martes, 16 de agosto de 2011

Consencia

(Pintura: Bernabé Demaría)
Ya van pa'dos semanas que l'oservo
haciéndole asco al mate y al churrasco
y dende aquel rincón gritan los bastos
que si ha negao a la rasión del sueño.

Y ande cuadra floriarse en algún "sielo"
lo hayé como con ñudos en las tabas
y los que cráivan de que usté cantaba,
de su mismo cantar si han estao ráindo.

Y aunque pasó bramando como loco
el rabicano, alsao, por las cuchiyas,
no se safó'e la presiya
ni hamacó su boliadora'e potro.

Y anoche, cuando l'hija'e los Molina,
'elante'e tuitos le brindó su copa,
no salió de sus labios una copla
que pusiera colores a esa china.

A mí m'enseñó a chirlos l'esperiensia
qui ande se sierra vista, pecho y óido,
es (sin que dentre duda) porqui un crioyo
ha costalao ensima'e su consencia.

¡Y és'es usté!, que lo hachó mal a Juancho;
no abaje del cuadril las nasarenas,
encuentre a ese hombre... si la saca güena,
acuérdese recién que tiene un rancho.

Y y'hemos hablao mucho; ¡basta'e prosa!
la piedra di afilar'ta en el mortero,
y dígale a su madre... ¡cualquier cosa!
yeve de mi tropilla el sain'overo.

Los tigres

(Foto: Emiliano Salvador)

-Déjalo al tigre en pas: no seas porfiao,
¿y pa'qué vas a dir?
si aquí los perros 'tan acobardaos
y no tenés si quiera un mal jusil.

-Ricuerde que una ves, 'elante'e tuitos,
usté me dijo ansina:
"Hais'e ser agayudo, ¡gaucho susio!
"pa'levantar los ojos hasta m'hija";
"y si áura mesmo no te dejo el cuero"
"suave como pa'tientos",
"es, sabé, desmadrao!, porque no quiero"
"que denguno haga el cuento"
"que l'he sobao la lonja a mi talero"
"en un maula, ¡canejo!"

Sí; viá dir pa'la selva; 'toy risuelto;
pero... ¡guay! del "overo" si se atraca...
que si él con cuatro patas es ¡muy tigre!
yo también soy ¡muy tigre con dos patas!;
y ay le dejo mi daga;
ni la quiero llevar, ni me hace falta...
que la cosa ha'e ser de bravo a bravo,
de diente a diente... y de sarpa a sarpa...
porque, patrón, ni alos yaguareteses
soy capás'e peliarlos con ventaja.
...............................
Y partió el mozo; y al morir la tarde,
cuando junto al fogón
congregó el "cimarrón" a la peonada,
se oyó piafar nervioso al malacara
trayendo sobre el anca
al majestuoso cuerpo del vencido
con un mordisco enorme en la garganta,
un sangriento jirón de carne gaucha
y en la garra crispada de impotencia,

-Ay lo tienen, pa'ustedes... y colijo...
que los que se riyeron...
quisá cotejen... queno jué'e miedo...
que me dejé retar... ¡mesmo que un hijo!

Arrojó en un esfuerzo al tigre inerme
y quiso desmontar; pero la luz
del candil mortecino
alumbró dos felinos
abrazados en cruz.

Renacimiento


(En la criolla, Octubre de 1897)

Como si un broto de vida
sobre todo se extendiera,
pide al sol la primavera
su vestimenta florida.
La yerba buena dormida
deja su sueño inocente;
y decorando el ambiente,
quebracho, molles y talas
sacuden sus nuevas alas
al borde de la corriente.

Suenan diversos acentos
en vertiginosa gira
y el zorzal presta su lira
para saturar los vientos.
La calandria con alientos
su mejor canción arranca
y el chingolo, en forma franca
cuenta sobre las colinas
que ha visto ya golondrinas
trabajando en la barranca.

Así, después del rigor
con que nos trató el destino,
vuelve a tomar su camino
la Criolla de nuestro amor.
Renace con el calor
de otra especial primavera;
y al levantar la visera
no tiene más pretensiones
que las firmes convicciones
escritas en su bandera.

Vuelve a encenderse el fogón
con cautelosa paciencia,
vuelve a sentirse la esencia
del sencillo cimarrón.
Vuelve a encontrarse en acción
el apero y sus alhajas;
y en las malvas y borrajas
muestran las marchitas hojas
las señaladas congojas
que les dejan las rodajas.

Vuelve el estilo a pedir
su lugar en la jornada
y la décima olvidada
vuelve otra vez a vivir.
La emoción al resurgir
su antiguo sendero agarra
y tendiéndose bizarra
llega, lozana y hermosa,
a suplicar cariñosa
que la copie la guitarra.

Pero, en estas impresiones,
tan rurales como viejas,
no caben las bravas quejas
de los urbanos campeones.
No se buscan sensaciones
por buscarlas solamente,
se buscan porque se siente
la atracción de ese pasado,
cuna de un tipo formado
para gloria del presente.

domingo, 14 de agosto de 2011

Consejos del Viejo Irala

(Pintura: Carlos Ripamonti)
-Por mi cencia y mi concencia
La gente me llama “El Zorro”
y no te ofendás, cachorro,
si te alvierto en la dentrada
que al hablar, poco me agrada
que naide me corte el chorro.

Dejame , pues, redamar
la tinaja de mi cencia,
y escuchame con pacencia
pa' madurar mi razón;
a cambio de tu atención
yo te daré mi esperencia.

Nací como todo bicho
en sus cuevas o pajales:
las diferencias formales
sólo están en el vivir.
Al nacer como al morir
los hombres semos iguales

Trabajar jué mi destino
dende que aprendi a ensillar
me mandaron boyeriar
y boyeriando mis güeyes,
no pude aprender más leyes
que la ley de trabajar.

Pero aunque el trabajo es duro,
pior trabajo es no hacer nada;
por eso en la repechada
nunca afluejo aunque me enferme
Al camarón que se duerme
lo lleva la correntada.

Pensá en Dios pero no creas
en brujos y charlatanes
que viven como haraganes
emponchaos en la penumbra...
No hay más candil que el que alumbra
ni trigo que el que hace panes.

Cuando una pena traidora
te engüelva en su cerrazón
sacá en limpio la razón
que motivó tu tristeza.
Se atajan con la cabeza
los golpes del corazón

No te aflijas por tener
ni envidiés bienes ajenos,
la suerte lleva a los güenos,
pa el rumbo que les conviene.
No es más rico el que más tiene,
sinó el que vive con menos.

Cuando de puro atorao
pensés mejorar de puesto,
acordaté siempre de esto
pa sofrenar tu ambición:
al caballo comilón
hay que acortarle el cabresto.

Al que te quiere alegar
no le pongas mala cara;
y al que porfiao, te toriara,
debés contrariarlo poco:
Siempre hay que correrlo al loco
Pal mismo lao que dispara...

Y no te hagas malos juicios
del hombre que ha rifalao,
que muchos se han desbocao
contra el pobre que cayó
y al tiempo los vide yo
rengueando del mismo lao.

La amistad es trigo maduro
que es necesario emparvar,
y lo que digo al pasar
nunca lo echés en olvido:
amigo que se ha perdido
ya no se vuelve a encontrar.

Mas no te abrás demasiado
al que el lomo te palmea
y rigalarte desea
sin que nada se lo mande
Cuando la limosna es grande
hasta el santo disconfea.

No te pasés de hablador
que hablar mucho es imprudencia;
ande no alcance tu cencia
pegale a la lengua un ñudo...
no hay juez que condene a un mudo
por falta de conocencia.

El que es pícaro de vicio
y en la bondá no se fía,
si supiera la alegría
del hombre manso y sereno,
tendría que hacerse güeno
tan sólo por picardía.

No le recordés a nadie
los defetos que tuviera;
yo te hablo de esta manera
por las probanzas que tengo...
Nunca hay que pasarle al rengo
por el lado de la cojera.

Cuando una ocasión sigura
con sus ventajas te tiente,
áhi nomás clavale el diente
y acomodoate a lo perro;
a la ocasión como al fierro
hay que golpiarla caliente.

Si te quisieran llevar
como ciego a la capilla,
no desatés la presilla
y hacéte prudenciador...
La chala se ve mejor
cuando se acaba la trilla.

Buscale la comba ala palo
de esta verdá que te explico
y no estirés el hocico
al revoliar de los cobres.
En la salú de los pobres
está la plata del rico.

Ricordá que aquel que sube
a cualquier punto que sea
ha de hacer que la marea
no le socave la estiba...
El que pica más arriba
es el que más se golpea.

No andés cambiándo de oficios
ni salgás de tus encierros;
el que vive de los fierros
no debe olvidar la fragua.
¡Carpincho que deja el agua,
contramiar lo hacen los perros!

Jugá si querés jugar
al juego que te divierta,
mas nunca se te haga cierta
parada que se embarulla;
donde te muestran la tuya
está la contraria en puerta.

Y si querés carreriar
no andés buscando revancha;
yo también hice pata ancha
y me he convencido luego
que plata ganada al juego
güelve otra vez a la cancha.

Y es al ñudo arrimpujar
si la suerte anda matrera;
el que acierta una carrera
y en otra se desbarranca,
nunca se va sobre el anca
sin esperar la tercera.

Jamás peliés por peliar
sin motivo valedor,
pero al que ataque tu honor
parale el pasmo enseguida;
toda ofensa consentida
trái otra ofensa mayor.

No le hagás caso al que amague
y al amagarte se altere,
ni al que rigalarte quiere
pensando en lo que recibe...
De rigalos no se vive
ni de amenazas se muere.

Acostumbrate a bailar
al compás del estrumento,
y pa'risollar contento
hasta ponerte rechoncho,
aprendé a terciarte el poncho
del lao que te ataje el viento.

En las trenzadas a fierro
afirmate en los garrones,
y no perdás ocasiones
de ventajearlo al más pillo,
con un ojo en el cuchillo
y el otro en las intenciones.

Naide se debe acostar
sin aprender cosa nueva,
y si querés una prueba
es esta que aquí tenés:
Ricordá a quien le debes
mucho más que a quien te deba.

Al que sabe andar derecho
no se le tuerce el arao
y ñandú que uno ha boliao,
otro lo despluma luego...
Al zonzo cambiale el juego
y al vivo hacelo a un costao.

Todas las mañas están
en esconder los reveses;
por cuidar tus intereses
no descuidés la manija...
Al que estira la cubija
se le destapan los pieses

No pidás a quien vivió
en la complacencia ajena,
ni te amilane la pena
de andar apurao de chala.
Cuando más se anda en la mala,
más se acerca uno a la güena.

Por siempre en campo verde

Injusta nombradía te has ganado
de "malentretenido" y es por eso
que tienes la pupila casi en hueso
y un profundo dolor en el costado.

No quieres que te entierren en sagrado
bajo una losa de costumbre opreso
porque tendrás la llave del regreso
si en cuerpo y alma quedas desatado.

Si, que te pisen chúcaras haciendas
donde los vientos no conocen riendas,
donde la vista pródiga se pierde...

Ese es el buen final que has elegido
para esquivar las trampas del olvido:
ese yacer por siempre en campo verde.


Elecciones 2011

¡Argentinos: llego el dia,
volveremos a votar
seguro que va a ganar
el candidato elegido.
Gane tal, o cual partido,
por sufragio popular
tendra el pobre que aguantar
hasta que lo trague el "hoyo"
o hasta que venga algun "crioyo"
EN ESTA TIERRA A MANDAR...!

¿Te acordás mi china?

(Pintura: Molina Campos)
¿Te acordás, china adorada,
de aquella noche tan grata,
que siendo el santo‘e tu tata
se reunió la paisanada?
Noche de baile y payada
pa’ mi la de más fortuna,
noche linda cual ninguna
pa’ despertar las pasiones,
y que brillaron facones
al resplandor de la luna.

Vos te habías abajerao
un traje color limón,
con una cinta punzó
hecha moño en el painao;
un pañuelo colorao
te cáiba hasta el cinturón,
y había tanto almidón
debajo de tu vestido
que las naguas hacían ruido
lo mesmo que un ventarrón.

¿Te acordás que te saqué
pa’ un gato con macachines,
y te polvié los botines
en cuanto lo escobiyé…?
Me miraste, te miré,
y al decir la relación,
vos miraste pa’ un rincón
pa’ver si óiba tu mama,
y ansí mostraste la rama
florida, de tu pasión.

Cuando te encaraste a mí
te pusiste como guinda,
y al verte tímida y linda
con más hambre me sentí;
creo que te dije ansí
después del escobiyao:
“Cuando me sirven asao
soy más glotón que un muchacho,
quisiera comerte un cacho
aunque me muera empachao”.

Al óirme la relación
te vino como de intento
un juerte estremecimiento
desde la nuca al garrón,
y con un tono burlón
y la miradita gacha
me dijiste: “Aunque muchacha
le contesto su endilgada,
cuando no es carne cansada
ni el más chapetón se empacha”.

En eso un mamao gritó
que salga el que sea varón,
y al candil de un sacudón
con el poncho lo voltió;
y en cuanto oscuro quedó
te saqué rumbo al poniente,
te apliqué un beso en la frente
que tu jagüel fue testigo,
y lo demás… no lo digo…
porque me oye mucha gente.

martes, 9 de agosto de 2011

Galope en lo lejano

(Dibujo: Carlos Alonso)
Acuñada en verdor, pampa infinita
donde el ayer llanece entre la sombra,
donde el aire doliente que la nombra
lleva un rocío austral de vidalita.

Una morada flor en ella habita
a semejanza de tenaz alfombra
que cada día al despertar asombra
cuando de viejas muertes resucita.

A veces un galope en lo lejano
traza el clamor del último paisano
en los ecos preñados de tristura.

Malhaya fuese el mismo Martín Fierro
que vuelve del larguísimo destierro
para ganar de nuevo la llanura.

sábado, 6 de agosto de 2011

Este pago de Dorrego


Es el llano redondo y siempre verde,
lujoso tirador que se engalana
con arroyos de inquieta platería
y con lagunas de monedas mansas.

Predio rural techado de gaviotas,
dos horcones fluviales lo apuntalan:
el Sauce Grande y el Quequén Salado
que llevan hacia al mar toda la pampa.

Por el Quequén descienden los luceros,
por el Sauce discurren las calandrias,
ambos nacen con brios en la sierra.
y después la llanura los amansa.

¡Tiene tantas maneras de este pago
de proclamar su herencia sin palabras!
En huesos laminados de intemperie,
en su espina dorsal agropecuaria.

En el costado azul y salobreño
con infinitos pajonales de agua,
donde un mangrullo litoral ondea
desplegando su luz hospitalaria.

¡Tiene tantas maneras este pago
de publicar sin gritos sus hazañas!
El soldado de solo sable y poncho,
y el coraje supliendo lo que falta.

El gaucho desplazado, casi en cueros
y sin embargo entero en las patriadas,
el estanciero que rindió baguales;
e inició con alambres el mañana.

La ferviente milicia de fronteras
cobrando sin cesar la tierra huraña;
el domador, el chasqui, y el labriego,
la multitud anónima que pasa.

Por el margen callado de la historia
con humildad de pueblo; sin medallas,
y la gente, nación, creciente gringa
que se entrego a la gleba en cuerpo y alma...

¡Tiene tantas maneras este pago
de recordar las cosas sin nombrarlas!
Era un suelo orejano, sin memorias
polvo ancestral sobre la boca atlántica.

Apenas si algún raudo pie aborigen
erigiría la vida en sus distancias,
llanura arrebujada en el silencio,
tuvo un despunte vial en rastrilladas.

Y en el toldo, aunque fugaz, le alzó querencias
donde no había más que cielo y pampa
Salvaje latitud de patriotismo,
no eran hombres, más bien toros en ascuas.

Aquellos del principio, los que echaron
la raíz verdadera pero amarga.
Allí estaban entonces los bañados
asiduos de totora y paja brava,

de carrizo y plumosas cortaderas
en un vaivén espeso de arrogancia,
desvelados de teros y bandurrias,
de gallaretas siempre en algarada,

de flamencos absortos floreciendo
como rosas vivientes sobre el agua.
Allí zorros, vizcachas y peludos
como dueños campeaban a sus anchas.

Corría el avestruz a toda rienda
enteramente libre de asechanzas
y todo bicho del señor cabía
en esa rama libre y espontánea,

en ese crecimiento imperativo
que era en todo bagual y lo gritaba
Con doncella de cobre y ojos negros
en su fugaz momentos de torcazas,

con mocetones ágiles, sombríos,
pumas vertidos en vasija humana,
allí fundó su indómita progenie
el ser elemental, el puro pampa

que dió Calfucuraes y Catrieles
y una agria población de vincha y lanza.
Luego el tiempo que es potro inapelable
va volteando caminos a la espalda,

y la huella desnuda y cimarrona
se entrevera con rastros de otra laya.
Ranchos de adobe y junco, lentamente
afirman la experiencia sedentaria,

promoviendo brocales y tranqueras
y los trozos fecundos de las chacras.
los hombres se acollaran a la tierra
penetrados de amor y de esperanza,

y le dan lo mejor: la fuerza, el hijo,
de sol, a sol la frente, y la plegaria,
y en el estricto holgorio, algunas veces
la costumbre del mate y la guitarra,

y tal vez una danza campesina
con vuelos querendones de zarazas.
Quedan pocas parcelas redomonas;
sobre el erial hay música de parvas,

y se diluye el tránsito matrero
en la densa corriente provinciana.
¡Tiene tantas maneras este pago
de ponderar su médula paisana!,

en ritmo cereal innumerable,
en el pulso de eglógicas manadas
en el costado azul y marinero
donde todo concluye en cielo y agua,

donde hay torre de arena sobre el viento
y palomas de sal sobre la playa.
¡Tiene tantas maneras este pago
de expresar los colores de la patria!

viernes, 5 de agosto de 2011

La libertad

(Pintura: Carlos Ripamonti)
Ya tiene altura nacional el hombre
plantado en su viril bota de potro,
pues si sabe pelear con la encordada
con el fierro no hay quien le pise el poncho.
Campea en la vorágine patriota
tiñendo las distancias con su arrojo
pero siempre liviano de bolsillos:
no tasa su valor a tanto el rollo.
Así, cuando se mete en el fandango
no pregunta si son muchos o pocos
y allá de prisa, como pan caliente
se va boleando godos.

La libertad, bandera de su instinto
lo lleva hacia delante y hasta el fondo.

domingo, 31 de julio de 2011

Tomemos el cimarrón



Mañana por la mañana
me voy a las cuatro esquinas
a tomar un mate amargo
que gustoso saborea
a la orilla del fogón
el paisano de mi tierra.

Mi tierra como si el gringo
en otro mundo existiera
que no fuera el mismo mundo
donde el paisano vegeta.

Y acaso el paisano sabe
que en cada grama de yerba,
en la substancia que absorbe,
en el agua de hojas secas.

Abosrbe gotas de sangre,
saborea una tragedia,
extrae del fondo del mate
una esclavitud dantesca.

En cada mate que brindan
en una reunión amena,
hay el suplicio de un mártir
que sordamente se queja.

Cuando en alegre algazara
los paisanos hacen rueda,
echan un valle de lágrimas
en cada mate que ceban.

Quien conozca los yerbales
que se pare y me desmienta,
para mandarlo sentar
agachando la cabeza.

Vez pasada rubriqué
con el "Yugo de la Selva"
escrito en versos muy malos
un inteligente poema.

Y detallé a grandes rasgos
cómo los seres vegetan,
cuánto sufren, cómo mueren
los esclavos de la yerba.

Cierta ocasión un viajero
transitaba por la selva,
hico un hallazgo macabro
bajo un arbusto de yerba.

Y con profundo terror
vió que de una calavera
unos ojos lo miraban
y le sacaban la lengua.

Por entre la dentadura
de la boca semi-abierta,
cual una roja amenaza,
como una trágica mueca.

Mas, como un insulto póstumo,
como si al mundo escupiera,
salió a picar al transeúnte
desde el cráneo una culebra.

Fue un esclavo que murió
cual un reptil, una fiera
y se pudrió en la intemperie
como cualquier osamenta.

Nadie le dio una sed de agua
cuando en la sed la pidiera,
nadie echó sobre el cadáver
una palada de tierra.

Para qué sobre los huesos
vas a dejar una queja;
tomemos el cimarrón
de las manos de mi prenda.

Amargo y triste es saber
cuántos sacrificios cuesta
a los mártires anónimos
que los yerbales cosechan.

sábado, 30 de julio de 2011

Los milagros


Hablar mal de Ufemia en tuito el pago
era entrar en negosios con Mandinga;
porq'eya se vengaba hasiendo un "daño"
qu'era capás di arriar con la familia.

Tenía el rancho ande tuitos acudían
-rancho viejo agachao y medio largo-,
con su sala'e recibo, la cosina,
y la piesa ande hasía los milagros...

No'bía sensia que ya eya juera mucho;
con la ayuda'e Dios y con sus dones,
lo soltaba tranquiando lo más trucho
a cualquier desausiao por los dotores.

¿Acaso no contaba que a Elso Mena,
qu'era manco a l'altura del nudizo,
l'hiso un día creser la mano entera
y hasta tráiba los dedos con aniyos?

¿Y otra vez, cuando dijo don Crisanto
qu'él no cráiba ni en viejas ni en pavadas
no l'echó los espíritus al campo
y le serdiaron tuita la manada?

En demás tenía un hijo; el negro Roque
que heredaba el "poder", sigún desía,
y ronsiaba los ranchos por las noches
pa correr tuito intento'e brujería...

Y aunque algunos lo vieron que a la güelta
tráiba en ancas un bulto medio blanco,
de miedo a las vengansas de la vieja
no quisieron andar averiguando.

Hasta que uno cansao d'echar de menos
güelta a güelta una oveja conosida,
cortó el pasmo al asunto yendo al pueblo
dando cuenta a la mesma polesía.

¡Y cayeron d'espaldas las comadres
cuando oyeron desir al comesario
que'había serda y sien cueros lanares
en el cuarto ande hasía los "milagros".

Desde tu ausencia


Mi dueña, desde tu ausencia
vivo huérfano de amores;
no hay alegría en la querencia,
hasta te extrañan las flores.

Vieras, mi dueña, el rosal,
mustias sus flores declina;
se está secando el parral,
deshojando la glicina.

Dueña mía en el jardín
ya no ha quedado un clavel;
marchitado está el jazmín,
sin sombras se halla el vergel.

Y ya no se oye el jilguero
que en la preciosa mañana
trinó alegre en el alero
sobre tu linda ventana.

Prenda, te vengo a decir,
volvé pronto, te lo ruego,
que si tardás en venir
tendrás que llorarme luego.

Si no volvés, mi viejita,
no va a quedar un capullo;
la ramada se marchita,
se muere el paisano tuyo.

La doma


Nace el paisano argentino
allá en la grandiosa pampa
demostrando con su estampa
ser el más travieso y fino.
Alegre, vivaz, ladino,
de inteligente mirada;
en caso de una domada,
¡la pucha si se florea!
Por más reservao que sea
se pinta en la jineteada.

En cuanto echan al corral
una potrada machaza,
un criollo dentra y enlaza
el más arisco bagual,
otro criollo le echa un pial
pa encima poder voltearlo
y en seguida embozalarlo
y palenquearlo de paso;
y sobre el pucho, amigazo,
lo ensilla para domarlo.

Al saltarlo el domador
larga una criolla indirecta;
mientras otro lo sujeta
de una oreja y el fiador.
¡Aijuna, es un primor
cuando el bagual siente el peso!
Se hace el chiquito y en eso
el criollo le da un chirlazo,
¡Pucha digo si es lindazo
var domar según me expreso!

El bagual se encoje en vano
y bellaquea con destreza,
escondiendo la cabeza,
por entre medio'e las manos.
Entonces, vienen paisanos
cómo se empieza a hamacar,
mientras le dentra a buscar
el domador las paletas,
y las espuelas le aprieta
castigando sin cesar.

Y después que ha corcoviao,
toma el campo disparando;
el que lo va apadrinando
no se aparta del costao.
En fin, ya el potro cansao,
solito se va entregando;
y él se lo trae tironeando
a dos manos de la boca;
pues como maestro le toca
irlo desde ya enseñando.

Después de esta acción florida
que todo un prodigio encierra,
echa el domador pie a tierra
en el sitio a la salida.
Lo rodean con ardor;
allí todos en seguida
y le brindan con fervor
el aplauso más genuino;
ese es el gaucho argentino
güen criollo y güen domador.

El matrero

(Pintura: Errecaborde)
Vida triste ¡la gran perra!
es la del gaucho matrero
que cruza triste el sendero
con la policía en guerra.
En la solitaria sierra
se oculta con precisión,
desconfiando que a traición
le hagan alguna emboscada;
y eche una chapetonada
por andar sin precaución.

Perdió ese paisano el nombre,
hijos, mujer, la querencia;
él ve su pobre existencia
sin que por eso se asombre.
Comprendiendo que es el hombre
de todo el mundo contrario,
en un punto solitario
formó su triste guarida;
y pasa su amarga vida
de matrero temerario.

Jué como todos honráo,
generoso, güen paisano;
pero su destino vano
la mala suerte ha labráo
pues la ley lo ha derrotáo,
por la ley anda vagando
y en tuitos laos observando
con mirada recelosa,
pues en su vida azarosa
vive alerta y desconfiando.

Busca para mantención
cualquier ave montesina,
a veces se determina
a recorrer la extensión.
Sale y hace una excursión
a lo largo del sendero;
carnea el mejor ternero
que se le cruza a su paso,
y pa no dormir al raso
pone como techo el cuero.

Allá en la pampa se anida
para consolar sus males;
se alberga entre los cardales
como una cosa perdida.
Sosteniendo de la brida
un pingo brioso y ligero;
y cuando juye el matrero,
no hay caballo que lo alcance.
Aunque el policía se lance
en el mejor parejero.

Como conoce baquiano
el sendero donde pisa,
como el humo se desliza
por la sierra o por el llano.
Cruza errante este paisano
la pampa con el ojo experto;
se aclimata en el desierto
como una fiera salvaje,
en el pampeano paraje
por la inmensidad cubierto.

(Pintura: Zavattaro)

Soy gaucho

(Foto: Aldo Sessa)
Soy el gaucho sin igual
cuando en mi campero basto,
despierto el dormido pasto
al cruzar con mi bagual.
El que en razón es legal,
en apuros servidor,
el que en su alma con ardor
nobleza pura zurquea,
y el que alegre churrasquea
de un cordero al asador.

Soy gaucho que en triste estilo
se lamenta donde existe.
Como la tórtola triste
canta en el monte tranquilo.
Aquél que le sigue el hilo
a la más cruel desventura,
el que con constancia pura
duerme sobre su recao
sin que lo haya amedrentao
ni el tigre con su bravura.

Soy gaucho que al renacer
la brillación del oriente,
sobre el bagual, sonriente,
saluda el amanecer,
el que contento de ser
hijo de la pampa pura,
recorre la ancha llanura
con ademán altanero,
recibiendo del pampero
su delicada frescura.

Soy gaucho al que los dolores
lo castigaron tan fuerte
que sin temerle a la muerte
se ríe de sus rigores.
El que en primeros albores
de una aurora purpulina
canta una cifra ladina
tan triste como un gemido;
ecos de un gaucho nacido
en la gran pampa argentina.

Desde el alero

(Foto: Eduardo Amorim)

Un ranchito y un sauzal,
dos bellezas argentinas:
es un agreste zarzal
tejido por un rosal,
madreselvas y glicinas.

Sobre de ese criollo alero
guarnecido de colores,
trinó en las tardes de enero
la calandria y el jilguero,
zorzales y ruiseñores.

Allí vivía la hermosa
paisana de mis amores,
tierna cual la mariposa
en un pimpollo de rosa
descollando entre sus flores.

Pero mi paisana un día
dejó el rancho y el vergel;
marchitó su lozanía.
Dejando en el alma mía
amargo trago de hiel.

Ya no ha quedado una flor
en el agreste zarzal
ni trinos de ruiseñor.
Parece que era su amor
la vida de aquél rosal.

viernes, 29 de julio de 2011

Allá arriba


-Venga p'acá mi hijo.
-Mande, tata.
-¿Qué le pasa que lo noto atribulao?
¡No me baje los ojos!
¿O es que usted mesmo sabe
que sobran motivos
pa no poder mirarme?
-No... No es eso, tata...
Pero yo no sé hasta dónde
quiere dir con sus palabras.
-Primero decirle que agachar la cabeza...
es cosa'e maulas...
-Tata... pero yo...
-Sí.... Ya sé que usted
es hombre de agayas,
si de eso precisamente
quiero hablarle...
-Mande nomás...
-¿Cuántos años hace
que a los pagos'e Dios
se jué su mama?
-Cuasi son diez, tata...
-¿Diez años?... Cha que jueron largos...
¿Y qué tiempo llevás vos
haciéndole el amor
a la Luciana?
-¡Tata!
-No se sorprienda ni agache la cabeza
ya sabe que eso es cosa 'e maulas.
¡Que me conteste le digo!
¿O se ha olvidao, que
a mí también me sobran agayas?
-Porque es mi tata...
que si no...
-¿Que si no qué?
-Nada...
-Estoy esperando que me diga...
¿Cuánto tiempo hace
que a esa pobre infeliz
la está matando?
Levante esa cara
o aura mesmo
se la cruzo de un planchazo.
Poco trabajo le costó
arrastrarla con engaños
y dispués se olvidó
que ayá arriba está
su mama... avergonzada
de usted... De usted, sí...
Canaya...
Cha que había sido
pobre e'sentimientos la herencia
e'mi sangre.
Tordo me ha salido mi hijo...
de ese rancho...
-Pero con la mirada.
-¿Y qué me dice de esto?
Luciana... Sí... La mesma...
-¿Cómo que no? Cruce la puerta.
Ahí la tiene... yéveselá si quiere,
pero como Dios lo manda
y no en el anca...
Ricuerde m'hijo que ayá arriba...
¡está su mama!

Que no me llore el cristiano


Que no me llore el cristiano,
no quiero su lagrimear,
si el que se muere es un pobre
pa qué lo van a llorar.
Entre el criollo braserío
que me lloren los fogones,
el guitarrear de los peones
escondido entre los yuyos,
la flor del cardo en capullo
y el cereal en los galpones.

Dejen que me llore el monte,
que siempre me quiso bien,
y lagrimee la sombra
de un solitario caldén.
Que me lloren "cardorusos",
sombra'e toros, piquillines;
de un potro las bravas clines,
la reunión en las cuadreras,
los postes de una tranquera
y la luz de los candiles.

Que me recen las antiguas
indias un poco de todo,
pa que en el viaje sin vuelta
yo no me sienta tan solo.
Los ponchos me han de llorar
y el viento con su silbido,
las leguas que he recorrido
y las huellas que he olvidado,
y los pechos colorados
levantándose del nido.

Que me tiren un responso
con la arena de mi Pampa,
y una vidalita nuestra
florezca en una guitarra.
Que me lloren los palenques,
la sombra de un noble alero,
los viejos vientos pamperos,
los médanos de mi tierra,
el perfume de sus yerras
y el pasto de sus potreros.

Que con bichitos de luz
y algún pabilo de estrellas,
el más pobre de los pobres
lleve, goteando, una vela.
La Pampa me vio nacer
y aquí me habrán de enterrar,
si no es mucho molestar
y no es mi pedido vano,
que no me llore el cristiano,
no quiero su lagrimear.

Mi poncho

(Dibujo: Eleodoro Marenco)
Viejo poncho te han cribao
del tiempo, los cimbronazos,
como si fueran lonjazos
en lomo de reserváo.
Pero vos seguís plantáo
y no te sacan ni a cincha,
porque cuando el viento te incha
tendiendo tu trabazón,
sentís a la tradición
como un bagual que relincha.

Vos eras como un consuelo
cuando al tostao frente blanca,
le acariciabas el anca
como peinándole el pelo.
Y cuando en brusco revuelo
lo chicoteabas travieso,
él encorvaba el pescuezo
como mirando la senda,
y te iba pidiendo rienda
mientras bordaba un bostezo.

Nunca más criollo me siento
cuando en el hombro te llevo,
porque sos como un renuevo
que me da vida y aliento.
Y cuando furioso el viento
jugando con tu bondad,
rompe la tranquilidad
moviendo tu ala altanera,
vos sos como una bandera
proclamando libertad.

Poncho de mis campereadas,
mis sueños y mis recuerdos,
que pasan dulces y lerdos
con sus brisas perfumadas.
Al evocar las jornadas
que compartimos los dos,
yo siento como una voz
que desde el fondo me grita:
"¡En esta tierra bendita
el mejor amigo sos!"