miércoles, 21 de octubre de 2009

¡Gaucho!


Tiemplo aquí para cantar
mi diapasón de quebracho,
con el espíritu macho
del gaucho tradicional;
del paisano de mi tierra,
del labriego, del arriero,
del valiente granadero
y el poblador ancestral.

Es áspero como el tala
el cantor de los caminos,
de los patios argentinos
y del pampeano fogón;
donde pulsa la guitarra
se desagringa el ambiente,
se argentiniza la gente,
se hace gaucha una reunión.

El gaucho es la Patria misma
el gaucho es la misma pampa,
erguida en la estoica estampa
del paisano patriarcal;
del hombre de la llanura
surgió el soldado de guerra,
que expulsó de nuestra tierra
al invasor colonial.

El gaucho es la libertad
y en su argentina figura,
cruzó toda la llanura,
la cordillera y el mar;
en donde clavó la insignia,
donde esgrimió la tacuara,
en donde el corvo empuñara
los usó para librar.

El gaucho en la Reconquista
con Belgrano en Tucumán,
el gaucho con el Titán
de los Andes al travez;
el gaucho en las montoneras
de las vanguardias del Chacho,
de Lavalle en el Quebracho,
de Urquiza el Ciencuenta y Tres.

En la esfinge del paisano
cruzó el alma de la raza,
la guapeza sin coraza
y la nobleza rural;
el gaucho ha dao la sangre,
el gaucho ha dao una herida,
el gaucho ha dao la vida
por el honor nacional

Matrero


Resueyo del monte cuajao en coraje.
Altivo aletaso de la libertá.
Cerno endurecido de macheses gauchas
que sólo la muerte consiguió ablandar.

Corasón caliente de los campos potros
latiendo en la entraña de la soledá.
Tutano'e los cerros filosos y ariscos.
Colmiyo'e la sierra.Facón del pajal.

Tropero de sombras, domador de rumbos,
patrón de horisontes baquiano y audás,
tu vida jué un libre volido de toldo
surciendo distancias, sin nunc'anidar.

Tuviste por cama los pastos del monte.
Por techo, el ramaje del coroniyal.
Jué arruyo'e tus sueños el canto'e los ríos
y el silbo'e los vientos entre'l flechiyal.

Dos gauchos con alas rondaron tus noches:
el tero alarife y el libre chajá.
Y en los recovecos de tus madrigueras
sus trampas d'espinas armó el ñapindá.

Y cuando crusaste, tajiando la noche,
s'hinchó el campo'e lomas pa verte pasar;
chistó la lechusa, cayaron los tigres,
y los cimarrones dejaron de auyar.

Pa vos lució el alba sus pilchas rosadas;
pa vos abrió flores punsó el sucará;
por vos munchas noches la luna, mimosa,
en l'anca'e tu flete se vino a sentar.

Y juiste la estampa más gaucha y airosa
qu'en sueños las chinas miraron pasar,
prendido a los flecos del poncho el misterio¡
y al cinto el rumbero de la libertá!

Cumplió la condena



- ¡Contreras Venancio!
- ¡Presente!
- Ya es libre, Contreras,
por buena conducta
cumplió la condena.
De nuevo a la vida,
a la vida buena.
Tan sólo recuerde
que pasó diez años
metido entre rejas
por matar a un hombre
con causa o sin ella,
cuando en el camino
de su nueva vida
quiera su cuchillo
vengar otra ofensa.
¡Que la ley es hombre
y el hombre condena!
- ¡Lo tendré presente, señor,
hasta el día que muera!

-Ahí tiene caballo,
elija la güeya.
- Yo elijo esa:
la que lleva al rancho
de mi pobre vieja.
¡Mi cabayo crioyo;
no descansaremos
hasta dar con ella!
- Dele algún resuello;
son muchas las leguas.
- Y más son mis ansias
que tengo por verla.

El cabayo criollo
estiró el pescuezo,
paró las orejas
y antes de un "adios"
se perdió en la "güeya".
Y a fuerza de patas y manos
arañando tierra;
el caballo criollo
va tarjeando leguas.
Ya pasó la tarde;
ya la noche llega,
y el caballo criollo
baja las orejas.

- No se entriegue, amigo,
le dice Contreras.
Ya nos falta menos,
ya estamos más cerca.
Más dispués descansa;
le juro, por eya.
Comprienda mi amigo,
diez años sin verla.
Diez años sin besos
sin oirla siquiera;
sin sentir sus manos
sobre mi cabeza.

Diez años que escarba
en mi pecho la pena,
el ansia juriosa
de estar junto a eya
tirao a sus pies,
p'a decirle: "Mama";
aunque mil me ofiendan,
yo seré el más maula
que pisé la tierra.
¡Si habré sido maula
que m'olvidé de ella!

Y pasa la noche
y con la alborada
se van las estrellas.
- ¡Ahí está mi rancho!-
exclamó Contreras.
Levanta los brazos,
afloja las riendas;
y hechos un ovillo
ruedan por la tierra.
- ¿S'hecho daño, amigo?-
pregunta Contreras;
y con un ronquido
responde la bestia.
Descanse mi amigo,
que yo voy a verla.
El caballo criollo
se quedó en la güeya
"pa que los caranchos
tuvieran de fiesta".

- ¡Mama, aquí está su hijo!
Aquí estoy de güelta;
pa estarme pa siempre
junto a su poyera.
¿Ande está mi mama?
¿Porqué no contesta?
¿Porqué los cardales
cerraron la puerta
y se hicieron quincha
con la madreselva?

¿Por qué no hay un perro
que ladre o que muerda,
como está mordiendo
aquí en mi cabeza
un grito que dice
que no podré verla.
¡Que se jué pa siempre;
que murió de pena!
Mi santa viejita;
tan solo quisiera,
a juerza de uña,
buscarte en la tierra.

Si ley es hombre
y el hombre condena;
yo pregunto áhura:
por matarla a eya
qu'era lo más noble
que había en la tierra;
mi Santo Dios güeno,
¡a qué me condenas!

Guitarra de Dios


Yo soy guitarra de Dios;
guitarra de carne viva,
para que el hombre reciba
la música de su Amor.
Aprieta mi diapasón
su mano que duele a veces,
y mi sangre se estremece
cuando El me pulsa las venas;
por eso mi canto suena
más alto que los cipreses.

No soy de madera fina
ni de cuerdas delicadas,
igual que esas encordadas
que lucen en la vitrina.
Si mi canto desafina
por Él me dejo templar,
y así, viviendo al compás
del divino Guitarrero,
hago bajar los luceros
hasta mi pecho bagual.

Ni envidia tengo al zorzal
por su música sonora,
o a la calandria cantora
que se posa en el sauzal.
Y el más fuerte temporal
no me hace envidiar su voz,
que estando juntos los dos
mi canto nunca se calla
y adonde quiera que vaya
yo soy guitarra de Dios.

Habrá de llegar el día
- cuando se rompan mis cuerdas-
en que mi nombre se pierda
como botella vacía.
Y el Señor que es mi alegría,
lleno de inmensa pasión,
me traerá a su corazón
-eterna LLama de Vida-
¡y seré brasa encendida
para siempre en su Fogón!

El tostao


Hay sol, lo juega un domingo,
sacó su moneda rubia,
copando a un resto de lluvia,
que tallaba un viernes grino.
Corre un pingo y otro pingo.
Un venao contra un venao.
Dicen los del otro lao,
que es más caballo el overo.
Pero pa serle sincero
a mí me gusta el tostao.

Él tiene una mano blanca.
Por algo se la pintó.
La luna que lo lamió,
en Dios sabe cual barranca.
Aura claro, si se manca,
si se siente del candao,
si le pisa el del costao,
un vaso a mi parejero,
manco y todo soy sincero,
a mí me gusta el tostao.

Largaron. Son como luces.
Chifla el viento en los copetes.
Al ver correr a esos fletes,
se avergüenzan los ñanduces.
Dos tigres van en las cruces,
con el rebenquito alsao,
y en menos de un santiguao
ande la sotera talla;
sobre el filo de la raya,
se estira y gana el tostao.

Floreos

(Foto: Aldo Sessa)
Desde la crin al garrón
le dedico mi floreo,
porque, paisano, ya veo
que le sobra condición;
lleva en su corazón
el escudo nacional,
es palenque y también pial,
bota de potro, yesquero,
es el nido del hornero,
la calandria y el zorzal.

¡Ta que es gaucha su canción!
cuasi me ha hecho lagrimear,
porque sabe interpretar
con alma, la tradición.
Quedo a su disposición
si hay que pialar de volcao
y antes que se haiga parao
me le v'ia dir como luz
y entre el riñón y la cruz
voy a salir enorquetao.

¿Sabe?, me ha entusiasmao
su canción, aquí me halaga,
pero siento que su daga
muy adentro me ha chusiao.
El indio se ha despertao
y retoza de contento
al sentir en su instrumento
tan hermosa melodía,
a un genio de Echeverría
en la patria de Sarmiento.

Métale por lo carpido
al compás del encordao
que el gauchaje, entusiasmao,
pondrá atento el oído.
Canta lindo, no es cumplido,
no se hace al ñudo rogar,
y si lo vieran volcar
un trenzao puerta afuera,
es como vizcachera
hace las yeguas rodar.

Esa milonga campera
con sabor a nativismo
cultiva el patriotismo
como honra mi bandera.
¡Amalaya! yo pudiera
cantar con tanta armonía,
entonces me pasaría
al rededor de un fogón,
al chasquiar del pericón
en ranchos y pulperías.

Cosa seria


Cosa seria la pialada
puesta afuera del corral;
es una bala el bagual
cuando se siente en la armada.
La más chica se hace pesada,
la grande con más razón.
Pobre del que es chambón
y se las da de baquiano,
le van a quedar las manos
como si fuera un tizón.

Pialar, piala cualquiera,
de paleta o de boleao,
que volteen son contao;
a una yegua puerta afuera.
Yo conocí un tal Barrera
y a un tal Teófilo Zapata,
le mató una yegua a Tata
y las quebrava por chacota,
y un tal Ignacio Lasota,
del pago de Mar del Plata.

Los Gutiérrez, ni qué hablar,
pialadores puerta afuera
son como vizcachera,
hacen las yeguas rodar.
Es un lujo tironear,
es para el gaucho un consuelo,
el juntarles los brazuelos,
dejarle como maneada
en el suelo y estirada
pa que la monten en pelo.

Yo en mis tiempos de mozo
fuí bastante tironeador;
hoy ya soy cabrestiador
y me voy como balde al pozo.
Pero en cambio los Cardozo,
principalmente Andrés,
de derecho o de revés,
tanto al grande, como al chico,
lo hace rodar sobre el hocico
yo le tengo mucha fe.