jueves, 6 de enero de 2011

Intima


Del rincón ande dormita
Cuasi las más de las horas,
La de las cuerdas sonoras
A que la pulse me invita.
Es la guitarra bendita
Que sabe de mis dolores,
La que adornaban con flores
Manos que amé como un loco,
La que aún yora cuando evoco
Tristezas de mis amores.

Puede que sienta otra vez
Que algo en sus cuerdas se enrieda.
Algo suave como seda
Pa ser áspero dispués.
Dolor güelto del revés
Pa disfrazar su amargura,
Agua que parece pura
Y es venenoso entrevero,
Luz que apagará el pampero
Cuando la noche sea oscura.

Pobre guitarra que aún cré,
Que vendrá otra primavera
Con la divina zoncera
De aquél amor que se jué.
Del amor en que mi fe,
Como en verde cina-cina,
Jué prendiendo en cada espina
La gasa azul de un ensueño,
Que de juro era pequeño
Pa la ambición de una china;

De aqueya chiruza autera
Que a juerza de desengaños
Enredó estilos extraños
En mi guitarra campera;
De aqueya china hechicera,
Daga en mi pecho clavada,
De quien con ansia insaciada
Siempre algún recuerdo evoco
Que duele, cuando lo toco,
Como una herida enconada.

Penas


Sí, chiruza, entuavía vivo
Sepultáo aquí en mi choza
Con la tristeza rabiosa
Del ñacurutú cautivo.
No me preguntés si altivo
Sigo retando al dolor,
Vos sabés que ingrato amor
Abrió en mi pecho una herida
Por donde, va con la vida
Escapándose el valor.

Viejo y cansáo de vivir,
Sin encontrar mi señuelo,
He dáo en pedirle al cielo
¡Que dé fin a mi sufrir!...
Una gran pu...cha, morir,
Pa mi gusto que ha de ser
Mil veces mejor que ver
Cambiarse al uso de Uropa,
Dende el calzáo y la ropa,
Hasta el sentir y el querer.

¿Quién ensiya un redomón?
¿Quién acierta un tiro e lazo?
¿Ande está el cantor machazo
Que encele al ganáo rabón?...
¡Oh, mis tiempos; oh, ilusión!
¡Oh, tierra, mi santa tierra
Que en inacabable guerra
Vas, pa enterrar a tus crioyos,
Abriendo hoyos y más hoyos
Dende el vano hasta la sierra!

martes, 4 de enero de 2011

Tironeao por el dientero


Andaba desesperao
del dolor de la quijada
que estaba como soplada,
y un ojo me había cerrao;
y aunque me hubo aconsejao
muy atento el curandero
ningún remedio casero
pa aquel asunto servía
porque la muela tenía
tal vez de vieja, un aujero.

De hacer buches me cansé,
me hice flojo, siendo guapo,
y hasta la panza de un sapo
sobre el cuerpo refrequé.
Después el sapo colgué
al sol, pa que se secara,
y así el dolor me calmara,
pues me decía que de cierto,
al quedar el sapo muerto
era fácil que curara.

Pero el remedio apuntao
no me sirvió para nada,
seguía igual la quijada,
y el ojo zurdo, cerrao.
Fué entonces que resignao
pa la ciudá enderecé,
un güen dientero busqué;
la boca abrí a su mandao,
y bastante desconfiao
a su saber me entregué.

Ya había bajao la hinchazón
cuando empezó la consulta
que entuavía me resulta
motivo de almiración...
Dandolé cuerda a un sillón
en el que me había sentao,
quedé en el aire estirao
y a voluntá del dientero,
que escarbaba en el aujero
con un fierrito lustrao.

Y cuando el ñiervo tocaba
al revisarme la muela
de toda la parentela
allí estirao me acordaba.
Riendo el hombre trabajaba
y... ¿le duele? - preguntó-.
Ya le iba a contestar yo,
pero agatas largué un grito,
y en la punta del fierrito
la muela rota salió.

Un vaso'e vino tibión,
me dió pa pasar el susto.
¡No pude tomarle el gusto
pues lo tragué de un tirón!
Y dende aquella ocasión
al que cuento lo pasao,
casi siempre ha resultao
motivo de diversión.
Lo cierto de la cuestión
es que ansima me he curao.

lunes, 3 de enero de 2011

Sobre asunto del amor

(Pintura: Carlos Montefusco)
Contaba el viejo Zenón,
a quien lo quería escuchar,
sus mañas pa gambetear
los golpes del corazón.
Y como hay una lección
pa todos, con su saber
yo en esto quiero poner
un poco de su esperencia,
pa que aproveche tal cencia
aquél que quiera aprender.

La mujer que no ha pasao
de las veinte primaveras,
vive pensando en sonceras
siendo un dulce codiciao.
Quien sea viejo, hágase a un lao
pa contemplar esa flor,
y no empañe su esplendor
saliéndose de su huella,
que se haya muy lejos de ella
pa que lo acerque el amor.

Cuando la felicidá
quiera el mozo enamorao,
también debe hacerse a un lao
la mujer de más edá.
Aunque ella le diga que está
enamorada y vencida,
saque el cuerpo a la embestida,
pues si la hace compañera,
se atará una carcelera
que le ha de amargar la vida.

Siempre el que miente mejor
si se entrega cabrestando,
es el que más va ganando
en los asuntos de amor.
Si lo celan, lo mejor
es hacerse el ofendido,
pues cuando lo crean vencido
le saldrá mejor la cosa.
Convencer a una celosa
pal hombre es tiempo perdido.

La mujer, la más ladina,
la más seria y retadora,
en su espíritu atesora
ternezas de chiquilina.
Antes de hincarle la espina
del desprecio o del rencor,
porque le falla en amor,
o le cortó una esperanza,
piense que nada se alcanza
tratándola con rigor.

Y decía el viejo Zenón:
"quien sepa hacerse querer,
es el que puede tener
más suerte en esta cuestión.
Antes de dar un tirón
conviene más aflojar,
pues el que dentra a jugar
deberá de comprender
que algo tiene que perder
el que pretende ganar".

domingo, 2 de enero de 2011

La Raza

(Pintura: Carlos Montefusco)
- "No aflueje mi coloráo
mire que a cola tendida
y a sable desenvaináo
se nos viene la partida".

"Aguántese en la pezuña
mi coloráo orejano
que si un corvo nos rajuña
se me puede dir la mano".

Y el sin marca, y el marcado
por un sino de agüería
son sólo un bulto estirado
bajo la noche sombría.

Atrás, olfateando el trillo
como perros cimarrones
denuncia a la tropa el brillo
y el ruido de los latones.

En carrera y gameteando
pajales y tucuruses
huye el gaucho, cavilando,
y el caballo haciendo cruces.

"Si no viniera el Sargento
que's de los nuestros, le juro,
que de gusto me les siento
y los pongo en un apuro".

Sordo rumor estremece
los húmedos pastizales
y en la fatiga que crece
jipan hombres y animales.

El colorado es un viento
que sobre el campo resbala
y al cebruno del Sargento
lo empujan vértigos de ala.

Apura a rebenque y bota
la milicada impaciente
y el matungaje se agota
bajo la espuela inclemente.

La partida se disgrega
van a juntarse los dos:
lo que no haga Santos Vega
tendrá que evitarlo Dios.

De pronto, el cardal tupido
le echa un pial, al orejano,
rueda el gaucho, y se alza herido
con el facón en la mano.

- "¡No me rindo!" balbucea;
"¡Atropellen!" se arrodilla;
la sangre que le gotea
pinta en rojo la golilla.

"Carguen mau...las!..." lentamente
el alma gaucha, insumisa
abre la garra impotente
como un puma que agoniza.

Cae el arma, luego, el brazo
se hace almohada; la jauría
se para a tiro de lazo:
empieza a clarear el día.

Mudo el Sargento se arrima
le aparta cardos y abrojos
le tiende su poncho encima,
se echa el sombrero a los ojos.

Despierta en cantos al llano
una aurora de romance.
¡Se ha quebrado el orejano!
El otro; ¡que en paz descanse!

Su sospecha mensajera
lanza el Chajá celador,
se abre un sol de primavera;
habla en la ley, el dolor.

- "Tan hombre y morir ansina!
No hay justicia!... Cabo Osorio!...
Vaya y lo entriega a su china;
va por mi cuenta el velorio".

Mayorcito


Güeno m'hijo, ya semos cuasi iguales.
Ya le ha entregao el juez la papeleta
y asigún acredita el documento,
puede dir y opinar por ande quiera.

De hoy en más, lo que piense,
lo que haga, lo que sienta
tendrá que sustentarlo con el nombre,
con su brazo, su plata y su concencia.

Tuito eso es la fortuna
con que a las luchas de la vida dentra
y usté sabe el empeño que hemos puesto
pa que al llegar a mozo la tuviera.

Mientras golvemos al tranquito a casa
ande estará su mama como clueca,
loca de ganas de abrazar al hombre
con que el cielo al final la recompensa,
le vió decir las últimas palabras
que le guardó pa esta hora mi esperencia:
si le estorban, las oye y las olvida;
si le sirven, las oye y las olvida;
pa que lo ayuden a encontrar el rumbo
en ese viaje largo que le espera.

Ser hombre, no es ser dueño
de crerse más varón que cualisquiera
ni de llevarse a naides por delante,
ni andar de reja en reja
dejando en una, fama de vicioso
y en la otra, de manchar honras ajenas.
Las del boliche son, pa un por si acaso;
las que hay en las ventanas, pa querencia.
Tejen el enrejao de pulpería
unas arañas negras
que se añudan al cuerpo de un cristiano
y ansí amarrao, en la prisión lo entriegan;
las que tiene una moza en su ventana,
(esa que ha de elegir pa compañera),
son las que pone un dios pa que resguarden
su propio nombre en la custodia d'ella.

Nunca hallará destino quien lo busque
en el fondo embrujao de una botella
ni el que ande como el zorro haciendo daño
rondando ranchos y olfatiando puertas.

Dengún vicio es adorno,
ansí muchos se adornen con sus mentas.
Ande pueda priestar algún servicio,
que llegue antes su mano que su oferta.
Ser honrao, es el mérito más grande
como no serlo, la mayor vergüenza.

Por denguna razón, niegue su firma;
la palabra y la firma no se niegan
ansí le cueste soportar la vida
en lo más disgraciao de la pobreza.

Si tiene que votar, tenga presente
qu'en ese papelito, que usté deja,
deja lo más sagrao que tiene un gaucho:
su libertá, su nombre y su concencia!

Ser guapo no es vivir a lo salvaje
golpiando gente y deshaciendo fiestas;
guapo es el domador que ve la muerte
sobre la cruz del animal que muenta
y cumpliendo el deber de dominarlo,
lo saca a los corcovos campo ajuera.
Más valiente entuavía
es quien junto al arao abre una melga
y se quema en los fríos del invierno
y se abrasa en el sol de media siesta.
Vale más una arruga en el trabajo
que la marca de un tajo en la pelea.
Y no es que piense que lo crié pa flojo;
escuche esta sentencia
que jué la condición de sus agüelos:
"quien no sabe ofender, no almite ofensas".
Naide muere el día antes,
ni hay sangre de gallina en nuestras venas!

Pa defender la vida es el cuchillo;
pa castigar agravios la sotera,
y si un día un extraño de su suelo
o un renegao de corazón y lengua
d'esos que han olvidao hasta la madre,
le perdiese el rispeto a su bandera,
áhi sí m'hijito, tapesé los ojos,
no mire cuántos son ni quienes sean
y dentre a lo varón; ¡nunca más hombre!
¡nunca más firme el brazo y la ripuesta!
¡Argentino! por raza y por orgullo.
¡Argentino! a las malas o a las güenas
y que caiga el que caiga... ansí me llamen
pa levantar yo mesmo su osamenta:
¡el que mata o perece por la patria
ha cumplido la ley de nuestra tierra!

sábado, 1 de enero de 2011

Décimas

Yo soy flor que se marchita
al sol de la adversidad,
el arbolito en mitad
de la llanura infinita.
La paloma pobrecita
que arrastran los aquilones,
entre oscuros nubarrones
de tempestades airadas,
soy la barca abandonada
en el mar de las pasiones.

Soy el ave que al bajar
de los aires fatigada,
no tiene ni una enramada
ni un árbol en que anidar.
Y si vuelve a levantar
las tristes alas del suelo,
encuentra nublado el cielo
y dehecha la tormenta,
y el pájaro se lamenta
y vuelve a tender su vuelo.

Yo soy un gaucho cantor
de renombradas virtudes,
que tan solo ingratitudes
ha recibido en su amor.
Soy el pobre payador
velay, si sabré penar
con mis negras amarguras,
la pampa con sus llanuras
con sus abismos la mar.

Yo no canto por llamar
la atención que no merezco,
yo canto porque padezco
penas que quiero olvidar.
Que tan solo con cantar
se va al viento nuestra pena,
y yo tengo el alma llena
de pesares y amarguras,
más que en la pampa hay anchura
más que en el mar hay arena

Por eso, ¡oh linda mujer!
maldigo mi negra estrella,
al contemplarte tan bella
sin que te pueda querer.
Porque todo hombre ha de ser
generoso hasta morir,
y no debe permitir
a una mujer que lo quiera,
para que después se muera
al verlo tanto sufrir.

¡Adiós, primorosa flor!
adiós, lucero invariable,
solamente comparable
a la estrella de mi amor.
Cuando sientas un dolor
parecido al que yo siento,
Dios quiera que tu lamento
no sucumba en la ignorancia,
y atraviese la distancia
¡sobre las olas del viento!