¡Qué cosa linda un fogón en cualisquier circunstancia en un monte, una estancia, cocina, patio o galpón. Mojao por un chaparrón en él se seca un paisano y en invierno o en verano y medio de retirao mientras se dora el asao calienta el mate la mano.
Y junto a él, cuando el dolor nos clava las nazarenas vamos trenzando con penas las hebritas del dolor nos entibia el sinsabor y hallamos mirando el suelo pa nuestro dolor, consuelo y calor pa nuestra fe. Junto a un fogón, yo soñé lo que tengo y lo que anhelo.
Junto a él, en las madrugadas de los inviernos amargos alivié mis viajes largos e insufribles trasnochadas. Y es él, que en las enramadas cuajadas de luna llena bajo la noche serena convida a desensillar y nos invita a soñar desvelando el alma en pena.
Con mi razón o sin ella, apartando al que se oponga, he de seguir meta y ponga sin ladearme de la huella. Porque no me hace ni mella perderme en la soledad, hundirme en la inmensidad a paso lerdo y tranquilo, porque aun no se ha hecho el filo que corte mi libertad.
Cabalmente pienso y hago sin darle cuenta a ninguno, mi libertad no es vacuno que se vende a mejor pago, ofrezcan que no es amago y tomenlon como quieran, mi libertad no es tanquera abierta al primer mandón, pa' un libre no hay más patrón que la amada y la bandera.
Pa mi no existe caudillo que doblegue mi conciencia, y como señal de obediencia sólo ante Dios me arrodillo. Hombre que saca el cuchillo y ante el peligro lo arrolla, y a la libertad la apoya con su fe y en su derecho, es que ha mamao en un pecho de mujer sangre criolla.
Sangre que unos cuafarones son medallas conquistadas, y en mil gloriosas patriadas y en muchas revoluciones. No se arrean a empujones mi ideal, mi sentimiento, sobra la hilacha de un tiento pa un desmadrao, para un guacho; aprende a ser libre un macho oyendo rugir al viento.
La libertad hay que llevarla con honor, con honradez es decir, con la altivez que uno supo conquistarla. Al que no sepa cuidarla se la quitarán mañana; la libertad es soberana cuando un varón es de ley, la libertad no es un buey que responde a una picana.
Ni es tampoco rebencazo asestao a las costillas, ni bisagra en las rodillas ni dobleguez de espinazo. La libertad es trompetazo de victoria en la pelea, es banderín que flamea al tope de una tacuara, es un potro que dispara o un águila que aletea.
Es también fecundo tajo en las criollas sementeras, gorro frigio en las manceras simbolizando al trabajo. Es el puño de un badajo cacheteando a una campana que va pregonando ufana que en esta tierra Argetina: la libertad no es propina, sólo peleando se gana.
Es así la libertad, que es pregón de nuestro himno, escudo, estandarte, signo de nuestra Argentinidad. Santa palabra, verdad por los libres venerada, fogón cuya llamarada, ningún déspota apagó, herencia que nos legó nuestro Santo de la espada.
Le canto a los domadores, al potro y al reservao, pingos, espuelas, recao y a los hombres pialadores. A los asados mejores, al hueso de caracú, al tala, al cardo, al ombú, a la siesta, a las auroras y a las gauchas boleadoras que hacen rodar al ñandú.
Le pido un trino al zorzal, porque en un trino emprestao: le canto al lazo trenzao de tan campero historial. Y canto en forma especial en tanto a la rima acedio: a las curas, al remedio que el paisano suele hacer y a la cancha de correr con su andarivel al medio.
Yo le canto a la cocina con su fogón en el suelo, y al bordado de un pañuelo que es obra de arte en la china. A la calandria que trina, al tordo y al tero rial, a la marca, a la señal, al encanto de un relincho, a la nutria y al carpincho que habitan en el pajonal.
También aquí en mis canciones, como pidiendo un barato, le canto al juego'e pato que es deporte de varones. y entre otras mil diversiones de las fiestas domingueras, por ser gaucha y campera como la yerba y la pava, le canto al juego de taba y a las carreras cuadreras.
Canto al arau de mancera, al corral de palo a pique, y sin que nada me achique también le canto al linyera. Canto al tuse, a la tijera, a la chaira, al asador, a la guitarra, al cantor que entre milongas y estilos, van entretejiendo hilos de un pasao que fue mejor.
Señores, tengo vigencia, aunque algunos me creen muerto, galopiando en campo abierto haré notar mi presencia, soy grito de independencia, proclama de libertá, soy el momento que ayá Belgrano creó la bandera y flameó por vez primera a oriyas del Paraná.
Soy el toque de clarín qu'en la inmensidá s'espande, y soy cruce de los Andes del general San Martín, soy primitivo fortín por una zanja rodeao, mangruyo ayí levantao y soy soldado fortinero cayendo en el entrevero por lanzas indias chuziao.
Soy ranchito de totora cobijao bajo un ombú, y soy gambeta'e ñandú cuerpiando las boleadoras, soy la galera que otrora de posta en posta corría, candil de güampa que ardía con su amariyenta luz, y soy Martín Fierro y Cruz yegando a las tolderías.
Yo soy la bota sacada del garrón del yeguarizo, y el poncho pampa que se hizo en los toldos de la indiada, soy la guitarra templada con clavijas de madera, la pulpería de frontera con mostrador enrejao, y soy el pial de volcao en un bagual puerta ajuera.
Soy patrio oreja cortada qu'era señal del estao, y soy sable de soldao con la hoja curva y meyada, soy toque de retirada en medio de un entrevero, soy el facón caronero defendiendo a quien lo empuña, y soy sonar de pezuñas que va'purando el resero.
Soy quejumbrosa carreta abriendo güeya en la pampa, y soy el chifle de güampa porrón de barro y limeta, el viejo mate gayeta en la rueda del fogón, soy el tropel del malón que retumba en el desierto, y soy lazo en campo abierto que se le cierra'un mamón.
Soy el talero forrao con la cola del vacuno, y soy taba que a más de uno l'hizo perder el montao; soy calzonciyo cribao y chiripá de merino, rastra y tirador muy fino en soga bien trabajao, y soy chata que'acampao a la oriya del camino.
Yo soy tropilla entablada que va siguiendo el cencerro, y soy espuela de fierro achando'asta en la quijada, soy el jagüel con bajada calmando la sé al ganao, soy tierra sin alambrao yegando'asta el infinito, y soy gringo al trotesito tras la mansera 'el arao.
Soy salto de la maroma sobre'l lomo de un bagüal, palo a pique en un corral y vizcachera en la loma, soy la pata que se asoma pa'entre los dedo'estribar, chasque que supo yegar aunque herido a su destino, soy el pasao argentino ¡no me vayan a olvidar!
Ya que me pedís consejo te dejaré complacido, aunque con este pedido me estés tratando de viejo. Al que ha nacido cangrejo el tembladeral le agrada. No tengo cencia sobrada ni de sabio me las doy; pero has de saber que soy lechuza muy cascoteada.
Si una vívora encontrás es mejor que la dejés, que por muchas que matés con todas no acabarás. Seguí de largo nomás, no le hagas nada, ¿pa qué?... por más rabia que te de... contentate y aguantala... y no la mates... dejala que siga arrastrándose.
Si alguno te dio una mano nunca lo echés al olvido. No seas desagradecido si te sacan del pantano. Pero en mi verso paisano también te quiero aclarar que el hombre que ha de gozar de libertad infinita es el que no necesita vejigas para nadar.
Ciego y mudo, a mi entender, bien pueden andar los dos, aunque uno no tenga voz y el otro no pueda ver. Si los puede socorrer un sordo, aunque no oiga nada; en la vida la aliviada 'ta en la güena vecindá. No aguarda la tempestá la hacienda desparramada.
(Foto: Eduardo Amorim) No quisiera que mi muerte le quite al cielo una flor, por más que sientan dolor, no dejen un tallo inherte. Ni tampoco recen fuerte al pie de mi sepultura, ni miren pa las alturas si vi'á quedar en la greda y un poeta como pueda me despida junto a un cura.
No se pongan a llorar cuando se apague mi llama, si un cantor con su proclama quiera mi muerte anunciar. No lo vayan a acallar, dejen que su voz surera, abrazao a su madera me nombre por lo que he sido: verseador empedernido de las costumbre camperas.
No quisiera que mis huesos descansen en un panteón, prefiero la quemasón; no me dejen muerto y preso. Ni pongan santos de yeso, cruces de caro metal; no quiero más pedestal que en un tala o coronillo: quede grabado a cuchillo por el canto nacional.
No dejen que algún caudillo de visagra en las rodillas, me arree pa su tropilla con la marca'e los yugiyos. Porque no me gusta el brillo del cencerro manoseao, y menos si le han maneao a su badajo campero; si he gritao como los teros pa defender mi bañao.
Si por ahi los adulones buscan sacar su tajada, mezclándome en sus majadas; sáquenmén de los tirones. No dejen que sus bellones con las cascarreas me enrieden, recuérdenmen si prefieren aguantando el cimbronazo, hasta que se corte el lazo y en la gramilla me quede.
Y cuando ensille el oscuro sólo entrará en la maleta mis utopías de poeta, ¡paisanos les aseguro! Y al tranquito sin apuro, sin dejar mayor herencia empotrao con la conciencia y la honradez por delante: marcharé lo más campante al potrero de la ausencia.