miércoles, 18 de mayo de 2011

El bolsero



Chata playa o de cajón
que de’una van atracando,
bolsero que está esperando
en la puerta del galpón,
bolsa derecho al vagón
que en el pesaje descansa,
un pinchazo que la alcanza
como el puntazo de un sable
que le ha dao “el responsable”
poco antes de la balanza.

Burro que se ha terminao
y hay que seguir más arriba,
camino sobre la estiba
y muslos acalambrao;
nuevo, de hombro lastimao,
llegada de un forastero,
hay un cambio de sombrero
y si la sé no da tregua,
con la corrida de yegua
ya se refresca el garguero

Está el que barre la chata,
lauchero en la descosida,
el surco, que en la tenida
va dejando la alpargata;
aujeros en una lata
del chico que junta afuera
el cereal que se cayera
y lo lleva zarandeao,
también de ropa un atao
si es hijo ‘e la lavandera.

Cuzco que cuida el pilchaje
en una estiba empezada,
un lugar en la ranchada
al que es nuevo en el paraje;
un peso al que va de viaje
pa’l pan o pa’l cigarrillo,
el chiripá y calzoncillo
cuando es tiempo de calor…
Siempre mojao de sudor
pero seco de bolsillo.

Patria


Patria es la tierra donde la existencia
se ha bañado de luz por vez primera,
donde hay la grandeza de un escudo
y la sublimidad de una bandera.

Patria es lo grande, lo que dignifica,
es oratorio sacro, es un altar,
son los libertadores bello ejemplo
pues buscando su tumba se halla el templo
que han merecido para descansar.

Patria es la voz que está en la misma Patria,
Patria es la tumba donde está Belgrano,
es lo inmenso del Ande, es Maipú, el llano;
y voz de Patria o himno americano
son esas dianas que vocea el clarín.

Patria es la tierra que hombres valerosos
nos supieron legar a los presentes,
no ganada con bombas tan potentes
ni tanques impetuosos;
cuando no había medios poderosos
como el ave mecánica que vuela,
ganada horociamente y con cautela
por esos héroes del mejor linaje,
empuñando la lanza con coraje
y animando el caballo con la espuela.

Patria es el ejemplo que nos dieron
esos hombres bien hombres del pasado,
que vive cada uno eternizado
en el bronce o el mármol que esculpieron.
Aquellos que sus vidas expusieron
por salvar de la Patria algún derecho,
sin pensar en sacarle ni un provecho
puesto que el ser patriota era vehemencia,
que apoderándose de la existencia
hacía explosión de amor dentro del pecho.

Patria es amar, saber sentir la Patria,
Patria el agua que corre por sus ríos
que es sangre cristalina de la tierra
donde se bañan estos versos míos.

Patria es mantener las tradiciones,
cultivarlas lo hombres, las mujeres,
en la escuela, los centros, los hogares,
en los ratos que cesan los quehaceres.

Patria es el deber de toda madre
de inculcarle amor patrio a cada niño,
viendo que el modernismo y lo de afuera
van cambiando la patria toda entera
y matando el patriótico cariño.

Y en América es Patria todo aquello
que puso un marco de oro a nuestra historia,
cuando flamearon ponchos y golillas
y al tañer del cencerro,
los héroes, con sus armas y tropillas
asombraron los cóndores del Ande
y, al rechinar allí los cascos,
estremeciéndose hasta los peñascos,
nuevas grietas se abrieron en la cumbre,
mientras realzaba el magistral pasaje
el sol de una bandera
que bañando de luz la Cordillera
anunciaba que en trance soberano,
acababa de unir la cumbre al llano
el soldado ¡más grande de la esfera!

Y eso es la Patria: Templo a cielo abierto,
siendo el Ande solemne altar mayor
y ante la Cruz del Sur, desde la altura,
¡bendígala el Señor!

Y sean mis versos oración de ruego
que elevo a Dios con todos mis anhelos,
¡haz que sus hijos quieran más la Patria,
Padre nuestro que estás en los cielos!

lunes, 16 de mayo de 2011

De hacha y punta

Soy la milonga campera;
la que anudada al coraje
anduvo de viaje en viaje
entre la gente resera.
Querendona y altanera
pa cuerpiar una embestida,
yo fui en la güeya perdida
el tañido de un cencerro,
y el facón de Martín Fierro
entrentando a la partida.

Soy la más fiel compañera
de los gauchos argentinos,
y envuelta en sus ponchos finos
me agité como bandera.
Siempre me he jugao entera
sin perder la disciplina,
y como criolla genuina
no siendo manca ni lerda
me guarecí en cada cuerda
de la guitarra argentina.

Yo recibí mil floreos
de la gente de a caballo
y en honor de ellos, batallo,
sin renuncios ni rodeos.
Dulzura en mis bordoneos
desparramo con derroche,
y prendida como broche
en ruedas de tradición
me aquerencié en el fogón
y en la tapera hice noche.

Mi palabra es voz que ordena
por arte de su destreza
ahuyentar a una tristeza
como alejar una pena.
La que a la canción ajena
por rechazarla de plano
mi sentimiento pampeano
se mantiene siempre alerta,
para ganarles la puerta
con el cuchillo en la mano.

Yo soy el toque de diana
del gallo madrugador,
y en el baldeo seguidor
el chirriar de la roldana.
Tengo vista, soy liviana,
y pongo especial esmero
en darle un tajo certero
acompañao por mis trinos
a esos malos argentinos
que defienden lo extranjero.

Convertida en centinela
por ley que me favorece,
al rodar, me pertenece
la música de la espuela.
Mi vida es una novela
entre placeres y lucha,
y como quien desembucha
les hago esta confesión:
¡que es gaucho de corazón
el que con gusto me escucha!

sábado, 14 de mayo de 2011

Compañero rancho


A mi amigo y vecino Héctor Rodriguez

Llevamos muncho tiempo en la lomada;
yo con mis potros... la guitarra... el perro...
El, casi solo, casi mudo, casi;
se pasa año redondo entre el silencio.

No se si me conoce todavía,
es insensible y mudo como un muerto
se suele extremecer si el viento es juerte
y a veces tiembla cuando tiembla el trueno.

Le pasan las bandadas sin mirarlo,
-no tiene un arbolito pa remedio-
el camino le cruza y nunca llega
anque a veces le arrima algún viajero.

Si es largo un temporal, las batarazas
se allegan por la noche en busca'e techo,
le llenan las soleras de graznidos
redondas las miradas por el miedo.

Al verlo tan ahumao y tan sin paja
me han dao ganitas de prienderle juego;
dispués me amansa su calor, pensando
en mis noches a campo de tropero.

Me ensilla con sus bromas de mal gusto:
ande hubo, ni sé cuanto un hormiguero,
escuende yararacas arrolladas
y me las pasa frías cuando duermo.

A veces, cuando junto al bracerío
entibio mi cancera y amargueo,
me arrima con un hilo de su baba
tremenda araña pa correrme el sueño...

En otras juega con los vientos chúcaros:
al más arisco de ellos, al pampero,
le hace adios al pasar con unas pajas
se corta en ellas y se va juyendo.

Un verano de moscas tornasoles,
cribada tierra y pastizal reseco,
con un sol empacao a media tarde;
nos rodiaron las llamas de un incendio.

En grandes nubarrones de ceniza,
en llamas tremolantes, humo negro
y un trueno de yeguadas sierra abajo
se extremecían juntos, sierra y cielo.

-los yuyos siempre me gustaron muncho,
los dejaba crecer con vicio y frescos
pa que aromaran los terrones ásperos
y encendieran florcitas en mis sueños.

Y al ver las llamas acercarme ¡ébrias!
como fantasmas estribando en ellos,
uñí la yunta y rodié de surcos
a camellón por vara el rancho viejo.

Y lo salvé nomás de las cenizas;
se alejaron las ruanas llano adentro
espantando ñanduces y yeguadas
hasta saciarse en el pajal inmenso.

Le dí gracias a Dios hecho una sopa!
Me arrecosté al palenque, y al pañuelo
arrollao como pájaro con frío,
le esprimí mi cancera en sudor negro.

Miré mi rancho pa correrle el susto:
y él, como nada, indiferente, quieto;
muestrando sus costillas renegridas...
Sabe Dios desde cuando estaba muerto.

jueves, 12 de mayo de 2011

La ruda macho


La ruda tradicional
aunque por su olor sea fiera,
la usa la gente campera
por su don medicinal.
Ella para todo mal
sirve aunque sea despreciada,
siempre fue desalojada
de los más bellos jardines,
vino al mundo con sus fines
y debe ser respetada.

La ruda es como esas criollas
que alejan las sociedades
pero en las necesidades
las ocupan sin embroyas.
La ruda siempre descoya
de las demás, no es coqueta,
el hormigón la respeta
y el frío poco la daña,
se utiliza en la campaña
para el mal de ojo y “la yetta”.

En los guardapatios criollos
la ruda y el azaharero,
la menta como el romero
prestan sus grandes apoyos,
en los instantes de escoyos
son como el alfilerillo
o como el yuyo sencillo
que le llaman la meona,
la lengua ‘e vaca largona,
la cepa y el romerillo.

La infusión de ruda macho
-dijo Sierra, el curandero-,
que es un laxante campero
especial pa’ los borrachos.
La lombriz en los muchachos
la desaloja y la cura,
sus vahos, los parto’apura
y que pa’l oído es,
mejor que el aceite ‘e nuez,
bien frita en la oliva pura.

Yo, como humilde campero,
aunque de ciencia algo escasa,
del guardapatio ‘e las casa
la ruda es lo que más quiero;
en ella pongo mi esmero
por verla hojosa y morruda,
cuando la estación ya muda
los panoramas del rancho
muchos vienen hasta Pancho
por un gajito de ruda.

Como nido abandonao

(Foto: Eduardo Amorim)
De la güeya en una oriya
como algo que se ha estraviao
hay un ranchito tirao
entre cardos y gramiya;
ya se ha ido medio ‘e costiya
por los vientos paletiao
pero entuavía está parao
y como una mano abierta
está ofreciendo una puerta
por si pasa algún cansao.

De tanto andarlo el pampero
medio lo ha matao del lomo,
y de tordiyo palomo
aura pasó a zaino overo,
le han hecho meya a su cuero
el tiempo y las alimañas
y mientras que las arañas
zurcen aujeros del techo,
los mangangases han hecho
como una tarja ‘e sus cañas.

Al voltearle la tranquera
los años con sus pechadas,
lindas épocas pasadas
dispararon campo ajuera,
ya en su patio sin frontera
aura tan solo ha quedao,
porrón a pique rodiao
como fortín de avanzada,
un cantero a la dentreada
por hormigas maloniao.

Sobre los cardos overos
que le han hecho corralito,
el cielo cuelga cachitos
pa’ adornarle los aleros,
rayito ‘e sol, los jilgueros
con melodiosa tibieza
le ponen a la tristeza
que’n un sauce viejo yora,
un’alegría en cada aurora
que’n cada ocaso regresa.

Lo mesmo que’n cualquier nido
ayí emplumaron pichones
que al criárselé los alones
levantaron su volido,
un casal muy dolorido
quedó mirando la güeya,
y al tiempo é la ida aqueya
vio el rancho con desconsuelo
su gaucho ‘e negro pañuelo
y ayá en su cielo otra estreya.

Por la soledá arrendao
dentró a morar la tristeza,
ilusión, dicha, beyeza,
el tiempo todo ha yevao.
Viejo nido abandonao
ande’l pasao desensiya
y un negro presagio briya
dende aquel día que’l nochero
quedó adentro del potrero
relinchando a la tropiya.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Soy balcarceño y cantor

(Pintura: Molina Campos)Después de andar tantas güeyas,
abrazao a una guitarra,
mezclando noches de farra
con mujeres y botellas;
yo le agradezco a mi estrella,
gracias le doy al Creador,
que en vez de hacerme dotor
o leguleyo de fama,
me dio su luz soberana
la vez que me hizo cantor.

No me gusta el alboroto
ni soy de andar en tropilla,
pero de echura sencilla
igual que colchón de croto.
Rendidor como el poroto
si el indio se me desata,
piso con todas las patas
en cualisquier ocasión,
y no me aguanto patrón
dende que murió mi tata.

No me vengan con apuro
porque soy de lomo frío,
será lerdo el tranco mío
pero también es seguro.
Sin presumir de muy duro
porque no soy ni fui malo,
tampoco ando de regalo
pal primer desorejao
y mañas no me han faltao
pa hallarle la comba al palo.

Y así vivo sin desvelo
con poquitas pretenciones,
cantando por los fogones
pero siempre alzando el vuelo.
Andar es todo mi anhelo,
suerte del caminador,
sin envidias ni rencor
cruzo las sierras y el llano
y pa más gloria paisano:
soy balcarceño y cantor.