el fogón
Y cuando ya el cimarrón
Galopeó de mano en mano
Trabaron los dos paisanos
Muy triste conversación.

Eran dos viejos curtidos
A madrugada y rigor
Gauchos como el maniador,
Como el ñandubay sufridos,
Juntos habían recorrido
La campaña despoblada
Y en fatigosas jornadas
Al cimbrar de las picanas
Jueron dos almas paisanas
Por gaucha amistad unidos.

Juntos pasaron las sierras
Guadales y sumideros,
Como yunta'e pertigueros
Atravesaron mi tierra
Y juntos en paz o en guerra
Defendieron sus razones.
Peliaron cien ocasiones
Contra los gauchos alzaos
Con los jaguares cebaos
Y los perros cimarrones.

Emprincipió el viejo Airala
Con acento lerdo y blando:
-"Justino,te vi llorando
Al enfrentar a los talas.
En las guenas y en las malas
Juiste duro y resinao...
Francamente me ha estrañao
Al verte de esa manera,
O jue que al ver la tapera
Algo malo has recordao?"

-"Vos me vas a disculpar,
-dijo serio el otro anciano-
Pero esas cosas hermano
No te las puedo contar".
-"Algo querés ocultar,
-insistió Airala temblando-
He venido desconfiando
Y bien me podías decir,
No quisiste desuñir
Y te vide lagrimiando".

-"Gueno,te voy a decir
Ya que tanto has cargociao
Pero por lo mas sagrao
No vayas a descubrir.
Por las gueyas del sufrir
Voy marchando hasta la muerte
Afirmao a cuarta juerte
Con dolor o con congoja
Soy guey cansao que no afloja
Al carretón de la suerte.

Como con indiferencia
Continuó muy despacito:
-"Hay un rencor y un delito
Picaniando mi conciencia
Resinao y con paciencia
Lucho con la suerte mía
Y en ostinada porfia
La desgracia no me deja.
Tengo una herida muy vieja
Que me sangra todavia."

-"Yo viví en esa tapera
Que'en la altura se divisa
Y me quedó una gurisa
Al perder mi compañera...
Era flor de primavera
En aquel rancho nacida,
Estrella al suelo caida,
Torcaz que el sueño arrullaba,
Candilcito que alumbraba
El camino de mi vida."

-"Pero un día, un tordo vago,
Que jamás penso anidarse,
Bebió almibar a llenarse
En aquella flor de pago.
Después no tuvo un halago
Ni pisca de condolencia,
Y ella ante su indiferencia
Y la ingratitu del mundo,
Se tiró a un pozo profundo
Y acabó con su existencia".

"Yo herido en el corazón
Busqué al cobarde asesino
Y en la cruz de los caminos,
Lo crucifiqué a facón;
Pero el padre con razón
Se juramentó vengarlo,
Y dispues,por no peliarlo
Viendo el gran dolor del hombre
Me marché, me cambié el nombre
Y jamás volví a toparlo".

-"Y si lo hallaras un día
Por capricho del destino,
Le dijo Airala a Justino,
Decí la verda: ¿qué harías?
-"Asigun, lo peliaría
Si es que reclama al finao!
Y el viejo Airala,enojao,
Como un tigre de ligero
Desenvainó un caronero
Que tenía en el recao.

Y le grita ferozmente:
-"Sin querer te has descubierto!
Yo soy el padre del muerto
Y esa cuenta está pendiente.
Él ve el encono patente
A sus ojos asomarse,
Y Justino, al prepararse
Ante tan brusca impresión
Siente lerdo el corazón
Como queriendo pararse.

No hubo mas conversación,
Relampaguiaron miradas
Y aquella cuenta guardada
Se desentumió a facón.
Se cortan de refilón
En forma recia y ligera,
Y en las frentes altaneras
Los largos tajos sangrando
Son como vinchas ligando
Las platiadas cabelleras.

En hachazos y en reveses
La muerte zumbando cruza
Y les chistó una lechuza
Como cuatro o cinco veces.
Son las picanas dos jueces
Testimonio de aquél duelo
Y bajo el nocturno velo
Con las estrellas por luces
Son los pértigos dos cruces
Acostadas en el suelo.

Va quedando el trilladero
En los cardos y en las matas.
Y la ollita de tres patas
Se volcó con el puchero.
Termina el duelo campero
Como por mandao de Dios,
En un atropello atroz
Se abalanzan como leones
Y se hallan los corazones
A un mismo tiempo los dos.

Tras un nubarrón perdido
Se asoma como un "decoro"
Una media luna de oro
De algún caudillo vencido.
De la lechuza el chistido
Se apagó en la lejanía...
Muy a gatitas se oía
-en la cacunda del cerro-
Los latidos del cencerro
Que el guey "carpeta" tenía...

Bajo la luna platiada
Parecia estrella el fogón,
Y cencerro el corazón
De la inmensida callada.
La senda,cinta ligada
A la tierra cimarrona,
Y las carretas chillonas,
Empinadas pa'delante
Dos caracoles gigantes
Sobre el testuz de una loma.

martes, 14 de diciembre de 2010

Lazarillo gaucho

Es de mañana, de rocío
está mojada la alfombra,
y el campo envuelto en el humo
invisible de su aroma,
el sol con sus largos rayos,
una telaraña forma
pa encorralar unas nubes
que andan como mariposas;
tienen por cuerdas cien trinos
las guitarras de la fronda
y las bandadas procuran
los cardales de las doma.

Pa refrescar las gramillas,
los sauces vuelcan sus copas,
y afilan en el zumbido
sus aguijones las moscas,
están de yerra tacaña,
se prende fuego a la hojas
como pa espuelear el lerdo
cansancio de aquellas horas,
enlazando sobre el freno
andan Rivera y Barbosa
y un renegao en un loro
que vino a sobar la soga.

Ariscos y cosquillosos
los toros de aspas filosas
se van pateando la oreja
cerquita de la maroma.
Unos pialan, otros herran
y mientras otros estorban,
andan otros de cansao
apeligrando las rondas;
allá junto al gran fogón
donde la emoción se dora,
se lava el buche un amargo
en las manos de una moza.

Entre el puestero y un negro,
se hace pesada una broma,
y a la carreta los perros
se le echan a un costao'e la sombra.
Sobre el pértigo sentao
está Pantaleón Reinosa
que en casi un siglo de ciego
no aprendió a pedir limosna,
hace rato que a la cuerda
le ha enredao una milonga
y tiene enlazao el tema
con un sobeo de estrofa.

El se acerca a los fogones
con su alegría tristona
de la mano de un nietito,
estrella en sus noches ondas
lucerito en sus tinieblas
ande su dolor se embosca.
Vida prendida su vida
como si fuera una antorcha,
y le canta a los que escuchan
con voz cansada y monótona,
a los que le forman rueda
sin saber quienes la forman.

Cuando el abuelo hace plata,
el niño sonríe a solas,
cuando no; llora en silencio,
ocultando su congoja
él tiene tres hermanitos,
que esperan allá en la choza.
Choza que de estar vacía
tiene pobrezas de sobra.
y viene a llevarle el pan
ganao a verso y bordona,
porque en boca del abuelo
se hacen de a libras las coplas.

Hoy casi nadie lo escucha,
cuando cansa la milonga,
se hamaca en un pericón
y después gasta una polca,
hasta que viene mandinga
a hacer ronda con la cola
y al tirón de un mal domao,
revienta un lazo en la argolla
y se ven chairearse al viento,
como pa hallarse una a la otr
dos guampas como dos corvos
con las puntas entradoras.

Erra un facón los garrones,
los ponchos se vuelven onda,
se cierra en seco un volcao
y cruza una boleadora,
se produce un desparramo
y el ¡guarda! que el canto corta,
ha dejado un verso rengo
y en disonancia una nota,
solo el ciego no dispara,
pa que si su vida es corta,
y además no sabe de ande
viene el peligro en su contra.

Pero les grita eso si,
al tiempo que se incorpora,
-¡agárrenme la guitarra!
No sea que me la rompa -
y el pequeño, en un arrojo,
que a los más duros asombra
se para frente del toro,
viendo que el toro lo topa,
y una guampa como un sable
le abre en el pecho una boca,
una boca que no canta,
pero que es grande y es roja.

Pasa el peligro a lo potro,
y dos manos temblorosas,
lo traen muriendo a la cuna,
que el ciego en sus brazos forma,
y explica el niño con voz
por el frío eterno ronca:
-"Abuelo, yo no quería
verle la guitarra rota".

miércoles, 9 de junio de 2010

Mi perro

(Pintura: Carlos Montefusco)
Calló a mi rancho hace muncho,
tanto, que a penas me acuerdo;
de entrada nomás quedamos
de vos y ché con mi perro.

No nos sacamos la oreja
pa cuidarnos y querernos
del fondo de la amistá
nos salen salamereos.

Me ganó una tarde de esas
que en verano son de invierno;
lo vide llorar a solas
mirando pal cementerio.

Aquel camposanto estaba
mesmo en la falda de un cerro;
yo truje del la dureza
de sus piedras y el silencio.

Dios puso el llanto en los hombres
pa aliviarles sufrimiento
y regar flores del olvido
que crecen en el misterio.

Más que yo no sé de lágrimas,
hace, quien sabe qué tiempo,
me han resecao los mormasos
los caminos y el pampero.

Y que venga un perro criollo
-muncho mas criollo que perro-
a llorar mas que el que quiso;
da bien pa remordimiento.

Cuando desensillo el moro
pa medirlo en un cotejo,
el se echa sobre el recao
y, cuidao que esto es ajeno.

Y ande me mame y no alcance
a estribar ni sobre un cerco,
mientras yo duermo, el me tiene
el caballo del cabresto.

Una noche, -aunque Dios sabe-
que yo ni mamao peleo,
cuasi mato un mal hablao
si no lo salva mi perro.

Quemaba la pulpería
ardiendo el alcohol y juego,
y las rodajas bordaban
signos trágicos al suelo.

Cuando eché mano al facón
pa parar al pendenciero
me asujetaron el brazo
cuatro colmillos de fierro.

Valiente el otro paisano
cuando me vió prisionero
dio un paso atras esperando
que me largara mi perro.

No sabe el pobre animal
por más que nos entendemos
lo que valió su gauchada
y cuanto se lo agradezco.

Mis manos


Tengo unas manos guenas
pa la guitarra;
no las quise pal naipe
ni pa la lanza.
Me gusta que me ayuden
en las domadas,
o cuando trienzo lazos
o coso guascas...
Suelen hacer primores
cuando entrelazan
costuras o triencitas
de muchas layas.
En las riendas de un potro
¡son unas bárbaras!
Al extremo de un lazo
-dispués que pialas-
le hacen sonar a un toro
pesao, el anca.
La derecha es más diestra
-nació vaquiana-;
a la zurda le lleva
muncha ventaja,
suele hacerse la artista
con una taba,
la deja tiro a tiro
como pegada.
Cuando se alarga a un criollo,
sincera y ancha,
me lleva sin permiso
todita el alma.
Si pa algo no me sirven
es pa la plata;
se les güelve misterio
peso que agarran...
Como tienen tan poco, que dar,
se alargan,
en caricias de seda
nobles y humanas.
Yo las quiero por güenas,
¡son unas santas!
A la derecha a veces,
le tengo rabia
porque en los mostradores
me apura cañas.
Menos mal que son güenas
pa la guitarra.

viernes, 7 de mayo de 2010

Al fin y al cabo (foto: Eduardo Amorim)


Traigo en mis manos el frío
de un sin fin de madrugadas
talvez por eso mis manos
son torpes pa la guitarra.

En mis brazos traigo el duro
luchar con la hacienda brava,
talvez por eso mis brazos
no aquerencian las muchachas.

Y, en mis ojos, pobres ojos,
resplandores de pasadas
miserias con gusto a pena
y arisco rigor de estancia.

Dejé mi pago pensando
que lejos talvez hallara
lo que no pude hallar cerca;
error que a tantos engaña.

Cambiar de pago es tan solo
probar suerte en otra cancha;
sin pensar, que pal que és pobre
la tierra está emparejada.

Va a encontrar el que camina
aujeros pa mil rodadas:
tucu-tucos, hormigueros
y cavernas de vizcachas.

Mas, las rodadas se hicieron
pal hombre que piensa y anda,
el que nació pa estar quieto
no apeligra en las rodadas.

No me pesa haber salido
a pesar de no hallar nada
canto cuando ando en la güena,
aguanto si ando en la mala.

Me gusta el árbol pa verlo
aquerenciar las bandadas
a mí me gusta ser pájaro;
el pájaro vuela y canta.

Total, si nací pa pobre
me sirven todas las canchas.
Cuando es limpia la pobreza
es una cosa sagrada.

Mi pucho


Cuando me enguelve en su manto
una cerrazón de penas
barajo malas con güenas
enciendo un puchito y canto.
Me hago el retovao y aguanto
pitando en una carpeta
pito o canto si me embreta
alguna pasada brava;
si se me vuelca una taba
y he copao de pura jeta.

Por chico que sea el pucho,
o feo que el verso sea
me agranda sólo la idea
de creerlos que valen mucho
y si tiemblo con el chucho
que da el frío o el temor
enriedo un verso de amor
en el humo de mi chala;
tiene muncho de luz mala
mi pucho trasnochador.

Un pucho es vicio gastao
que a ningún gaucho envilece
anima como ennoblece
un vicio tan empliao;
con mis versadas mezclao
mi pucho es estimulante
y no se estrañen que cante
aunque caiga derrotao;
me siento mas alentao
llevando el pucho adelante.

Fogón amigo


¡Qué cosa linda un fogón
en cualisquier circunstancia
en un monte, una estancia,
cocina, patio o galpón.
Mojao por un chaparrón
en él se seca un paisano
y en invierno o en verano
y medio de retirao
mientras se dora el asao
calienta el mate la mano.

Y junto a él, cuando el dolor
nos clava las nazarenas
vamos trenzando con penas
las hebritas del dolor
nos entibia el sinsabor
y hallamos mirando el suelo
pa nuestro dolor, consuelo
y calor pa nuestra fe.
Junto a un fogón, yo soñé
lo que tengo y lo que anhelo.

Junto a él, en las madrugadas
de los inviernos amargos
alivié mis viajes largos
e insufribles trasnochadas.
Y es él, que en las enramadas
cuajadas de luna llena
bajo la noche serena
convida a desensillar
y nos invita a soñar
desvelando el alma en pena.

viernes, 30 de abril de 2010

Yo quiero las pulperías


Me gusta andar de tropero
y entrar en las pulperías
como es la costumbre mía
echao p'atrás el sombrero.

Me acollaro a un mostrador
y me quedo sin hablar
escuchando conversar
qués como apriendo mejor.

Claro está, que pa aguantar
pido -ojiando la tropilla-
una caña sin "golilla"
bien grande y sin bautizar.

Leche tomé cuando chico
-y, aunque sé que es alimento-
me gusta mandar pa adentro
algo que caliente el pico.

Quien me habla de pulperías,
si yo, dende muchachito
sin ser dueño de un frasquito
las quise pa siempre mías.

Allí, mi alma se desvela
porque un refugio encontró,
la pobreza me cerró
las puertas de cada escuela.

De noche, brilla esa "fosa"
pa encandilar luces malas,
y en ella quema sus alas
mi nocturna mariposa.

Ellas acortan mis viajes,
y además, siempre hallo en ellas
amistades en botellas
y grandes aprendisajes.

Viendo peliar aprendí
a no peliar ni mamao,
como aguantar a un "pesao"
y a tener confianza en mí.

En ellas ví que la caña
cambia al hombre más templao
y amuestra -estando mamao-
sus güenas o malas mañas.

Ayí he contemplao con pena
que el cristiano jugador
olvida el rancho y honor
jugando hasta plata ajena.

Se enciende su fantasía
-y el hombre que tiene un vicio-
abre igual un precipicio
si cierran la pulpería.

Si de estos pucho me valgo
no es el vicio defender,
pero es necesario crer
que el hombre precisa un "algo".

Ande hallo una pulpería
ato o maneo el bagual,
y pido una, a lo oriental
como es la costumbre mía.

Y en el mostrador pegao
copita a copa enrabada,
me encuentra la madrugada
como nacido parao.

Y, díganmé, ¿si cerramos
por mala la pulpería
el pulpero dónde iría?
Y los pobre ¿ande entramos?

Dios hizo espinas y flores
y yo -con mi sencia poca-
se quel hombre se equivoca
pero paga sus errores.

Dentrar a los clubes...¿cuándo?
con viejas botas o en pata
o barbudas alpargatas
que gasta el pobre changuiando.

Ayí entra el descamisao,
el montaraz, el linyera,
con chiripá de arpillera
o el ponchito ramaliao.

Y alza el humilde su voz
creyendo decir verdad
¿quién ñiega que por allá
tiene derecho andar Dios?

Dejenlé al pobre un rincón,
no sea cosa, que cansao,
tire el trabajo a un costao
y elija la rebelión.